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ACUERDOS DEL PLENO NACIONAL DEL PARTIDO SOCIALISTA POPULAR
Escrito por Carlos Alberto Martínez   
21-12-2014 a las 01:47:15

ACUERDOS DEL PLENO NACIONAL DEL PARTIDO SOCIALISTA POPULAR.

El señor Martínez (don Carlos A.). - Después de haberse celebrado el Pleno Nacional de mi partido, deseo aprovechar la primera sesión del Senado para manifestar que, de acuerdo con sus estatutos, cada seis meses se celebra una reunión, convocada por el Comité Central y a la cual asisten delegaciones de todas las provincias.

Esta vez, el Pleno Nacional se realizó en la ciudad de Temuco, y fue notorio el esfuerzo de las delegaciones, aun de las provincias más apartadas del Norte y Sur del País, por concurrir a este torneo interno.  

Este Pleno fue realizado para revisar la política de nuestro partido.

A nuestro regreso, pudimos imponernos de que tanto la prensa de la capital como la de provincia habían tergiversado algunos acuerdos del Pleno Nacional y que otros diarios los habían publicado incompletos. Nosotros tenemos interés en que la opinión pública conozca el texto completo de los acuerdos, y, por lo tanto, en atención a que no son muy extensos, me permitiré leerlos para que figuren en el Diario de Sesiones. También quisiera que se publicaran íntegros en la versión extractada de prensa

Si se acordara insertar este documento en el Diario de Sesiones, omitiría su lectura.

El señor Maza. - Previa revisión de su contenido, como es de costumbre.

El señor Correa (Presidente). - Si al Senado le parece, se acordará insertar el documento a que se refiere el Honorable señor Martínez, don Carlos Alberto, en el Diario de Sesiones y se publicará completo en la versión extractada de prensa.

Acordado.

-El documento que se acordó insertar dice como signe:

Las conclusiones.

1°) La combinación política que asumió el Poder en febrero de 1950 como consecuencia del repudio popular hacia el régimen de la "concentración nacional", ha defraudado la confianza que inicialmente los trabajadores pusieron en ella. Ninguno de sus propósitos fundamentales enunciados en aquella oportunidad se ha visto realizado en la práctica, no obstante la favorable disposición de todas las fuerzas de avanzada para ayudar al rápido cumplimiento del programa ofrecido. En lugar de utilizar este respaldo para poner en marcha una nueva política social-económica, el actual Ministerio se ha esterilizado en una gestión contradictoria, arbitrarista y sin perspectivas creadoras. En estas circunstancias, agravados los viejos problemas con nuevos conflictos derivados de su propia acción, resulta imposible que recupere el  apoyo público necesario para cumplir lo que prometieron hace un año.

Sin perjuicio de que el Partido Socialista Popular contribuya a toda su acción o iniciativa destinada a satisfacer las necesidades del pueblo, por encima de toda consideración sectaria, el Pleno declara que se sitúa en una firme oposición al Ejecutivo, por cuanto no ha hecho nada por merecer la confianza de los trabajadores.

2°) En las actuales condiciones de dispersión de las energías políticas populares, de ausencia de criterio orientador en el Gobierno de la República y de abierta ofensiva reaccionaria, la sucesión presidencial, planteada a un paso relativamente breve, tiene para las masas explotadas una indudable importancia, por la oportunidad que ofrece de lograr una profunda rectificación de nuestra realidad nacional.

Descartada la posibilidad de apoyar una candidatura que signifique la continuidad del actual régimen, desprovisto como está de una concepción orgánica de las tareas por realizar y comprometido por sus intereses en mantener el status social y político vigente, el P. S. P. debe levantar una candidatura antioligárquica que represente sus aspiraciones de transformación social, que se apoye en el poder democrático de sus organizaciones sociales y políticas, asegure el libre e independiente desarrollo de las mismas y haga suya una actitud que coloque a Chile junto a los países que realmente luchan por la paz y contra la política imperialista de bloques agresivos.

El P. S. P. rechaza el principio del "mejor derecho" en favor de cualquier partido para optar a la sucesión presidencial y declara que el candidato debe representar un movimiento nacional de carácter popular y de oposición al actual Gobierno.

3°) El Pleno estima, en todo caso, que la única garantía de una campaña victoriosa y de un progreso efectivo en el desarrollo social de Chile, radica en la unidad de los trabajadores manuales e intelectuales, de la ciudad y del campo, alrededor de poderosas centrales sindicales nacionales que reflejen sinceramente sus intereses de clases. Consideramos, en consecuencia, que la primera y más importante tarea de los socialistas populares consiste en lograr, a breve plazo, la creación de una Confederación Unitaria, autónoma y democrática, libre de toda hegemonía partidista y representativa de todos los sectores obreros y en fortalecer y extender la organización de la JUNECH, como central de los empleados de todas las categorías. Estima asimismo, que la celebración del Congreso Nacional de las Fuerzas del Trabajo debe ser el punto de partida para una amplia coordinación de las organizaciones populares y para la enunciación de las aspiraciones colectivas de las mayorías nacionales.

Sólo una reagrupación de fuerzas sociales en función de sus intereses económicos específicos puede ofrecer a Chile una salida progresista para la crisis que vive.

4°) La unidad de acción de los Partidos Socialistas Popular y de Chile, materializada en el actual Frente Socialista, debe mantenerse y reforzarse ; ella impide la utilización tendenciosa de las antiguas disidencias por nuestros adversarios y es una etapa necesaria para constatar en la lucha misma el grado de afinidad política de ambas colectividades. En todas las materias sobre las cuales no existen acuerdos expresos, el P. S. P. mantiene su autonomía.

5°) Dentro de la facultad otorgada por el último Congreso General para que el C. C. E. pacte acciones comunes con otras colectividades políticas y para lograr objetivos específicos, la Directiva Nacional deberá procurar la concertación de acuerdos con partidos populares que mantienen una conducta independiente frente al Ejecutivo, sin perjuicio de vincularse con todos aquellos grupos y tendencias que luchan por una fundamental rectificación en la conducta política y económica del mismo, dentro de los partidos de Gobierno.

6°) El C. C. del Partido Socialista Popular queda facultado por el Pleno Nacional para designar oportunamente el candidato presidencial que apoyará el socialismo popular y para adoptar los procedimientos y suscribir los compromisos necesarios para agrupar a su alrededor a las fuerzas de avanzada".

SESION 19ª, EN MARTES 16 DE ENERO DE 1951, pág.1049-1051

Última actualización ( 21-12-2014 a las 01:49:17 )
La Revolución Francesa
Escrito por Julio César Jobet   
05-12-2014 a las 06:08:56

LA REVOLUCION FRANCESA

Un ensayo de interpretación económico-social

LA REBELION ARISTOCRATICA COMO ANTECEDENTE

1.  Mathiez y Sagnac, entre otros, han demostrado que la responsabilidad inmediata de la revolución recae sobre los mismos privilegiados que se negaron a aceptar los sacrificios que el poder real pretendió imponerles y que hubo de arrancarles con la convocación de los Estados Generales. La reacción aristocrática, gracias a la venalidad y el favor del Rey, fortalecida en número e influencia por los burgueses enriquecidos, invadió los Parlamentos, Consejos, Clero, Ejército y Administración. Deseaba organizar un gobierno semejante al de Inglaterra, donde el Rey, desde 1688, compartía el poder con la nobleza, alto clero y burguesía rica. Montesquieu es quien mejor representa esta tendencia aristocrática de corte inglés. La oposición nobiliaria a las medidas del Rey sugeridas por algunos de sus ministros (y es ce hacer notar que los preámbulos de los decretos de Turgot, Malesherbes, Calonne, Brienn y Necker contienen una recia crítica de los abusos del régimen) es la que, teniendo en sus manos todos los poderes públicos, comenzó la revolución. La aristocracia judicial, por ejemplo, se enfrenta constantemente al Rey usurpándole parte de su autoridad y produciendo una verdadera rebelión noble en contra de la Monarquía, que, de revés levantó a la burguesía. La revolución es, pues, en sus principios aristocrática y no burguesa. Que abortó y preparó el camino a la revolución burguesa es un hecho incuestionable.

