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Recuerdo de Carlos Lorca
Escrito por Ennio Vivaldi   
12-08-2014 a las 00:56:00

Recuerdo a Carlos Lorca como un hombre de inteligencia, sensibilidad y compromiso excepcionales. Compartimos conversaciones, discursos, elecciones, en ese enorme pasillo frío e inhóspito al que se entraba por calle Profesor Zañartu y que a la vez doblaba como un pasillo íntimo, cálido y acogedor, porque, sin que en ese tiempo pudiéramos valorarlo cabalmente, pero quizás también sin que necesitáramos tomar conciencia de ello para absorberlo, era la provisoria sede de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Como nosotros, algún día Salvador Allende, Eduardo Cruz-Coke o Hernán Alessandri habrían compartido conversaciones, discursos, elecciones en equivalente pasillos. Heredábamos, sin saberlo mucho, la historia de la medicina, de la investigación científica y de la salud pública chilenas.  Heredábamos los orígenes del sistema público de salud. Si en nuestro Museo de la Medicina uno mira, para aproximarse a esa herencia, fotografías de esos años fundacionales para el derecho a la salud en Chile, se encuentra, entre los pacientes en las salas de espera de algún consultorio, con la mirada elocuente de esos obreros que se vestían de corbata para ir ver al Doctor, o con la mirada aliviada de la madre con su niño en brazos. Sin saberlo mucho, heredábamos una historia de civilización y progreso. La medicina, más que curar enfermedades, parecía otorgar una dignidad largamente debida.

En ese pasillo debatimos la Reforma Universitaria, de la que Carlos sería un pensador y dirigente preclaro. Allí estaban el Centro de Estudiante del cual Carlos sería Presidente y el Casino de la Laurita donde podía encontrársele conversando con Jorge Klein. Las paredes sostenían capas de carteles y afiches. La cotidianeidad era generosa, amable. Los sentimientos solidarios primaban por lejos sobre los de rivalidad y los compañeros eran más amigos que competidores. Nadie tenía tarjetas de crédito. La educación era gratis, pero eso no obstaba que nos sintiéramos endeudados, una deuda imprecisable, ambigua, vaga con Chile y su pueblo. Incluso, era frecuente que quienes emigraban después de recibidos buscaran formas de retribuir de algún modo la muy buena educación médica recibida.

En muchos sentidos el proyecto de la Unidad Popular, como ya entonces se dijo, era tan profundizador como era rupturista. Nosotros no constituíamos una juventud que, por ejemplo, criada en una dictadura anhelara una libertad desconocida. Más bien nuestras condiciones de existencia consistían en la experiencia de educación gratuita, de elecciones y democracia cotidiana y ubicua, de aprender lo que era la patria compartiendo hijos de ferroviarios, comerciantes, profesores, campesinos, médicos, industriales, en una misma aula en que nos cobijaba el sistema de educación pública. Después vendrían otras experiencias concretas que, como el trabajo voluntario, nos resultarían naturales.

Si bien insistíamos en la racionalidad de herramientas teóricas que afirmábamos nos guiaban en nuestro accionar político y en el diseño de la sociedad futura, en realidad me parece en retrospectiva que eran más bien las emociones y los sentimientos los que subyacían a nuestro compromiso. La pobreza, los estragos del invierno en poblaciones de precariedad extrema, las tomas de terrenos que daba origen a esas poblaciones frágiles. Las huelgas, las marchas, (recuerdo la impresión de niño de ver a los obreros del carbón con sus familias entrando a Concepción tras marchar más de treinta kilómetros), todo eso hacía que estuviéramos expuestos, uso el término casi en sentido epidemiológico, a las ideologías que impulsaban los cambios sociales. Era casi inevitable rechazar el egoísmo, la mezquindad y abrazar causas igualitarias.

La sociedad y sus conflictos se escurrían por todas partes hacia el interior de la universidad, pero, como siempre, éramos los estudiantes de entonces su mejor vehículo. El anhelo natural del estudiantado de vincular su lucha generacional al devenir de la sociedad toda, para nosotros se cumplía con excesiva espontaneidad. Los grandes proyectos que se delineaban para el país ordenaban y organizaban al movimiento estudiantil. (Paréntesis: de las cosas a las que más me ha costado adaptarme en los años post-retorno de la democracia, es a la falta de resonancia entre los estudiantes de los proyectos nacionales de la política real).

Los integrantes de esa generación a las cual pertenecían quienes hoy reciben nuestro homenaje vivíamos una sensación de umbral: intuíamos y anticipábamos un mundo tan diferente que ya queríamos comportarnos distinto. Era una alegría incomparable, única, que a pocas generaciones les está reservado conocer.

El ascendiente moral de Carlos sobre sus compañeros de militancia, pero también sobre los dirigentes y militantes de otros grupos políticos, era verdaderamente excepcional. Después, en muy corto tiempo, habría de ocurrir el paso de Carlos desde los pasillos de la Facultad de Medicina a dirigente político principal desenvolviéndose en desprovista clandestinidad bajo una dictadura de crueldad inimaginable. No sé si podremos entender, ni siquiera si entender es la palabra, cómo en el mismo suelo patrio que recién evocaba, había de ocurrir la detención, el sometimiento a una tortura extrema, la desaparición de Carlos Lorca. Es muy posible que Carlos y quienes como él se autoimpusieron compromisos y responsabilidades en contextos extraordinariamente peligrosos, habían aceptado ese fin como posible, si es que no, inevitable. No sé siquiera cuánto, mentes tan lúcidas como las de ellos, podían anticipar lo que habría de ocurrir; cuán lógicamente deducibles les podría haber parecido que para aplastar los grandes ideales de toda una generación habría de aplicar proporcionalmente los más brutales y primitivos sistemas represivos.

El asumir que Carlos Lorca y sus compañeros fueron torturados y hechos desaparecer nos impone reflexionar sobre una presencia y sobre una ausencia. Es a esa dualidad a la que quiero referirme.

Están presentes en el sentido más emocionalmente espontáneo de que ellos permanecen en la conciencia de muchos coetáneos que los conocieron y de que su recuerdo es transmitido a quienes en el futuro los tomarán de ejemplo. Neruda empieza su "Canto a las madres de los milicianos muertos" diciéndoles "¡No han muerto!". Estarán presentes en las luchas de quienes compartirán sus mismos ideales. Pero también están presentes, quizás habría que decir, sobre todo están presentes, en la cotidianeidad de esos años horrorosos de la dictadura, durante los cuales, tantos, a conciencia o sin proponérselo, dieron las mayores muestras de lealtad y adhesión a los valores y principios por los que había caído Carlos. Pienso en quienes sin titubear corrieron los mayores riesgos para ayudar a sus compañeros. Pero pienso también en quienes simplemente permanecieron, sin contar muchas veces con los medios más elementales, por una convicción de vida de pertenencia al sistema público, leales a sus niños como profesores en alguna escuela pública o como médicos pediatras en algún consultorio, o a los académicos de las universidades estatales. Es a ellos que debemos la no desaparición de nuestro patrimonio social en educación y salud. Es este un triunfo cotidiano de humanidad ante el esfuerzo feroz de los ideólogos de la dictadura por imponer un individualismo extremo, ante el discurso sobre el chileno cambiado que ya no esperaba nada del colectivo sino sólo confiaba cada uno en sí mismo como agente privado. Ese amargo discurso, con su paradoja sin disfraz, volvería tantas veces a nuestras mentes. Por ejemplo, en mi caso, al contemplar atónito las escenas de pillaje tras el terremoto de 2010, mientras recordaba la ayuda solidaria desplegada en el de 1960.

