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Escalona raya la cancha
Escrito por Juan Andrés Quezada/Qué Pasa   
30-11-2012 a las 07:41:07

"Un sector significativo de los empresarios piensa que la alternativa de recuperación del sistema político está en Bachelet", dice el presidente del Senado, convertido en figura de consenso en la política chilena. El senador PS cuestiona la "farandulización" de sus colegas y exige unidad en la oposición: "O nos entendemos y respetamos o esto no es viable".

La tarde del lunes, durante el lanzamiento del libro Democracia con Partidos -editado por Francisco Javier Díaz y Lucas Sierra-, la presentación de Camilo Escalona fue la más aplaudida en el Centro de Estudios Públicos (CEP). Después vino el cóctel, y el presidente del Senado continuó recibiendo felicitaciones de Leonidas Montes, René Cortázar, Vittorio Corbo y de varios estudiantes que lo rodearon para requerir más detalles del crudo análisis sobre la política chilena que había realizado minutos antes.

El senador PS se ha convertido en el último año en un "hombre de consenso". Ha sido puente entre la oposición y el gobierno, y ha tejido redes hacia el mundo empresarial. Esta semana, además de participar en el foro en el CEP, fue uno de los invitados estrella en el encuentro de Enade.

Escalona también se ha convertido en una de las figuras más influyentes del entorno de Michelle Bachelet. A partir de su rol, dice que la ex mandataria es la única que puede garantizar la estabilidad social al mundo empresarial. Para él, Bachelet puede hacer un "cambio con estabilidad". Sin embargo, tiene un diagnóstico crítico de la política: afirma que se requieren reformas urgentes y que muchos de sus colegas han "farandulizado" la actividad. Así mira el escenario uno de los hombres más respetados de la política chilena.

-¿Cómo se entiende que los empresarios chilenos alabaran a Lagos y ahora critiquen a la derecha? Pasa lo mismo con usted...

-Hay casos y casos, porque yo he escuchado a algunos articulistas de la derecha que dicen cosas tremendas contra mí. Pero creo que hay una parte de la opinión empresarial que percibe que las reglas de la desigualdad conducen a la inestabilidad, y hay un sector que piensa que si no se hacen los cambios de manera oportuna, que le den a la sociedad chilena una base distinta, a largo plazo la actual convivencia nacional no se va a poder sostener.

-¿Por qué usted cree que Bachelet daría garantías de estabilidad al mundo empresarial?

-Bachelet es la que da garantías de enfrentar las reformas que hacen falta sin generar inestabilidad, porque Chile no puede seguir en la inercia y tiene que enfrentar cambios. Son reformas necesarias que se viabilizan sobre la base de una mayoría nacional que las lleve a cabo y que, siendo reformas en el largo plazo, generan mayor estabilidad en el país. Y no hay otra figura política que no sea Bachelet para enfrentar esa tarea. Por el contrario, hay otras figuras que ofrecen cambios, pero no tienen la capacidad de representar la necesaria articulación con la estabilidad del país. Acá se necesitan cambios que garanticen al mismo tiempo estabilidad.

-¿Entonces cree que para los empresarios sería importante que vuelva ella?

-La derecha fracasó en darle legitimidad a la estabilidad del país. Centenares de miles de personas han salido a reclamar y han acentuado su distancia del sistema político del país bajo el gobierno de la derecha. Con el actual descrédito que tiene la política, el país no tiene viabilidad futura. Y de eso se dan cuenta los empresarios, de manera que un sector significativo de ellos piensa que la alternativa de renovación y de recuperación de la fuerza del sistema político está en Bachelet.

-A su juicio, ¿cuál es el desafío político?

-El tema de la desigualdad. No podemos pensar en una estabilidad democrática a 10, 15, 20 años plazo manteniendo o incluso profundizándose los actuales grados de desigualdad. El sistema político se va a deslegitimar completamente si esto se mantiene.

-¿Por qué?

-La nuestra es una sociedad profundamente desigual en que ya se hizo un hábito romper las normas. El que tiene poder puede abusar y esa conducta tiene su origen en la desigualdad profunda que hoy día existe en nuestro país. Si no hay un camino de recuperación de los hábitos republicanos, de las normas cívicas del trato humano, la legitimación de la convivencia va a ser irreversible. Si no actuamos pronto esto no tiene solución.

-¿Y cuáles son sus propuestas?

-En Chile hay un millón de potenciales emprendedores que están ahogados por la banca privada y a los cuales el Estado no les presta ningún apoyo. Hay que cambiar la manera de pensar. No se puede sostener el desarrollo futuro de Chile apostando al fortalecimiento de los grandes conglomerados que consiguen enormes masas de capital que luego invierten fuera del país. Falta un cambio en el sentido de la construcción económica. Hago mío el discurso que Adolfo Zaldívar no fue capaz de implementar. Aquí hay que rectificar el modelo, el tipo de desarrollo que estamos pensando para los próximos 20, 30 años.

