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La Revolución Francesa
Escrito por Julio César Jobet   
05-12-2014 a las 06:08:56

LA REVOLUCION FRANCESA

Un ensayo de interpretación económico-social

LA REBELION ARISTOCRATICA COMO ANTECEDENTE

1.  Mathiez y Sagnac, entre otros, han demostrado que la responsabilidad inmediata de la revolución recae sobre los mismos privilegiados que se negaron a aceptar los sacrificios que el poder real pretendió imponerles y que hubo de arrancarles con la convocación de los Estados Generales. La reacción aristocrática, gracias a la venalidad y el favor del Rey, fortalecida en número e influencia por los burgueses enriquecidos, invadió los Parlamentos, Consejos, Clero, Ejército y Administración. Deseaba organizar un gobierno semejante al de Inglaterra, donde el Rey, desde 1688, compartía el poder con la nobleza, alto clero y burguesía rica. Montesquieu es quien mejor representa esta tendencia aristocrática de corte inglés. La oposición nobiliaria a las medidas del Rey sugeridas por algunos de sus ministros (y es ce hacer notar que los preámbulos de los decretos de Turgot, Malesherbes, Calonne, Brienn y Necker contienen una recia crítica de los abusos del régimen) es la que, teniendo en sus manos todos los poderes públicos, comenzó la revolución. La aristocracia judicial, por ejemplo, se enfrenta constantemente al Rey usurpándole parte de su autoridad y produciendo una verdadera rebelión noble en contra de la Monarquía, que, de revés levantó a la burguesía. La revolución es, pues, en sus principios aristocrática y no burguesa. Que abortó y preparó el camino a la revolución burguesa es un hecho incuestionable.

LA ELECCION DE LOS ESTADOS GENERALES

2. La revolución se inicia con la campaña para elegir los miembros que formarían los Estados Generales. Coincide con una grave crisis económica pues se había paralizado gran parte de la producción industrial ante la competencia victoriosa de las mercaderías inglesas que entraban al país en gran cantidad después del Tratado de Comercio de 1788 El pan era escaso y caro, mientras que los graneros de los privilegiados estaban repletos. 

La elección no se hizo de acuerdo con las formas antiguas (en 1614 había sido la última reunión de los Estados Generales), sino que por un Reglamente Electoral fijado especialmente; era complicado, pero bastante liberal. La base del proceso electoral eran las parroquias o aldeas, las corporaciones y los barrios; luego, la asamblea de la población (pueblo o lugar); en seguida la asamblea de bailía secundaria y finalmente, la asamblea de bailía principal. Junto con elegir a sus representantes se les proveía de un "Cuaderno de Quejas y Peticiones". En las asambleas de los privilegiados la lucha fue viva entre la minoría liberal y la mayoría retrógrada; entre la nobleza cortesana y los hidalgos de provincia; entre el alto y bajo clero.

En el Tercer Estado, que estaba unido en su ataque a la aristocracia, había una gradación diversa en sus reivindicaciones, según fuesen enunciadas por la burguesía, artesanos o campesinos. Aparecen nítidamente diferenciados los intereses de clase. Mientras no se presentan reivindicaciones propiamente obreras, los campesinos son los que atacan directamente y a fondo el feudalismo (Jean Jaurès reproduce en su "Historia de la Revolución", páginas enteras de estos "Cuadernos", muy reveladores al respecto). La burguesía, propietaria ya de una buena parte de la tierra se solidariza en la defensa de los derechos sobre ésta con la clase feudal en contra de los campesinos pobres y desposeídos. En el otro plano, los anhelos de industriales y comerciantes son objeto de estudios precisos. Es decir la clase que va a tomar la dirección de la revolución siente plena conciencia de su fuerza y de sus derechos.

Sin embargo, del examen general de los "Cuadernos de Quejas y Peticiones" se desprende que el absolutismo era condenado unánimemente. Nobles, sacerdotes y plebeyos coincidían en reclamar una Constitución que limitase los derechos de la realeza y que estableciese una representación nacional con facultad para hacer leyes y votar los impuestos. El amor a la libertad y el odio a la arbitrariedad inspiraban todas las reivindicaciones.

LOS MOVIMIENTOS CAMPESINOS

3. El 14 de Julio cayó la Bastilla por un levantamiento del pueblo parisiense qua armó a las masas permitiéndoles el triunfo. Desde este instante las masas campesinas extienden su insurrección que desde marzo agitaba diversas regiones de Francia. Así en Macon y Beaujolais incendiaron 72 castillos. Fueron atacados violentamente por la burguesía, que se encargó de la represión aliada a la nobleza. Son rechazados los grupos campesinos más numerosos, apresados sus dirigentes y muchos condenados a muerte.

Desde los comienzos de la revolución, el levantamiento de las masas rurales es general y actúa con autonomía, lo que provoca considerable sobresalto en el seno de la Asamblea Nacional Constituyente, que se siente aterrada por esta violenta explosión campesina. A consecuencia de ella el 4 de agosto las clases privilegiadas procedieron a despojarse de sus derechos merced a este ardiente empuje de los menesterosos, y fueron algunos de los nobles más ricos quienes propusieron abolir los derechos feudales, mientras que la burguesía era lisamente partidaria de la represión, afirmando, para desprestigiar el movimiento campesino, que de los propios círculos reales había partido la instigación para que más desposeídos se lanzasen en contra de las propiedades y así vengarse de su derrota.

Es que en el fondo la burguesía defendía el derecho de propiedad en general y las propiedades suyas adquiridas en grandes proporciones. Más tarde, cuando se enfrió su entusiasmo, la Asamblea Nacional Constituyente trató de limitar sus concesiones y distinguir entre aquellas cargas feudales que habían sido impuestas al campesino contra su voluntad y aquellas que, como los censos feudales, podían considerarse resultado de un libre contrato celebrado entre él y su señor. Ante esta actitud, los campesinos acusaron a los burgueses, dueños de vastos feudos de haberlos engañado y traicionado. Las primeras cargas feudales fueron suprimidas sin compensación, pero se obligó al campesino a redimir las segundas En la práctica fue abolida esta distinción por la presión de los movimientos campesinos que resistieron tenazmente la legislación clasista de la Asamblea Nacional Constituyente; la que por medio de los guardias nacionales, burguesas, y aprovechando la desunión campesina, mantuvo la situación indicada hasta que en 1793 la Convención Nacional hizo tabla rasa de todas las rentas y pagos feudales, aboliendo totalmente el feudalismo, para transformar al campesino en propietario libre. La revolución abolió también la pesada carga del diezmo (que significaba más de 100 millones de francos anuales) y redujo enormemente el gravamen de la contribución. Además, la venta de la tierra confiscada al clero y la nobleza les permitió aumentar y redondear su patrimonio territorial. De tal modo Francia se transforma en una república de campesinos propietarios, siendo la pequeña propiedad la unidad básica de su economía agraria.

LA PERMANENTE EFERVESCENCIA PROLETARIA

4. Un problema permanente que debió enfrentar la revolución que se agravó en los años 1792, 1793 y 1734, fue el del encarecimiento de la vida y la escasez, lo que produjo el levantamiento tanto de las masas rurales como del pueblo de las ciudades en contra del gobierno de la burguesía. Este movimiento de masas provocado por la miseria y el hambre, a pesar de carecer de una organización y dirección propias logró modificar la voluntad de los hombres del momento. Pero tan pronto como el enemigo exterior haya sido vencido y los aristócratas están reducidos, la burguesía se volverá contra el proletariado para aniquilarlo a su vez. La levadura del movimiento popular fue la inflación. La masa reclamaba la vuelta de la reglamentación abolida, de las declaraciones de la venta obligatoria en los mercados, de las requisiciones como una imposición de los pobres contra los ricos, como una represalia para solucionar el problema angustiosos del encarecimiento del pan y de la disminución del poder adquisitivo de las entradas fijas, a causa de la guerra, de la especulación y lucro. Hemos visto que una sublevación permanente inquietó los campos. En las ciudades, los obreros y menesterosos tratan de obtener el reajuste de sus salarios la fijación de los precios y la represión de los especuladores y acaparadores.

En el fondo de la Revolución se produce una lucha de clases constante. El pueblo se levanta contra los propietarios e industriales que forman la mayoría en la Asamblea Nacional Constituyente, luego en la Asamblea Legislativa y aún en la Convención. De ahí la insurrección del pueblo en contra de esos organismos en diversas oportunidades, imponiendo nuevas formas políticas. El "máximum general" aprobado durante la Convención, o sea, la fijación de los precios a los artículos de primera necesidad, amén de otras medidas económicas radicales, acarrearon la organización del Terror; o sea, la centralización del Poder para imponer una legislación que hería los intereses particulares en favor de las masas pobres.

LAS REIVINDICACIONES DE LA BURGUESIA

5. En 1789 la burguesía, del mismo modo que la masa del pueblo, aspiraba a un régimen social mejor que se basara sobre la igualdad y la justicia suprimiendo los privilegios y modificando el sistema feudal. La burguesía grande y pequeña "odiaba a los privilegiados más que a los privilegios y veía con alegría cómo la masa popular atacaba la desigualdad; es que la mayor parte de ellos no aspiraba sino a hacer de la igualdad un medio para conquistar el poder" (Luis Madelin).

La burguesía durante todo el proceso de la revolución debió atender, por un lado, a contener la corriente aristocrática y, por otro, la corriente popular, a fin de llevar al éxito sus propias reivindicaciones. Los campesinos acomodados, los propietarios y los burgueses ricos defendían sus intereses y en función de ellos luchaban porque el poder cayera en sus manos. Pero los clubes, organismos políticos burgueses, se encontraron pronto sometidos a la tendencia avanzada, que eliminó progresivamente a los elementos moderados. Fueron los clubes los que, después de Varennes, orientaron a la oposición hacia el régimen republicano y patrocinaron las reformas más atrevidas.

La revolución burguesa impuso en Francia el liberalismo económico y político. Las clases poseedoras que detentaban la tierra y practicaban la industria y el comercio, detestaban la reglamentación monárquica que limitaba sus beneficios e impedía sus especulaciones. "Tal vez creían con sinceridad en las virtudes de la libre concurrencia; pero, en todo caso, comprendían que la libertad económica multiplicaría su poder". (Alberto Mathiez).