LA ELECCION DE LOS ESTADOS GENERALES

2. La revolución se inicia con la campaña para elegir los miembros que formarían los Estados Generales. Coincide con una grave crisis económica pues se había paralizado gran parte de la producción industrial ante la competencia victoriosa de las mercaderías inglesas que entraban al país en gran cantidad después del Tratado de Comercio de 1788 El pan era escaso y caro, mientras que los graneros de los privilegiados estaban repletos. 

La elección no se hizo de acuerdo con las formas antiguas (en 1614 había sido la última reunión de los Estados Generales), sino que por un Reglamente Electoral fijado especialmente; era complicado, pero bastante liberal. La base del proceso electoral eran las parroquias o aldeas, las corporaciones y los barrios; luego, la asamblea de la población (pueblo o lugar); en seguida la asamblea de bailía secundaria y finalmente, la asamblea de bailía principal. Junto con elegir a sus representantes se les proveía de un "Cuaderno de Quejas y Peticiones". En las asambleas de los privilegiados la lucha fue viva entre la minoría liberal y la mayoría retrógrada; entre la nobleza cortesana y los hidalgos de provincia; entre el alto y bajo clero.

En el Tercer Estado, que estaba unido en su ataque a la aristocracia, había una gradación diversa en sus reivindicaciones, según fuesen enunciadas por la burguesía, artesanos o campesinos. Aparecen nítidamente diferenciados los intereses de clase. Mientras no se presentan reivindicaciones propiamente obreras, los campesinos son los que atacan directamente y a fondo el feudalismo (Jean Jaurès reproduce en su "Historia de la Revolución", páginas enteras de estos "Cuadernos", muy reveladores al respecto). La burguesía, propietaria ya de una buena parte de la tierra se solidariza en la defensa de los derechos sobre ésta con la clase feudal en contra de los campesinos pobres y desposeídos. En el otro plano, los anhelos de industriales y comerciantes son objeto de estudios precisos. Es decir la clase que va a tomar la dirección de la revolución siente plena conciencia de su fuerza y de sus derechos.

Sin embargo, del examen general de los "Cuadernos de Quejas y Peticiones" se desprende que el absolutismo era condenado unánimemente. Nobles, sacerdotes y plebeyos coincidían en reclamar una Constitución que limitase los derechos de la realeza y que estableciese una representación nacional con facultad para hacer leyes y votar los impuestos. El amor a la libertad y el odio a la arbitrariedad inspiraban todas las reivindicaciones.

LOS MOVIMIENTOS CAMPESINOS

3. El 14 de Julio cayó la Bastilla por un levantamiento del pueblo parisiense qua armó a las masas permitiéndoles el triunfo. Desde este instante las masas campesinas extienden su insurrección que desde marzo agitaba diversas regiones de Francia. Así en Macon y Beaujolais incendiaron 72 castillos. Fueron atacados violentamente por la burguesía, que se encargó de la represión aliada a la nobleza. Son rechazados los grupos campesinos más numerosos, apresados sus dirigentes y muchos condenados a muerte.

Desde los comienzos de la revolución, el levantamiento de las masas rurales es general y actúa con autonomía, lo que provoca considerable sobresalto en el seno de la Asamblea Nacional Constituyente, que se siente aterrada por esta violenta explosión campesina. A consecuencia de ella el 4 de agosto las clases privilegiadas procedieron a despojarse de sus derechos merced a este ardiente empuje de los menesterosos, y fueron algunos de los nobles más ricos quienes propusieron abolir los derechos feudales, mientras que la burguesía era lisamente partidaria de la represión, afirmando, para desprestigiar el movimiento campesino, que de los propios círculos reales había partido la instigación para que más desposeídos se lanzasen en contra de las propiedades y así vengarse de su derrota.

Es que en el fondo la burguesía defendía el derecho de propiedad en general y las propiedades suyas adquiridas en grandes proporciones. Más tarde, cuando se enfrió su entusiasmo, la Asamblea Nacional Constituyente trató de limitar sus concesiones y distinguir entre aquellas cargas feudales que habían sido impuestas al campesino contra su voluntad y aquellas que, como los censos feudales, podían considerarse resultado de un libre contrato celebrado entre él y su señor. Ante esta actitud, los campesinos acusaron a los burgueses, dueños de vastos feudos de haberlos engañado y traicionado. Las primeras cargas feudales fueron suprimidas sin compensación, pero se obligó al campesino a redimir las segundas En la práctica fue abolida esta distinción por la presión de los movimientos campesinos que resistieron tenazmente la legislación clasista de la Asamblea Nacional Constituyente; la que por medio de los guardias nacionales, burguesas, y aprovechando la desunión campesina, mantuvo la situación indicada hasta que en 1793 la Convención Nacional hizo tabla rasa de todas las rentas y pagos feudales, aboliendo totalmente el feudalismo, para transformar al campesino en propietario libre. La revolución abolió también la pesada carga del diezmo (que significaba más de 100 millones de francos anuales) y redujo enormemente el gravamen de la contribución. Además, la venta de la tierra confiscada al clero y la nobleza les permitió aumentar y redondear su patrimonio territorial. De tal modo Francia se transforma en una república de campesinos propietarios, siendo la pequeña propiedad la unidad básica de su economía agraria.

LA PERMANENTE EFERVESCENCIA PROLETARIA

4. Un problema permanente que debió enfrentar la revolución que se agravó en los años 1792, 1793 y 1734, fue el del encarecimiento de la vida y la escasez, lo que produjo el levantamiento tanto de las masas rurales como del pueblo de las ciudades en contra del gobierno de la burguesía. Este movimiento de masas provocado por la miseria y el hambre, a pesar de carecer de una organización y dirección propias logró modificar la voluntad de los hombres del momento. Pero tan pronto como el enemigo exterior haya sido vencido y los aristócratas están reducidos, la burguesía se volverá contra el proletariado para aniquilarlo a su vez. La levadura del movimiento popular fue la inflación. La masa reclamaba la vuelta de la reglamentación abolida, de las declaraciones de la venta obligatoria en los mercados, de las requisiciones como una imposición de los pobres contra los ricos, como una represalia para solucionar el problema angustiosos del encarecimiento del pan y de la disminución del poder adquisitivo de las entradas fijas, a causa de la guerra, de la especulación y lucro. Hemos visto que una sublevación permanente inquietó los campos. En las ciudades, los obreros y menesterosos tratan de obtener el reajuste de sus salarios la fijación de los precios y la represión de los especuladores y acaparadores.

En el fondo de la Revolución se produce una lucha de clases constante. El pueblo se levanta contra los propietarios e industriales que forman la mayoría en la Asamblea Nacional Constituyente, luego en la Asamblea Legislativa y aún en la Convención. De ahí la insurrección del pueblo en contra de esos organismos en diversas oportunidades, imponiendo nuevas formas políticas. El "máximum general" aprobado durante la Convención, o sea, la fijación de los precios a los artículos de primera necesidad, amén de otras medidas económicas radicales, acarrearon la organización del Terror; o sea, la centralización del Poder para imponer una legislación que hería los intereses particulares en favor de las masas pobres.