"se han distorsionado los valores políticos"

En su exposición en el CEP, Escalona afirmó que los partidos hoy se avergüenzan de sí mismos, que los políticos están más preocupados de los temas locales que de ofrecer opciones de gobierno a la ciudadanía y, que a diferencia de todas las profesiones y oficios del país, en la política cada vez hay menos mujeres. Un diagnóstico crítico que, según él, es responsabilidad de los mismos políticos.

-¿Por qué dice que los partidos hoy se avergüenzan de sí mismos?

-Estamos viviendo en una época sumamente distorsionada desde el punto de vista de los valores políticos, porque hay muchos actores que huyen de su propia identidad. Por lo tanto, cómo podemos tener un proceso que permita revalidar la política si los propios actores desconocen lo que son. Este fenómeno de debilitamiento se manifiesta en la ausencia de los símbolos partidarios. No les pidamos a las personas, a los ciudadanos, que valoren la política, cuando los mismos actores no piensan siquiera en reconocerse a sí mismos como actores políticos.

-¿A qué se refiere con eso?

-La tarea de dirigir el Estado tiene luces y sombras. Tiene aplausos, como cuando la autoridad anuncia un bono, donde recibe de inmediato elogios de los más amplios sectores, pero la tarea de gobernar también implica decisiones impopulares, y cuando ésas se toman, se tiende a no dar la cara frente a la opinión pública. Veo que muchos actores políticos buscan hoy popularidad vinculándose con la farándula o con el mundo del deporte, que son respetables en sí mismos, pero muy distintos a la política. Muchas veces parte de mis colegas creen que su función es entretener y no gobernar.

-Su tesis fue muy celebrada en su exposición en el CEP...

-Había varios empresarios, pero mayoritariamente eran estudiantes que piensan distinto a mí y acogieron el punto de vista que yo presenté. Aunque soy una figura política que muchas veces ha sido denostada por su condición de "político", me estimula seguir insistiendo en que los partidos existen para dar respuesta a los desafíos nacionales.

-A su juicio, ¿no lo están haciendo?

-Creo que en la búsqueda de popularidad los partidos políticos se han sumido en temas locales, particulares, en demandas de grupos específicos. Hay un notorio debilitamiento del sentido político nacional. Éste es un fenómeno que ya se alarga durante un largo tiempo, y que se acentúa con las negociaciones de los cupos parlamentarios y en la formación de las listas para las directivas de los partidos.

-¿Cree que en las presidenciales pueda pasar algo parecido?

-La última elección presidencial tuvo una apuesta exitosa a la despolitización que fue la candidatura de ME-O. Espero que la campaña del 2013 permita discutir proyectos en sociedad.

-¿Cómo fortalecer los partidos?

-Una primera medida es el cambio del sistema electoral por uno proporcional, pero de las consultas que hemos hecho en el Congreso, observo que el actor principal de la derecha, que es la UDI, no está disponible.

-¿Hace unos años usted se hubiera imaginado que iba a ser aplaudido en el CEP?

-Creo que la tarea de lograr la justicia social no se impone con una minoría. Conseguir una sociedad justa necesita mayorías. De manera que si mi preocupación y mi esfuerzo logran concitar una valoración más allá de nuestras filas tradicionales, bienvenido sea. Lo agradezco.

El error de Walker y Teillier

Escalona se refiere como "la polémica de la semana" al enfrentamiento entre los presidentes de la DC, Ignacio Walker, y del PC, Guillermo Teillier, a través de la prensa. Lo minimiza y dice que "la próxima semana la polémica será otra". "Todo esto está relacionado con la negociación parlamentaria. Lo que está ocurriendo acá es que los diferentes actores se están posicionando en la estrechez del sistema binominal y crean el mejor punto de partida para pedir los cupos parlamentarios en la negociación. Yo creo que esta discusión es la punta del iceberg de una turbulenta negociación parlamentaria".

-¿Qué opina de las declaraciones de Walker, quien dijo que no se imaginaba un gobierno de la Concertación con ministros comunistas?

-Yo creo en lo que hicimos desde el año 90 en adelante. El que nombra el gabinete es el presidente. El líder que se elige recibe respaldo político de todos para organizar su gabinete. La Democracia Cristiana y el Partido Comunista insinúan algo que yo no comparto, que es que los partidos van a organizar el gabinete. Eso es fatal.

-¿Qué implica eso?

-Lo que generó la capacidad de la Concertación de gobernar durante 20 años con estabilidad fue que la persona que asumía la Presidencia de la República recibía un mandato pleno para organizar su gobierno. ¿Por qué Piñera tiene un alto grado de fracaso en su gobierno? Porque los partidos se meten en detalles que no se tienen que meter. Los partidos determinan prácticamente todo en este gobierno.

-En el gobierno de la Concertación también intervenían.

-No, no, perdóneme. Yo fui presidente de partido reiteradamente, y los partidos mandaban sus nóminas, pero el presidente decidía. Es cierto que se debilitó un poco en el tiempo. Pero como yo creo que Bachelet no es democratacristiana ni comunista, seamos claros: en unos y otros se hace presente la idea que desde los partidos se va a organizar el gobierno. Eso no es así. Las reglas del juego que impusimos desde el comienzo eran el mandato pleno del presidente.

