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Carta al El Mostrador, del Vicepresidente del PS Camilo Escalona
Escrito por Camilo Escalona Medina   
17-06-2016 a las 00:57:31

Díganle al tonto que es forzudo 

Señor Director: 

En reciente artículo de Edison Ortiz publicado por El Mostrador, bajo el título "El fracaso del dúo Bachelet - Burgos", se entrega una imagen enteramente distorsionada de quien fuera diputado y dirigente socialista, Carlos Lorca Tobar. Como se sabe, él fue detenido por la DINA el 25 de Junio de 1975, con el propósito de aniquilar la Dirección en la clandestinidad del Partido Socialista de la que formaba parte y era actor fundamental.

Carlos Lorca era un intelectual de primer nivel y se hubiese convertido en el tiempo en uno de los referentes
principales de la izquierda chilena. Ello no ocurrió por su detención y desaparición forzada. Su pérdida para Chile, no sólo para la izquierda, en mi opinión, es irreparable.

Estuve con él el día del Golpe de Estado, tratando de enfrentar y de resistir la fuerza destructora de la maquinaria bélica que se puso en marcha en la madrugada del 11 de Setiembre de 1973. Estaba tranquilo, incluso calmado. Lo vi afeitarse su barba colorina en la Escuela de Artes Gráficas, en San Miguel. Las supuestas armas que algunos irresponsablemente habían prometido para resistir y defender la democracia nunca llegaron. Estoy seguro que Carlos Lorca no era un guerrero, pero ahí estuvo, frente al destino, haciéndose cargo de las tempestades que otros desataron.

En medio de la ansiedad hablé un poco con él, lo suficiente. Su mensaje lúcido en medio de tan difíciles circunstancias se anticipaba a los hechos. El Golpe estaba desatado con una violencia demoledora y ya no había cómo impedir que la dictadura se instalara en Chile por mucho tiempo. El sabía bien que su impacto sobre las conquistas populares iba a ser devastador, en esas horas ya concebía el régimen como fascista, sentía ya que la represión sería brutal, como nunca se había conocido en nuestro país. El odio de los que ya tomaban champaña no tendría contención, los vencedores actuarían sin límites ni escrúpulos en su labor destructora.

Pero había que resistir y eso requería un Partido Socialista fuerte, sólido, unido, capaz de aguantar la persecución y el soplonaje; esa convicción le obligaba moralmente a permanecer en Chile, a entregar su vida joven, noble y promisoria por los ideales universales del socialismo. Por eso se quedo y cayó. El tenía hasta ese momento una brillante perspectiva personal a pesar de su juventud, pero prefirió ser leal a sus valores socialistas. Lo que de él se dibuja y proyecta en ese artículo está fuera de la realidad.

Por eso, me resultan chocantes y de una superior degradación moral los intentos del articulista de atacarlo y pretender usar su recuerdo para fines de la contingencia, como es habitual en su encono con diversas personas, entre las que me cuento,

Parece que recibe aplausos por sus ataques a terceros, y es muy posible que haya quienes lo estimulen, usando el viejo método de decirle al tonto que es forzudo. Pero hay un límite. La generosidad ilimitada que mostró Carlos Lorca al entregar incluso su vida en la lucha contra la dictadura y para tener democracia en Chile, no me permiten callar. No es posible denostar la memoria de un socialista ejemplar.

Mensaje de Carlos Altamirano al pueblo chileno
Escrito por Carlos Altamirano   
07-06-2016 a las 01:48:08

Mensaje de Carlos Altamirano al pueblo chileno

Santiago, diciembre 1973

En mi calidad de Secretario General del Partido Socialista aprovecho la oportunidad de enviar este improvisado mensaje al pueblo de Chile y a la opinión pública mundial para reafirmar nuestra inquebrantable decisión de continuar la lucha hasta lograr la completa derrota de la dictadura militar fascista.