Más difícil de entender es la presencia de Carlos en lo que habría de suceder en Chile tras el retorno a la democracia. Porque aquí, pienso, la sombra de las torturas y las desapariciones instalan un contexto que se hace tan ineludible en su presencia como enigmático en su interpretación. La tortura de los regímenes dictatoriales, además de extraer información para desarticular las organizaciones de resistencia, pretende estabilizar un gobierno sometiendo bajo el terror a la población. Han sido tema de análisis los procesos psicológicos que logran llegar a conformar un torturador y la dualidad moral entre el torturador y quien genera las condiciones para que exista la tortura, es decir, el responsable y aval moral del torturador. Sin embargo, en el caso de nuestra historia propia y reciente, la tortura tiene profundos y persistentes efectos políticos. La tortura, en la medida que niega totalmente a un individuo su condición de tal, es incompatible con cualquier futura instauración liberal, lo que, en el caso específico de Chile significaba dejar fuera de juego a quienes querían proponer una sucesión política de corte liberal tras la dictadura y justificaba la mantención de restricciones políticas después de la dictadura para no dar paso a represalias. Cómo un liberal podría hablar del derecho natural inmanente al individuo si se practica la desaparición de cuerpos, si se impide el culto a los muertos que ya es algo inherente la condición humana. Pero, me permito sugerir, la tortura practicada sobre Carlos y tantos otros, en un cierto sentido influye también en el modo cómo se perfilan los opositores políticos a la dictadura tras el retorno a la democracia. Porque si bien era necesario hacer concesiones para que fuera posible la vuelta al juego político, es demasiado difícil que una de ellas sea eludir el juicio moral a una dictadura como la que tuvo Chile sin que eso conlleve una carga desestructurante para la propia identidad y legado. Quizás toda esa tortura y desaparición nunca enjuiciada, nunca asumida, nunca interpelada, contribuya a explicar la sorprendente desafectación de los jóvenes por la política convencional que hemos presenciado en estas dos décadas, así como la fuerza con que irrumpe la legitimación ética de los movimientos estudiantiles que hoy día vivimos.

Pero está la presencia de Carlos y está también la ausencia de Carlos. Las presencias imponen sus condiciones, las ausencias han de ser asumidas por otros. La ausencia de Carlos es el reclamo de que querríamos que estuviera vivo, aquí con nosotros. Es una ausencia que nos conmociona y que nos ha de seguir conmocionando. Una ausencia que nos deja desolados y desconsolados. Es una pérdida que sobrepasa nuestra comprensión. Si intentáramos encontrar sentido, conscientes del absurdo abismal de la muerte de tanto joven excepcionalmente valioso producto la iniquidad desplegada por un poder absoluto, quizás hemos de pensar primero en proteger a nuestros jóvenes de hoy y de mañana. Hemos de pensar cómo hacer para que no sea posible que un grupo social, político o económico juegue el juego de la democracia mientras los resultados les resulten favorables, pero no trepide en dejar de jugarlo e inste a un golpe de estado apenas comienza a perder. Cómo hacer para que nuestra patria en el futuro permita a nuestros mejores jóvenes que, como Carlos Lorca en esa hora señalada de nuestra historia reciente, quieran poner su inteligencia y voluntad al servicio de la causa de los más desposeídos, encuentren los cauces para hacerlo. Que no sea posible que desde el propio Estado chileno se les persiga, se les acalle, se les dé muerte. En el incipiente debate actual, si nos preguntan cuál debe ser el principal objetivo de un nuevo sistema educacional, quizás nuestra respuesta, sin un ápice de ironía, debiera ser que un nuevo sistema educacional debe tener como principal objetivo que nunca más sea posible un golpe de estado en Chile, que tengamos una ciudadanía tan sólida en sus convicciones de respeto a lo humano en sus múltiples expresiones, que haga imposible la existencia de explotadores, de torturadores, de dictadores. Que en esos jóvenes sanos, inteligentes, sensibles, generosos, del futuro pueda tener miles de nuevas oportunidades de seguir viviendo, nuestro querido Carlos Lorca.

ACTO DE UNIDAD SOCIALISTA
Escrito por Aniceto Rodríguez   
10-08-2014 a las 04:54:11

DISCURSO DEL COMPAÑERO ANICETO RODRIGUEZ.

ACTO DE UNIDAD SOCIALISTA.

Caracas, 26 de Mayo de 1981.

Señores representantes diplomáticos. Amigos dirigentes de los partidos venezolanos y compañeros delegados de los partidos chilenos. Delegaciones hermanas de América Latina. Compañeros del Partido Socialista de Chile.

El primer objetivo al convocar a este magnífico acto que estimula el proceso de unidad socialista, es el de conmemorar la fecha aniversario de la fundación de nuestro Partido ocurrida hace ya cuarenta y ocho años. El 19 de Abril de 1933 es la fecha señera para nosotros y para amplios sectores de trabajadores manuales e intelectuales chilenos, pues representa el punto de partida en la creación de un gran instrumento político liberador del pueblo, al probar en el tiempo su eficacia y consecuencia para servir a Chile como Nación, a sus grandes mayorías y a las mejores causas libertarias y anti-imperialistas de América Latina.

Por sobre vicisitudes inevitables y los altos y bajos de todo proceso histórico y de las fuerzas sociales inmersas en él, como ha ocurrido con nuestro Partido en su brillante trayectoria de casi medio siglo, la historia veraz y objetiva recoge necesariamente el inmenso aporte que el Partido Socialista entregó en ideas creativas, pensamientos orientadores y en acciones, hombres y mártires incontables. Es una etapa de lucha incesante que nos debe llenar de orgullo, desde que en una noche clandestina se funda el Partido por un puñado de visionarios valerosos y clarividentes que traspasan el miedo de un período de represión, de persecución obrera y de castigos carcelarios para quienes elevan su protesta contra un gobierno reaccionario. Fue apenas un puñado de bisoños militantes que se atrevieron a desafiar el orden conservador vigente y echaron a caminar su rebeldía y su voluntad de cambio y de poder, probando en el tiempo que su esperanza inicial pudo convertirse en realidad al transformarse el Partido en la primera fuerza política de la izquierda chilena y de ganar en Septiembre de 1970 el gobierno para uno de sus militantes, para Salvador Allende, primen Presidente Constitucional socialista en América Latina.

Los fundadores que aún viven, no creo que sobrepasen los dedos de una mano. Para orgullo nuestro, podemos señalar que en este acto solemne del exilio caraqueño, tenemos la grata satisfacción de contar entre nosotros, presentes en la Mesa Directiva, a dos militantes de aquella época, quienes estuvieron entre aquellos que en 1933 echaron la simiente socialista: son los queridos compañeros Manuel Mandujano y Salvador Fuentes Vega, para quienes pido una calurosa ovación (aplausos sostenidos). Su presencia junto a nosotros, implica que acá está, sin discusión alguna, la continuidad histórica del Socialismo Chileno y su vigencia política.

ALLENDE LUCHÓ POR UN SOCIALISMO EN LIBERTAD.

El segundo objetivo del acto es rendir homenaje a la memoria de Salvador Allende. Esta no es tarea para cumplirla en los breves minutos que disponemos. Tanto es así, que a siete años de su muerte alevosa por los militares alzados, se siguen escribiendo libros, ensayos y artículos que analizan su vida y su obra. Larga es su trayectoria y riquísima su presencia creativa junto al movimiento popular, lo que determina que los capítulos de su quehacer político y de sus aportes constantes para fortalecer la lucha del pueblo y del Partido resulten incontables. Por otra parte, hablar de Allende es hablar de la historia misma del Partido, pues aun cuando él no fue uno de los fundadores nacionales directos, lo fue de la organización en Valparaíso, donde desarrolló gran parte de su actividad política y parlamentaria.