-¿Es secundario el acuerdo con el PC? Ellos siempre apoyan a la Concertación en segunda vuelta...

-No pienso que haya actores de primera ni de segunda. Lo que yo digo es que tenemos que tener un programa en el que nos comprometamos todos. Para mí la esencia de ese programa es la reforma de la sociedad chilena por vía institucional. Reformas económicas, sociales e institucionales, pero sobre la base de garantizar la estabilidad futura de la nación chilena. Si todos compartimos este criterio, perfecto, vamos adelante. El artículo octavo de la Constitución se cayó en 1989, así que el argumento de las exclusiones ideológicas lo rechazo. Lo que aquí se necesita es cohesión política en torno a los objetivos que durante cuatro años se van a llevar a cabo.

-¿Le parece que eso existe ?

-Si la Concertación o la oposición en general, desde democratacristianos hasta comunistas, pretendemos un nuevo gobierno concertacionista, ninguno puede tener pretensiones hegemónicas. O nos entendemos y nos respetamos o esto no es viable.

-Considerando las actuales discrepancias que existen en la oposición, ¿cuáles serían las condiciones para que Bachelet regrese pronto a Chile?

-Yo no veo que tengan que haber condiciones. El liderazgo nacional de Bachelet es a prueba del desorden concertacionista y de la oposición en general.

"No todos quieren primarias"

Cuando a Camilo Escalona se le pide que defina su año a cargo del Senado, le viene inmediatamente una palabra a la mente: agotador. "Por momentos las exigencias, tanto en la calidad como en la cantidad de los desafíos legislativos que hemos tenido, me han resultado agotadoras, pero yo creo que he respondido", dice.

-¿Qué opina de quienes hablan del "nuevo Escalona", por su perfil dialogante?

-¡Je, je! (lanza una fuerte carcajada). No, no...

-¿Y los elogios que le hacen?

-Yo valoro las opiniones positivas hacia lo que uno realiza, porque también hay otros que lo dicen al revés, con mala intención. Como que yo habría dejado de ser lo que soy. No cabe ninguna duda que la tarea de presidir un partido es diferente a la de presidente del Senado. He cumplido cabalmente con una función que me parece políticamente relevante: trabajar para que el Senado lleve adelante su tarea con plenas garantías.

-¿Va a repostular a su cargo?

-Voy a cumplir hasta el último día mi responsabilidad como presidente del Senado, porque cuando asumo una tarea lo hago con responsabilidad, pero, lógico, el próximo año, después de que deje la presidencia del Senado, mi tarea es presentarme a la reelección.

-¿Y si le ofrecieran ser ministro del Interior?

-Ya lo dije: mi tarea es presentarme a la reelección.

-¿Usted está a favor de las primarias en todo sentido?

-A favor en todo, pero no todos quieren primarias.

-Se dice que el PC planteó una fórmula mixta, donde no se realicen primarias cuando exista un parlamentario con liderazgo claro.

-Pero eso es estar de acuerdo con las conveniencias. O sea, quiere asegurar un diputado y que no haya primarias. Asegurar los propios y primarias para los demás. Eso no tiene sustento.

-¿Cómo se imagina las primarias presidenciales?

Percibo un riesgo, porque la desproporción en el apoyo público y ciudadano a Bachelet respecto de los otros candidatos es de tal manera que observo la tentación de jugar con fuego.

-¿Cree que es mejor no hacerlas si la diferencia es tan grande?

-No, no, no. Las primarias son un dato.

-¿Y a qué apunta entonces?

-Hay personas que quieren subir de cualquier manera, incluso rompiendo sus lealtades con las ideas fuerza que han inspirado la coalición.

-¿Se refiere a Andrés Velasco?

-Me refiero a todas las personas que tienen como propósito horadar el prestigio de Bachelet para poder subir algunas comas en las encuestas.

-Pero es legítimo que quieran competir.

-Es legítimo competir, pero no dejar de ser lo que uno ha sido durante toda su vida por algunas décimas en las encuestas.

¿Hacia dónde ha evolucionado el socialismo en Chile?
Escrito por David G. Miranda   
21-11-2012 a las 05:01:14

Abstract

Hasta hace muy poco tiempo, Chile se encontraba gobernado por una coalición política denominada "Concertación de partidos por la democracia", la cual se mantuvo 20 años en el poder, finalizando su etapa "hegemónica" en el poder bajo la administraciónl de Michelle Bachelet, sucesora a su vez del ex presidente Ricardo Lagos, ambos pertenecientes al Partido Socialista de Chile. Este hecho no es menor, si pensamos que el anterior presidente perteneciente a dicho partido, fue Salvador Allende, figura representativa de la izquierda marxista en Chile, y que cayó derrocado por la dictadura encabezada por Augusto Pinochet, en septiembre de 1973.