Las condiciones actuales son extremadamente duras y difíciles. Nuestro partido, y todo el movimiento obrero, ha sufrido la sangrienta represión fascista. Por lo menos un tercio de los dirigentes regionales del Partido Socialista han sido asesinados, al igual que gran número de integrantes del Comité Central.

Gloria eterna a ellos, porque inmolaron su vida por una causa superior, justa y noble.

La dictadura ha implantado la ley del terror. Sin embargo, para nosotros constituye un mandato irrenunciable las palabras pronunciadas por el compañero Allende en su último y dramático llamado a Chile.

Dijo él: "Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superaran otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor".

Esos hombre -compañero Allende- son el pueblo de Chile. Es su clase obrera y campesina. Es nuestra juventud, son nuestras mujeres. Todos unidos, férreamente unidos, abriremos "grandes alamedas por donde pasará el hombre libre para construir una sociedad mejor", la sociedad socialista.

Y así honraremos eternamente la memoria del mejor -del más heroico de nuestros militantes- del fundador de nuestro partido, del primer Presidente socialista de Chile, del revolucionario consecuente hasta la muerte- del querido compañero Allende.

Carácter de la dictadura

El golpe militar, único en la secular historia republicana chilena, perpetrado por una camarilla militar financiado y dirigido desde los Estados Unidos de Norteamérica y también por los círculos hegemónicos militaristas brasileros tiene un claro carácter fascista. Su grosero chauvinismo, sus métodos criminales, su aversión al extranjero, su deprecio al pueblo, su permanente llamado a la delación, su publicidad falsa y calumniosa son todas características de la ideología fascista.

El "Pan z"

Hitler, en febrero de 1933 mandó incendiar el edificio del Congreso alemán, el Reichstag, y responsabilizó de ello al Partido Comunista, desatando una feroz represión en su contra, más tarde en contra de todos los partidos políticos de Alemania. La junta militar en Chile, carente de imaginación, recurre a la misma estratagema infame. Inventa la existencia de un "Plan Z", según el cual los partidos y el Gobierno de la Unidad Popular pretendían asesinar a los altos oficiales de las Fuerzas Armadas y a connotados políticos de la oposición.

Afirmo responsablemente que tal plan constituye una acusación absolutamente falsa y grotesca de la junta militar. Jamás nos hemos propuesto un plan de esta naturaleza. Jamás nuestros partidos han recurrido al asesinato político ni al terrorismo. Este presunto plan, además de ser infantil, habría constituido un crimen que lejos de asegurar la conquista del poder, nos habría desprestigiado ante la conciencia del pueblo chileno y ante la opinión pública mundial. La invención de este siniestro plan solo tiene como objetivo justificar la traición de los altos oficiales comprometidos en la conjura, la crueldad y la ferocidad con la que han procedido; el asesinato de miles y miles de trabajadores; las torturas; los encarcelamientos; la disolución del Congreso y del Gobierno Municipal; la violación sistemática de todos los derechos humanos; la intervención de las universidades; el despido masivo de trabajadores; la expulsión de miles de estudiantes y de profesores universitarios; el alza gigantesca del costo de la vida; el saqueo de la casa del gran poeta americano, Pablo Neruda.

En una palabra, el llamado "Plan Z" sirve a los cuatro generales de la traición para justificar el asalto al poder; su deslealtad; sus inauditos crímenes que pesarán eternamente en el recuerdo de todos los chilenos. Personalmente, en uno de mis transitorios refugios, estuve en una población bombardeada por los militares fascistas. Soy testigo presencial de este acto de barbaridad. Podrán negarlo, pero todos los trabajadores conocen la verdad de lo ocurrido.

Estado de Guerra

La junta militar ha declarado el "estado de guerra". Nos preguntamos: ¿Estado de guerra con quién? ¿Guerra con el pueblo masacrado? ¿Guerra con los trabajadores asesinados? ¿Guerra con la juventud torturada y encarcelada? ¿Guerra contra las mujeres y niños bombardeados? ¿Quién es el enemigo de esta guerra?