LAS REIVINDICACIONES DE LA BURGUESIA

5. En 1789 la burguesía, del mismo modo que la masa del pueblo, aspiraba a un régimen social mejor que se basara sobre la igualdad y la justicia suprimiendo los privilegios y modificando el sistema feudal. La burguesía grande y pequeña "odiaba a los privilegiados más que a los privilegios y veía con alegría cómo la masa popular atacaba la desigualdad; es que la mayor parte de ellos no aspiraba sino a hacer de la igualdad un medio para conquistar el poder" (Luis Madelin).

La burguesía durante todo el proceso de la revolución debió atender, por un lado, a contener la corriente aristocrática y, por otro, la corriente popular, a fin de llevar al éxito sus propias reivindicaciones. Los campesinos acomodados, los propietarios y los burgueses ricos defendían sus intereses y en función de ellos luchaban porque el poder cayera en sus manos. Pero los clubes, organismos políticos burgueses, se encontraron pronto sometidos a la tendencia avanzada, que eliminó progresivamente a los elementos moderados. Fueron los clubes los que, después de Varennes, orientaron a la oposición hacia el régimen republicano y patrocinaron las reformas más atrevidas.

La revolución burguesa impuso en Francia el liberalismo económico y político. Las clases poseedoras que detentaban la tierra y practicaban la industria y el comercio, detestaban la reglamentación monárquica que limitaba sus beneficios e impedía sus especulaciones. "Tal vez creían con sinceridad en las virtudes de la libre concurrencia; pero, en todo caso, comprendían que la libertad económica multiplicaría su poder". (Alberto Mathiez).

Muchas de las reformas económicas solamente aprovecharon a la burguesía. Las clases pobres eran hostiles a la libre venta y a la libre circulación. Al derecho de propiedad el instinto popular oponía el derecho a la vida; pero los grandes propietarios y burgueses ricos proclamaron la libertad absoluta de la venta y circulación de granos, eliminando la reglamentación. En muchos lugares el pueblo se rebeló e hizo el reparto de granos y harinas. Pero las buenas cosechas de 1789 y 1790 favorecieron las medidas del liberalismo burgués. La desastrosa cosecha de 1791 hizo cundir la agitación, de tal suerte que el proletariado ciudadano y campesino hubo de tomar por su cuenta la vieja reglamentación de la monarquía

LA CONSTITUCION DE 1791

6. Según la Constitución de 1791, con apariencias monárquicas. Francia se convierte de hecho en una república burguesa. Suprimía los privilegios fundados sobre el nacimiento; pero respetaba y consolidaba los que estaban fundados sobre la riqueza. A pesar de que la "Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano" proclamaba que la ley es la expresión de la voluntad general, y daba a todos los ciudadanos el derecho de concurrir a su formación, la Constitución, respecto del derecho electoral dividía a los franceses en dos clases: pasivos, excluidos del derecho de sufragio, porque no tenían propiedad, y activos, que eran los que podían participar plenamente en la vida pública. Los proletarios eran "máquinas de trabajo" a quienes se juzgaba carentes de libertad y posibles instrumentos de los aristócratas. Los ciudadanos activos fueron en 1791 cuatro millones y cuarto, quedando tres millones de pobres fuera de los derechos de ciudadanía, lo que significaba un retroceso en relación con el criterio que había presidido la elección del Tercer Estado para los Estados Generales, ya que sólo se había exigido en ella para ser elector la circunstancia de aparecer inscrito en la lista de contribuyentes. A la aristocracia del nacimiento sucedía la aristocracia de la fortuna.

A la Constitución censitaria de 1791 se agregó otra medida en beneficio de la burguesía. El 14 de julio de 1791 la Constituyente votó la Ley Chapelier que reprimía severamente, como delito, la coalición de los obreros para imponer un salario uniforme a los patrones. La confiscación y venta de los bienes del clero, igualmente ayudará al fortalecimiento de la clase mencionada. El medio que permitió la liquidación de dichos bienes fue el asignado. Fue un arma política que aceleró la venta y la hizo irrevocable; hasta permitir a la revolución vencer a sus enemigos interiores y exteriores. Como arma financiera, aunque no escapó a los peligros de la desvalorización como era recibido en valor nominal en el pago de los bienes nacionales, por lo que el adquirente ganaba la diferencia entre su valor nominal y su valor real en el mercado, que era muy inferior. De ahí que existió un vivo deseo por cambiarlo por un valor sólido y permanente: la tierra. La burguesía urbana fue la que adquirió la mayor parte de los lotes puestos en venta; en menor escala los aristócratas y los campesinos, que adquirieron pequeñas parcelas, ligándose por ello a la revolución. El poderío de la burguesía sufre un serio quebranto desde que en las jornadas del 9 y 10 de agosto de 1792 triunfa una insurrección popular acaudillada por el Municipio de París. Desde el fin de la Asamblea Legislativa, a raíz de la insurrección victoriosa hasta el 20 de septiembre, o sea desde la toma de las Tullerías y la prisión de Luis XVI en el Temple hasta la reunión de la Convención se desenvuelve un período en el que contienden el poder legal y el poder revolucionario, surgido de las acciones victoriosas del 9 y 10 de agosto. Esta lucha continuará en el seno de la Convención, disputándose la mayoría. El Partido de la Montaña será esencialmente el partido del antiguo municipio revolucionario de París y el Partido de la Gironda será formado por los diputados que habiendo nutrido las filas de la izquierda en la Asamblea Legislativa pasarán a constituir el ala derechista de la Convención.

GIRONDINOS Y MONTAÑESES

7. Los Girondinos representaban los intereses de los comerciantes de Burdeos y eran contrarios al destronamiento del Rey y a la insurrección popular. Eran partidarios de la legalidad que combatía las medidas excepcionales, revolucionarias, de las que el Municipio había dado el ejemplo y había imitado la Montaña, y cuyos puntos principales eran: en el dominio económico-social, las reglamentaciones, las declaraciones de mercaderías, las requisiciones, el curso forzoso del asignado, en una palabra la limitación de la libertad comercial; en el dominio político, la vigilancia de todos los adversarios del régimen, considerados como sospechosos; creación de jurisdicciones excepcionales; suspensión de la libertad individual concentración del poder por la subordinación estrecha de las autoridades. Este programa será realizado íntegramente durante el Terror.

"Los girondinos comprendían un gran número de propietarios y de ciudadanos instruidos: tenían el sentimiento de las jerarquías sociales, que querían conservar y fortificar. Sentían una repugnancia instintiva hacia el pueblo grosero e inculto. Consideraban el derecho de propiedad como absoluto e intangible. Creían incapaz al pueblo y reservaban a su clase el monopolio gubernamental. Todo cuanto tendía a poner trabas a la acción de la burguesía propietaria les parecía mal. Profesaban el liberalismo económico más completo. El Estado más perfecto para ellos era aquel que "intervenía menos en la actividad de los individuos".

Los montañeses, por el contrario, representaban a las clases bajas a los que sufrían la crisis provocada por la guerra, a los que habían derribado el trono, a los que habían logrado los derechos políticos merced a la insurrección. Eran de criterio realista y estaban cerca de la verdad de las cosas, porque comprendían que la situación de Francia reclamaba medidas extraordinarias: al derecho de propiedad oponían el derecho de la vida; al interés individual el interés público. No comprendían que a pretexto de respeto a los principios se pudieran poner en parangón una clase y la Patria. Estaban prestos a recurrir, en caso de necesidad, a limitaciones de la libertad y propiedad particular o individual, si así lo exigían los superiores intereses de la masa. Era una verdadera lucha de clases traducida en estos partidos opuestos, con sus programas definidamente antagónicos.

El Municipio y la Montaña representaban a las clases populares, artesanos, obreros, consumidores que sufren en la guerra y sufren sus consecuencias: encarecimiento de la vida, paros forzosos desequilibrios de salarios.