En el curso de su prolongada lucha política, Allende desarrolló constantemente los objetivos históricos del Socialismo Chileno, divulgándolos pedagógicamente ante las masas, enfrentando con la verdad socialista a los enemigos de la liberación popular, tratando de convertir en realizaciones concretas las concepciones programáticas, convocando a la unidad de las fuerzas de Izquierda para ganar el Gobierno e iniciar desde allí las transformaciones necesarias que facilitasen después la conquista real del Poder para construir una nueva sociedad. Fue sembrador de esperanzas, pero también un constructor constante de la organización unitaria del pueblo, a la vez que un defensor permanente de las concepciones libertarias del Partido y de su mensaje humanista. Luchó también contra el dogma y el sectarismo que tanto daño hicieron al propio Gobierno de la Unidad Popular, al desplazarse al análisis científico serio de la situación por la arrogancia consignista y los alardes vacíos de contenido y de eficacia.

Allende fue un revolucionarlo a su manera que en medio de sus combates fue difamado por los juicios y actitudes de sus enemigos reaccionarios que lo fueron siempre del pueblo y del Partido. Por eso atacaban a su personero más calificado. Pero también fue incomprendido incluso por militantes de la propia Izquierda, ajenos a la realidad chilena y errada en la interpretación del periodo histórico, de la coyuntura concreta que se vivía en los años de Gobierno que él presidió bajo la amenaza permanente de la fronda interna y de la conjura internacional.

En consecuencia, nos parece que este acto tan brillante por la grata presencia de tantos amigos de la vida internacional, es una buena ocasión para reiterar, como lo hizo Allende hasta el último minuto de su vida, nuestra fervorosa y leal adhesión a los postulados esenciales del Partido que desde su fundación, en 1933 hacia adelante, se ubicó junto al corazón y a la limpia conciencia de un poderoso sector del pueblo de Chile. Ello es tanto más necesario cuanto que en el proceso de unidad que se ha iniciado con real interés en el exilio socialista en Venezuela, se aspira, con razón, a reconstruir la organización sobre la base de defender la vigencia histórica del Socialismo Chileno.

Allende concibió siempre al Socialismo en libertad y, contrariamente a lo que afirman sus detractores golpistas en Chile, jamás pretendió instaurar una dictadura o un estado totalitario. Por el contrario, consubstanciado con la doctrina del Partido, defendió siempre el carácter democrático y el contenido humanista del Socialismo, lo que le condujo siempre a defender el carácter plural en las acciones políticas orientadas a liberar al hombre común de Chile, mediante un esfuerzo colectivo del pueblo organizado. Ya el Programa del Partido había fijado, con sabia antelación, el postulado básico al sostener que,...''todo régimen político que implique el propósito de reglamentar las conciencias conforme a cánones oficiales, siendo contrario a la dignidad del hombre, es también incompatible con el espíritu del Socialismo. Ningún fin puede obtenerse a través de medios que lo niegan: la educación de los trabajadores para el ejercicio de la libertad tiene que hacerse en un ambiente de libertad''.

Hoy, en este proceso de unidad, los socialistas ligados al tronco histórico del Partido, queremos revalidar los principios rectores que inspiraron a los fundadores del Partido y motivaron la vida misma de Salvador Allende, defendiendo la ubicación correcta del Socialismo Chileno en la correlación de fuerzas en el país, en América Latina y en el escenario mundial en que actúan los movimientos que luchan por la liberación de los pueblos y la conquista de sociedades socialistas. Consecuentemente, nos ubicamos decididamente en el frente de las fuerzas anti-imperialistas, formando parte de quienes en el tercer mundo luchan por terminar con la explotación y toda forma de dependencia colonial o neo-colonial, rechazando la política de bloques y defendiendo la presencia activa en la vida internacional de los países no alineados.

Somos un Partido Revolucionarlo en el sentido más serio y trascendente del término. No queremos ser una organización que vive sólo de la iconografía revolucionaria, imitativa y mecanicista. Somos el Partido que aspira a realizar en Chile, junto a otras fuerzas, las profundas transformaciones económicas, sociales, culturales y políticas, derrotando a un sistema capitalista estructurado por esencia para minorías, abriendo paso al pueblo de Chile al goce pleno de los bienes y conquistas de la civilización y la cultura. El Programa del Partido es certero de nuevo al decirnos que "el Socialismo es revolucionario, la condición revolucionaria del socialismo radica en la naturaleza misma del impulso histórico que él representa. No depende, por lo tanto, de los medios que emplee para conseguir sus fines. Sean cuales fueren, el socialismo siempre es revolucionario, porque se propone cambiar fundamentalmente las relaciones de propiedad y de trabajo como principio de una reconstrucción completa del orden social. Las condiciones objetivas y subjetivas determinarán en cada país los caracteres en que se desenvuelva el proceso revolucionario. Ningún cálculo abstracto puede anticiparse eficazmente a las contingencias reales del devenir social".

Somos un Partido nacional y latinoamericano: es decir, en el ámbito chileno representamos una continuidad histórica de las luchas que ha librado el pueblo desde la conquista española. Los combates que por su libertad sostuvieron durante tres siglos los araucanos y luego los gestores de la independencia en 1810, nos llena de orgullo y representan el legado maravilloso que inspiran las lauchas populares de todo el presente siglo, culminando con la victoria de Septiembre de 1970 y prosiguiendo hoy, en la resistencia, contra la tiranía de Pinochet.

Un Partido latinoamericano, pues desde su fundación los socialistas nos insertamos en las luchas revolucionarias del continente y nos sentimos parte de un proceso global e integrador. Así lo consagró nuestra primera Declaración de Principios, al decir que el Partido Socialista de Chile aspira y lucha por la Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina, lo que nos lleva más tarde a difundir la concepción estratégica para la región de alcanzar el objetivo común de crear una PATRIA CONTINENTE. Recogemos así el legado de los más calificados próceres de la gesta libertaría de ayer, particularmente de Simón Bolívar, incansable luchador por la formación de una sola gran Patria Latinoamericana, como se lo escribiese expresamente a Bernardo O'Higgins en 1822.

Así se explica que cada victoria de un pueblo latinoamericano la consideramos siempre como un triunfo nuestro y cada derrota, en cambio, como un percance propio y un retroceso que afecta a la lucha general de la región. Así ha ocurrido positivamente con los procesos revolucionarios de Nicaragua y de Cuba y, negativamente, con las recientes derrotas en Bolivia y en Jamaica.

En otro orden de ideas, somos también un Partido que ha defendido celosamente su autonomía política y Su independencia ideológica. En la vida internacional hemos rechazado las concepciones dependientes y mono centristas de poder, reconociendo el carácter poli centrista en el desarrollo mundial del socialismo y el derecho de cada pueblo de recorrer su propio camino para llegar a él. Rechazamos así el trasplante mecanicista a Chile de otras experiencias por valiosas y ejemplares que fuesen, pues comprendíamos que cada pueblo posee un marco propio para desarrollar su específica experiencia revolucionaria.