A partir de dicho momento, se inicia el llamado proceso de "renovación" de los postulados partidistas, en un giro ideológico importante, que determinará el cambio de rumbo del socialismo chileno, antiguamente influenciado por las corrientes marxistas provenientes de la URSS (y posteriormente de la revolución cubana), en un acercamiento a la socialdemocracia de la Europa occidental.

Luego de un proceso de reformulación ideológica, de inserción política a la vida pública del país en la recuperación de la democracia, el partido socialista accede nuevamente al poder el año 2000, asumiendo el desafío de "Crecer con igualdad", (slogan de campaña de Ricardo Lagos), que lejos de cumplirse, terminó por acentuar las diferencias sociales, al aplicar un plan económico excesivamente liberal en uno de los países con peor distribución de ingreso tanto a nivel regional como mundial. Queda entonces manifiesta la contradicción entre los postulados de un partido tradicionalmente progresista en la búsqueda de una sociedad más igualitaria, que al reformular sus postulados, métodos y objetivos, se va alejando de su sentido original y de sus metas actuales.

Este escrito pretende entonces indagar en algunas de las aristas fundamentales de dicha problemática al interior del Partido Socialista de Chile desde una perspectiva histórica trascendental, en la búsqueda de una posible respuesta a la pregunta:

¿Hacia dónde ha evolucionado el socialismo en Chile?

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Contexto histórico

A partir de 1973, luego del Golpe de Estado, el socialismo chileno inicia un profundo proceso de transformación, más conocido como "renovación" o "socialismo renovado". Me refiero más precisamente al Partido Socialista de Chile (PSCH), conglomerado que históricamente fue creando vínculos con diversas agrupaciones socialistas e izquierdistas del país, en la búsqueda de formar un frente amplio de apoyo popular, como fórmula para llegar al poder.

La influencia del marxismo tradicional, desde una óptica leninista, fue un factor en común de la izquierda chilena, desde 1933 (año de fundación del PSCH), que se vio reflejado en alianzas con el PC hasta 1973. Aún así, un factor continuo de la historia del PSCH, han sido las fuertes disputas internas de carácter ideológico, sobre conceptos como la vía armada o la vía democrática para acceder al poder, la idea de revolución, la lucha de clases, o la interpretación que se debía hacer del marxismo.

Precisamente esos conceptos fundamentales del "socialismo tradicional" fueron algunos de los principales puntos que se pusieron en crisis desde el inicio de la llamada "renovación", que no casualmente se inicia luego de un golpe de estado, que fue el punto de partida de un proceso profundo de autocrítica por parte del PSCH, desde sus puntos de vista ideológicos sobre la revolución clásica (con una clara referencia bolchevique) y los mecanismos para alcanzarla, en relación a la importancia de la democracia como sistema no dogmático que garantizaría estabilidad y gobernabilidad al interior de una sociedad.

Evidentemente, dicho giro ideológico no estaría exento de controversias y disputas al interior de la colectividad, al punto de producirse en 1979 un cisma que dividió el partido en el llamado Partido Socialista "Almeyda" (liderado por Clodomiro Almeyda), de orientación marxista tradicional, y el Partido Socialista "Renovado" (representado por la dirigencia de Carlos Altamirano). Posteriormente, con el advenimiento de la democracia, en 1990, ambos sectores se re-unificaron en la búsqueda de una mayor fortaleza electoral.

La Renovación

El primer elemento significativo del proceso de renovación tiene relación con el reconocimiento de la democracia como elemento fundamental para la construcción de una sociedad. Dicho sistema político fue despreciado durante un largo período por sectores del socialismo chileno, claramente influenciados por las doctrinas leninistas de interpretación del marxismo, llegando a considerar la democracia como "un instrumento de poder de la burguesía, al interior de un sistema capitalista" [1], además de ser vista como un aspecto estrictamente "formal", tanto así que en 1946, Víctor Haya de la Torre señala sobre los socialistas chilenos: "Ellos desprecian la democracia, porque no les ha costado nada adquirirla. Si sólo conocieran la verdadera cara de la tiranía" [2]. Indudablemente, el impacto de la dictadura militar en Chile, produce un replanteamiento teórico e ideológico en cuanto a la democracia como sistema, como una consecuencia directa de los atropellos a los derechos humanos, poniendo en el tapete el tema democracia v/s autoritarismo.

Según Carlos Altamirano [3], máximo dirigente del partido en esa época, el gran error del PS chileno fue no haber comprendido la especificidad de Chile en cuanto a su evolución política y social, al ser uno de los países con mayor tradición democrática en América Latina, con un fuerte sentido republicano, y un orden institucional que consideró desde sus inicios la sujeción del poder militar al poder civil. Altamirano señala además: "el socialismo chileno no se preocupó ni teorizó sobre la cuestión de la democracia", acercándose más al socialismo proveniente de la Revolución Cubana. Desde esta perspectiva, el elemento autocrítico de los dirigentes del PSCH fue tal que, más que considerar la caída del gobierno de Allende como una "derrota" se habla abiertamente de "fracaso", en cuanto no fueron capaces de mantener una estabilidad que garantizara la paz social, ni de aglutinar un apoyo popular que fuese definitorio. Dichos dirigentes, exiliados en el período de la dictadura recibieron la influencia del socialismo de países de Europa occidental, abandonando sus antiguas influencias soviéticas de corte leninista en plena "crisis del marxismo" al interior de Europa.