Muchas de las reformas económicas solamente aprovecharon a la burguesía. Las clases pobres eran hostiles a la libre venta y a la libre circulación. Al derecho de propiedad el instinto popular oponía el derecho a la vida; pero los grandes propietarios y burgueses ricos proclamaron la libertad absoluta de la venta y circulación de granos, eliminando la reglamentación. En muchos lugares el pueblo se rebeló e hizo el reparto de granos y harinas. Pero las buenas cosechas de 1789 y 1790 favorecieron las medidas del liberalismo burgués. La desastrosa cosecha de 1791 hizo cundir la agitación, de tal suerte que el proletariado ciudadano y campesino hubo de tomar por su cuenta la vieja reglamentación de la monarquía

LA CONSTITUCION DE 1791

6. Según la Constitución de 1791, con apariencias monárquicas. Francia se convierte de hecho en una república burguesa. Suprimía los privilegios fundados sobre el nacimiento; pero respetaba y consolidaba los que estaban fundados sobre la riqueza. A pesar de que la "Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano" proclamaba que la ley es la expresión de la voluntad general, y daba a todos los ciudadanos el derecho de concurrir a su formación, la Constitución, respecto del derecho electoral dividía a los franceses en dos clases: pasivos, excluidos del derecho de sufragio, porque no tenían propiedad, y activos, que eran los que podían participar plenamente en la vida pública. Los proletarios eran "máquinas de trabajo" a quienes se juzgaba carentes de libertad y posibles instrumentos de los aristócratas. Los ciudadanos activos fueron en 1791 cuatro millones y cuarto, quedando tres millones de pobres fuera de los derechos de ciudadanía, lo que significaba un retroceso en relación con el criterio que había presidido la elección del Tercer Estado para los Estados Generales, ya que sólo se había exigido en ella para ser elector la circunstancia de aparecer inscrito en la lista de contribuyentes. A la aristocracia del nacimiento sucedía la aristocracia de la fortuna.

A la Constitución censitaria de 1791 se agregó otra medida en beneficio de la burguesía. El 14 de julio de 1791 la Constituyente votó la Ley Chapelier que reprimía severamente, como delito, la coalición de los obreros para imponer un salario uniforme a los patrones. La confiscación y venta de los bienes del clero, igualmente ayudará al fortalecimiento de la clase mencionada. El medio que permitió la liquidación de dichos bienes fue el asignado. Fue un arma política que aceleró la venta y la hizo irrevocable; hasta permitir a la revolución vencer a sus enemigos interiores y exteriores. Como arma financiera, aunque no escapó a los peligros de la desvalorización como era recibido en valor nominal en el pago de los bienes nacionales, por lo que el adquirente ganaba la diferencia entre su valor nominal y su valor real en el mercado, que era muy inferior. De ahí que existió un vivo deseo por cambiarlo por un valor sólido y permanente: la tierra. La burguesía urbana fue la que adquirió la mayor parte de los lotes puestos en venta; en menor escala los aristócratas y los campesinos, que adquirieron pequeñas parcelas, ligándose por ello a la revolución. El poderío de la burguesía sufre un serio quebranto desde que en las jornadas del 9 y 10 de agosto de 1792 triunfa una insurrección popular acaudillada por el Municipio de París. Desde el fin de la Asamblea Legislativa, a raíz de la insurrección victoriosa hasta el 20 de septiembre, o sea desde la toma de las Tullerías y la prisión de Luis XVI en el Temple hasta la reunión de la Convención se desenvuelve un período en el que contienden el poder legal y el poder revolucionario, surgido de las acciones victoriosas del 9 y 10 de agosto. Esta lucha continuará en el seno de la Convención, disputándose la mayoría. El Partido de la Montaña será esencialmente el partido del antiguo municipio revolucionario de París y el Partido de la Gironda será formado por los diputados que habiendo nutrido las filas de la izquierda en la Asamblea Legislativa pasarán a constituir el ala derechista de la Convención.

GIRONDINOS Y MONTAÑESES

7. Los Girondinos representaban los intereses de los comerciantes de Burdeos y eran contrarios al destronamiento del Rey y a la insurrección popular. Eran partidarios de la legalidad que combatía las medidas excepcionales, revolucionarias, de las que el Municipio había dado el ejemplo y había imitado la Montaña, y cuyos puntos principales eran: en el dominio económico-social, las reglamentaciones, las declaraciones de mercaderías, las requisiciones, el curso forzoso del asignado, en una palabra la limitación de la libertad comercial; en el dominio político, la vigilancia de todos los adversarios del régimen, considerados como sospechosos; creación de jurisdicciones excepcionales; suspensión de la libertad individual concentración del poder por la subordinación estrecha de las autoridades. Este programa será realizado íntegramente durante el Terror.

"Los girondinos comprendían un gran número de propietarios y de ciudadanos instruidos: tenían el sentimiento de las jerarquías sociales, que querían conservar y fortificar. Sentían una repugnancia instintiva hacia el pueblo grosero e inculto. Consideraban el derecho de propiedad como absoluto e intangible. Creían incapaz al pueblo y reservaban a su clase el monopolio gubernamental. Todo cuanto tendía a poner trabas a la acción de la burguesía propietaria les parecía mal. Profesaban el liberalismo económico más completo. El Estado más perfecto para ellos era aquel que "intervenía menos en la actividad de los individuos".

Los montañeses, por el contrario, representaban a las clases bajas a los que sufrían la crisis provocada por la guerra, a los que habían derribado el trono, a los que habían logrado los derechos políticos merced a la insurrección. Eran de criterio realista y estaban cerca de la verdad de las cosas, porque comprendían que la situación de Francia reclamaba medidas extraordinarias: al derecho de propiedad oponían el derecho de la vida; al interés individual el interés público. No comprendían que a pretexto de respeto a los principios se pudieran poner en parangón una clase y la Patria. Estaban prestos a recurrir, en caso de necesidad, a limitaciones de la libertad y propiedad particular o individual, si así lo exigían los superiores intereses de la masa. Era una verdadera lucha de clases traducida en estos partidos opuestos, con sus programas definidamente antagónicos.

El Municipio y la Montaña representaban a las clases populares, artesanos, obreros, consumidores que sufren en la guerra y sufren sus consecuencias: encarecimiento de la vida, paros forzosos desequilibrios de salarios.

La Asamblea Legislativa y su heredera la Gironda, representaban a la burguesía poseedora y comerciante que defiende por sobre todo sus propiedades e intereses, de las limitaciones, trabas y confiscaciones que los amenazan. Sin embargo, la mayor parte de los montañeses era, como los girondinos, de origen burgués. La política de clase que ellos inauguran no surgía plenamente de las entrañas del pueblo. Fue una política de circunstancias, una manera plebeya, dice Carlos Marx, de acabar con los reyes, los sacerdotes, los nobles, con todos los enemigos de la Revolución. La oposición entre Girondinos y Montañeses se tornará dramática en el seno de la Convención.

La Convención fue elegida por sufragio universal, participando los ciudadanos activos y pasivos. Los que concurrieron a las urnas fueron pocos; actuando solamente una minoría decidida. Sainte-Claire Deville en su obra "La Commune de l'an II" ha realizado un estudio destinado a investigar la real intervención del pueblo en las jornadas de esa época. Según este escritor la Comuna no expresaría exactamente la soberanía del pueblo, sino más bien la dictadura de un puñado de dirigentes y agitadores. Las asambleas de sección eran frecuentadas por un reducido número de ciudadanos y en los diversos escrutinios no se alcanza a juntar un décimo de los votantes. De ahí que sea preciso rebajar en mucho "los movimientos de masa" de que se habla frecuentemente. Es una minoría activa, enérgica y audaz la que ha conducido la revolución y en esta época dentro de ella; son los "hebertistas" y los "rabiosos" los que logran una mayor inspiración a influencia.

La mayor parte de los diputados elegidos pertenecían a la burguesía o eran propietarios ligados a la revolución. Sólo figuraban dos obreros. Fueron elegidos en gran número los girondinos, más conocidos por su obra. El pueblo pedía una política económica drástica, pues encontraba natural que los ricos que no abandonaban sus hogares para ir a la guerra debían indemnizar a los que partían para defender sus bienes. Los girondinos no comprendían esto y sostenían una estricta política de clase. Su jefe, Brissot, decía: "Todo hombre que hable de Ley Agraria y de reparto de tierras es un decidido aristócrata un enemigo público, un malvado al que se ha de exterminar".

LAS LUCHAS Y PELIGROS DE LA CONVENCION

8. Los jacobinos (o montañeses) querían limitar los abusos del derecho de propiedad subordinándolo al interés público aunque sin pensar en suprimirlo, Marat denunciaba la excesiva riqueza y la desigualdad social como fuentes de esclavitud de los proletarios. Robespierre expresaba que nada se hacía en favor de le libertad si no se disminuía la extrema desigualdad de fortunas. Más adelante, Saint Just dirá: "Ni ricos ni pobres. La opulencia es una infamia". Y era verdad desde que los trabajadores y multitudes hambrientas solamente podían oponer su miseria al lujo insolente de los nuevos ricos, que hacían de él provocativa gala. De ahí que afluían quejas de todas partes en contra de los proveedores especuladores y financistas, verdadera raza de rapiña.

La pugna interna, derivada del proceso económico-social, se agrava desde que la guerra se intensifica y amenaza a Francia. Por la acción de los mercaderes de la City, de quienes Pitt era el intérprete, se constituye la primera coalición contra Francia. Sola frente a las más grandes potencias de Europa defenderá su independencia y las numerosas ventajas que había obtenido con la revolución. Ante la alianza de las potencias absolutistas la revolución apela a la solidaridad do todos los hombres que luchan por la libertad. La Convención Nacional "declara, en nombre de la nación francesa, que acordará fraternidad y ayuda a todos los pueblos que quieran recobrar su libertad y encarga al Poder Ejecutivo dé a los generales las órdenes necesarias para que presten socorro a estos pueblos y defiendan a los ciudadanos que hayan sido vejados o puedan serlo por haber defendido la causa de la libertad".

Consagraba la solidaridad de todos los revolucionarios y se aventuraba a provocar una guerra universal de carácter social. Entraba a propagar su evangelio por la fuerza de las armas, a pesar de haber repudiado el militarismo y las conquistas.

La organización de la primera coalición estimula a los reaccionarios franceses en su lucha contra el gobierno pero la levadura de la contrarrevolución fue el sentimiento religioso herido. La lucha religiosa dobló las fuerzas del partido aristocrático a la vez que significó la formación de un partido anticlerical. Antes de las elecciones de la Convención Se había ordenado la deportación de los sacerdotes refractarios (decreto del 26 de agosto) y, tal vez, 25.000 se encaminaron al extranjero. La primera coalición devolvió la energía a los realistas, quienes incuban la insurrección de La Vendée cuya señal fue la leva de los 300.000 reclutas para enfrentar la invasión. La rebelión realista y clerical tomó, el carácter de una cruzada; los revoltosos se baten con fanatismo por su Dios y por su Rey.

LAS MEDIDAS RADICALES DE LA CONVENCION

9. Por otra parte, la miseria creciente, a causa de la desproporción entre los salarios y los precios, la desvalorización de los asignados y la carestía constante agravan las condiciones de vida de las masas y producen perturbaciones y motines. Uno de sus dirigentes escribe: "Es imperioso hacer que el pobre pueblo pueda vivir si queréis que os ayude a realizar la revolución". De esta inquietud económica se aprovecha la reacción, la que sumada a los motivos políticos y religiosos indicados, da origen a la formidable insurrección vendeana.