La presencia entre nosotros del Señor Embajador de la República Socialista y federativa del Pueblo Trabajador de Yugoeslavia, nos hace recordar la valiosa experiencia política de su país cuando el Mariscal Tito, luego de derrotar a las hordas nacistas, rechazó con energía los intentos de intromisión de Stalin, quien deseaba mediatizar un proceso revolucionario que no le pertenecía. A pesar de la gran distancia geográfica, pero en la vecindad de los principios, los socialistas chilenos defendimos aquella vez el derecho del pueblo yugoeslavo a elegir su propio camino hacia el socialismo, hoy consolidado positivamente. Es la misma conducta concreta que nos condujo a ver sin anteojeras las experiencias húngara y checoeslovaca de ayer, y hoy, las más recientes de Afganistán y de Polonia

UNIDAD POLITICA Y SOCIAL PARA VENCER LA DICTADURA.

En estas horas recordatorias y de reflexión, los socialistas del exilio, rendimos el homenaje merecido a los queridos militantes que en la Patria lejana y en las peores condiciones de represión, prosiguen la lucha y mantienen en alto las banderas entregadas por los fundadores y que no arrió Allende en la hora del martirio heroico. Para los de la resistencia interior va nuestro fraternal recuerdo y la fe que, más temprano que tarde, terminará la etapa trágica prolongada ya por más de siete años. Pensando en esa militancia ejemplar es que se acrecienta el deber de contribuir con mayor eficacia a derrotar a la tiranía y abrirse paso para la construcción del socialismo. A este respecto estamos conscientes que la reconquista de las libertades públicas y de los derechos democráticos es una meta que no se alcanza de inmediato, dada la magnitud del poder bélico, policial y económico de que dispone la plutocracia que utiliza a un tirano para incrementar su extrema e insolente riqueza. Es conocido también el apoyo que prestan a la tiranía las transnacionales y sus mecanismos financieros como forma imperialista de hacer cada día más dependiente la economía chilena. Sin embargo, la experiencia histórica demuestra de modo invariable que la lucha de los pueblos por su libertad es un proceso que termina por vencer todos los obstáculos que se oponen, por poderosos que ellos sean, y que a cada régimen opresor le llega el día de su castigo inevitable. En consecuencia, no debemos ser pesimistas y alentar en cambio la esperanza que el pueblo encontrará los medios para derrotar al tirano y a su régimen de oprobio. Y esa hora podemos acortarla.

Lo anterior nos conduce a rechazar los juicios fatalistas y equívocos que formuló a la prensa local un ideólogo mal ubicado, al decir que la lucha en Chile será demasiado larga y la liberación poco menos que imposible, sembrando así el derrotismo en las filas del movimiento popular. Esa es una política del miedo, es la filosofía de la impotencia, indigna de un conductor socialista y corresponde a quienes han sido incapaces hasta hoy de ofrecer un proyecto viable de alternativa a la dictadura. Nosotros, por el contrario, sin caer en falsos optimismos, debemos pensar que apoyados en el conjunto de las fuerzas democráticas, es posible derrotar al régimen dictatorial más temprano de lo que éste se lo imagina.

Ahora bien, si en un análisis de prognosis ubicamos como meta óptima la caída de la dictadura, tenemos que precisar cuáles son los objetivos intermedios que necesariamente hay que alcanzar, a partir de hoy, en el marco negativo de la dispersión de fuerzas sociales y políticas que se le oponen. A nuestro juicio, los objetivos insoslayables que la oposición debe cumplir para arribar a la meta óptima de reconquistar la libertad, son los siguientes:

1.- Alcanzar la unidad más amplia posible del Socialismo Chileno;

2. Reestructurar a la Izquierda;

3.- Lograr la unidad orgánica de las fuerzas sindicales;

4.- Hacer posible un consenso de fuerzas democráticas.

1.- En relación a la unidad socialista, en Caracas hemos tenido el valor de no mirar en exceso el pasado que llega cargado de recriminaciones y agravios negativos que en nada contribuyen a mejorar la lucha contra la tiranía, para pensar con superior responsabilidad en el futuro convencidos que no habrá solución democrática y popular sin la presencia de un Partido Socialista fuerte, unido, homogéneo y con lucidez política para orientar a las masas. Esa unidad nos conducirá positivamente a recuperar el carácter de un Partido con audiencia en el pueblo, lo que implica aumentar la capacidad movilizadora de la resistencia antifascista. Junto con unirse, hay que evitar vivir de consignas como en el pasado reciente, para calar hondo en una realidad compleja que requiere claridad política, coraje, modernización de métodos de trabajo, definida concepción estratégica y amplitud de criterio para no transformamos en una secta estéril.

Debemos pensar que la tarea de reconstruir mañana a Chile moral, social, económica, política y culturalmente, será tarea de gigantes y no de enanos políticos. Grandes por su visión histórica, tal como lo concibieron nuestros fundadores, grandes por una concepción plural ausente de sectarismos, grandes por la certeza y autoridad para resolver los problemas que afectan al pueblo chileno.

2.- Reestructurar la izquierda, implica ubicarla en un nuevo sitial de reflexiones, buscando con criterio amplio su expansión orgánica y política y ubicándola a la altura del desafío planteado por la dictadura, que no será derrotada con planteamientos esquemáticos ni desde posiciones dogmáticas. Es lo que ocurre con la Unidad Popular de hoy, debilitada y casi inexistente, y en la cual no se encuentran adscritos, por lo menos, un ochenta por ciento de los socialistas, sin contar con apreciables sectores independientes que no son atraídos por ella, por carencia de mensaje y de proyecto político. Lo mismo le ocurre a numerosos compañeros radicales y a cristianos de izquierda.

Como ya lo dijimos en nuestro Congreso, "la izquierda chilena deberá liberarse de dogmas y poner al día su discurso político recogiendo valiosos aportes teóricos que han remozado el pensamiento socialista internacional. Con mayor claridad aún, deberá entenderse que cada partido o movimiento es indispensable y que la unidad se hace entre iguales y no entre una parte hegemónica y otra parte sometida. Los socialistas chilenos nos esforzaremos por fortalecer a la izquierda desarrollando diálogos e iniciativas eficaces. Lo haremos sin exigirle a nadie que pierda su identidad ideológica, como tampoco nosotros haremos dejación de nuestra esencialidad partidaria e independería política". Desde ya, pensamos invitar a nuestro Taller Ideológico conjunta o separadamente, a los partidos en el exilio en Caracas, para analizar los problemas centrales que nos interesan en común. En el esfuerzo de reagrupar a la izquierda, debe entenderse con claridad que el socialismo en Chile tiene dos vertientes históricas con sus perfiles propios y que cada una de ellas tiene perfecto derecho a defender su propia identidad: son las que corresponden al Partido Socialista y al Partido Comunista. Las diferencias definidas de cada vertiente, no deben impedir la unidad del movimiento obrero como ha ocurrido en el pasado. Pero no están planteadas posiciones fusionistas como erróneamente se lo plantea un sector minoritario socialista que hizo abandono del contexto histórico de nuestro Partido.

Finalmente, sobre esta materia, concedemos gran valor al reagrupamiento unitario de los movimientos cristianos que luchan también por el socialismo, como ocurre con la Izquierda Cristiana, el Mapu y el Mapu O.C. Son esfuerzos loables que fortalecen la izquierda y estimulan a la vez la unidad socialista. Por otra parte, saludamos como un esfuerzo positivo la iniciativa surgida en varios países de alentar la llamada convergencia socialista a base de unir en un frente común a nuestro Partido y a los agrupamientos cristianos y laicos que aspiran a construir una sociedad socialista en libertad, con una perspectiva humanista y con presencia plural de fuerzas comprometidas en el mismo empeño histórico liberador.