El contraste entre el socialismo de Europa Oriental y el de Europa Occidental, fue un factor que contribuyó al proceso de renovación, al verse dichos dirigentes inmersos en una realidad heterogénea en cuanto a los procesos políticos: el surgimiento del "eurocomunismo" en Italia, la crisis de los llamados "socialismos reales" (o clásicos) representada en Polonia entre 1979 y 1981, y el nacimiento de nuevos gobiernos socialistas en España, Portugal y Grecia, en una expresión de un socialismo "post autoritario" , fue un hecho que llamó poderosamente la atención de los socialistas chilenos en un proceso de reafirmación democrática. La renovación del socialismo chileno consideraría entonces a la democracia como un "valor en sí", como "un ideal y como una experiencia, la mejor de nuestra historia nacional" (Grupo de convergencia socialista), como un "método indispensable de la transformación deliberada, colectiva y pública de nuestras sociedades" (Norbert Lechner), entre otras definiciones. Se configura entonces la democracia como "espacio y límite" para la acción política, rechazando toda forma de autoritarismo, adquiriendo una forma de hacer política, más tentativa, alejada de cualquier dogma o "verdad revelada", postulando al socialismo más como proceso (o punto de partida) que como fin.

El núcleo más importante del socialismo chileno en el exilio, fue en Roma, donde se funda la revista "Chile-América". Algunos de sus integrantes fueron Jorge Arrate, José Antonio Viera-Gallo y José Miguel Insulza, entre otros, quienes formaron alianza con el PCI y Berlinguer, acercándose además al pensamiento de Antonio Gramsci, de decisiva influencia en aquel momento, consolidando su alianza con los partidos socialistas y socialdemócratas europeos. Otro punto importante del proceso de renovación es el abandono del leninismo, por considerarlo incompatible con las prácticas democráticas, alejándose absolutamente del concepto soviético de la "dictadura del proletariado".

Es importante señalar que la dirigencia socialista chilena considera que la socialdemocracia europea es una experiencia que no puede transplantarse mecánicamente a una realidad tan distinta y específica como la de América Latina en general, y la chilena en particular, pese a compartir el principio de perfeccionar la democracia liberal. Se eleva entonces la tesis de la "tercera vía", una opción distinta a la comunista y a la socialdemócrata, considerando especificidades del socialismo chileno.

El concepto de revolución se verá transformado por el proceso de renovación al interior del socialismo chileno, ya que si bien no se abandona por completo, se considera como generador de tensiones respecto del sistema democrático, adoptando de forma más asentada el concepto de "reforma" o "transformación" , rechazando la clásica concepción bolchevique de revolución como método de conquista del poder. En palabras de Lechner: "los desafíos de la democratización parecen haber superado los desafíos de la revolución". Según José Joaquín Brunner, "la democracia es un sistema sujeto a incertidumbres, no tolera conquistas irreversibles" (aludiendo al concepto de revolución), y recalca: "sólo cabe hablar entonces de un socialismo post-revolucionario". Pese a los dichos de Brunner, el concepto de revolución está muy arraigado en el socialismo chileno ligado a las bases, ante lo cual un alejamiento total del concepto no será algo simple, Ricardo Nuñez apela a la revolución como un "proceso en continuo desarrollo, en que las capas más desposeídas tienen que ir siendo capaces de ganar el conjunto de la sociedad: ser por lo tanto, mayoría efectiva y real para ir logrando las transformaciones más profundas". Por otro lado, Jorge Arrate se resiste a abandonar el concepto de revolución señalando: "el socialismo es revolucionario por los fines que persigue, y estos fines no son otros que la transformación de la vida social".

Sin duda, un elemento central del socialismo tradicional es el marxismo; la pregunta necesaria ante el proceso de renovación es:

¿Qué ocurre entonces con la doctrina de Marx?

Según la declaración de principios de 1933, el socialismo chileno adhiere a un marxismo "corregido y enriquecido por el avance científico y el devenir social"; noción sustituida en la década de los setenta por un marxismo-leninismo más estricto. Con el proceso de renovación queda al menos preguntarse que ocurre con la noción no dogmática del marxismo. La idea de renovación nace precisamente de la "crisis del marxismo", la crítica fundamental apunta a una visión reduccionista de lo social y lo económico dadas las complejidades de la sociedad contemporánea, descuidado lo relativo a las "formas políticas", como la democracia. Según Tomás Moulian (1982b), en la teoría misma del marxismo, "hay un núcleo dogmático. La dictadura como régimen político es una derivación lógica de ésta teoría más que su distorsión" y añade "el marxismo como saber absoluto y el partido como administrador de ese saber contendrían claramente un elemento antidemocrático que haría imposible el pluralismo político". Pero así como ocurre con el concepto de revolución, existen opiniones encontradas al respecto, Brunner señala "el marxismo es un ingrediente de la cultura socialista", y muestra la necesidad de adoptar un marxismo "crítico, en permanente búsqueda y creación, abierto al aporte de otras vertientes teóricas y culturales, contrario a toda manipulación dogmática y a todo congelamiento de su esencial contenido revolucionario".