Nunca el mundo habrá presenciado una guerra tan extraña. Pero en nombre de esta guerra inventada han movilizado los 100 mil hombres integrantes de las Fuerzas Armadas y han llamado 200 mil reservistas más. 300 mil hombres poderosamente armados para oprimir un pueblo, para torturar y fusilar a los más selectos cuadros de la clase obrera. La junta militar pretende servirse de estos reservistas, que son fundamentalmente jóvenes trabajadores para comprometerlos en sus crímenes. Nunca un país había movilizado un contingente militar mayor -300 mil hombres- en contra de trabajadores indefensos, en contra de su propio pueblo.

Solo rige el terror

Chile se ha transformado en una inmensa cárcel. Solo rige el terror. La única fuerza en que se apoya la junta militar es el terror. La represión es cada vez mayor. Ellos pretenden aniquilar físicamente el 44% de los chilenos que votaron por la Unidad Popular en la última elección parlamentaria, solo en marzo de este año. Pero ahora, este 44%, se ha elevado a más de un 70%. Hoy día, amplias capas sociales que eran adversarias de la Unidad Popular han sentido en carne propia el horror de una dictadura fascista. Sectores de la pequeña y mediana burguesía han visto los procedimientos criminales utilizados por la junta contra sus hijos, hermanos, padres, amigos y conocidos de ellos.

Esta situación fortalece las fuerzas de resistencia en contra de la dictadura. Y ya no estamos -en esta lucha- solo los militantes y simpatizantes de la Unidad Popular. Se han sumado miles de compatriotas más. La junta militar no tiene ningún apoyo social salvo el de los grandes empresarios monopolistas y el del imperialismo norteamericano. No pueden permitir un plebiscito. Por eso no podrán llamar jamás a un plebiscito, como se le exigía al Presidente constitucional de Chile, Salvador Allende. Por eso tampoco podrán llamar jamás a elecciones. Ellos saben que son una minoría, y que su única fuerza es el arma del terror.

La Democracia Cristiana

En este combate no tenemos la menor duda que la abrumadora mayoría de la base social del Partido Demócrata Cristiano estará en contra de la dictadura militar fascista. Con ellos debemos trabajar unidos en un amplio frente patriótico y democrático. La mayoría de la actual dirección de ese partido junto al ex presidente de la República y ex presidente del Senado, señor Frei, son cómplices en el golpe militar lo cual los descalifica política y moralmente ante Chile. Quienes se decían defender la Constitución, las leyes y las libertades democráticas han estimulado y justificado el golpe militar más brutal que conoce nuestra historia. Jamás nadie podrá olvidar que la actual mayoría de la dirección del Partido Demócrata Cristiano ha comprometido irrevocablemente su vocación democrática y pluralista, al legitimar el asesinato de la democracia chilena, bajo el pueril pretexto de que se estaría tramando un autogolpe destinado a establecer "la dictadura del proletariado". Tal presunción carece de todo fundamento, y esto lo sabía la dirección de la Democracia Cristiana, por las conversaciones directas celebradas entre ellos y el Presidente de la República, en presencia del propio Cardenal. Los demócratas cristianos del mundo tampoco podrán aceptar la traición de la mayoría de la dirección del Partido Demócrata Cristiano de Chile.

Conducta del Cardenal

En cambio, alabamos la actitud digna del Primado de la Iglesia Católica, señor Silva Henríquez, quien consecuente con su filosofía católica y cristiana, ha sabido mantener una ecuanimidad, que otros, con igual y mayor obligación que él, olvidaron en la hora del terror, o bien prevaleció en sus conciencias la defensa de los intereses económicos de clase.

Los cuatro generales de la traición

Igualmente agradecemos la vasta y generosa solidaridad internacional de casi todos los países de la tierra, de todos los pueblos del mundo. Ellos conocen la verdad de lo ocurrido en Chile, ellos saben que esta página sangrienta de la historia nacional se inicia asesinando a un presidente de la república.

Y lo han asesinado los mismos generales que hasta el día anterior le garantizaban su lealtad a él y su respeto a la Constitución y las leyes.