3.- Sobre la urgente necesidad de unificar las fuerzas sindicales, no necesitamos repetir razones excesivas. Pero allí está la clave de la movilización social más amplía del pueblo y el actor determinante en el curso de las luchas futuras, como lo es el movimiento obrero. La dictadura lo sabe muy bien y por eso es que a la re-presión sanguinaria agrega una política laboral divisionista que estimula el paralelismo amarillo en la vida sindical. Su objetivo es impedir la unidad de las fuerzas sindicales, pues allí está su talón de Aquiles. El objetivo nuestro, por el contrario, es gastar todos los esfuerzos posibles por promover la unidad de las fuerzas del trabajo, sobrepasando las prohibiciones y llegando de hecho a crear un solo gran frente sindical.

Sabemos que en Chile la gran mayoría de los dirigentes no comprometidos con la dictadura están claros sobre el problema. Pero resabios del pasado y la mantención de zonas parciales de influencia, impiden hasta hoy arribar a una sola gran organización, nueva en sus métodos de trabajo, flexible en sus tácticas, de consenso y sin hegemonías sectarias. Quienes podamos influir, en esta dirección, debemos hacerlo sin vacilaciones, pues lo que más le sirve a la plutocracia y a la tiranía que le sustenta es la división del pueblo, la dispersión orgánica de los trabajadores, su carencia de unidad sindical.

El esfuerzo unitario debe hacerse simultáneamente en la base del sindicato, en las ramas por industria, y en los centros directivos nacionales .Todo ayudará a un proceso que resulta clave para mejorar la relación de fuerzas a favor de los oprimidos y en contra de los opresores. Esta argumentación referida a los trabajadores, vale también para los pobladores, campesinos, profesionales y estudiantes. Cada cual puede hacer mucho para agregar fuerzas organizadas y dinámicas en su protesta, combinándose el reclamo por los problemas específicos con la lucha por reconquistar la libertad.

La unidad de los trabajadores en sus expresiones sindicales, se pone así en la primera orden del día en la preocupación de la Izquierda y del conjunto de las fuerzas democráticas. Los socialistas deben tomar esta tarea como el primer deber a cumplir en el curso de este año.

4.- El consenso de fuerzas democráticas: El enemigo es demasiado fuerte para que nos permitamos fracturas entre las fuerzas que se le oponen. Por eso resulta incomprensible que aún haya quienes piensen que aisladamente pueden tener éxito en su lucha contra la dictadura. La prueba concluyente la dan estos siete años de ineficacia política, que deben significarle a las direcciones políticas tanto de la Democracia Cristiana como de la Izquierda que sus esfuerzos separados no conducen sino a la Inercia y al Inmovilismo. Nosotros, oportunamente, dijimos que " no basta desear subjetivamente la caída de la dictadura. Hay que actuar y hacerlo racionalmente uniendo a las fuerzas opositoras favorables al cambio político y social para que articulen una alternativa posible, elaboren un proyecto programático que cohesione al pueblo y lo estimule a una mayor resistencia en contra de la dictadura".

Hoy volvemos a pensar, que por sobre las concepciones estratégicas diferenciadas, de por si respetables, el consenso de fuerzas debe producirse y mientras más pronto mejor. Así lo Intentamos nosotros en Caracas, ya en 1975, cuando convocamos a la memorable "Reunión de Colonia Tovar" con personeros de Izquierda y demócratas cristianos. Allí comprobamos que el consenso era posible y necesario pues la hora Ineludible de Chile exigía acumular fuerzas para derrotar al fascismo pronto y no retardar esa decisión histórica mediante tesis preciosistas que resbalan sobre la epidermis de un pueblo hambreado y prisionero".

Deberíamos buscar la posibilidad de plantear al conjunto de las fuerzas democráticas un Acuerdo Nacional Básico que no requiere propiamente un frente orgánico, sino un Programa de acción común que logre la Integración de amplios contingentes humanos y sociales que conforman la Inmensa mayoría de los chilenos. Ese Acuerdo Básico puede echar a caminar un poderoso movimiento capaz de minar a la Junta Militar en todos los niveles sociales posibles hasta provocar su derrota. Por sobre la manipulación del plebiscito fraudulento que le dio una autoridad formal a la dictadura, en Chile existe una favorable correlación de fuerzas que abarca a nuevos sectores inconformes de las clases medias y profesionales, a pequeños y medianos empresarios, e incluso a militares que apoyaron inicialmente el golpe inconstitucional y fratricida.

Lo importante es que el consenso en la lucha de hoy, determine también que mañana se alcance la meta de hacer posible un gobierno democrático estable y realizador, que permita el flujo de las ideas y a cada cual ganar mayor o menor influencia en el seno del pueblo para sus concepciones estratégicas finales. El acuerdo de hoy, no impide a los socialistas ni a nadie, luchar por la plena realización futura de sus aspiraciones históricas.

Pero lo que debemos ver claro, es que la lucha por el socialismo, supone necesaria y previamente derrocar la dictadura y reconquistar un régimen de libertad y democracia. Lo contrario, es vivir de ilusiones y enfocar la situación chilena en términos Irreales.

En resumen, pensemos que la tarea de reconstruir la democracia en Chile no es tarea de un solo partido. Es un esfuerzo plural que obtendrá éxito mayor mientras más amplio sea el acuerdo. Tampoco es la hora de plantear exigencias inmaduras de participación en eventuales gobiernos de transición.

No se trata tampoco de rechazarla. Pero no es el momento de jugar al cuento de la lechera, de contar con algo que no se tiene. Las participaciones de poder futuro se las ganará cada cual en el curso de la lucha, de acuerdo con el respaldo real que obtenga en el pueblo por su consecuencia y por la claridad de su propuesta política.

LA VICTORIA SOCIALISTA EN FRANCIA.

El tercer motivo que nos reúne esta noche, es celebrar con mucha alegría la victoria de los compañeros socialistas franceses que hicieron posible que su líder, François Mitterrand, fuese elegido como Presidente Constitucional de ese gran país, cuna de libertades y de los derechos del hombre y del ciudadano.

Cuando las corrientes, conservadoras del mundo daban por cierto que en los próximos años y durante mucho tiempo la derecha internacional no tendría retrocesos luego de los triunfos de la señora Thatcher en Inglaterra y de Reagan en los Estados Unidos; este triunfo de Mitterrand echa al Suelo sus esperanzas, dadas las categóricas proyecciones que en favor de las ideas de avanzada involucra la victoria socialista francesa.

También algunos izquierdistas dogmáticos teorizan acerca de la imposibilidad de que Mitterrand pueda hacer un gobierno eficaz, por no haber llegado éste al gobierno por la vía que ellos idealizan. Otros, pensando que sólo puede hacerse lo que ocurrió en la gran Revolución de Octubre de 1917, subestiman el triunfo socialista en Francia, olvidando que éste hay que dimensionarlo en el actual contexto histórico y en la específica realidad europea. Unos y otros, como que hubiesen preferido extrañamente el triunfo de Giscard, el conservador, eligiendo así el camino del absurdo político que por supuesto no sirve a los intereses del pueblo francés.

Pero lo cierto es que esta victoria es altamente positiva desde todo punto de vista. Desde luego, para estimular a las fuerzas progresistas del mundo entero, entre ellas, a nosotros, pues es conocida la posición condenatoria de Mitterrand en contra de las dictaduras de América Latina, especialmente con respecto al régimen tiránico de Pinochet.