Para aplastar la rebelión vendeana, y conjurar la insurrección federalista (secuela de la derrota de los girondinos), que abarca varias provincias y es utilizada por el realismo, en el interior; y para hacer frente a los ataques del exterior, la Convención se encamina hacia la implantación del Terror, es decir, hacia la dictadura y la supresión de las libertades. El Partido Revolucionario será una minoría ardiente, celosa y enérgica. Tenía necesidad de la dictadura y de la violencia, pero amparaba sus actos en la imagen de la Patria, a la que pretendía defender y salvar. Mientras la situación política es anárquica, llena de artimañas estériles y de zancadillas, el pueblo se consume en vanos esfuerzos para asegurarse el pan cotidiano y la justicia revolucionaria es lenta para actuar y sensible a la influencia y a las presiones. Hebert escribe en el "Pére Duchesne": "Ya lo he dicho más de una vez: la revolución ha cambiado las cosas, y los hombres han continuado siendo los mismos y, desgraciadamente, los jueces son únicamente hombres"

De esta realidad surge la petición de "que se ponga el terror a la orden del día". El pueblo tenía hambre y, cansado de esperar, decide "salvarse por sí mismo". El Terror fue impuesto por un movimiento popular auténtico, cuya expansión súbita se puede explicar por las privaciones materiales soportadas largos meses y por los peligros políticos internos y externos ya mencionados.

Se crearon organismos especiales; se formó el Tribunal Revolucionario: se constituyeron los Comités de Vigilancia, que serán los proveedores del Tribunal Revolucionario. Para atraerse a las masas y aplastar la rebelión federalista, la Montaña votó tres grandes leyes:

1. Ley del 3 de Junio sobre modo de venta de los bienes de los emigrados, que deberían ser divididos en pequeñas parcelas, cuyos adquirentes podían pagar en diez años; 2. Ley del 10 de Junio que reglamenta el reparto de los bienes comunales, que debían hacerse de modo igualitario por cabeza de habitante; 3. Ley de 17 de Julio que abolió sin indemnización todos los derechos feudales (los últimos pergaminos feudales debían ser destruidos). Estas leyes completan la ruina del sistema señorial y liberan definitivamente la tierra.

El 27 de Julio se dicta un Decreto contra el acaparamiento, de modo que todos los artículos de primera necesidad quedan bajo la mano de las autoridades. Votan el curso forzoso del asignado; la fijación del precio máximo del trigo; el aumento del sueldo de los funcionarios; la imposición de un empréstito forzoso de 1.000 millones, haciéndolo pesar sobre las clases acomodadas, de acuerdo con el lema de que "los ricos deben pagar", por cuanto "la clase pobre ha hecho constantemente sacrificios; lo ha sacrificado todo, hasta su sangre; ha sido pródiga con la libertad. Es tiempo de que el rico egoísta comparta las cargas que el pobre ha soportado solo". Y, finalmente, votó una Constitución liberal y democrática".

Hipólito Carnot ha dicho con respecto al Terror, que "fue una dictadura de necesidad". En verdad se les impuso a los dirigentes que no la preveían ni la deseaban, para salvar a la Patria amenazada de los más tremendos peligros. (En Julio de 1793 era grave la situación en la frontera Norte; la reacción estaba insolente; fueron asesinados Marat y, poco antes, en Lyon, el destacado revolucionario Chalier, y otros; la situación de las masas era aflictiva, de donde extraían su fuerza los "rabiosos", o exaltados, cuya agitación era permanente, conducidos por Hebert, Roux, Leclerc, Varlet),

LA DICTADURA DE ROBESPIERRE

10. A consecuencia de las luchas mencionadas subió al poder el jefe de los Montañeses, Robespierre. A este respecto dice Mathiez: "Lo que aporta al Comité no son solamente sus raras cualidades personales, su sangre fría y su valor, su aguda clarividencia, su verbo elocuente, sus notables facultades de organizador, su absoluto desinterés; es aún algo más que todo eso. Robespierre es, después de la Constituyente, el revolucionario más popular entre la clase de los artesanos y las gentes humildes, de quienes posee toda la confianza. Es el jefe indiscutible de los "descamisados", sobre todo después de la muerte de Marat". Los que han ligado su suerte a la revolución y que no tienen otra alternativa que vencer o morir, están detrás de él.

Robespierre inauguró una política democrática y nacional, debiendo luchar contra la reacción y en contra de los exaltados. Y esta lucha tiene lugar en medio de grandes desastres militares y de la escasez y carestía en el interior. Frente a los exaltados no teme su política social y hace votar leyes populares para solucionar el problema de las subsistencias y reprimir el agio y la especulación; pero combate en ellos su demagogia y su alianza con elementos sospechosos para provocar anarquía y violencia. Los acusa de "intrigantes", término sibilino en el que envuelve a los agentes realistas y a los "rabiosos". Es preciso destacar, en honor a la verdad, que los "rabiosos" se preocupaban especialmente del problema del trabajo y de los salarios para los obreros, "la clase más sinceramente ligada a la revolución y que conviene, por consecuencia, considerar más". Eran los intérpretes más genuinos de las reivindicaciones de las masas y constituían una oposición popular al partido, dueño del Poder. Robespierre los acusa de "intrigantes", a fin de desprestigiarlos, y para eliminar su acción se reducen las asambleas revolucionarias, aunque éstos burlan la disposición constituyendo "sociedades populares".

La constante lucha de la reacción; la oposición de los rabiosos y de los hebertistas, hizo permanente el Terror, organizándose la vigilancia y represión de un modo constante por medio de la Ley de Sospechosos (17 de Septiembre), ley que mereció bastante discusión acerca del contenido que debería abarcar el término "sospechoso" pues se prestaba para que los enemigos personales oprimieran a los buenos ciudadanos. Igualmente consiguió la fijación de las tasas de los artículos de primera necesidad (máximo) y su obtención arrancándolos de manos de los cultivadores; y dio un gran impulso a la defensa nacional para sostener la guerra a ultranza, creación de nuevos ejércitos, armamentos, organización de la ayuda de los sabios, asociándolos al Estado, como Monge, Berthollet, Fourcroy, Chaptai, Perier, Vardermonde, Hassenfratz y al ejército revolucionario para purificar la República de los conspiradores y acaparadores.

LOS EXCESOS DEL TERROR

11. El gobierno revolucionario se convierte en la dictadura de un partido ejercida en provecho de una clase, la de los consumidores, artesanos, pequeños propietarios y pobres, conducidos por hombres de la clase burguesa que han ligado su suerte a la de la revolución y sobre todo por aquellos a quienes dentro de esa clase enriquece la fabricación de guerra.

Desde Octubre de 1793 fueron guillotinados los Girondinos, la Reina María Antonieta, Felipe Igualdad, Madame Rolland, Bailly, Barnave, los generales Custine, Brunet, Houchard, Lamorliére, Biron, Dillon; Dubayet; Harville. En Lyon se cometen carnicerías: 1.667 sentencias de muerte (Comisión Parein). En Nantes llevan a cabo terribles represiones: el ciudadano Carrier hizo ahogar 2 mil personas y fusilar a 4.000 vendeanos.

Para mantener este Terror inmisericorde Robespierre debió aplastar el Partido de los Indulgentes (Danton, Desmoulins, Delacroix, Philippeaux, Westermann), que se desprestigió más que nada porque a ellos se unieron bribones corrompidos y venales agiotistas mezclados en obscuros asuntos de dinero v especulaciones; complotadores relacionados con agentes de las potencias extranjeras y con los aristócratas, como Chabot, Basire, Fabre d'Eglantine, Delaunay, Héraut de Séchelles. Los Indulgentes al reclamar clemencia para hombres indignos se desacreditan y no legran detener el Terror cayendo, a su vez, barridos por él.

Los Hebertistas y los rabiosos son acusados de ateísmo, a raíz de su campaña de descristianización y también por su campaña en favor de las reivindicaciones de las masas con medidas extremas que hieren el derecho de propiedad que la Convención defiende intransigentemente. Los revolucionarios que siguen a Robespierre no son ateos. Aún los más alejados de los dogmas cristianos, no creían que el Estado pudiera prescindir de un credo y de un culto. No pueden desentenderse de las conciencias y estiman que es preciso ligar la moral política enseñada en las ceremonias cívicas (amor a la libertad, a la razón y a la Patria) con una moral filosófica generadora de las virtudes privadas. Era una convicción general que la fe en Dios era el fundamento de la sociedad. El pueblo francés reconoce el Ser Supremo y la inmortalidad del alma, pero elimina a los sacerdotes. Robespierre quería la reconciliación de todos los franceses alrededor del culto sencillo y puro del Ser Supremo y la Naturaleza, puesto que, para él Naturaleza y Dios se confundían, de acuerdo con la filosofía de su maestro Juan Jacobo Rousseau.

PROPOSITOS IGUALITARIOS DE ROBESPIERRE

12. Robespierre y Saint Just luchaban por crear una república igualitaria, sin ricos ni pobres, y para castigar a los enemigos de la revolución hicieron votar un decreto según el cual las propiedades de las personas reconocidas como enemigas de la República serías confiscadas. Saint Just deseaba utilizar el secuestro de los bienes de los sospechosos en un vasto plan de reforma social: Entregar y repartir aquellos bienes entre los indigentes para transformarlos en pequeños propietarios a expensas de los despojados por enemigos de la república. Se formaron listas de patriotas indigentes y se hizo la calificación de los detenidos sospechosos, con el objeto de llevar a la práctica dicha medida. Después de los bienes del clero, de los bienes de los emigrados, la revolución se apoderaba de todo lo que pertenecía aún a sus enemigos. La venta de las dos primeras Categorías había aprovechado a los que tenían con qué comprar. Ahora se iban a distribuir gratuitamente los bienes de la nueva categoría a los patriotas indigentes. Había 300.000 sospechosos, o sea, trescientas mil familias amenazadas de expropiación. Esta realidad se vuelve contra Robespierre y ayuda a su caída. No fue comprendido ni seguido ni aún por los mismos que deseaba contentar. Las masas analfabetas y miserables hacia quienes inclinaba su solicitud, eran meras espectadoras de acontecimientos y medidas que no comprendían en su contenido y alcance.

Durante la Convención y el Terror existió una lucha constante contra la vida cara y contra los acaparadores. Los consumidores, ante el fracaso del gobierno para impedir esta realidad, acusan al "Máximum" (ley que tasaba las mercaderías de primera necesidad) de haber determinado la escasez de las subsistencias, entrabado y arruinado el comercio y lanzado al pueblo a la miseria. El empréstito forzoso de 1.000 millones fue también escamoteado en sus bases, con discriminaciones sibilinas. Los obreros se concertaron y lucharon por lograr la requisición de las fábricas; al final de cuentas se benefició con las diversas medidas tomadas una ínfima minoría de traficantes y especuladores. Saint Just decía: ''Las leyes son revolucionarias; quienes las ejecutan no lo son". Por eso que el pueblo medio permaneció escéptico y desalentado, sobre todo después de cuatro años de crisis trastornos e incertidumbres sin lograr nada efectivo. Por otro lado, una tremenda burocracia revolucionaria agobió a la República, con muchos elementos incapaces, holgazanes y prevaricadores que desacreditaron al gobierno. En octubre de 1793, Saint Just decía: "La República es presa de veinte mil necios que la corrompen, que la combaten, que la sangran". Se dictaron leyes que impidieron en cierto modo estos males, pero no lograron el efecto perseguido. No se pudo suprimir los abusos, regenerar la administración, inspirar el desinterés y la abnegación. El mismo Saint Just afirmaba: "Si se echa a un bribón de una oficina, entra a otra".