La Asamblea Legislativa y su heredera la Gironda, representaban a la burguesía poseedora y comerciante que defiende por sobre todo sus propiedades e intereses, de las limitaciones, trabas y confiscaciones que los amenazan. Sin embargo, la mayor parte de los montañeses era, como los girondinos, de origen burgués. La política de clase que ellos inauguran no surgía plenamente de las entrañas del pueblo. Fue una política de circunstancias, una manera plebeya, dice Carlos Marx, de acabar con los reyes, los sacerdotes, los nobles, con todos los enemigos de la Revolución. La oposición entre Girondinos y Montañeses se tornará dramática en el seno de la Convención.

La Convención fue elegida por sufragio universal, participando los ciudadanos activos y pasivos. Los que concurrieron a las urnas fueron pocos; actuando solamente una minoría decidida. Sainte-Claire Deville en su obra "La Commune de l'an II" ha realizado un estudio destinado a investigar la real intervención del pueblo en las jornadas de esa época. Según este escritor la Comuna no expresaría exactamente la soberanía del pueblo, sino más bien la dictadura de un puñado de dirigentes y agitadores. Las asambleas de sección eran frecuentadas por un reducido número de ciudadanos y en los diversos escrutinios no se alcanza a juntar un décimo de los votantes. De ahí que sea preciso rebajar en mucho "los movimientos de masa" de que se habla frecuentemente. Es una minoría activa, enérgica y audaz la que ha conducido la revolución y en esta época dentro de ella; son los "hebertistas" y los "rabiosos" los que logran una mayor inspiración a influencia.

La mayor parte de los diputados elegidos pertenecían a la burguesía o eran propietarios ligados a la revolución. Sólo figuraban dos obreros. Fueron elegidos en gran número los girondinos, más conocidos por su obra. El pueblo pedía una política económica drástica, pues encontraba natural que los ricos que no abandonaban sus hogares para ir a la guerra debían indemnizar a los que partían para defender sus bienes. Los girondinos no comprendían esto y sostenían una estricta política de clase. Su jefe, Brissot, decía: "Todo hombre que hable de Ley Agraria y de reparto de tierras es un decidido aristócrata un enemigo público, un malvado al que se ha de exterminar".

LAS LUCHAS Y PELIGROS DE LA CONVENCION

8. Los jacobinos (o montañeses) querían limitar los abusos del derecho de propiedad subordinándolo al interés público aunque sin pensar en suprimirlo, Marat denunciaba la excesiva riqueza y la desigualdad social como fuentes de esclavitud de los proletarios. Robespierre expresaba que nada se hacía en favor de le libertad si no se disminuía la extrema desigualdad de fortunas. Más adelante, Saint Just dirá: "Ni ricos ni pobres. La opulencia es una infamia". Y era verdad desde que los trabajadores y multitudes hambrientas solamente podían oponer su miseria al lujo insolente de los nuevos ricos, que hacían de él provocativa gala. De ahí que afluían quejas de todas partes en contra de los proveedores especuladores y financistas, verdadera raza de rapiña.

La pugna interna, derivada del proceso económico-social, se agrava desde que la guerra se intensifica y amenaza a Francia. Por la acción de los mercaderes de la City, de quienes Pitt era el intérprete, se constituye la primera coalición contra Francia. Sola frente a las más grandes potencias de Europa defenderá su independencia y las numerosas ventajas que había obtenido con la revolución. Ante la alianza de las potencias absolutistas la revolución apela a la solidaridad do todos los hombres que luchan por la libertad. La Convención Nacional "declara, en nombre de la nación francesa, que acordará fraternidad y ayuda a todos los pueblos que quieran recobrar su libertad y encarga al Poder Ejecutivo dé a los generales las órdenes necesarias para que presten socorro a estos pueblos y defiendan a los ciudadanos que hayan sido vejados o puedan serlo por haber defendido la causa de la libertad".

Consagraba la solidaridad de todos los revolucionarios y se aventuraba a provocar una guerra universal de carácter social. Entraba a propagar su evangelio por la fuerza de las armas, a pesar de haber repudiado el militarismo y las conquistas.

La organización de la primera coalición estimula a los reaccionarios franceses en su lucha contra el gobierno pero la levadura de la contrarrevolución fue el sentimiento religioso herido. La lucha religiosa dobló las fuerzas del partido aristocrático a la vez que significó la formación de un partido anticlerical. Antes de las elecciones de la Convención Se había ordenado la deportación de los sacerdotes refractarios (decreto del 26 de agosto) y, tal vez, 25.000 se encaminaron al extranjero. La primera coalición devolvió la energía a los realistas, quienes incuban la insurrección de La Vendée cuya señal fue la leva de los 300.000 reclutas para enfrentar la invasión. La rebelión realista y clerical tomó, el carácter de una cruzada; los revoltosos se baten con fanatismo por su Dios y por su Rey.

LAS MEDIDAS RADICALES DE LA CONVENCION

9. Por otra parte, la miseria creciente, a causa de la desproporción entre los salarios y los precios, la desvalorización de los asignados y la carestía constante agravan las condiciones de vida de las masas y producen perturbaciones y motines. Uno de sus dirigentes escribe: "Es imperioso hacer que el pobre pueblo pueda vivir si queréis que os ayude a realizar la revolución". De esta inquietud económica se aprovecha la reacción, la que sumada a los motivos políticos y religiosos indicados, da origen a la formidable insurrección vendeana.

Para aplastar la rebelión vendeana, y conjurar la insurrección federalista (secuela de la derrota de los girondinos), que abarca varias provincias y es utilizada por el realismo, en el interior; y para hacer frente a los ataques del exterior, la Convención se encamina hacia la implantación del Terror, es decir, hacia la dictadura y la supresión de las libertades. El Partido Revolucionario será una minoría ardiente, celosa y enérgica. Tenía necesidad de la dictadura y de la violencia, pero amparaba sus actos en la imagen de la Patria, a la que pretendía defender y salvar. Mientras la situación política es anárquica, llena de artimañas estériles y de zancadillas, el pueblo se consume en vanos esfuerzos para asegurarse el pan cotidiano y la justicia revolucionaria es lenta para actuar y sensible a la influencia y a las presiones. Hebert escribe en el "Pére Duchesne": "Ya lo he dicho más de una vez: la revolución ha cambiado las cosas, y los hombres han continuado siendo los mismos y, desgraciadamente, los jueces son únicamente hombres"

De esta realidad surge la petición de "que se ponga el terror a la orden del día". El pueblo tenía hambre y, cansado de esperar, decide "salvarse por sí mismo". El Terror fue impuesto por un movimiento popular auténtico, cuya expansión súbita se puede explicar por las privaciones materiales soportadas largos meses y por los peligros políticos internos y externos ya mencionados.

Se crearon organismos especiales; se formó el Tribunal Revolucionario: se constituyeron los Comités de Vigilancia, que serán los proveedores del Tribunal Revolucionario. Para atraerse a las masas y aplastar la rebelión federalista, la Montaña votó tres grandes leyes:

1. Ley del 3 de Junio sobre modo de venta de los bienes de los emigrados, que deberían ser divididos en pequeñas parcelas, cuyos adquirentes podían pagar en diez años; 2. Ley del 10 de Junio que reglamenta el reparto de los bienes comunales, que debían hacerse de modo igualitario por cabeza de habitante; 3. Ley de 17 de Julio que abolió sin indemnización todos los derechos feudales (los últimos pergaminos feudales debían ser destruidos). Estas leyes completan la ruina del sistema señorial y liberan definitivamente la tierra.