Estos cuatro generales debían su jerarquía al hombre al cual ya estaban concertados para traicionar y asesinar. La gloriosa tradición del Ejército de Chile, por la cual murió el general Schneider, ha quedado para siempre mancillada. Solo la actitud leal, consecuente, valerosa y honesta del general Carlos Prats, del Comandante en Jefe de la Armada Nacional, Almirante Montero y de algunos altos oficiales detenidos y otros asesinados, salvan, en parte, la honrosa tradición legalista del Ejército de Chile.

Mis acusadores son los acusados

Estamos firmemente dispuestos a continuar esta heroica lucha. La resistencia irá creciendo a medida que el terror desatado por la Junta Militar, su incapacidad para resolver los grandes problemas nacionales y su abierta complicidad con los empresarios monopolistas, con el imperialismo yanqui, se hagan más patentes. La dictadura militar no ha logrado la respuesta a ninguno de los grandes problemas. Por el contrario, todos se han agravado.

En solo dos meses, han alzado los precios en una proporción mucho mayor que en los últimos veinte años. La carestía ha aumentado en un grado pavoroso. Todas las medidas económicas perjudican fundamentalmente a la clase obrera, a los campesinos y, en general, a todos los sectores sociales de ingresos modestos. Ellas solo favorecen al gran capital monopolista y a los consorcios norteamericanos. Son los únicos beneficiarios de este golpe militar fascista.

Tareas de la hora presente

Por eso, la gran tarea de nuestro partido y de los partidos que integran la Unidad Popular es fundirse en la lucha de todo el pueblo chileno, de todos los verdaderos patriotas, de todos los auténticos demócratas en contra de la dictadura fascista.

1. Unidad

La férrea unidad de los partidos vanguardia de la clase obrera, Partido Socialista y Partido Comunista, constituye una pieza esencial de la lucha antifascista. La clase obrera y los campesinos serán el núcleo central y los protagonistas de esta lucha histórica. También es indispensable fortalecer la unidad de los partidos comunista y socialista con los demás partidos y movimientos dela Unidad Popular, incluso de fuerzas ajenas a ella, pero que son consecuentes con sus convicciones democráticas y libertarias.

La unidad y amplitud de este frente ha surgido espontáneamente, de manera natural, como una necesidad imperiosa para enfrentar y derrotar la barbarie fascista.

Unidad para preservar en el camino de las grandes transformaciones revolucionarias de nuestra sociedad.

2. Restablecer el régimen democrático

Esta unidad, además, debe proponerse como objetivo básico el restablecimiento del régimen democrático, de las garantías individuales, sistemáticamente violadas por la dictadura militar.

3. Defender las conquistas de los trabajadores

Igualmente, es tarea de este amplio frente patriótico, luchar por la defensa de los derechos de los trabajadores hoy aplastados. Se ha colocado fuera de la ley a la Central Única de Trabajadores; se ha liquidado el derecho a sindicalizarse; se ha prohibido el derecho de formular pliegos de peticiones y se ha suprimido el derecho a huelga.

La defensa de las conquistas de la clase obrera y de los campesinos logradas bajo el Gobierno de la Unidad Popular constituye una tarea primordial de los revolucionarios y de todos los auténticos demócratas y patriotas.

4. Lucha prolongada

También debemos prepararnos y organizarnos para la lucha prolongada, inevitablemente victoriosa. La conciencia del pueblo y del proletariado chileno es demasiado alta; su tradición de lucha demasiado larga; su voluntad indomable de ser libre demasiado profunda para declararse vencido por una camarilla militar de traidores.

5. Lucha de masas

Esta lucha debe ser una lucha de masas, de masas unidas, de masas organizadas, de masas disciplinadas.

En ella tienen cabida y deben participar todas las organizaciones de masas.

6. Dirección Única

Pienso que será también tarea primordial constituir una dirección única de las fuerzas revolucionarias, democráticas y populares que luchen en contra de la tiranía militar fascista.