LA REACCION TERMIDORIANA

13. Todos estos problemas y trastornos crearon una oposición que tuvo por móvil el miedo, pues la guillotina funcionaba sin cesar. El 9 Termidor resultó, en gran parte de la oposición que tuvo por cimiento el temor, dirigida desde la Convención por Fouché, Tallíen, Barras y en el seno del Comité de Salvación pública por Billaud-Varenne, Carnot y Collot d'Herbois. Y es que el Terror se había deshonrado al transformarse en un vulgar puñal para herir a los mejores ciudadanos, debido a la desunión y a las pasiones individuales imperantes sobre el bien público y las necesidades nacionales. Así se produce una verdadera orgía de sangre. El 9 Termidor no fue solamente fatal para la consolidación de la democracia en el interior del país; también prolongó la lucha en el exterior y precipitó a Francia en una política conquistadora que la haría aborrecible para los demás pueblos y finalmente la agotaría. Por otra parte, la no resolución de los problemas económicos fundamentales que afectaban a las masas explica el éxito de este golpe. "Ciertamente, la imagen de la Revolución Francesa vista como una especie de combate perpetuo entre aquellos "que no tenían nada" y aquellos "que lo tenían todo"; es muy simplista e ingenua, pero es verdad el hecho de que la opinión popular encontraba escandalosa la conservación intacta de las gruesas fortunas en una época en que no se cesaba de hablar de fraternidad y de igualdad, época en que el pueblo oía periódicamente alabar su heroísmo, su abnegación y su virtud, que permanecían siempre sin recompensa, y de lo que resultaban choques periódicos bastantes violentos que debían finalmente ser fatales a uno de los adversarios". (Gerard Walter).

Hija de la guerra y de sus sufrimientos, arrojada a la fuerza a un Terror contrario a sus principios, la República, no obstante sus prodigios, no era en el fondo más que un accidente. Apoyada en una base cada vez más estrecha, no fue comprendida incluso por aquellos que quería incorporar a su vida. Las leyes más rigurosas son impotentes para cambiar de un solo golpe la naturaleza humana y el orden social. La república igualitaria, sin ricos ni pobres era imposible. No se borran veinte siglos de anarquía y de esclavitud en algunos meses. Robespierre y Saint Just, que querían prolongar la dictadura para crear instituciones civiles y destruir el imperio de la riqueza, lo comprendían bien. El ejemplo memorable de los límites de la voluntad humana en su lucha con la resistencia de las cosas.

LOS CAUDILLOS DE LA REVOLUCION

14. Los grandes dirigentes de la revolución francesa como Mirabeau Danton, Marat, Robespierre y el atrayente Saint Just, han sido motivo de numerosas y completas biografías.

El comienzo y el término de la revolución lo representan muy bien dos políticos corrompidos, de origen noble al servicio de la burguesía: Mirabeau, el hombre más notable de la Asamblea Nacional Constituyente y Barras, el principal artesano de la reacción termidorianas y del Directorio.

Mirabeau ha sido analizado magistralmente por Louis Barthou y, más recientemente) por Pierre Dominique ("Mirabeau", publicado en la editorial Flammarion) y por Antolina Vallentín ("Mirabeau avant la Révolution" publicado en la Casa Grasset). Mirabeau es el político por excelencia aunque de costumbres depravadas, incapaz de separar sus intereses de los de la Nación. Horriblemente feo, tenía sin embargo, un gran poder de seducción, de tal suerte que las mujeres ocupan un lugar enorme en su existencia. Parte de su vida la pasó encarcelado (Cháteau d'If, Cháteau de Joux, Vincennes) o en el destierro (en Holanda e Inglaterra) acosado por los acreedores y por su padre. Mirabeau encarna al hombre de acción y al político típico, sujeto de compromisos y oportunista: comprado por el gobierno, intriga para impulsar la revolución. Su rol desempeñado y su gran influencia, a pesar de estas condiciones morales negativas, los debe a su indudable talento político y a su gran extraordinaria elocuencia. En cuanto a Barras, situado al término y degeneración de la época revolucionaria las siluetas trazadas de él (por ejemplo, las de Albert Vandal en "L'Avénément de Bonaparte" y de Funck-Brentano en "Scénes et tableaux de la Révolution") concuerdan en presentarlo como un hombre corrompido, podrido de vicios, conocedor de vinos, de mujeres y elegancia; traidor y mentiroso, que se vendía a todos y que a todos engañaba. Era un alma vil en un cuerpo bello y varonil; enredador, agiotista y ladrón, entró a la Revolución desnudo como Job y al final del régimen se ahogaba en oro. Fue un político sin escrúpulos, experimentado, que actuaba con prontitud y decisión, no con discursos ni guiado por una doctrina, sino movido por sus exclusivos intereses particulares y su provecho personal.

El punto alto de la revolución lo representa Robespierre, el "incorruptible", quien encarna las cualidades opuestas a las de Mirabeau y Barras. Robespierre ha sido motivo de estudios notables debido a Mathiez, Walter y varios más. De ellos se destaca como un revolucionario sincero, dominado por una exigencia de pureza y una sed de integridad política, sacrificándolo todo por el interés público. Exclama: "en el sistema de la revolución francesa lo que es inmoral es impolítico, lo que es corrompido es contrarrevolucionario". Robespierre vivía sobriamente y murió pobre, tal cual había entrado a la lucha. Sus deseos fueron los de instaurar un orden político más fecundo y, principalmente, regenerar el Individuo y el género humano.

Barthou y Walter han dedicado un estudio excelente a Marat, cuya compleja personalidad, surge con caracteres muy favorables si se la compara con la tradición de horror y crueldad en que se le ha envuelto a menudo. Fue el sincero e intransigente "amigo del pueblo", tal como él se vanagloriaba. El mismo Gérard Walter ha tratado la vida de Hebert, a quien juzga con mucha indulgencia, en una reciente biografía: "Hebert et le Pére Duchesne". Saint Just, el joven e irreductible revolucionario, guillotinado a los veintisiete años, mereció una notable biografía de Emmanuele Aegerter. En los últimos meses apareció una obra de Jean Graben: "Oeuvres de Saint Just", en la que traza una semblanza de él y recoge algunos de sus escritos más representativos. Saint Just fue un revolucionario sincero a intrépido y su acción estuvo conformada a su célebre frase: "El secreto de la revolución está en la palabra: atreveos".

En cuanto al gran tribuno Danton el propugnador de la audacia permanente para enfrentar a los enemigos de la revolución, ha sido motivo de completos estudios entre los cuales sobresalen los de Albert Mathiez y Louis Madelin.

15. Otro gran dirigente, aunque su figuración en los momentos cumbres no fue tan brillante como la de los mencionados, que merece una semblanza más detenida en razón de sus hechos, ideas y posición, es Gracchus Babeuf. No hace mucho en París, en una nueva colección histórica titulada: "A la lumiéré des textes oubliés", que tiene por objeto la reedición de obras olvidadas o desconocidas, se ha publicado la obra de Babeuf: "Le probleme social paysan pendant la Revolution" con introducción y comentarios de Jean Auqer Duvignaud.

François Noel Babeuf nació en Saint Quentin el 23 de diciembre de 1760. Desde temprano tuvo que trabajar y proveer a sus necesidades, haciéndolo en casa de un feudista en Noyon y Roye. Esa clase de personas se dedicaban al mantenimiento y vigilancia de los derechos patrimoniales, feudales y de los censos. Después abrió por su cuenta un estudio parecido en Roye. En su correspondencia con Dubois de Fosseux (secretario de la Academia Real de Bellas Letras de Arras de la que Maximiliano Robespierre formaba parte) le confiesa que educa a sus hijos en los principios de Juan Jacobo Rousseau, y el 21 de marzo de 1787 le propone el tema siguiente para un concurso: "Con la suma general de los reconocimientos adquiridos ¿cuál sería el estado de un pueblo cuyas instituciones sociales fueran tales que reinara indistintamente entre cada uno de sus miembros individuales la más perfecta igualdad, que el suelo que habitaría no fuera de nadie sino que perteneciera a todos; que, en fin, todo fuera común, hasta el producto de todos los géneros de industrias"? En 1789, por su instigación, fueron quemados los archivos feudales de Roye y él fue quien redactó los "Cuadernos de Quejas y Peticiones" de la Bailía donde se reclamaba la abolición de los feudos, el rescate de los censos, la supresión del derecho de mayorazgo, la substitución de los impuestos de diversa naturaleza, que existían, por una contribución única, y, finalmente la creación de una educación nacional. Publicó "Le Cadastre Perpetuel" ("El Catastro Perpetuo"), cuyo discurso preliminar es un verdadero programa político y financiero. Fue encarcelado en Roye por hacer adoptar peticiones en contra de las ayudas y de las gabelas; llevado a París salió en libertad por la intervención de Marat. En Noyon sacó a luz "Le Correspondent Picard" "El Corresponsal Picardo") por el que sufrió una nueva prisión en 1791. En 1792 fue elegido administrador del Somme y después del distrito de Montdidier, donde se vio envuelto en un asunto obscuro, en 1793, siendo condenado, se fugó; pero fue arrestado; para ser puesto en libertad en julio de 1794. Después de Termidor fundó la "Libertad de Prensa" ("La liberté de Presse"), siendo arrestado, después de cinco meses de clandestinidad, en febrero de 1795. Lo transformó en "El Tribuno del Pueblo" ("Le tribun du peuple"). El mismo cambió su nombre de "Camille" por "Gracchus". Fue transferido a Arras desde donde empezó a preparar la "conjuración de los iguales". Amnistiado, vuelve a publicar su diario, en el que ataca la Constitución del año III, pues los conjurados desean la Constitución de 1793. Fundó la "Societé de la Réunion des amis de la République" más conocida con el nombre de "Sociedad del Panteón", cuyo objetivo era el de derrocar el Directorio y fundar la República de los Iguales. El Directorio hizo cerrar la Sociedad del Panteón por Bonaparte en persona. Entonces Babeuf lanzó, primero, una memoria o panfleto; "¿Se debe obediencia a la Constitución de 1795?" ("Doit-on obéissance a la Constitution de 1795?") y después el "Manifiesto de los Iguales", que exigía una grande y última revolución para establecer la comunidad de bienes. Una excelente organización, cuya red secreta abarcaba los doce distritos de París, preparaba la insurrección contra el Directorio. Fue descubierta por la traición de un afiliad, el capitán Grisel, que la denunció a la Policía. Fueron detenidos sus dirigentes, entre ellos el diputado Drouet (el que había hecho arrestar a Luis XVI en Varennes) quien logró escapar. Los implicados eran sesenta y cinco (dieciocho de ellos ausentes). El proceso duró nueve meses, durante los cuales los acusados se defendieron con valor. Babeuf fue ejecutado el 27 de mayo de 1797. Siete fueron deportados, entre ellos Buonarotti, descendiente del gran artista del Renacimiento quién será el historiador de esta frustrada insurrección insurreccional.