Si bien no se abandona totalmente la ideología marxista, ya no se le considera como central en el socialismo chileno actual, hay un intento por desacralizarlo como dogma, rompiendo su codificación tradicional y apelando a las pretensiones científicas del marxismo, admitiendo nuevas realidades que se contrapongan a los planteamientos originales. El socialismo se abre a nuevas perspectivas ideológicas, algo señalado ya en 1983: "no es necesario ser marxista para ser socialista" [4]

La renovación socialista busca entonces una síntesis entre socialismo y democracia (con énfasis en la democracia), socialismo definido por Arrate como "orden social de la justa diferencia", en su discurso a la vuelta de su exilio, dando señales de una de las aspiraciones políticas centrales de la renovación del socialismo: reformar, o perfeccionar la democracia liberal, descartando la tesis de las dos fases: una de revolución democrática burguesa y otra de revolución socialista. Así, en un documento publicado en Chile-América [5] se señala: "Nuestro norte en concreto: edificar el socialismo en Chile, contribuyendo a generar una sociedad donde la democracia se profundice y amplíe día a día, dando lugar al ejercicio más pleno y efectivo de la soberanía popular" . Otro documento señala [6]: "el socialismo recoge las conquistas políticas de la burguesía para darles plenitud de sentido humano".

El retorno a la democracia y los gobiernos socialistas

En 1990, luego de la vuelta a la democracia por la vía electoral, el Partido Socialista vuelve a la legalidad, con aires "renovados" y nuevas aspiraciones y objetivos. Luego del plebiscito de 1988, donde la soberanía popular decide el fin de la dictadura, en 1989 sería la elección presidencial que definiría al presidente del llamado "gobierno de transición" a la democracia. Se forma entonces la Concertación de Partidos por la Democracia, coalición formada por los partidos progresistas tradicionales del espectro político chileno, con excepción del Partido Comunista. Estos serían, la Democracia Cristiana, el Partido Socialista, el Partido Radical y un nuevo partido "instrumental" creado precisamente por la dirigencia socialista: El Partido por la Democracia (PPD). La sola creación de dicha colectividad, pone de manifiesto las nuevas intenciones del socialismo chileno, que bajo una nueva "imagen pública" formaría una alianza con un partido sin historia, pero con altas pretensiones políticas. De hecho, muchos de los integrantes del PPD, mantuvieron por largo tiempo una "doble militancia" PS-PPD, hasta 1999; posterior a eso, dicha militancia fue exclusiva de Ricardo Lagos, como líder político del sector.

El Partido Socialista de Chile retornaría al poder precisamente al mando de Ricardo Lagos, a partir del año 2000, manteniendo su alianza con la Concertación, y precedido por dos gobiernos demócrata cristianos, el de Patricio Aylwin (1990-93) y el de Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994-1999). Dichos gobiernos se encargaron de profundizar la apertura económica del país, generando alianzas con los mercados más importantes del mundo, con la idea de mantener un crecimiento económico sostenido del orden del 5% al 7%. Durante diez años no se hicieron transformaciones profundas en cuanto a la estructura del estado ni en cuanto a la estructura de la economía, por lo que los niveles de cesantía se mantuvieron cercanos al 7% y los niveles de desigualdad no variaron mayormente. Pese a esto, las "cifras azules" del crecimiento económico muestran el alto nivel de acumulación por parte del 10% más rico de la población.

Al llegar el año 1999, tras casi una década de "transición democrática" (calificada como "eterna" por Marcel Claude), llega la oportunidad para el Partido Socialista de subir nuevamente al poder. Ricardo Lagos, con el lema "Crecer con Igualdad" asoma como la gran esperanza para un pueblo azotado por una de los peores índices de distribución de ingresos de la región, y nada menos que la nº 12 en el mundo [7], superado sólo por países como Namibia, Botswana, Sierra Leona, Swazilandia, Brasil, Nicaragua y Paraguay, entre otros. La tesis de "perfeccionamiento de la democracia liberal" tenía una oportunidad histórica, en un país con una tradición socialista y democrática no menor. La "tercera vía" estaría a prueba luego de ser electo presidente con un estrecho 51% de las votaciones en la segunda vuelta contra Joaquín Lavín.