7. No cabe el terrorismo

En estas luchas no cabrán acciones aventureras ni operaciones terroristas. Estas solo servirán de justificación a la Junta Militar para desencadenar nuevos crímenes y represiones y, además, les permitiría resolver sus propias y graves contradicciones internas.

8. Libertad para los prisioneros políticos

Debe exigirse libertad para Luis Corvalán, Secretario General del Partido Comunista, libertad para Anselmo Sule, Presidente del Partido Radical, libertad para Oscar Garretón, Secretario General del MAPU. Libertad para los dirigentes de la Izquierda Cristiana, del MIR y de mis queridos compañeros socialistas, hoy encarcelados y torturados. Que cesen los juicios sumarios y secretos, los fusilamientos bajo cualquier pretexto, las condenas a presidio perpetuo sin sujeción a ninguna norma de derecho. Todo inculpado debe tener su abogado y los juicios deben ser públicos.

9. Respeto al derecho de asilo

Debe exigirse el cumplimiento de los tratados internacionales suscritos por Chile, entre los cuales se encuentra el derecho de asilo, institución latinoamericana respetada incluso por las peores dictaduras del continente y, en cambio, desconocida por la tiranía fascista.

10. Solidaridad internacional

La solidaridad de los pueblos del mundo y de todos los países es imprescindible y necesaria para el desarrollo del proceso de liberación del pueblo chileno y debemos fomentarla aún más.

La Junta de militares fascistas siente el repudio universal por sus crímenes y los horrores cometidos. Sabe que se encuentra aislada del apoyo de los pueblos del mundo. Que solo cuenta con la ayuda de los altos círculos financieros e imperialistas de los Estados Unidos y de otros países capitalistas. En cambio, es unánime el repudio de los hombres, mujeres y jóvenes libres de la tierra.

Con nosotros están los pueblos libres del mundo. Los países socialistas, la Unión Soviética, la Revolución Cubana, los movimientos populares, revolucionarios y de liberación de América, África y Asia, muchos gobiernos incluso de estados capitalistas, lo mejor de la intelectualidad mundial.

Venceremos

La gran batalla por la libertad recién ha comenzado. Como ha dicho nuestro compañero Salvador Allende, en medio del fuego homicida fascista desencadenado por la camarilla militar: "Así se escribe la primera página de esta historia. Mi pueblo y América escribirán el resto".

Puede tener la certeza nuestro heroico e inolvidable compañero Presidente, mártir de la libertad y de la dignidad de Chile, de América y de los pueblos esclavizados de la tierra, que continuaremos escribiendo las páginas que han de seguir, hasta concluir el capítulo más triste, negro y sangriento de nuestra historia.

¡Venceremos!

Este Mensaje del Secretario General fue distribuido por la Dirección Clandestina del Partido Socialista.

 

Evocación de Humberto Mendoza
Escrito por Julio César Jobet   
30-05-2016 a las 00:43:15

En "El Mercurio", del 7 de junio de 1967 apareció esta pequeña crónica:

"Funerales de don Humberto Mendoza. Con asistencia de parlamentarios y funcionarios de la Cancillería se efectuaron ayer los funerales del político, escritor y diplomático, don Humberto Mendoza Bañados, quién falleció a consecuencia de una crisis cardíaca. Su deceso ha provocado un sentimiento de hondo pesar. El sepelio se realizó en el Cementerio General, luego de una misa oficiada en su domicilio por el Vicario Castrense, Monseñor Gilmore, a las 10 de la mañana. El señor Mendoza había regresado de Paraguay, en donde se desempeñó como Consejero Económico de la Embajada de Chile en Asunción. Durante su carrera diplomática cumplió misiones en Francia, Estados Unidos, Argentina y otros países latinoamericanos. El señor Mendoza, de 65 años, se educó en la Escuela Naval y durante su juventud fue activo militante del Partido Socialista. Durante el gobierno del Presidente Juan A. Ríos ocupó la cartera del Trabajo. Autor de varios ensayos políticos, publicó también libros sobre la materia".