El resumen que hemos hecho de la vida y acción de Babeuf demuestra el carácter avanzado de sus ideas, de tal suerte que con toda justicia se le puede considerar un precursor genuino del socialismo revolucionario posterior.

16. La Revolución de 1789 no fue un movimiento socialista. El único movimiento de esa tendencia fue la Conspiración de los Iguales, acaudillada por Babeuf en 1797: contra el Directorio, que fue vencida y aplastada. Militó en esas mismas ideas otro curioso revolucionario de apellido Lange, el que siendo funcionario municipal de Lyon, en 1792, propuso todo un sistema de nacionalización general de las subsistencias, en un folleto titulado: "Medios simples y fáciles para lograr la abundancia y el justo precio del pan". (Michelet considera a Babeuf y a Lange los precursores del socialismo moderno).

Los propietarios, la burguesía y los campesinos acomodados fueron los que sacaron provecho de la revolución. Precisamente, los rasgos distintivos de la revolución agraria elaborada durante ese proceso fueron la emancipación de la agricultura de las restricciones de un feudalismo anticuado y la transformación del campesino cultivador en propietario independiente. Desde la revolución, la unidad de propiedad agraria en Francia es pequeña, de tal suerte que se transformó en un país de campesinos propietarios. Mientras el número de propiedades agrícolas es de cinco y medio millones, el número de trabajadores agrícolas es de tres y medio millones. Por otra parte, nada ganó el trabajador industrial, obrero sin propiedad, al que ni siquiera se le permitió asociarse (la Ley Chapelier declaró ilegales las asociaciones de trabajadores, situación que reforzó el Código de Napoleón y otra Ley en 1834), ni tampoco se benefició con la estéril libertad que la Declaración de los Derechos del Hombre afirmaba ser suya por ley natural. La ley controlaba sus movimientos por medio de reglamentos a la vez que prohibía estrictamente su asociación, de tal modo que se enfrentaban indefensos a sus patrones en las disputas industriales. De ahí que la revolución haya consagrado solamente el triunfo de la burguesía, de sus reivindicaciones y de su dominio, de su ideario filosófico, económico y político: el liberalismo, concretado en el régimen democrático-burgués. El resultado incompleto de la revolución toda vez que las clases feudales (nobleza y clero) fueron vencidas y eliminadas del poder para dar paso a la ascensión de la burguesía, dejando siempre al margen del Estado y de la Economía a los trabajadores (obreros industriales y jornaleros agrícolas), provocará una nueva pugna de clases que dividirá interiormente las sociedades: burguesía versus proletariado. La primera defendiendo sus privilegios y su control del gobierno., de sus instituciones y legislación protectora; la segunda luchando por avanzar y ascender para obtener la satisfacción de sus reivindicaciones hasta llegar al gobierno e imponer su dominación a fin de consagrar política y jurídicamente su hegemonía.

En 1848 se produjo el primer estallido violento de esta gran pugna clasista. Es aquí cuando aparece actuando, en primer plano, la clase obrera con sus aspiraciones propias y definidas, con un programa socialista y con dirigentes salidos de sus filas, movilizándose para conseguir el establecimiento de una democracia económica y social. Fue vencida, pero, desde este año hasta el presente, a lo largo de un siglo, las luchas enconadas entre la clase obrera y la burguesía caracterizan a la sociedad moderna y le dan su dramático contenido. A través del estudio de la gran revolución francesa, como posteriormente de la del año 1848 y, luego, de todo el desarrollo político del gran país galo, se destaca la inmensa misión que Francia ha cumplido y cumple en el mundo como creadora y exportadora de ideas. Desde la gran revolución hablar de Francia es celebrar los derechos del hombre y del ciudadano, la dignidad del individuo, el carácter sagrado de la libertad y la acción constante del pueblo por darle la más amplia realización. Francia y su capital, París, son el símbolo de la civilización humanista y de la libertad humana. Si hoy día algo se exige de Francia en medio de sus quebrantos materiales y de las tremendas heridas que le infirió el despiadado invasor nazi, es que permanezca siendo la tierra de la libertad. Y en estos instantes, cuando se alzan sistemas que desprecian la libertad y envilecen al individuo, la misión de Francia consiste en encontrar el punto justo que logre el equilibrio entre lo que hay de inevitable necesario en las formas colectivas de la sociedad y lo que hay de sagrado en libertad de la persona. Sólo en la medida en que ella resista los embates de imperialismos, económico o político, cualesquiera que sean, y en la medida que permanezca fiel a sus tradiciones de libertad, justicia y fraternidad, perfeccionándolas cada día más conservará el lugar eminente que ocupa en el mundo.

Algunos de sus más brillantes escritores del presente consideran que la dignidad de la persona humana está amenazada por el totalitarismo (el fascismo meramente; ahora el comunismo soviético), por el materialismo capitalista y la abdicación de sí de los indiferentes, resignados y derrotistas. De ahí que preciso reaccionar contra tales enemigos hasta conseguir que una nueva sociedad sea construida para lograr la liberación total de la persona humana, por medio la acción de todos los individuos en la que se cambie la base material de la propiedad y se obtenga la transformación del burgués y el proletario en un tipo de hombre y de Humanidad.

J.C.J

Publicado originalmente en la revista OCCIDENTE N° 40, noviembre de 1948

 


El punto de vista católico sobre la revolución francesa ha sido presentado, recientemente, con seriedad por And Latreille en su obra: "L'Eglise catholique et la Révolution Francaise", a base de una documentación abundante, en parte obtenida de las fuentes del Vaticano. No obstante, no agrega mayores datos a lo ya presentado en este aspecto.

Véase el análisis de Gérard Walter en su "Historia del Terror" (1793-1794), aparecida hace algunos años Walter desmenuza en la primera parte de su libro los diversos aspectos de la obra de los revolucionarios, los obstáculos que encontraban a su paso; la acción constante del pueblo para aliviar su miseria los graves problemas de la escasez de subsistencias, provocada especialmente por los acaparadores, del alza constante del precio de los artículos de primera necesidad, de la venalidad de la justicia; de la formación de una vasta burocracia revolucionaria, etc. En la segunda parte estudia la repercusión del Terror en los pequeños lugares rurales, ciudades de provincia y centros industriales de las distintas comarcas de Francia.

El pueblo socialista debe sentarse adelante
Escrito por Marcela Espinoza Silva   
04-12-2014 a las 10:24:57

El pueblo socialista debe sentarse adelante


Cuando se nos ocurre a los nacidos en el 80 hablar de violación a los derechos humanos en la dictadura, manifestamos un pudor extraño de "no haber vivido", de "no haber estado" ni siquiera cerca de esas vivencias; escuchamos atentamente los relatos de nuestros compañeros y compañeras, de los que se han atrevido a hablar, de esos más de 30.000 que en condiciones precarias se acercaron a contar lo que les habían hecho los esbirros de la dictadura por ser de la UP, familiar, amigo de un militante o haber dicho "yo no puedo fusilar a mis vecinos con los que juego a la pelota todos los domingos"; y que finalmente se materializó en el informe Valech.

El pudor continúa, si es que no tuviste a alguien torturado dentro de tu familia o tu círculo cercano, como es mi caso, pero más pudor te da cuando escuchas a algunos de los tuyos manifestar que debemos "tratar de olvidar esos relatos para avanzar".

Como dice el memorial a los ejecutados políticos y detenidos desaparecidos del Partido Socialista en Santiago: "La presencia real de dolor no tolera el olvido"... pero en verdad, ¿quien está permitiendo el olvido?

Recuerdo el pasado 11 de septiembre, donde ingresamos al ejecutivo nuevamente y comenzaron las conmemoraciones de parte del gobierno, como lo fue el acto en la moneda, o los actos en cada región -lo que se agradece profundamente, debido al compromiso que debe demostrar el Estado con la memoria y con la protección a los derechos humanos de su pueblo- pero ¿donde estaban, algunos y algunas, el año anterior, o el anterior, o el anterior?

La base socialista, el pueblo socialista, ese que fue torturado en dictadura y que sostiene cada elección, sea presidencial, municipal, o la que sea necesaria desde los 90, que no te acepta dinero ni para la micro, por que "es nuestro deber compañera", era el que estuvo el año anterior, anterior y anterior; es el que nos reclama que los "olvidamos"; es el mismo que invitamos a las ceremonias de conmemoración y los sentamos atrás, "donde no se vean", o simplemente no los recibimos porque "molestan"

El domingo pasado, nuevamente entraron a robar a la Sede Regional Valparaíso del Partido Socialista de Chile, y ¿saben que robaron? los tubos de gas, las herramientas de trabajo de Pedro Pardo (carpintería) y un notebook de Luis Cáceres, le robaron al GAP, al centro cultural que mantiene viva la memoria socialista, la que le da vida a un espacio que se encuentra en absoluto abandono del nivel central y regional. Una sede con una historia hermosa, que cobijó a Allende en varias oportunidades, donde se reunían las organizaciones sociales de la comuna y la región, y que fue comprada con los aportes de sus propios militantes.

La memoria no tiene que ver solo con juntarnos en fechas importantes para nuestro quehacer político socialista, la memoria tiene que ver con el ejercicio político diario, el trabajar, el expresar, el difundir, el pensar, materializar y fraternizar desde el espacio que nos tocó estar y con el orgullo de representar una historia con dolor, pero con mucha gloria a la vez.

Reclamo, como militante, como comité central, la despreocupación permanente por estos detalles, por como les permitimos, a un puñado de esos que no estuvieron, que manejen el olvido.

Les pido, compañeras y compañeros, que no olvidemos lo que somos, de donde venimos y quienes son nuestros verdaderos adversarios. No permitamos nunca más, que los jóvenes olviden como se recuperó la democracia, luchando en la calle, sin acuerdos (como muchos creen), perdiendo vidas, perdiendo familia, hijos, hermanos, tíos, tías abuelos, abuelas; no permitamos nunca más que los viejos olviden que los jóvenes los queremos y los respetamos, que son nuestro ejemplo y que nos enorgullecen, no permitamos nunca más que nos traten de hacer olvidar a quienes murieron.

Más allá de las diferencias, lo que realmente importa es defender nuestro patrimonio y levantarnos pensando en como forjar un futuro más justo y digno para nuestra patria.

El pueblo socialista debe sentarse adelante.