Desde otro punto de vista, su victoria cambia las relaciones de fuerzas mundiales al establecer un nuevo centro de poder en Europa que debilita a los núcleos reaccionarios agresivos y belicistas. Fundadamente, puede presumirse que la victoria socialista francesa ayuda a la paz y a la distensión, evitando la conflictiva situación de una guerra fría que ya estaba incentivada por los gobiernos conservadores occidentales.

Los criterios sobre política internacional anticipados por Mitterrand permiten esperar que su gobierno otorgará especial atención a las legítimas aspiraciones de los pueblos tercermundistas y contribuirá a hacer más eficaz las relaciones Norte-Sur, tan deterioradas en detrimento de los países pobres.

Finalmente, en esta somera reseña, Mitterrand presidirá un Gobierno que será adalid en la defensa de la libertad de los pueblos. Ya lo dijo el líder socialista: "MI Gobierno será el de la libertad. Uno puede ser liberal y no gustarle la libertad, y uno puede ser socialista y gustarle la libertad''.

Esta afirmación política nos conduce de nuevo a Chile y al Gobierno de Allende, quién aspiró a un socialismo en libertad, mientras la derecha seudo constitucional ahogó al pueblo en sangre y a los sobrevivientes de la masacre colectiva les negó todos los derechos fundamentales que consagra el orden jurídico civilizado. La derecha chilena hizo trizas la libertad que defendía formalmente, violó todos los derechos humanos, destruyó las instituciones democráticas y sepultó el ejercicio de los derechos sociales y políticos. Ninguna libertad puede ser avalada hoy ni mañana por la derecha chilena, pues se hizo cómplice y usufructuó de los crímenes de la dictadura a través de su plutocracia voraz e insaciable. Y esto se los ha recordado indirectamente Mitterrand.

En la persona de los compañeros socialistas franceses presentes esta noche con nosotros, saludamos con cariño la victoria popular lograda en el país galo, enviándole al compañero François Mitterrand y al Partido Socialista Francés nuestras más calurosas y fraternales felicitaciones.

Estimados compañeros socialistas y amigos invitados

He aquí resumidos los motivos por los cuales hemos celebrado este magnífico acto público convocado por el Comité de Unidad Socialista. Al realizarlo, estamos ciertos que hemos hecho algo positivo por la causa democrática y libertaria chilena. En un futuro próximo, esperamos convocarlos de nuevo para anunciarles que ya el Partido Socialista de Chile, el Partido de los fundadores de 1933, el Partido de Salvador Allende, está ya unido para contribuir a acelerar la caída de la dictadura, rescatar la democracia y la libertad y continuar la lucha por el Socialismo

 

 

Esquema de discusión
Escrito por Carlos Lorca   
05-08-2014 a las 00:01:32

ESQUEMA DE DISCUSIÓN

SEBASTIAN

1. LA ESTRATEGIA DE LA UNIDAD POPULAR

A. EL PROGRAMA

Partía por definir cuáles eran las clases o fracciones que había que enfrentar (enemigos principales,), uniendo en su contra a todos los sectores que pudieran agruparse junto al proletariado (campesinos, estudiantes, intelectuales y vastos sectores de las capas medias), haciendo, además esfuerzos por neutralizar capas, que si bien no estaban en disposición de marchar con el proletariado (burguesía mediana y pequeña), existía la posibilidad de impedir que actuaran como aliados de los grupos a los que se intentaba aislar.

B. LA ECONOMIA.

Del carácter de la formación social chilena (capitalista-dependiente-monopólica, con alto grado de intervención estatal), se desprendían las transformaciones estructurales a cumplir y se establecían las bases de la alianza buscada. En efecto, se planteaba la estatización de los sectores monopólicos y estratégicos de la economía. Respecto de la industria pequeña y mediana, el título de propiedad no era en esa fase lo importante: lo decisivo era el uso, el destino do la producción. De allí la necesidad de establecer relaciones capitalistas de Estado entre el sector estatal y el mixto y privado, sobre la base del control obrero de la producción y el control popular de la distribución, en torno a un plan económico gestado democráticamente. Aprendiendo a dirigir la economía, la clase obrera aprendía a gobernar.

La resistencia del imperialismo y la burguesía, y errores de conducción económica, determinaron el desarrollo de una crisis económica que constituyó el marco ideal para la cristalización de las tentativas contrarrevolucionarias.

C. LA LEGALIDAD.

Con la conquista del Gobierno, la legalidad, si bien tenía un doble carácter, jugaba principalmente en favor del movimiento popular.

La fuerza del Gobierno residía, fundamentalmente, en su apoyo de masas. Pero su gestación y desarrollo dentro de la legalidad le entregaba una fuerza adicional, una legitimidad que alcanzaba incluso a capas sociales (sectores medios), partidos (PDC), e instituciones (FF.AA), que no eran partidarios del Gobierno. Por lo tanto, era la derecha sediciosa la que tenía la tarea de quebrar sus propias reglas democrático-burguesas, incluso la de torcer las tradiciones de las FF.AA, la reacción, atrincherada en sus bastiones institucionales y luego a través de las movilizaciones de masas, trabajó con una doble perspectiva: la principal, demostrar que el Gobierno se iba convirtiendo en una "dictadura legal", la segunda, estimular mediante provocaciones, tendencias insurreccionalistas en los sectores más inmaduros de nuestro movimiento de masas.

D. EL ESTADO.

El hecho inédito de que el pueblo conquistara el Gobierno por un cauce electoral, no podía dejar de plantearnos (salvo para concepciones evolucionistas), la obligación de la destrucción de la vieja institucionalidad y de la edificación de una nueva.

El ritmo y el momento del cumplimiento de este objetivo, dependía, por cierto, de una evaluación precisa de la correlación de fuerzas. Era necesario resolver correctamente la relación entre la lucha llevada a cabo dentro de la institucionalidad y el desarrollo del poder del pueblo (que tenía como pilares básicos al Gobierno, a la CUT y a las organizaciones nacidas en el proceso).

En todo caso, se planteaba la creación a partir de las antiguas instituciones armadas (arrancándolas, aun cuando fuera parcialmente, de manos de la burguesía, cortando, rompiendo, desmontando todos los hilos por medio de los cuales los capitalistas influían en ellas), o con mayor probabilidad, del pueblo en armas, si los enfrentamientos lo hacían necesario, de las nuevas FF.AA, de un Estado popular que se proponía construir el socialismo.

E. LA CONQUISTA DEL PODER

Para garantizar la consolidación del Gobierno y la irreversibilidad del proceso, era necesario que la revolución venciera, superando una fase inevitable de ruptura abierta (que podía adquirir, como era lo más probable, o no, el carácter de lucha armada generalizada), y agrupando a todas las fuerzas más avanzadas con el fin de paralizar, superar o aplastar toda la resistencia.

Era previsible que sobre el desarrollo del Programa de la UP, tuviera lugar el choque de clases decisivo. No en el aire; no en abstracto; entendiendo en todo su valor la ocupación de una posición vital del Estado burgués; que el Gobierno era un arma fundamental del pueblo.

No podíamos dudar de la disposición de la reacción de emplear cualquier recurso para la defensa de sus bastardos intereses. Sin embargo, teóricamente al menos y durante el primer período, estuvo abierta la posibilidad de que el pueblo acumulara una fuerza tan grande y neutralizara otras, que los reaccionarios se vieran imposibilitados de recurrir a la violencia armada.