El 27 de Julio se dicta un Decreto contra el acaparamiento, de modo que todos los artículos de primera necesidad quedan bajo la mano de las autoridades. Votan el curso forzoso del asignado; la fijación del precio máximo del trigo; el aumento del sueldo de los funcionarios; la imposición de un empréstito forzoso de 1.000 millones, haciéndolo pesar sobre las clases acomodadas, de acuerdo con el lema de que "los ricos deben pagar", por cuanto "la clase pobre ha hecho constantemente sacrificios; lo ha sacrificado todo, hasta su sangre; ha sido pródiga con la libertad. Es tiempo de que el rico egoísta comparta las cargas que el pobre ha soportado solo". Y, finalmente, votó una Constitución liberal y democrática".

Hipólito Carnot ha dicho con respecto al Terror, que "fue una dictadura de necesidad". En verdad se les impuso a los dirigentes que no la preveían ni la deseaban, para salvar a la Patria amenazada de los más tremendos peligros. (En Julio de 1793 era grave la situación en la frontera Norte; la reacción estaba insolente; fueron asesinados Marat y, poco antes, en Lyon, el destacado revolucionario Chalier, y otros; la situación de las masas era aflictiva, de donde extraían su fuerza los "rabiosos", o exaltados, cuya agitación era permanente, conducidos por Hebert, Roux, Leclerc, Varlet),

LA DICTADURA DE ROBESPIERRE

10. A consecuencia de las luchas mencionadas subió al poder el jefe de los Montañeses, Robespierre. A este respecto dice Mathiez: "Lo que aporta al Comité no son solamente sus raras cualidades personales, su sangre fría y su valor, su aguda clarividencia, su verbo elocuente, sus notables facultades de organizador, su absoluto desinterés; es aún algo más que todo eso. Robespierre es, después de la Constituyente, el revolucionario más popular entre la clase de los artesanos y las gentes humildes, de quienes posee toda la confianza. Es el jefe indiscutible de los "descamisados", sobre todo después de la muerte de Marat". Los que han ligado su suerte a la revolución y que no tienen otra alternativa que vencer o morir, están detrás de él.

Robespierre inauguró una política democrática y nacional, debiendo luchar contra la reacción y en contra de los exaltados. Y esta lucha tiene lugar en medio de grandes desastres militares y de la escasez y carestía en el interior. Frente a los exaltados no teme su política social y hace votar leyes populares para solucionar el problema de las subsistencias y reprimir el agio y la especulación; pero combate en ellos su demagogia y su alianza con elementos sospechosos para provocar anarquía y violencia. Los acusa de "intrigantes", término sibilino en el que envuelve a los agentes realistas y a los "rabiosos". Es preciso destacar, en honor a la verdad, que los "rabiosos" se preocupaban especialmente del problema del trabajo y de los salarios para los obreros, "la clase más sinceramente ligada a la revolución y que conviene, por consecuencia, considerar más". Eran los intérpretes más genuinos de las reivindicaciones de las masas y constituían una oposición popular al partido, dueño del Poder. Robespierre los acusa de "intrigantes", a fin de desprestigiarlos, y para eliminar su acción se reducen las asambleas revolucionarias, aunque éstos burlan la disposición constituyendo "sociedades populares".

La constante lucha de la reacción; la oposición de los rabiosos y de los hebertistas, hizo permanente el Terror, organizándose la vigilancia y represión de un modo constante por medio de la Ley de Sospechosos (17 de Septiembre), ley que mereció bastante discusión acerca del contenido que debería abarcar el término "sospechoso" pues se prestaba para que los enemigos personales oprimieran a los buenos ciudadanos. Igualmente consiguió la fijación de las tasas de los artículos de primera necesidad (máximo) y su obtención arrancándolos de manos de los cultivadores; y dio un gran impulso a la defensa nacional para sostener la guerra a ultranza, creación de nuevos ejércitos, armamentos, organización de la ayuda de los sabios, asociándolos al Estado, como Monge, Berthollet, Fourcroy, Chaptai, Perier, Vardermonde, Hassenfratz y al ejército revolucionario para purificar la República de los conspiradores y acaparadores.

LOS EXCESOS DEL TERROR

11. El gobierno revolucionario se convierte en la dictadura de un partido ejercida en provecho de una clase, la de los consumidores, artesanos, pequeños propietarios y pobres, conducidos por hombres de la clase burguesa que han ligado su suerte a la de la revolución y sobre todo por aquellos a quienes dentro de esa clase enriquece la fabricación de guerra.

Desde Octubre de 1793 fueron guillotinados los Girondinos, la Reina María Antonieta, Felipe Igualdad, Madame Rolland, Bailly, Barnave, los generales Custine, Brunet, Houchard, Lamorliére, Biron, Dillon; Dubayet; Harville. En Lyon se cometen carnicerías: 1.667 sentencias de muerte (Comisión Parein). En Nantes llevan a cabo terribles represiones: el ciudadano Carrier hizo ahogar 2 mil personas y fusilar a 4.000 vendeanos.

Para mantener este Terror inmisericorde Robespierre debió aplastar el Partido de los Indulgentes (Danton, Desmoulins, Delacroix, Philippeaux, Westermann), que se desprestigió más que nada porque a ellos se unieron bribones corrompidos y venales agiotistas mezclados en obscuros asuntos de dinero v especulaciones; complotadores relacionados con agentes de las potencias extranjeras y con los aristócratas, como Chabot, Basire, Fabre d'Eglantine, Delaunay, Héraut de Séchelles. Los Indulgentes al reclamar clemencia para hombres indignos se desacreditan y no legran detener el Terror cayendo, a su vez, barridos por él.

Los Hebertistas y los rabiosos son acusados de ateísmo, a raíz de su campaña de descristianización y también por su campaña en favor de las reivindicaciones de las masas con medidas extremas que hieren el derecho de propiedad que la Convención defiende intransigentemente. Los revolucionarios que siguen a Robespierre no son ateos. Aún los más alejados de los dogmas cristianos, no creían que el Estado pudiera prescindir de un credo y de un culto. No pueden desentenderse de las conciencias y estiman que es preciso ligar la moral política enseñada en las ceremonias cívicas (amor a la libertad, a la razón y a la Patria) con una moral filosófica generadora de las virtudes privadas. Era una convicción general que la fe en Dios era el fundamento de la sociedad. El pueblo francés reconoce el Ser Supremo y la inmortalidad del alma, pero elimina a los sacerdotes. Robespierre quería la reconciliación de todos los franceses alrededor del culto sencillo y puro del Ser Supremo y la Naturaleza, puesto que, para él Naturaleza y Dios se confundían, de acuerdo con la filosofía de su maestro Juan Jacobo Rousseau.

PROPOSITOS IGUALITARIOS DE ROBESPIERRE

12. Robespierre y Saint Just luchaban por crear una república igualitaria, sin ricos ni pobres, y para castigar a los enemigos de la revolución hicieron votar un decreto según el cual las propiedades de las personas reconocidas como enemigas de la República serías confiscadas. Saint Just deseaba utilizar el secuestro de los bienes de los sospechosos en un vasto plan de reforma social: Entregar y repartir aquellos bienes entre los indigentes para transformarlos en pequeños propietarios a expensas de los despojados por enemigos de la república. Se formaron listas de patriotas indigentes y se hizo la calificación de los detenidos sospechosos, con el objeto de llevar a la práctica dicha medida. Después de los bienes del clero, de los bienes de los emigrados, la revolución se apoderaba de todo lo que pertenecía aún a sus enemigos. La venta de las dos primeras Categorías había aprovechado a los que tenían con qué comprar. Ahora se iban a distribuir gratuitamente los bienes de la nueva categoría a los patriotas indigentes. Había 300.000 sospechosos, o sea, trescientas mil familias amenazadas de expropiación. Esta realidad se vuelve contra Robespierre y ayuda a su caída. No fue comprendido ni seguido ni aún por los mismos que deseaba contentar. Las masas analfabetas y miserables hacia quienes inclinaba su solicitud, eran meras espectadoras de acontecimientos y medidas que no comprendían en su contenido y alcance.