Fraternalmente,
Marcela Espinoza Silva
Comité Central V región
Partido Socialista de Chile

 

UN PARTIDO PARA REFUNDAR EL SOCIALISMO EN EL SIGLO XXI
Escrito por Jaime Fuentealba Maldonado   
04-12-2014 a las 10:23:20

UN PARTIDO PARA REFUNDAR EL SOCIALISMO EN EL SIGLO XXI:

Más Democracia, inclusión y Socialismo

Jaime Fuentealba Maldonado 

INTRODUCCIÓN

La humanidad se apronta a cumplir un cuarto de siglo bajo la globalización en el nuevo capitalismo. El modelo de desarrollo que comenzó a expandirse a todos los rincones del universo muestra a cada paso su naturaleza paradojal: producción a gran escala con fuerte avance tecnológico, impactos en las tradiciones, la familia, mayores espacios de libertad individual, y nuevas tensiones democráticas por un lado; concentración del capital, depredación de la naturaleza y sociedad patriarcal, por el otro. Es la profundización de estas tensiones, a través de las cuales el modelo de desarrollo neoliberal del capitalismo muestra sus primeros signos de agotamiento, configurando el telón de fondo del "nuevo ciclo" que vive Chile.

El laissez-faire económico y sus consecuentes modos de producción, de consumo y de vida han provocado impactos y desequilibrios medioambientales de tal magnitud que han generado una crisis climática y energética planetaria. Surge, entonces, la necesidad de impulsar un profundo cambio del modelo de sociedad que permita imponer nuevos equilibrios, mediante un nuevo proyecto de transformación social, basado en los valores permanentes del socialismo: la igualdad, la justicia social, la libertad, la democracia, pero que, además, logre dar cuenta tanto de las contradicciones del capital y el trabajo como de otras contradicciones y desafíos propios del siglo XXI, como son los que impone la ecología al desarrollo. La ecología constituye un nuevo aporte al pensamiento de la izquierda, en cuanto también encarna una lectura crítica del capitalismo, en contradicción con el liberalismo y el reino del mercado.

En el presente siglo la globalización entendida como un proceso histórico, caracterizada por un incremento exponencial del comercio y de los movimientos de capital, mutaciones sociales y culturales, transferencia de conocimientos e información en tiempo real, muestra la necesidad de producir cambios estructurales en diversa escalas institucionales y territoriales. Algunas de las consecuencias de la globalización, es el poder de la identidad y la fuerza étnica y cultural, lo que lleva al cuestionamiento de los Estados Nacionales. También, el rol de las redes sociales y las comunicaciones para enfrentar la concentración del poder y el autoritarismo. Asimismo, los daños colaterales en los trabajadores, la producción nacional y territorial.

La contrapartida de la globalización capitalista neoliberal es, un movimiento político y social de carácter mundial que busca nuevos caminos para superar una sociedad altamente estratificada y desigual. A diferencia del proyecto monolítico que representó el bloque soviético en el marco de la guerra fría, este movimiento tiene formas y enfoques en diversas escalas: movimientos ecologistas, feministas y de minorías sexuales; movimientos por las libertades civiles en aquellas naciones donde aún se imponen gobiernos autoritarios; movimientos por mayor igualdad en aquellas naciones en que el neoliberalismo ha partido la sociedad de manera drástica entre quienes disfrutan de los privilegios de la expansión capitalista y quienes sufren sus consecuencias.

En América Latina se ha expandido con fuerza creciente en el siglo XXI un movimiento político y social que busca cambiar el modelo neoliberal por la vía de la profundización y expansión de la democracia. Desechada prácticamente en todo el continente la vía armada como el camino para destruir las estructuras de poder capitalista, se ha ido instalando "la vía chilena al socialismo" en la que Salvador Allende fue pionero: "el camino al socialismo en democracia, pluralismo y libertad", esto es, que es posible, conveniente y necesario valorar, defender y utilizar los espacios institucionales democráticos para desarrollar una actividad política y social de acumulación de fuerzas que apunte a transformaciones estructurales del capitalismo. Así entonces, entendemos la democracia como valor esencial del socialismo.

El colapso de la Unión Soviética y su zona de influencia dejó en claro que la alternativa al capitalismo no es un Estado monolítico, controlado por un partido único y que concentre todo el poder económico. Desde entonces los diversos partidos de la izquierda latinoamericana han postulado nuevos e inéditos caminos para superar el capitalismo. No hay fórmula única. Hoy las fuerzas progresistas gobiernan en El Salvador, con el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional; en Nicaragua, con el Frente Sandinista; en Venezuela, con su fuerte impronta bolivariana; Ecuador, con su revolución ciudadana; en Bolivia, con su revolución social e indigenista; en Argentina con Cristina Kirchner, enfrentando a los fondos capitalistas buitres; en Uruguay con Pepe Mujica, y sus profundos cambios político-culturales; en Brasil con el Partido de los Trabajadores con Lula y Dilma Ruseff, con sus planes para terminar con la pobreza, las inequidades y exclusiones. Nuestro país no escapa a este panorama de construir sociedades más inclusivas y desarrolladas.

Con el advenimiento de la Nueva Mayoría y el Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet Jeria, nos sentimos parte de estas fuerzas latinoamericanas que buscan un nuevo modelo de desarrollo que tenga como protagonistas al pueblo y los trabajadores, a los pequeños empresarios, a los pueblos originarios, a los campesinos, a las mujeres, a las minorías sexuales, a los jóvenes, a las regiones y localidades, que luchamos por la igualdad, basada en la repartición equitativa de la riqueza creada de manera colectiva.

Desde esta mirada compartimos el planteamiento de nuestro gobierno que indica que, la integración regional constituye una prioridad para Chile. Nuestro diálogo tiene la potencialidad de constituir un hito relevante en este proceso de construcción de un espacio común, donde interactúen diversos actores en pos de iniciativas que conduzcan a un mayor bienestar para los ciudadanos latinoamericanos. En particular entendemos que, "Mercosur y la Alianza del Pacífico -si bien responden a modelos económicos y formas distintas de inserción en la economía mundial- constituyen dos componentes esenciales, cuya convergencia gradual y pragmática otorgaría importantes beneficios a los países integrantes de cada bloque y contribuiría al objetivo más amplio de la integración regional. Por ende, la convergencia, el diálogo o la concertación entre los dos bloques y los demás bloques de la región pueden fortalecer nuestra voz y la capacidad de negociación de toda la región a nivel global. Una región dividida entre el Atlántico y el Pacífico no nos favorece, nos debilita".

Los proyectos de sociedad en disputa (consolidación neoliberal o profundización democrática) tensionarán cada vez más la sociedad chilena. Estamos convencidos de que la articulación de la Nueva Mayoría abre un camino de solución constructiva a esta tensión.

El propósito de este breve documento es aportar al debate e identificar algunos factores que gravitarán en un sentido u otro. La línea argumental de nuestros planteamientos y práctica política se fundamentan en los postulados y valores socialistas: la cooperación, la solidaridad, el trabajo colectivo, la movilización y compromiso social.

Quienes suscribimos estos planteamientos, buscamos fortalecer desde nuestra identidad, una propuesta de futuro con más igualdad, integración y socialismo para nuestro país.

1. CRISIS Y CAMBIO: UN VIEJO DILEMA

Como en todo el mundo, Chile ha dejado atrás el periodo de mayor bonanza del modelo económico neoliberal y se enfrenta ahora a una fase de crecimiento económico lento y de mayor inequidad En los noventa, el país registro un crecimiento promedio cercano al 7% y hoy el propio Banco Central reconoce que en un escenario óptimo el Producto Interno Bruto crecería entorno al 2%. El crecimiento de América Latina y el Caribe se recuperará en 2015 y llegará a 2,2% en promedio, según nuevas estimaciones entregadas por la CEPAL.

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) dio a conocer en su último informe sobre distribución del ingreso que Chile experimentó una caída en el índice de Gini de 0.511 a 0.503 entre los años 2006 y 2011 (indicador de desigualdad valor 0 para países con perfecta igualdad y 1 para perfecta desigualdad). Sin embargo, como lo ha indicado el gobierno, en los últimos 24 años el indicador ha experimentado alzas y caídas marginales nunca superiores a 0.03 puntos anuales, lo que significa una desigualdad de ingresos constante. Así entonces, la brecha entre ricos y pobres se mantiene casi inalterable en los últimos 24 años. Por ende, el crecimiento económico no se ha distribuido equitativamente entre todos nosotros.

En el documento titulado "Estamos divididos: por qué sigue aumentando la desigualdad" (OCDE, 2011) se señala que "en los países de la OCDE hoy en día, el ingreso promedio del 10% más rico de la población es aproximadamente nueve veces el del 10% más pobre - una proporción de 9 a 1. Sin embargo, la proporción varía mucho de un país a otro; alcanzando una proporción de 10 a 1 en Italia, Japón, Corea y el Reino Unido; alrededor de 14 a 1 en Israel, Turquía y Estados Unidos, y de 27 a 1 en México y Chile. Esto nos posiciona como uno de los países más desiguales. Esto quiere decir en palabras más sencillas, que en nuestro país en promedio, la diferencia entre el que gana más y el que gana menos es de 27 a 1. Si pudiéramos dar un ejemplo concreto podríamos decir que mientras una persona tiene recursos para comprar un pan, hay otra persona que cuenta con recursos para 27 panes; si una persona con esfuerzo puede comprar una casa, hay otro que podría comprar 27 casas.

Ante este panorama, el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet Jeria, se dispone a impulsar transformaciones estructurales, insertas en diversas rupturas que explican en parte este nuevo ciclo.

Primero: La ruptura entre los intereses financieros y los de la mayoría de la población

Las innumerables inequidades entre la renta del capital y del trabajo han quedado en evidencia en el empleo precario y las subcontrataciones; los abusos evidentes en las altas tasas de interés; el crédito con aval del Estado (CAE), que deben pagar los estudiantes y el hastío de los propios consumidores. El descontento cristalizó en la consigna estudiantil que atrajo a cientos de miles de chilenos: No al lucro, educación gratuita y de calidad para todos. Una Nueva Mayoría Nacional exige que el Estado garantice derechos sociales que deben quedar fuera de la lógica de la rentabilidad privada.

Desde comienzos de los noventa, dos modelos de desarrollo capitalista se han impuesto en el mundo y Chile no ha sido la excepción. Uno de ellos el llamado "modelo renano". Con dos vertientes: una "francesa-germana", con políticas sociales de avanzada y con fuerte incentivo a la lucha contra la desigualdad; y por otro lado el "escandinavo", con una política fiscal más agresiva en materia de impuestos, pero garantizando el bienestar y altos estándares de vida a su población.

El otro de sello "liberal", el modelo "Atlántico" defendido por Estados Unidos e impuesto en Chile por la dictadura y que fue morigerado a través de políticas públicas, crecimiento con equidad y de regionalismo abierto.