Justamente, bajo el mandato de Ricardo Lagos es que cabe preguntarse cuales serían las "especificidades" del socialismo chileno o de la "realidad chilena" en particular, que harían de un socialismo en Chile algo diferente de los modelos socialdemócratas europeos. Claramente existen determinantes económicas en el modelo de desarrollo chileno que inciden en el comportamiento de la economía y de la desigualdad, por lo que se esperaba del Partido Socialista era precisamente aquello que sus antecesores no pudieron cumplir. En primer lugar, una profundización en el modelo democrático heredado de la dictadura, diseñado como una "democracia protegida" (del marxismo) con un sistema binominal de elección parlamentaria, un porcentaje de senadores institucionales o "designados" por parte de las FFAA, y la inamovilidad de los comandantes en jefe de las mismas. Dicha tarea sólo quedó hasta la mitad, puesto que el sistema binominal prevalece hasta el día de hoy, eliminando la posibilidad de una representatividad total de los diversos sectores políticos del país. (es el caso del PC, que no ha vuelto a tener representación parlamentaria hasta el 2010, pese a una votación del orden del 10%), generando un "dúopolio político" casi inamovible.

Por otro lado, el gobierno de Ricardo Lagos, lejos de aplicar la tesis económicas del brillante economista de los 70, que explicaba como la concentración del poder económico aumentaba notablemente la desigualdad social, contribuyó a que dicha concentración aumentara ostensiblemente, tanto así que en su último encuentro con el sector empresarial, el mismo Ricardo Lagos señaló: "me voy con más amigos de con los que llegué", mostrando satisfacción por su contribución a dicho sector, que alcanzó el 2001 un 40% del PIB, cifra altísima si consideramos que el 51% del PIB es producto de la explotación cuprífera. Lo que demuestran las cifras es que no se realizó ninguna transformación productiva que pudiese tener algún efecto de redistribución de ingresos, sino más bien se asentó una economía neoliberal extremadamente abierta a los capitales extranjeros, no industrializada y absolutamente dependiente de los mercados internacionales. Dicha política incidió en el aumento de la cesantía de un 7% a un 11% desde 1995 al 2005, provocando la quiebra de numerosas pequeñas empresas, y un notable aumento en la desigualdad social.

Si bien los indicadores de pobreza muestran una disminución sostenida, debemos considerar que una persona es considerada pobre en Chile si gana menos de $44.000 (pesos chilenos, unos 100US$), si la misma persona gana $45.000 (102US$), deja de ser considerada pobre. Claramente, en una economía pujante como la chilena, esto ha sido posible para gran parte de la población, aunque no por eso han logrado satisfacer sus necesidades básicas de buena forma. Como referencia adicional, tomemos en cuanta que el sueldo mínimo legal en Chile es de $125.000 (unos 300US$), cifra poco decorosa, ante lo cual la iglesia se ha manifestado, señalando que con el nivel de acumulación que existe en Chile, el "sueldo ético" para llevar una vida digna debiera ser al menos de $250.000, llevando a la discusión pública nuevamente el tema de la distribución. Esto luego de dos gobiernos socialistas.

Claramente, el Partido Socialista de Chile no ha sido capaz de plasmar sus principios "reformadores" de la democracia liberal para "darles un sentido más humano", no ha llevado a cabo un plan de "transformación de la sociedad", sino más bien ha continuado la línea de los gobiernos liberales de las últimas décadas, perdiendo respaldo popular y credibilidad tras numerosos episodios de corrupción (al igual como ocurrió con el PSOE español en la década de los noventa), y algunos rasgos autoritarios en sus políticas respecto de las minorías étnicas y políticas del país (contando ya con dos sanciones de la ONU por los derechos indígenas). Esta situación no pasa desapercibida al interior de una colectividad que luego de su proceso de renovación se encuentra en un permanente proceso de transformación política e ideológica, buscando interpretar la realidad de una sociedad tan compleja como la chilena.

El gobierno de Michelle Bachelet, continuador de la labor de Ricardo Lagos, se vio afectado por una notoria baja de respaldo popular, cuya cifra llegó al 61% al terminar el gobierno de Lagos y en menos de dos años ha bajos a cifras tan bajas como el 38% (similar a la cifra de Allende cuando asumió el poder, y que no fue suficiente como para tener un "poder real" fundamentado en el apoyo popular). Nace nuevamente un periodo de autocrítica, que se esfuma al llegar la crisis financiera mundial, desde donde la gestión económica "contracíclica" del gobierno sale bien parada, alcanzando un respaldo popular que rozaría el 80% al término de su mandato, cifra que no fue endosable al candidato oficialista y ex-presidente, Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

En un documento del partido de noviembre del 2007 se dice: "El modelo económico y el sistema político han construido una muralla que separa a los chilenos con peligrosas exclusiones, resentimientos, desesperanzas y protestas. La democracia, conquistada con tantos sacrificios, no ha servido para ampliar los espacios de representación y participación de todas las fuerzas políticas ni tampoco ha servido para que la sociedad civil se exprese orgánicamente, se ha convertido en suma en una democracia restringida". Se señala además: "El accionar del PS debe modificarse. Debe salir de su ensimismamiento en la calle Paris y volcarse a apoyar las luchas de los trabajadores, los pequeños empresarios y atender las demandas ciudadanas de medioambientalistas, consumidores, estudiantes, jubilados, exonerados y pueblos originarios. Es en el trabajo con las organizaciones sociales donde está el sentido permanente del Partido".