Durante la Convención y el Terror existió una lucha constante contra la vida cara y contra los acaparadores. Los consumidores, ante el fracaso del gobierno para impedir esta realidad, acusan al "Máximum" (ley que tasaba las mercaderías de primera necesidad) de haber determinado la escasez de las subsistencias, entrabado y arruinado el comercio y lanzado al pueblo a la miseria. El empréstito forzoso de 1.000 millones fue también escamoteado en sus bases, con discriminaciones sibilinas. Los obreros se concertaron y lucharon por lograr la requisición de las fábricas; al final de cuentas se benefició con las diversas medidas tomadas una ínfima minoría de traficantes y especuladores. Saint Just decía: ''Las leyes son revolucionarias; quienes las ejecutan no lo son". Por eso que el pueblo medio permaneció escéptico y desalentado, sobre todo después de cuatro años de crisis trastornos e incertidumbres sin lograr nada efectivo. Por otro lado, una tremenda burocracia revolucionaria agobió a la República, con muchos elementos incapaces, holgazanes y prevaricadores que desacreditaron al gobierno. En octubre de 1793, Saint Just decía: "La República es presa de veinte mil necios que la corrompen, que la combaten, que la sangran". Se dictaron leyes que impidieron en cierto modo estos males, pero no lograron el efecto perseguido. No se pudo suprimir los abusos, regenerar la administración, inspirar el desinterés y la abnegación. El mismo Saint Just afirmaba: "Si se echa a un bribón de una oficina, entra a otra".

LA REACCION TERMIDORIANA

13. Todos estos problemas y trastornos crearon una oposición que tuvo por móvil el miedo, pues la guillotina funcionaba sin cesar. El 9 Termidor resultó, en gran parte de la oposición que tuvo por cimiento el temor, dirigida desde la Convención por Fouché, Tallíen, Barras y en el seno del Comité de Salvación pública por Billaud-Varenne, Carnot y Collot d'Herbois. Y es que el Terror se había deshonrado al transformarse en un vulgar puñal para herir a los mejores ciudadanos, debido a la desunión y a las pasiones individuales imperantes sobre el bien público y las necesidades nacionales. Así se produce una verdadera orgía de sangre. El 9 Termidor no fue solamente fatal para la consolidación de la democracia en el interior del país; también prolongó la lucha en el exterior y precipitó a Francia en una política conquistadora que la haría aborrecible para los demás pueblos y finalmente la agotaría. Por otra parte, la no resolución de los problemas económicos fundamentales que afectaban a las masas explica el éxito de este golpe. "Ciertamente, la imagen de la Revolución Francesa vista como una especie de combate perpetuo entre aquellos "que no tenían nada" y aquellos "que lo tenían todo"; es muy simplista e ingenua, pero es verdad el hecho de que la opinión popular encontraba escandalosa la conservación intacta de las gruesas fortunas en una época en que no se cesaba de hablar de fraternidad y de igualdad, época en que el pueblo oía periódicamente alabar su heroísmo, su abnegación y su virtud, que permanecían siempre sin recompensa, y de lo que resultaban choques periódicos bastantes violentos que debían finalmente ser fatales a uno de los adversarios". (Gerard Walter).

Hija de la guerra y de sus sufrimientos, arrojada a la fuerza a un Terror contrario a sus principios, la República, no obstante sus prodigios, no era en el fondo más que un accidente. Apoyada en una base cada vez más estrecha, no fue comprendida incluso por aquellos que quería incorporar a su vida. Las leyes más rigurosas son impotentes para cambiar de un solo golpe la naturaleza humana y el orden social. La república igualitaria, sin ricos ni pobres era imposible. No se borran veinte siglos de anarquía y de esclavitud en algunos meses. Robespierre y Saint Just, que querían prolongar la dictadura para crear instituciones civiles y destruir el imperio de la riqueza, lo comprendían bien. El ejemplo memorable de los límites de la voluntad humana en su lucha con la resistencia de las cosas.

LOS CAUDILLOS DE LA REVOLUCION

14. Los grandes dirigentes de la revolución francesa como Mirabeau Danton, Marat, Robespierre y el atrayente Saint Just, han sido motivo de numerosas y completas biografías.

El comienzo y el término de la revolución lo representan muy bien dos políticos corrompidos, de origen noble al servicio de la burguesía: Mirabeau, el hombre más notable de la Asamblea Nacional Constituyente y Barras, el principal artesano de la reacción termidorianas y del Directorio.

Mirabeau ha sido analizado magistralmente por Louis Barthou y, más recientemente) por Pierre Dominique ("Mirabeau", publicado en la editorial Flammarion) y por Antolina Vallentín ("Mirabeau avant la Révolution" publicado en la Casa Grasset). Mirabeau es el político por excelencia aunque de costumbres depravadas, incapaz de separar sus intereses de los de la Nación. Horriblemente feo, tenía sin embargo, un gran poder de seducción, de tal suerte que las mujeres ocupan un lugar enorme en su existencia. Parte de su vida la pasó encarcelado (Cháteau d'If, Cháteau de Joux, Vincennes) o en el destierro (en Holanda e Inglaterra) acosado por los acreedores y por su padre. Mirabeau encarna al hombre de acción y al político típico, sujeto de compromisos y oportunista: comprado por el gobierno, intriga para impulsar la revolución. Su rol desempeñado y su gran influencia, a pesar de estas condiciones morales negativas, los debe a su indudable talento político y a su gran extraordinaria elocuencia. En cuanto a Barras, situado al término y degeneración de la época revolucionaria las siluetas trazadas de él (por ejemplo, las de Albert Vandal en "L'Avénément de Bonaparte" y de Funck-Brentano en "Scénes et tableaux de la Révolution") concuerdan en presentarlo como un hombre corrompido, podrido de vicios, conocedor de vinos, de mujeres y elegancia; traidor y mentiroso, que se vendía a todos y que a todos engañaba. Era un alma vil en un cuerpo bello y varonil; enredador, agiotista y ladrón, entró a la Revolución desnudo como Job y al final del régimen se ahogaba en oro. Fue un político sin escrúpulos, experimentado, que actuaba con prontitud y decisión, no con discursos ni guiado por una doctrina, sino movido por sus exclusivos intereses particulares y su provecho personal.

El punto alto de la revolución lo representa Robespierre, el "incorruptible", quien encarna las cualidades opuestas a las de Mirabeau y Barras. Robespierre ha sido motivo de estudios notables debido a Mathiez, Walter y varios más. De ellos se destaca como un revolucionario sincero, dominado por una exigencia de pureza y una sed de integridad política, sacrificándolo todo por el interés público. Exclama: "en el sistema de la revolución francesa lo que es inmoral es impolítico, lo que es corrompido es contrarrevolucionario". Robespierre vivía sobriamente y murió pobre, tal cual había entrado a la lucha. Sus deseos fueron los de instaurar un orden político más fecundo y, principalmente, regenerar el Individuo y el género humano.

Barthou y Walter han dedicado un estudio excelente a Marat, cuya compleja personalidad, surge con caracteres muy favorables si se la compara con la tradición de horror y crueldad en que se le ha envuelto a menudo. Fue el sincero e intransigente "amigo del pueblo", tal como él se vanagloriaba. El mismo Gérard Walter ha tratado la vida de Hebert, a quien juzga con mucha indulgencia, en una reciente biografía: "Hebert et le Pére Duchesne". Saint Just, el joven e irreductible revolucionario, guillotinado a los veintisiete años, mereció una notable biografía de Emmanuele Aegerter. En los últimos meses apareció una obra de Jean Graben: "Oeuvres de Saint Just", en la que traza una semblanza de él y recoge algunos de sus escritos más representativos. Saint Just fue un revolucionario sincero a intrépido y su acción estuvo conformada a su célebre frase: "El secreto de la revolución está en la palabra: atreveos".