El neoliberalismo que combinó durante la dictadura liberalismo económico y autoritarismo político con una sistemática violación de los derechos humanos ha devenido en el último tiempo en un liberalismo que busca desprenderse de su pasado autoritario y que sitúa al mercado y la apertura económica internacional como vital en el crecimiento económico de nuestro país. Este segundo modelo configuró lo que conocemos en Chile como "sociedad de mercado": Éste observó varios cambios en dimensiones de orden inclusivo y políticas públicas, en particular, promovidos por los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia. Su principal resultado fue una disminución drástica de la pobreza, desde niveles del 45% de chilenos afectados por este flagelo, a comienzos de los noventa, hasta 15%, en la actualidad. Sin embargo, la mala distribución del ingreso se mantuvo, pues la esencia del modelo económico no se alteró. Se consolidó así el vínculo ideológico entre eficiencia, mercado y empresa privada.

En general, este "modelo" se caracteriza por la confianza depositada en los sujetos en su esfuerzo individual, dejando en el camino ganadores y perdedores. En contraposición, un segmento cada vez más importante de la sociedad pugna por un cambio de modelo, en que el Estado tome un rol protagónico en la conducción de la economía, orientando, regulando e interviniendo cada vez que el interés de trabajadores-consumidores-ciudadanos se vea afectado por el abuso de los dueños del capital.

Segundo: La ruptura cultural

El pensamiento democrático y plural se impuso a las ortodoxias, a los conservadurismos de distinto tipo, a los intocables, a los caprichos de los poderosos. Claramente, ya no es posible que regresemos al pasado y a estos estilos, sin pagar un alto costo. Los ejemplos abundan. En la sociedad va adquiriendo cada vez con mayor fuerza la idea que somos ciudadanos con derechos que debemos ejercer.

La sociedad del conocimiento y la era de la información dan nuevas oportunidades para equilibrar las decisiones, regularlas y, en algunas ocasiones, cambiarlas. Así entonces, los sujetos y sus demandas en curso apelan a la diversidad, a sus derechos, a una sociedad que los proteja y respete. No es osado señalar que la ciudadanía quiere que el Estado cumpla un rol esencial en este nuevo escenario global. Sin embargo, una respuesta mecánicamente estatista puede llevar a un nuevo fracaso a las fuerzas populares. Los ciudadanos quieren ser consultados, tomar parte permanente en las decisiones del Estado y no sólo una vez cada cuatro años cuando son convocados a votar.

Numerosos son los ejemplos históricos en este sentido. Embarcados en una nueva aventura, la voz de los jóvenes, las mujeres, los movimientos estudiantiles, los pueblos originarios, los grupos ecologistas, las agrupaciones pro diversidad sexual, las asociaciones de consumidores, el movimiento regionalista, la galaxia internet entre otros segmentos, son los actores en esta inédita y tupida red social. Nuestra responsabilidad como partido es dar viabilidad y conducir a esas luchas, a través de alternativas creativas, que combinen audacia y realismo.

Tercero: La ruptura con la institucionalidad autoritaria

Los primeros esfuerzos de la transición y modificaciones al orden constitucional, aparecen como una versión edulcorada del autoritarismo. Se planteó, a fines de los noventa, el paso de un "modelo autoritario liberal excluyente" a uno "democrático, liberal, incluyente". De manera evidente, este aggiornamento fue importante pero no suficiente. Está agotado: aferrarse a él puede significar el completo desplazamiento del Partido Socialista como actor de los cambios. Aferrarse a los éxitos de la Concertación en su lógica de consensos y mitigación de los efectos no deseados del modelo económico neoliberal es contener la fuerza de los cambios en lugar de impulsarlos.

Entonces, hay que avanzar de manera acelerada en cambios legislativos y normativos, pero también en contribuir a nuevas y más horizontales relaciones sociales e institucionales. El fin del sistema electoral binominal es un gran avance en este sentido. Pero el gran paso para romper con la institucionalidad autoritaria es crear una Nueva Constitución, que sea la expresión de que la soberanía radica en el pueblo. La Nueva Constitución Política deberá elaborarse en un proceso: democrático; institucional, y participativo.

Cuarto: La ruptura con un mundo objetivo

El fetiche de un mundo plano, predecible y la razón total se ha quebrado. Este conjuro mágico se desvaneció en el aire, abriendo paso a otro mundo, más íntimo, más subjetivo, impredecible y horizontal.

Quizás sean los jóvenes y sus amplios movimientos sociales y culturales los que sean actores de esta revolucionaria mutación. En particular, el recambio generacional y nuevas miradas sobre la toma de decisiones y su relación con la política y el poder.

En estas rupturas y dilemas, el corazón de la ciudadanía ha optado por el camino refundacional y de cambios.

2. APOYO IRRESTRICTO A LAS REFORMAS DE NUESTRO GOBIERNO ENCABEZADO POR LA PRESIDENTA MICHELLE BACHELET JERIA

En el inicio del programa de gobierno la presidenta Bachelet señaló: "Tengo una ilusión. Tengo una esperanza. Tengo un propósito. Y sé que son la ilusión, la esperanza y el propósito de millones de chilenos y chilenas. Este programa recoge esos anhelos y ha nacido de miles de conversaciones en pequeños pueblos, en ciudades, en caletas, al borde del Estrecho de Magallanes y en el desierto, a lo largo y ancho de nuestra geografía. Han sido diálogos con la diversidad y riqueza de lo que hoy es nuestro país, que no sólo ayudaron a construir este programa, sino que también han sido motivo de alegría, porque me permitieron constatar que Chile está maduro para concretar sus propias ilusiones, esperanzas y propósitos".

Como lo constató e indicó nuestra presidenta, el imperativo de enfrentar las profundas desigualdades exige implementar cambios estructurales. Tres de ellos han marcado la agenda de estos primeros meses de gobierno, y requieren toda nuestra comprensión, información y apoyo. Seremos las más entusiastas defensores del programa de la Nueva Mayoría, convencidos de que es el comienzo de las transformaciones estructurales que pondrán fin al modelo político y económico neoliberal que heredamos de la dictadura y que ha permanecido en la transición. Las políticas de crecimiento con equidad y de ampliación de los espacios democráticos no cambiaron su esencia que es la concentración del poder económico y, en consecuencia, la inequidad.

La Reforma Tributaria

Nuestra sociedad requiere significativas transformaciones, por lo que, el Estado y las políticas públicas necesitan de vitales aumentos del gasto fiscal. La reforma tributaria contribuirá con ingresos permanentes que permitan alcanzar una sustentabilidad fiscal. Por ello, el espíritu de La Reforma Tributaria tiene cuatro propósitos:

1. Aumentar la carga tributaria para financiar, con ingresos permanentes, los gastos permanentes de la reforma educacional que emprenderemos, otras políticas del ámbito de la protección social y el actual déficit estructural en las cuentas fiscales.

2. Avanzar en equidad tributaria, mejorando la distribución del ingreso. Los que ganan más aportarán más, para compensar la notoria desigualdad entre la renta del trabajo y del capital.

3. Introducir nuevos y más eficientes mecanismos de incentivo al ahorro e inversión.

4. Velar porque se pague lo que corresponda de acuerdo a las leyes, avanzando en medidas que disminuyan la evasión y la elusión.

Se estima que la meta de recaudación del conjunto de las medidas de la Reforma Tributaria será del 3% del Producto Interno Bruto (PIB), equivalentes 8 mil 300 millones de dólares.

La Reforma Educacional

La sociedad chilena enfrenta el desafío de sacar del mercado y darle el carácter de derecho social garantizado a la Educación. La sociedad chilena enfrenta el desafío de brindar Educación Pública de Calidad, Universal y Gratuita. Un acceso igualitario a educación de calidad es esencial para avanzar en una sociedad más equitativa y de oportunidades, para mejorar las condiciones de vida de la población. Si bien es cierto existieron logros educativos como aumentos significativos en coberturas, alta inversión en infraestructura, equipamiento y programas focalizados. Sin embargo, la brecha educacional y la segregación es un escándalo social.

Superar estas inequidades es un camino irreversible y urgente. Entender la educación como un derecho social consagrado como derecho fundamental garantizado en nuestro ordenamiento constitucional, es asumir que por el solo hecho de vivir en la sociedad chilena, el Estado nos debe otorgar y garantizar el ejercicio de ese derecho: creando las condiciones normativas, económicas, políticas, pedagógicas y tecnológicas para aquello. Comprender la concepción y la implementación de este derecho exige al Estado jugando un rol garante y agente conductor de esas transformaciones, donde no tan sólo aparece exigible por un mandato constitucional, sino que es una demanda del soberano, del pueblo expresado en sendas movilizaciones nacionales y en un contundente mandato electoral presidencial y parlamentario.

Sólo con reforma educacional se instalarán las bases de un nuevo modelo económico, cuyo cimiento sea la exportación de conocimiento, a través de servicios y de bienes manufacturados sobre la base de nuestros recursos naturales. Requerimos profesionales y técnicos dispuestos a colaborar con un desarrollo económico que proporcione bienestar a todos los chilenos. La reforma educacional no es sólo equidad, sino desarrollo económico para Chile.

Es imperativo que se fortalezca educación pública, que se impulsen de políticas públicas dirigidas al fortalecimiento de la profesión y la gestión docente, mediante medidas tales como la formación de pregrado de calidad, mejoramiento de las remuneraciones que refleje una valoración del profesor, con distribución eficiente de las horas lectivas y no lectivas para una preparación de la enseñanza de mejor calidad y capacitación permanente, entre otras. Así mismo, es menester que se adopten medidas dirigidas a disminuir el número de estudiantes por curso, a impulsar un Plan Nacional de mejoramiento infraestructura y equipamiento y un Plan de formación y fortalecimiento de cuerpos directivos.

Una Nueva Constitución

A Chile le está llegando la hora de formular una nueva Constitución y en esta ocasión, resolviendo un déficit de nuestra larga tradición republicana.

Estimamos fundamental, una nueva caracterización constitucional del Estado de Chile, que reemplace el principio constitucional de subsidiaridad del estado por un Estado solidario, que consagra y garantiza derechos fundamentales, incluidos derechos sociales; una concepción de Estado que reemplace el estado mínimo por uno que asume un rol activo en la economía y en el impulso de un modelo de desarrollo orientado a la industrialización e incorporación de valor agregado a nuestras materias primas.

Chile necesita una Nueva Constitución Política de la República, que emane de un sistema participativo y democrático, para lo cual somos partidarios del impulso de un gran movimiento nacional constituyente que logre en la próxima elección parlamentaria un Congreso que reforme la Constitución y admita la convocatoria de una Asamblea Constituyente.

La Reforma Laboral

Si bien la reforma laboral no forma parte de la triada programática fundamental, para el Partido Socialista, como partido de los trabajadores, debe ser una bandera que le dé identidad. Hoy no más de un 12% de los trabajadores está sindicalizado y no más del 6% negocia colectivamente.

La reforma laboral que se propone en materia de derechos colectivos del trabajo y negociación colectiva, se orienta a erradicar los principios y normas de inspiración neoliberal impuesto por la dictadura mediante el denominado Plan Laboral, que flexibilizó las normas del derecho individual del trabajo y restringió los derechos laborales.