Al parecer, la reflexión partidista llega en un punto de no-retorno de recorrido político, luego de dos mandatos consecutivos (y 20 años integrando la coalición gobernante), la renovación socialista actua de espalda a sus principios rectores ya reformados de la "justa diferencia" agudizando desde las estructuras centrales de la economía la gran brecha social existente en el mayor experimento neoliberal de América Latina: Chile.

Queda para una siguiente oportunidad, y como antecedente justificado, una reflexión acuciosa respecto al rol central que ha jugado el socialismo chileno en el devenir histórico reciente, en su relación con "el pueblo", en su relación con sus adversarios políticos, en su relación con el poder, e indudablemente, en su relación consigo mismo.

Conclusiones

A la luz de lo estudiado y analizado respecto de las trasformaciones de los postulados del Partido Socialista Chileno, podemos decir que hay avances sustanciales en cuanto a la pertinencia de su ideología respecto de la construcción de un estado "moderno" en el marco de la contingencia internacional. La importancia de la democracia como sistema político es un paso fundamental para la gobernabilidad y la paz social que el país no tuvo en la década de los setenta. Por otro lado, el alejamiento del leninismo fue casi un imperativo de supervivencia política luego de una dictadura militar, en una sociedad como la chilena, no armada y con una tradición electoral fuerte. Se puede apreciar a una colectividad dúctil ante las contingencias de la sociedad, en contraste con la rigidez dogmática del marxismo clásico de los setenta, en una actitud autocrítica que no pasa desapercibida ante la sociedad en su conjunto.

La reformulación de los conceptos de revolución y de la interpretación de los postulados de Karl Marx es sin duda un elemento clave para re-construir la identidad del partido, que paradójicamente muestra entre sus íconos a Salvador Allende, partidario de políticas criticadas y alejadas del proyecto político del socialismo renovado. Se puede apreciar una colectividad en la búsqueda de un norte político claro, entre las tendencias liberales y la propia historia del Partido Socialista de Chile, ante lo cual existen diversas posturas e interpretaciones.

No deja de ser sorprendente el postulado de Arrate de "la justa desigualdad", alejado en lo absoluto de la historia del socialismo en cuanto a la aspiración de la igualdad social. Queda en evidencia la incapacidad (o la falta de voluntad política) del PSCH para "reformar" el modelo chileno de forma profunda y significativa a partir de dos gobiernos en plena consolidación de la democracia chilena. Al parecer ha sido más fuerte la política del consenso y el continuismo en una economía periférica, dependiente y con aspiraciones de desarrollo poco ambiciosas.

En el actual periodo, se puede apreciar el nacimiento de una nueva autocrítica desde las juventudes del partido, quienes han percibido de manera correcta el "divorcio" con el pueblo o con las clases más desfavorecidas. Queda la incógnita entonces de cual será el nuevo giro del Socialismo chileno ante un momento político complejo para una colectividad con sus postulados, por lo menos en la búsqueda de su responsabilidad para realizar "cambios profundos en la sociedad".

Un elemento interesante de analizar es la inclusión del socialismo en la burguesía en la frase: "el socialismo recoge las conquistas políticas de la burguesía para darles plenitud de sentido humano", mostrando que ésta ya no es una colectividad proletaria, sino que ha ascendido en la escala social, y que por lo tanto defiende en gran parte sus intereses antes que los de toda la sociedad. Reflexión para el pueblo, pero sin el pueblo.

Bibliografía
Alcántara, Freidenberg; "Partidos Políticos en América Latina" (Cono Sur), Fondo de la cultura Económica, México, 2003.
Garretón, Manuel A.; La renovación del socialismo, en RICARDO NUÑEZ:Socialismo, 10 años de Renovación, Ed. Ornitorrinco, Santiago, tomo I, p. 15.
Vitale, Luis; "Interpretación Marxista de la Historia deChile", T.VII. p 57. [en línea]
Walker, Ignacio; Un nuevo socialismo democrático para Chile; [en línea]
Salazar, Gabriel; "Historia de la acumulación capitalista en Chile", LOM ediciones, Santiago de Chile, 2003.
Marcuse, Herbert; "El fin de la Utopía", siglo veintiuno, Buenos Aires 1969.
Partido Socialista de Chile, documentos internos. Varios firmantes. El partido socialista como fuerza popular [en línea]

Notas:
[1] Walker, Ignacio; Un nuevo socialismo democrático para Chile; [en línea]
[2] ibid. (1)
[3] en ibid. (1)
[4] En documento publicado en Revista Apsi nº149, del 31 de julio al 13 de agosto de 1984.
[5] Varios firmantes; "Llamamiento de Milán por la convergencia socialista", en Chile-América 80-81, julio-septiembre de 1982.
[6] Partido Socialista (1985)
[7] Fuente: Informe sobre Desarrollo humano PNUD, 2003.

12-10-2010

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