En cuanto al gran tribuno Danton el propugnador de la audacia permanente para enfrentar a los enemigos de la revolución, ha sido motivo de completos estudios entre los cuales sobresalen los de Albert Mathiez y Louis Madelin.

15. Otro gran dirigente, aunque su figuración en los momentos cumbres no fue tan brillante como la de los mencionados, que merece una semblanza más detenida en razón de sus hechos, ideas y posición, es Gracchus Babeuf. No hace mucho en París, en una nueva colección histórica titulada: "A la lumiéré des textes oubliés", que tiene por objeto la reedición de obras olvidadas o desconocidas, se ha publicado la obra de Babeuf: "Le probleme social paysan pendant la Revolution" con introducción y comentarios de Jean Auqer Duvignaud.

François Noel Babeuf nació en Saint Quentin el 23 de diciembre de 1760. Desde temprano tuvo que trabajar y proveer a sus necesidades, haciéndolo en casa de un feudista en Noyon y Roye. Esa clase de personas se dedicaban al mantenimiento y vigilancia de los derechos patrimoniales, feudales y de los censos. Después abrió por su cuenta un estudio parecido en Roye. En su correspondencia con Dubois de Fosseux (secretario de la Academia Real de Bellas Letras de Arras de la que Maximiliano Robespierre formaba parte) le confiesa que educa a sus hijos en los principios de Juan Jacobo Rousseau, y el 21 de marzo de 1787 le propone el tema siguiente para un concurso: "Con la suma general de los reconocimientos adquiridos ¿cuál sería el estado de un pueblo cuyas instituciones sociales fueran tales que reinara indistintamente entre cada uno de sus miembros individuales la más perfecta igualdad, que el suelo que habitaría no fuera de nadie sino que perteneciera a todos; que, en fin, todo fuera común, hasta el producto de todos los géneros de industrias"? En 1789, por su instigación, fueron quemados los archivos feudales de Roye y él fue quien redactó los "Cuadernos de Quejas y Peticiones" de la Bailía donde se reclamaba la abolición de los feudos, el rescate de los censos, la supresión del derecho de mayorazgo, la substitución de los impuestos de diversa naturaleza, que existían, por una contribución única, y, finalmente la creación de una educación nacional. Publicó "Le Cadastre Perpetuel" ("El Catastro Perpetuo"), cuyo discurso preliminar es un verdadero programa político y financiero. Fue encarcelado en Roye por hacer adoptar peticiones en contra de las ayudas y de las gabelas; llevado a París salió en libertad por la intervención de Marat. En Noyon sacó a luz "Le Correspondent Picard" "El Corresponsal Picardo") por el que sufrió una nueva prisión en 1791. En 1792 fue elegido administrador del Somme y después del distrito de Montdidier, donde se vio envuelto en un asunto obscuro, en 1793, siendo condenado, se fugó; pero fue arrestado; para ser puesto en libertad en julio de 1794. Después de Termidor fundó la "Libertad de Prensa" ("La liberté de Presse"), siendo arrestado, después de cinco meses de clandestinidad, en febrero de 1795. Lo transformó en "El Tribuno del Pueblo" ("Le tribun du peuple"). El mismo cambió su nombre de "Camille" por "Gracchus". Fue transferido a Arras desde donde empezó a preparar la "conjuración de los iguales". Amnistiado, vuelve a publicar su diario, en el que ataca la Constitución del año III, pues los conjurados desean la Constitución de 1793. Fundó la "Societé de la Réunion des amis de la République" más conocida con el nombre de "Sociedad del Panteón", cuyo objetivo era el de derrocar el Directorio y fundar la República de los Iguales. El Directorio hizo cerrar la Sociedad del Panteón por Bonaparte en persona. Entonces Babeuf lanzó, primero, una memoria o panfleto; "¿Se debe obediencia a la Constitución de 1795?" ("Doit-on obéissance a la Constitution de 1795?") y después el "Manifiesto de los Iguales", que exigía una grande y última revolución para establecer la comunidad de bienes. Una excelente organización, cuya red secreta abarcaba los doce distritos de París, preparaba la insurrección contra el Directorio. Fue descubierta por la traición de un afiliad, el capitán Grisel, que la denunció a la Policía. Fueron detenidos sus dirigentes, entre ellos el diputado Drouet (el que había hecho arrestar a Luis XVI en Varennes) quien logró escapar. Los implicados eran sesenta y cinco (dieciocho de ellos ausentes). El proceso duró nueve meses, durante los cuales los acusados se defendieron con valor. Babeuf fue ejecutado el 27 de mayo de 1797. Siete fueron deportados, entre ellos Buonarotti, descendiente del gran artista del Renacimiento quién será el historiador de esta frustrada insurrección insurreccional.

El resumen que hemos hecho de la vida y acción de Babeuf demuestra el carácter avanzado de sus ideas, de tal suerte que con toda justicia se le puede considerar un precursor genuino del socialismo revolucionario posterior.

16. La Revolución de 1789 no fue un movimiento socialista. El único movimiento de esa tendencia fue la Conspiración de los Iguales, acaudillada por Babeuf en 1797: contra el Directorio, que fue vencida y aplastada. Militó en esas mismas ideas otro curioso revolucionario de apellido Lange, el que siendo funcionario municipal de Lyon, en 1792, propuso todo un sistema de nacionalización general de las subsistencias, en un folleto titulado: "Medios simples y fáciles para lograr la abundancia y el justo precio del pan". (Michelet considera a Babeuf y a Lange los precursores del socialismo moderno).

Los propietarios, la burguesía y los campesinos acomodados fueron los que sacaron provecho de la revolución. Precisamente, los rasgos distintivos de la revolución agraria elaborada durante ese proceso fueron la emancipación de la agricultura de las restricciones de un feudalismo anticuado y la transformación del campesino cultivador en propietario independiente. Desde la revolución, la unidad de propiedad agraria en Francia es pequeña, de tal suerte que se transformó en un país de campesinos propietarios. Mientras el número de propiedades agrícolas es de cinco y medio millones, el número de trabajadores agrícolas es de tres y medio millones. Por otra parte, nada ganó el trabajador industrial, obrero sin propiedad, al que ni siquiera se le permitió asociarse (la Ley Chapelier declaró ilegales las asociaciones de trabajadores, situación que reforzó el Código de Napoleón y otra Ley en 1834), ni tampoco se benefició con la estéril libertad que la Declaración de los Derechos del Hombre afirmaba ser suya por ley natural. La ley controlaba sus movimientos por medio de reglamentos a la vez que prohibía estrictamente su asociación, de tal modo que se enfrentaban indefensos a sus patrones en las disputas industriales. De ahí que la revolución haya consagrado solamente el triunfo de la burguesía, de sus reivindicaciones y de su dominio, de su ideario filosófico, económico y político: el liberalismo, concretado en el régimen democrático-burgués. El resultado incompleto de la revolución toda vez que las clases feudales (nobleza y clero) fueron vencidas y eliminadas del poder para dar paso a la ascensión de la burguesía, dejando siempre al margen del Estado y de la Economía a los trabajadores (obreros industriales y jornaleros agrícolas), provocará una nueva pugna de clases que dividirá interiormente las sociedades: burguesía versus proletariado. La primera defendiendo sus privilegios y su control del gobierno., de sus instituciones y legislación protectora; la segunda luchando por avanzar y ascender para obtener la satisfacción de sus reivindicaciones hasta llegar al gobierno e imponer su dominación a fin de consagrar política y jurídicamente su hegemonía.