Dividido y desmoralizado primero el frente burgués, y unido y movilizado después, se evidenció el rechazo de los monopolios nacionales y extranjeros al desenlace institucional y democrático, y su búsqueda de la sedición, del golpe, de la insurrección reaccionaria. En todo caso, era vital que, guardando nosotros la iniciativa estratégica, apareciéramos como a la defensiva, estrictamente respondiendo con energía a las agresiones del enemigo. Lo que cabía, entonces, era resistir y aplastar la embestida sediciosa y, por esa vía, actuando de contragolpe, conquistar verdaderamente el poder en el marco de una institucionalidad rota por los reaccionarios.

2. LAS RAZONES DE NUESTRA DERROTA

La vanguardia debe evaluar críticamente el pasado, única forma de no reincidir en errores que serían imperdonables en las difíciles condiciones en que se plantea hoy la lucha de los trabajadores. 

Muestra derrota fue la expresión del aislamiento de la clase obrera. Esto significa que, más que un fracaso militar, fuimos vencidos políticamente. El 11 de septiembre se dio un PUSTCH, sólo posible por una debilidad nuestra. El marco necesario para la victoria de la contrarrevolución, lo constituyó la situación de división y dispersión de la clase obrera y una crisis  económica que afectaba a las masas y a las capas medias.

El proceso revolucionario fracasa al no contar con una vanguardia política, ya que condiciones objetivas existían y existen, para transformar a Chile en un país socialista. Faltó la fuerza dirigente, por la ausencia de la real unidad socialista-comunista, y porque ninguno de los partidos fue por sí sólo capaz de darle conducción a la izquierda. En la herencia política e ideológica del pasado, hubieron factores que impidieron al conjunto de la izquierda, resolver durante el proceso la construcción de la vanguardia.

Nuestra experiencia demostró que es imposible atraerse a las capas medias, con una clase obrera que tiene dos o más partidos con líneas divergentes.

Las desviaciones con respecto a una línea proletaria no fueron más que reflejo de la ausencia de la vanguardia política.

Las desviaciones de derecha que operaron en el seno de los partidos y principalmente sobre el Gobierno, y que se tradujeron en burocratismo, desconfianza en la masa, falta de participación auténtica de los trabajadores, focos de corrupción administrativa, tolerancia frente a los desbordes del fascismo, tienen una alta cuota de responsabilidad. Se expresaban en concepciones legalistas, pacifistas, evolucionistas de la revolución chilena, en la tendencia a eludir el carácter de clase del Estado burgués, y la necesidad de destruir sus funciones de dominación y las instituciones concretas a través de las cuales se ejerce, en la dificultad para aceptar la necesidad de instancias amadas en la conquista del poder, otorgándole importancia práctica y teórica que realmente tiene. Estas desviaciones de derecha adquieren su más alta expresión cuando desaprovechamos el enorme caudal de fuerzas con que contaba el movimiento popular, para asestarle al fascismo un golpe decisivo antes de que levantara cabeza, como es el período posterior a abril del 71, llamado por los monopolios el de la "democracia inerme", y que se cierra con la reconstrucción de la unidad de la oposición.

Las desviaciones de izquierda se expresaron en políticas atrasadas, al margen de una apreciación correcta de la correlación de fuerzas, que no consideraban los intereses específicos de los aliados potenciales del proletariado, y que, por el contrario, los fueron empujando al campo de los monopolios. La fraseología revolucionaria, el rechazo de cualquier compromiso o alianza temporal condenándola como conciliación o traición, al margen de un análisis de la situación política; la subestimación o el rechazo de fuerzas democráticas (ala del PDC), cono aliados de las fuerzas revolucionarias ante el enemigo común: el fascismo; un espíritu anticientífico, voluntarista, para enfrentar los problemas; el planteamiento esquemático de la violencia revolucionaria; la incomprensión de la dialéctica democracia-revolución, el papel del Gobierno, de la relación masas-vanguardia (seguidismo frente al espontaneísmo), características del oportunismo de izquierda, contribuyeron decisivamente a que el fascismo lograra presentar a la clase obrera como una fuerza insurreccional y antidemocrática y a que aislara a los sectores constitucionalistas de las FF.AA. 

En resumen, lo que explica nuestra derrota es la ausencia de dirección única proletaria, el desgaste del movimiento popular en una estéril pugna interna, que neutralizó nuestra acción conduciéndonos a un coyunturalismo  fatal, a un pragmatismo ciego.

3. EL CARACTER DE LA JUNTA

A. SU CARACTER

Nos encontramos frente a una dictadura militar de tipo fascista, que expresa los intereses del imperialismo y los monopolios, que garantiría la reversibilidad de las conquistas estructurales conquistadas por el pueblo y que pretende aplastar el movimiento popular chileno por muchos años. Ideológicamente se encubre con los valores característicos que agita el fascismo (aunque no encuentra el contexto para que su ideología canalice apoyo de masas). Desde el punto de vista económico, se orienta a cautelar los intereses de las clases dominantes y a resolver la crisis económica sobre la base de una agresión brutal contra el nivel de vida de los trabajadores y capas medias. Desde el punto de vista político, se plantea como producto del fracaso, no sólo del marxismo, sino del sistema demo-liberal parlamentario. En el modelo clásico del fascismo, falta aquí la demagogia anticapitalista y el partido fascista como vínculo con las masas; la dictadura recibe apoyo partidista incondicional sólo de Patria y Libertad y del ala fascista del Partido Nacional. El ala conservadora tradicional de este partido ha expresado públicamente sus reservas. El freísmo ha cortado sus vínculos después de pisadas de callo de la Junta (poca importancia a sus asesores, intervención de las Universidades, desplazamiento de Boeninger y otros, campaña de prensa contra el PDC).

B. POLITICA Y ECONOMIA

Así como la revolución provocada por la UP desarrolló y desató la contrarrevolución victoriosa, así también la contrarrevolución debe enseñarnos a preparar una forma definitiva de victoria del pueblo

Les causas que hicieron posible nuestra derrota-contracción económica, aislamiento de capas medias, incapacidad de dirección política, crisis de nuestro comercio exterior, serán también las bases de la ruina de nuestros enemigos.

a. Su política económica tiene, como consecuencia un descenso brusco de ingresos reales de los trabajadores y un aumento de la cesantía a tasas superiores al 10% (400 a 500 mil cesantes), un deterioro de capas medias no propietarias(congelación de sueldos del sector fiscal), y respecto de la pequeña y mediana burguesía, empobrecimiento y bancarrota, al no contar con créditos, ni capital de trabajo, ni mercado para vender, y con costos más altos que los grandes capitalistas, impidiendo realmente "el modelito" de la libre competencia. El fracaso de su política económica aumenta y se acelera por: 

1. Desconfianza de capitalistas criollos respecto a la estabilidad de la Junta (no inversión, búsqueda de máxima ganancia a corto plazo).

2. Desconfianza mundo capitalista: Europa Occidental y Círculos de USA).

3. Incapacidad de desarrollar exportaciones fabriles o del agro a corto plazo. El mercado andino no constituye realmente ninguna salida para Chile. Por le tanto, Chile tiene todas las desventajas del modelo brasileño, pero ninguna de sus ventajas.

b. Sobre esta base descansa el aislamiento social y político de la Junta, que ya se ha manifestado en las discusiones internas del PN y el PDC. Indudablemente que ni al imperialismo ni a la burguesía reformista ni a la pequeña burguesía seguidista le conviene esta situación, pero ello es inevitable por la dinámica económica desatada por la UP.

Las fracciones del PDC son un buen reflejo de estas contradicciones económicas y sociales, amén que su sola manifestación agudizará y aumentará rápidamente las contradicciones de fondo, que serán insuperables de remontar por la Junta.