Noticia escueta tras la cual se oculta una de las personalidades más curiosas y enigmáticas del movimiento popular de tendencia marxista de Chile. Lo conocí personalmente en 1936, y mantuvimos una estrecha asociación ideológica en 1940-1943. Prologué extensamente su libro: "¿Y Ahora? El socialismo móvil de post-guerra", aparecido en 1942. Nos encontramos esporádicamente en los años 1944-46. Publicó un nuevo volumen: "Socialismo camino de la libertad", en 1945. Hice una extensa reseña, publicada a página completa en "La Opinión". Participó en la desgraciada aventura política del PS, con Alfredo Duhalde, y fue Ministro de Agricultura. En su desempeño hizo declaraciones abiertamente opuestas al programa socialista. A continuación, se alejó de la política activa e ingresó a la diplomacia, renegando al parecer del socialismo. Desde aquel año de 1946 no le volví a ver.

Humberto Mendoza era de profesión ingeniero agrónomo y durante el gobierno del Frente Popular ocupó un alto cargo en la Caja de Colonización. Desde joven se distinguió por su conocimiento y dominio de la teoría marxista. Fue destacado teórico del Partido Comunista y más tarde, a raíz de su escisión, uno de los principales dirigentes de la Izquierda Comunista, con el seudónimo de Jorge Levín. En seguida se incorporó al Partido Socialista y en su seno figuró con brillo como integrante o jefe de sus departamentos de política nacional e internacional y colaborador eficiente, erudito y riguroso en su pensamiento, de las publicaciones partidarias.

Le llamábamos afectuosamente "la enciclopedia de la revolución" a causa del conocimiento profundo de las doctrinas marxistas y de su aplicación al examen de los problemas económicos, sociales y políticos de Chile. Entregó originales interpretaciones a la luz de aquel método. Brillante elaborador de tesis y buen polemista, tuvo singular desempeño en innumerables reuniones partidarias, en los diferentes niveles de la organización.

A pesar de mi afecto y de nuestro trabajo en común, bastante estrecho, en casi cuatro años, nada supe de su vida privada, familiar. A veces ignoramos lo fundamental de la vida de nuestro mejor amigo y en cambio conocemos en todos sus triviales detalles la de personas muertas hace siglos. Así me ocurrió con Humberto Mendoza. ¿Quién era su esposa? ¿Dejó hijos? ¿Se convirtió al catolicismo, o su familia, pasando por sobre sus convicciones materialistas, ordenó la misa de Monseñor Gilmore? Poseía una escogida y valiosa biblioteca marxista (y en ella ingresó una veintena de libros míos, obsequiados espontáneamente, a raíz de nuestras largas y numerosas jornadas de estudio, de intercambio de opiniones e impresiones, de trabajo socialista, y movido también por mi manía de expresar el afecto y la admiración, el agradecimiento y la simpatía, con buenos libros, único capital del que he dispuesto con cierta cuantía en mi aporreada existencia) y, ahora, se encuentran en las librerías de San Diego, volúmenes de sus colecciones. ¿Por qué fue dispersada tan rápidamente su biblioteca? ¿Acaso sus familiares detestaban esos libros?

Evoco con punzante tristeza a mi amigo y camarada y siento una lacerante congoja ante el paso inexorable del tiempo y de la vida sin haber logrado realizar ninguna de nuestras grandes aspiraciones de bienestar colectivo y de progreso social.

Humberto Mendoza debió fallecer en la noche del 4 de junio, el día aniversario de la esperanzada revolución socialista de 1932. El 4 de junio de 1967 Santiago amaneció completamente nevado, brindando un espectáculo fascinante, inefable. Como si la naturaleza de nuestro amado país le entregara el sudario apropiado al generoso y contradictorio corazón de mi amigo inolvidable.

Evocación de Humberto Mendoza. Julio César Jobet. Revista Occidente N° 207 junio 1969

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