En 1848 se produjo el primer estallido violento de esta gran pugna clasista. Es aquí cuando aparece actuando, en primer plano, la clase obrera con sus aspiraciones propias y definidas, con un programa socialista y con dirigentes salidos de sus filas, movilizándose para conseguir el establecimiento de una democracia económica y social. Fue vencida, pero, desde este año hasta el presente, a lo largo de un siglo, las luchas enconadas entre la clase obrera y la burguesía caracterizan a la sociedad moderna y le dan su dramático contenido. A través del estudio de la gran revolución francesa, como posteriormente de la del año 1848 y, luego, de todo el desarrollo político del gran país galo, se destaca la inmensa misión que Francia ha cumplido y cumple en el mundo como creadora y exportadora de ideas. Desde la gran revolución hablar de Francia es celebrar los derechos del hombre y del ciudadano, la dignidad del individuo, el carácter sagrado de la libertad y la acción constante del pueblo por darle la más amplia realización. Francia y su capital, París, son el símbolo de la civilización humanista y de la libertad humana. Si hoy día algo se exige de Francia en medio de sus quebrantos materiales y de las tremendas heridas que le infirió el despiadado invasor nazi, es que permanezca siendo la tierra de la libertad. Y en estos instantes, cuando se alzan sistemas que desprecian la libertad y envilecen al individuo, la misión de Francia consiste en encontrar el punto justo que logre el equilibrio entre lo que hay de inevitable necesario en las formas colectivas de la sociedad y lo que hay de sagrado en libertad de la persona. Sólo en la medida en que ella resista los embates de imperialismos, económico o político, cualesquiera que sean, y en la medida que permanezca fiel a sus tradiciones de libertad, justicia y fraternidad, perfeccionándolas cada día más conservará el lugar eminente que ocupa en el mundo.

Algunos de sus más brillantes escritores del presente consideran que la dignidad de la persona humana está amenazada por el totalitarismo (el fascismo meramente; ahora el comunismo soviético), por el materialismo capitalista y la abdicación de sí de los indiferentes, resignados y derrotistas. De ahí que preciso reaccionar contra tales enemigos hasta conseguir que una nueva sociedad sea construida para lograr la liberación total de la persona humana, por medio la acción de todos los individuos en la que se cambie la base material de la propiedad y se obtenga la transformación del burgués y el proletario en un tipo de hombre y de Humanidad.

J.C.J

Publicado originalmente en la revista OCCIDENTE N° 40, noviembre de 1948

 


El punto de vista católico sobre la revolución francesa ha sido presentado, recientemente, con seriedad por And Latreille en su obra: "L'Eglise catholique et la Révolution Francaise", a base de una documentación abundante, en parte obtenida de las fuentes del Vaticano. No obstante, no agrega mayores datos a lo ya presentado en este aspecto.

Véase el análisis de Gérard Walter en su "Historia del Terror" (1793-1794), aparecida hace algunos años Walter desmenuza en la primera parte de su libro los diversos aspectos de la obra de los revolucionarios, los obstáculos que encontraban a su paso; la acción constante del pueblo para aliviar su miseria los graves problemas de la escasez de subsistencias, provocada especialmente por los acaparadores, del alza constante del precio de los artículos de primera necesidad, de la venalidad de la justicia; de la formación de una vasta burocracia revolucionaria, etc. En la segunda parte estudia la repercusión del Terror en los pequeños lugares rurales, ciudades de provincia y centros industriales de las distintas comarcas de Francia.

El pueblo socialista debe sentarse adelante
Escrito por Marcela Espinoza Silva   
04-12-2014 a las 10:24:57

El pueblo socialista debe sentarse adelante


Cuando se nos ocurre a los nacidos en el 80 hablar de violación a los derechos humanos en la dictadura, manifestamos un pudor extraño de "no haber vivido", de "no haber estado" ni siquiera cerca de esas vivencias; escuchamos atentamente los relatos de nuestros compañeros y compañeras, de los que se han atrevido a hablar, de esos más de 30.000 que en condiciones precarias se acercaron a contar lo que les habían hecho los esbirros de la dictadura por ser de la UP, familiar, amigo de un militante o haber dicho "yo no puedo fusilar a mis vecinos con los que juego a la pelota todos los domingos"; y que finalmente se materializó en el informe Valech.

El pudor continúa, si es que no tuviste a alguien torturado dentro de tu familia o tu círculo cercano, como es mi caso, pero más pudor te da cuando escuchas a algunos de los tuyos manifestar que debemos "tratar de olvidar esos relatos para avanzar".

Como dice el memorial a los ejecutados políticos y detenidos desaparecidos del Partido Socialista en Santiago: "La presencia real de dolor no tolera el olvido"... pero en verdad, ¿quien está permitiendo el olvido?

Recuerdo el pasado 11 de septiembre, donde ingresamos al ejecutivo nuevamente y comenzaron las conmemoraciones de parte del gobierno, como lo fue el acto en la moneda, o los actos en cada región -lo que se agradece profundamente, debido al compromiso que debe demostrar el Estado con la memoria y con la protección a los derechos humanos de su pueblo- pero ¿donde estaban, algunos y algunas, el año anterior, o el anterior, o el anterior?

La base socialista, el pueblo socialista, ese que fue torturado en dictadura y que sostiene cada elección, sea presidencial, municipal, o la que sea necesaria desde los 90, que no te acepta dinero ni para la micro, por que "es nuestro deber compañera", era el que estuvo el año anterior, anterior y anterior; es el que nos reclama que los "olvidamos"; es el mismo que invitamos a las ceremonias de conmemoración y los sentamos atrás, "donde no se vean", o simplemente no los recibimos porque "molestan"

El domingo pasado, nuevamente entraron a robar a la Sede Regional Valparaíso del Partido Socialista de Chile, y ¿saben que robaron? los tubos de gas, las herramientas de trabajo de Pedro Pardo (carpintería) y un notebook de Luis Cáceres, le robaron al GAP, al centro cultural que mantiene viva la memoria socialista, la que le da vida a un espacio que se encuentra en absoluto abandono del nivel central y regional. Una sede con una historia hermosa, que cobijó a Allende en varias oportunidades, donde se reunían las organizaciones sociales de la comuna y la región, y que fue comprada con los aportes de sus propios militantes.

La memoria no tiene que ver solo con juntarnos en fechas importantes para nuestro quehacer político socialista, la memoria tiene que ver con el ejercicio político diario, el trabajar, el expresar, el difundir, el pensar, materializar y fraternizar desde el espacio que nos tocó estar y con el orgullo de representar una historia con dolor, pero con mucha gloria a la vez.

Reclamo, como militante, como comité central, la despreocupación permanente por estos detalles, por como les permitimos, a un puñado de esos que no estuvieron, que manejen el olvido.

Les pido, compañeras y compañeros, que no olvidemos lo que somos, de donde venimos y quienes son nuestros verdaderos adversarios. No permitamos nunca más, que los jóvenes olviden como se recuperó la democracia, luchando en la calle, sin acuerdos (como muchos creen), perdiendo vidas, perdiendo familia, hijos, hermanos, tíos, tías abuelos, abuelas; no permitamos nunca más que los viejos olviden que los jóvenes los queremos y los respetamos, que son nuestro ejemplo y que nos enorgullecen, no permitamos nunca más que nos traten de hacer olvidar a quienes murieron.

Más allá de las diferencias, lo que realmente importa es defender nuestro patrimonio y levantarnos pensando en como forjar un futuro más justo y digno para nuestra patria.

El pueblo socialista debe sentarse adelante.

Fraternalmente,
Marcela Espinoza Silva
Comité Central V región
Partido Socialista de Chile

 

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