Las capas medias ganadas y neutralizadas por los fascistas, se alejarán rápidamente de los grandes capitalistas, rentistas y terratenientes, echando bases para nuestro triunfo revolucionario.

El único programa que los une es el miedo irracional al marxismo, el exterminio del "extremismo", pero esto no es eterno y políticamente puede llegar a ser difícil de manejar masivamente.

4. LAS TAREAS DEL PUEBLO

Vivimos un periodo de reflujo profundo, una fase defensiva de la lucha, preparatoria de futuros movimientos de masas, en que es vital no lanzarse a batallas prematuras. Las luchas no pueden revestir sino muy lentamente un carácter político general. Hay que impulsar líneas de masas parciales, usando como fuerzas de choque a las capas medias, Debemos trabajar con la línea de gestar, explotando las contradicciones que con la Junta tienen todas las clases y capas que no constituyen su base objetiva de apoyo, la más amplia resistencia de masas contra la dictadura, garantizando que en ella la clase obrera conquiste el papel de dirigente.

Sin dejar de aprovechar las limitadas posibilidades de acción legal en algunos sindicatos, hay que construir una dirección sindical ilegal. Por limitadas que sean las luchas que podamos plantearnos hoy, hay que velar  porque el sindicato no pierda su carácter de defensor de los intereses de la clase obrera. Tener presente que la Junta hace esfuerzos por montar un aparato sindical colaboracionista y que la DC trata de pescar en el río revuelto de la caza de marxistas para chantajearnos y apoderarse de la dirección de les organizaciones de masas. La reconstrucción del movimiento sindical debe ser la primera prioridad  nuestra, volcando en ella cuadros y medios materiales. En nuestro trabajo debe ser una norma la búsqueda de unidad de acción en función de los intereses y necesidades de la  clase obrera, con los dirigentes sindicales DC y su base.

La próxima etapa es de desgaste político de la dictadura, por la heterogeneidad de su base de apoyo y la imposibilidad de responder a las expectativas; crecerá la posibilidad de atraernos amplias capas de los sectores medios. Se abre, por lo tanto, un período de disputa por el liderazgo de estas capas y el PS debe jugar el papel abandonado hace tres años y empezar a competir allí. Importancia especial tendrá el levantar políticas justas y, desarrollar trabajo de masas entre el campesinado, los empleados, los comerciantes, los intelectuales, las mujeres y la juventud, para sacar al proletariado de su aislamiento. Debemos trabajar por disociar orgánicamente a la pequeña propiedad de la grande (ej. uniones de pequeños comerciantes).

La importancia de la propaganda para golpear en la masa resulta igualmente decisivo: debemos demostrarle que existimos y que tenemos un minino de organización, necesitamos desarrollar la lucha ideológica sistemática contra la Junta (la represión y las alzas no actúan automáticamente). Las tareas de solidaridad requerirán también especial atención, pues en las condiciones actuales las luchas aisladas serán fáciles de destruir.

Respecto a las formas de lucha amada, hay que tener presente que aunque la estrategia nuestra tiene un desenlace armado, estas acciones no están a la orden del día, y por el contrario, pueden entregarle los pretextos que la dictadura necesita para profundizar la represión. Nuestras tareas centrales hoy son la construcción del Partido y del Frente.

EL PROGRAMA

El problema fundamental es plantear correctamente las relaciones entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo. Necesidad de definir un programa mínimo para la lucha por el derrocamiento de la dictadura distinto del programe máximo (objetivo final socialista), y que no implique colocar al proletariado como furgón de cola de la burguesía, con el peligro de regresar a antes del 70. En tal sentido, tener presente que puede producirse el fracaso económico de la Junta, que va a obligar a hacer movidas, y que la burguesía reformista va a tratar de montarnos y usarnos para escalar el poder sobre nuestros hombros. Se trata precisamente de lo contrario: de aprovechar - a lo vietnamita - todas las contradicciones que existen en el campo de la burguesía.

Las transformaciones democráticas y las transformaciones socialistas no están separadas por una muralla china. La posibilidad de tal transformación en un período muy corto (y no del relevo burgués de la dictadura), depende del rol hegemónico del proletariado en la lucha contra la dictadura. 

DESVIACIONES:

1. Solo luchar por la democracia. Esto implica restaurar la democracia burguesa como objetivo máximo. Significa colocar a la clase obrera bajo dirección política burguesa o pequeño-burguesa. Únicamente esta alternativa es viable en condiciones de total aniquilamiento de la izquierda.

2. Luchar sólo por el socialismo, aislando políticamente a la clase obrera, incapacitándola para representar en la lucha política a amplios sectores de las capas medias y condenándola a la derrota.

Sólo una relación dialéctica entre democracia y socialismo, una alianza amplia de todos los que no están identificados con los enemigos principales, y una dirección proletaria de la misma, es la única forma de avanzar.

PUNTOS BASICOS DEL PROGRAMA MINIIMO

Libertades democráticas, políticas y sindicales y defensa de las conquistas y derechos de los trabajadores; más modificación de la estructura jurídico-política: limpieza a fondo del aparato del Estado, del fascismo, y modificación de la institucionalidad para impedir su renacimiento.

PROGRAMA MAXIMO: Dictadura proletaria

Condición sine qua non ABSOLUTA coincidencia estratégica y táctica PS-PC. Clase obrera con doble orientación será pasto de la burguesía reformista y del fascismo y no aglutinará en torno a sí al resto de la población tras sus banderas.

Fases de la construcción del Frente Amplio:

a) acuerdo PS-PC

b) acuerdo UP-PDC más sectores constitucionalistas antifascistas de las FF.AA (apoyando en la lucha interna a los sectores progresistas);

c) acuerdo UP-PDC-MIR.

En este frente tienen particular vigencia los conceptos de unidad y lucha, porque agrupa a fuerzas sociales y políticas muy diferentes, entre las que subsisten importantes contradicciones internas. Todo ello implica por supuesto la necesidad de la más completa independencia de clase del proletariado.

5. EL PARTIDO

- Aprender la lección leninista: sostener una línea de principios con gran firmeza estratégica e igualmente gran flexibilidad táctica.

- Introducir más firmemente el marxismo-leninismo en el PS (tiene débil arraigo).

- Desarrollar un combate encarnizado contra las desviaciones de derecha o izquierda, 

- Transformarnos en un partido homogéneo y proletarizar al Partido mediante el desarrollo de la ideología proletaria y la intensificación de nuestro trabajo de masas en la clase obrera. Transformarlo en un ejército disciplinado y consciente de sus objetivos y de los medios adecuados para conseguirlo.

- Depurarlo del lastre oportunista y de la infiltración.

- Adecuar la organización a las nuevas condiciones, cuidando por sobre todos nuestros vínculos con las masas.

- El conservar una organización movimientista (con grupos y fracciones) sería un completo suicidio. Necesidad de la mayor centralización, de la vigencia efectiva del centralismo democrático, y de la más férrea unidad orgánica, ideológica y de acción.

- De producirse acuerdo estratégico y táctico con el PC, trabajar en la perspectiva del Partido Único proletario.

Ref. BCAM APS SDSD1974

Documento formando parte de la discusión previa a la publicación del Documento de Marzo; ver Carta de la Dirección Interior al Secretario Exterior del Partido fechada en Santiago el 11 de septiembre de 1974, hoja número 3.

 


Dictadura proletaria : nota manuscrita

Nota manuscrita, corrección

Última actualización ( 05-08-2014 a las 03:30:53 )
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