Es necesario establecer una nueva regulación del derecho de negociación colectiva, que se base en un sistema de relaciones laborales modernas, justas y equilibradas. Se debe rebalancear y equilibrar la posición de las partes en el proceso de negociación colectiva, para lo cual es indispensable fortalecer la sindicalización de manera que los trabajadores sean representados en la negociación colectiva por sindicatos fuertes y poderosos, y establecer nuevas normas de la negociación colectiva, eliminando las restricciones del derecho a huelga. Nos parece entonces que es prioritario impulsar un Plan Nacional de Sindicalización.

Especialmente, las nuevas normas laborales deben poner término al reemplazo trabajadores en huelga, sin excepciones respecto de trabajadores subcontratados, ni turnos éticos donde no se trata de actividades esenciales; deben tender a fortalecer la sindicalización y terminar con la atomización sindical y de instrumentos colectivos, mediante, normas tales como, el reconocimiento de la titularidad exclusiva del sindicato en la negociación colectiva, eliminando, en consecuencia, los grupos negociadores, y estableciendo la extensión de beneficios del contrato colectivo solo a quienes ingresan al Sindicato que suscribió dicho contrato.

3. EL PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE Y EL NUEVO CICLO

Apoyamos al gobierno de la Presidente Bachelet y su programa de reformas estructurales de forma irrestricta y con fuerza social.

Lo que caracteriza este nuevo ciclo político es un periodo de profundización y ampliación de la democracia, mediante el impulso de cambios estructurales, que erradiquen el sistema ultra liberal impuesto por la dictadura en materia de educación (segregación social, lucro, desprecio y debilitamiento de la profesión docente); trabajo (debilitamiento de los sindicatos y restricciones a la negociación colectiva y el derecho de huelga); sistema previsional (AFP's); de salud pública (deterioro de la atención primaria y hospitalaria); y en materia constitucional (Constitución impuesta, autoritaria, centralista y conservadora).

La contradicción del período está dada por quienes queremos profundizar y extender la democracia en todos los ámbitos de la vida en sociedad versus quienes persiguen cambios graduales en la medida de lo posible; entre quienes creemos en una democracia participativa versus quienes siguen creyendo en una sociedad de elite, donde unos pocos deben decidir y dirigir este país; entre aquellos(as) que luchamos por más justicia e igualdad social y aquellos(as) que se conforman con una sociedad segregada y excluyente. La pugna está dada en quienes creemos en una sociedad libertaria y otros que defienden una sociedad conservadora.

La caricaturización de los cambios estructurales como impulsados por refundacionales que desconocen los avances logrados en los años anteriores, es un esfuerzo falaz y desesperado. Advertimos que detrás de la idea de que deben realizarse los cambios de manera gradual, paso a paso, se esconde el esfuerzo por impedir los cambios estructurales impulsados por el gobierno de la Presidenta Bachelet.

En este nuevo ciclo los cambios se deben realizar con apoyo social, con las fuerzas y movimientos sociales organizados y movilizados impulsando transformaciones profundas del sistema social, económico y político. Esto no es un arrebato de la elite política sino el sentir y la demanda ciudadana y popular, acumulada por décadas en nuestro país, y que al Partido Socialista de Chile le corresponde dirigir.

En este nuevo ciclo, la actividad política no se reduce, como antes, sólo al ejecutivo y el parlamento, también se practica en la sociedad, con la participación y el protagonismo de las fuerzas y movimientos sociales. Se debe profundizar la descentralización para combatir los desequilibrios territoriales, económicos y ambientales. Para avanzar a un Chile más armónico es fundamental otorgar más poder a las regiones y las comunas.

POLÍTICA DE ALIANZAS: LA MÁS AMPLIA UNIDAD DEL PUEBLO Y DE LAS FUERZAS POLÍTICAS DEMOCRÁTICAS

Los cambios estructurales que se impulsan en este nuevo ciclo exigen la más amplia unidad del pueblo y de las fuerzas políticas democráticas. La Nueva Mayoría es una alianza política que se debe ampliar política y socialmente, sin exclusiones, con la incorporación de todo las fuerzas políticas democráticas y fuerzas y movimientos sociales que sean partidarios de impulsar transformaciones estructurales sociales, económicas, políticas y ambientales.

DEL PARTIDO ELITISTA DE FICHAS AL DE MILITANTES

Con sangre, sudor y lágrimas, el Partido Socialista de Chile ha sido parte sustancial de los cambios y transformaciones sociales de los últimos 80 años. Su historia e identidad, están construidas al alero de su compromiso por una sociedad más democrática y con más justicia social.

Indiscutiblemente, nuestra historia reciente está relacionada con la lucha por recuperar la democracia y los derechos humanos en los duros años de la dictadura militar del general Augusto Pinochet. Durante la transición a la democracia, el P.S. ha contribuido a la inserción internacional de Chile, verdad y justicia, gobernabilidad, y políticas públicas en materias esenciales como salud, empleo, infraestructura, seguridad y vivienda. Con el paso del tiempo, defendiendo y promoviendo más espacios y oportunidades para las mujeres, jóvenes y pueblos originarios, a las regiones, ciudades y comunas. Todo lo anterior tenía el propósito de mejorar las condiciones de vida de los chilenos. Sin embargo, encontrándonos, en un nuevo ciclo, una nueva etapa exige otro tipo de compromisos y nuevos desafíos. A partir de 2011, las movilizaciones estudiantiles y el regionalismo, el movimiento ecologista contra HidroAysén; las redes sociales que activaron y visibilizaron las zonas más opacas de nuestro modelo de desarrollo, entre otras, las desigualdades sociales, territoriales, políticas y económicas, exigiendo nuevos estándares y umbrales para la integración y el desarrollo. En todos estos acontecimientos, los militantes y simpatizantes del partido estuvieron presentes, pero de una manera desarticulada, sin orientaciones específicas para ponerse a la cabeza del movimiento social.

Hay un desencuentro entre las estructuras político-partidarias y lo que pasa en la sociedad civil, entre los ciudadanos. Consideramos esencial impulsar cambios radicales en la política, que ha excluido a los ciudadanos, poniendo una amplia brecha entre la política y la sociedad, entre los partidos políticos y los ciudadanos. Este desencuentro lo refleja muy bien un documento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): "Los partidos políticos en Chile han sido históricamente el pilar del sistema democrático. Sin embargo, en los últimos años se aprecia un significativo deterioro en la relación entre partidos y sociedad, que plantea nuevos y más complejos desafíos para las estructuras partidarias". La evidencia empírica presentada en este informe muestra que hoy los partidos políticos son las instituciones que generan menores niveles de confianza en las personas, la que es baja incluso comparándola con otros países de la región. El marco legal ha contribuido a mantener un sistema de partidos aún vinculado al clivaje político de la transición. Existen barreras de entrada extremadamente altas para nuevas organizaciones o tendencias políticas. Los partidos cuentan con estructuras orgánicas débiles, volubles a caudillismos. Existe resistencia por parte de las élites partidarias para compartir el poder y permitir su renovación y la inclusión de quienes han estado históricamente excluidos de la toma de decisiones. Los partidos han sido poco efectivos en establecer relación con la ciudadanía. El Congreso Nacional, lugar donde los partidos ganan mayor trascendencia, presenta dificultades para constituirse en un foro significativo para la deliberación. No existe financiamiento que permita sustentar las funciones de los partidos distintas a las de competir en elecciones. Estas características permiten el éxito y la sobrevivencia de organizaciones relativamente cerradas y volcadas hacia dentro".

A fin de cuentas, este reporte ha puesto el dedo en la llaga en nuestros dilemas democráticos internos.

 ¿QUÉ TIPO DE PARTIDO NECESITAMOS?

Uno que esté en condiciones de ponerse a la cabeza de las luchas sociales de trabajadores manuales e intelectuales. Necesitamos un partido de militantes - activistas en cada frente social-, donde exista la educación política como un instrumento de cohesión partidaria.

Lamentablemente, el clientelismo electoral y la lógica del partido-oficina de empleo por lotes han predominado en el desarrollo partidario de los últimos años. Se ha impuesto el partido de fichas -que se mueven sólo cuando hay elecciones internas- por sobre el partido de militantes. Estos aspectos nefastos deben ser superados por todos los socialistas, con tranquilidad y fuerza democrática. No hay camino atrás.

Necesitamos de un Partido inserto en la ciudadanía y en los movimientos sociales, en sus instituciones, que sea capaz de captar sus demandas y transformarlas en objetivos políticos viables. Es urgente que retomemos nuestra presencia sistemática en los frentes sociales con pleno respaldo y formación para los militantes que se destaquen como dirigentes sociales. Necesitamos un Partido Socialista de militantes con una acción política socialista desde "abajo", "en terreno", desde las bases socialistas, desde las organizaciones del pueblo y los trabajadores, desde los movimientos sociales, desde los gobiernos municipales y regionales.

Queremos que el PS vuelva a ser una fuerza dirigente de las transformaciones sociales, políticas, económicas y medioambientales a que aspiran las grandes mayorías nacionales.

Debemos poner el foco de nuestro crecimiento partidario en los sindicatos, los centros de alumnos, las organizaciones vecinales, los colegios profesionales y las asociaciones gremiales de pequeños empresarios.

Por el contrario, debemos poner fin a las prácticas de dirigentes que se eternizan en cargos públicos de alcaldes, concejales, consejeros regionales, diputados y senadores. O la de aquellos que pretenden elegirse mediante acuerdos a puertas cerradas.

Somos partidarios de elecciones primarias para todas las candidaturas en que el Partido se involucre. Un partido que construya su programa y candidaturas de cara a la ciudadanía, que promueva el empoderamiento ciudadano, la diversidad, el respeto a las diferencias y la tolerancia.

La riqueza doctrinaria del Partido Socialista es la que le ha permitido ser protagonista de la historia de Chile desde 1933 hasta nuestros días. Sus concepciones democráticas, anti dogmáticas, su arraigo popular y diversidad política, le han permitido reconocer los cambios de ciclos históricos y proponer ideas originales, inéditas, que responden a las soluciones que nuestro pueblo y nuestro espacio histórico, Latinoamérica, necesitan para el siglo XXI.

Recuperemos un Partido Socialista para los sueños y anhelos de nuestros ciudadanos, recuperemos nuestra colectividad para este nuevo ciclo político que nos desafía: con más Democracia para Chile y su pueblo, más igualdad y justicia social para hombres y mujeres, niños, jóvenes, ancianos, etnias originarias, diversidad sexual y cultural.

Una sociedad inclusiva y participativa necesita y exige un Partido Socialista inserto en nuestras comunas y regiones, en sintonía con las demandas y luchas sociales por una mejor calidad de la salud, previsión social y seguridad. Despojado del juego tendencial elitista y recuperado desde la diversidad y pluralidad para los cambios que Chile necesita.

Finalmente, vivimos un ciclo crucial en que los cambios en curso impactan a escala global y local. En este panorama y sobre la base de la historia y el compromiso de nuestro gobierno por un Chile más justo, democrático a inclusivo, fortalezcamos de manera colectiva nuestra identidad socialista. Este es nuestro compromiso...

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