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Portada arrow A los orígenes arrow MEMORIA DE LA IZQUIERDA CHILENA.Capítulo 4 arrow EL IMPACTO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA

EL IMPACTO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA PDF Imprimir Correo
Escrito por Arrate/Rojas   
14-06-2010 a las 06:09:39

y la movilización social contra Alessandri

La voz de Fidel que anuncia con tono épico en 1966 que desde entonces la historia tendrá que contar con los pueblos de América, es el registro emotivo de un hecho cierto: la revolución cubana ha cambiado la faz política y social del continente para siempre. El 1 de enero de 1959 es de enorme trascendencia para la izquierda chilena y continental.

La toma de La Habana por el "Movimiento 26 de Julio" encabezado por un líder liberal progresista, como pareciera ser entonces Fidel Castro, un católico revolucionario como Camilo Cienfuegos y un marxista clásico como Ernesto Che Guevara, lleva al poder una revolución que, dos años más tarde, se declarará socialista. Ni Fidel ni sus compañeros han militado previamente en el Partido Socialista Popular, el partido de los comunistas cubanos, en circunstancias que éste es junto al PC chileno el único en América Latina que muestra, ya en 1959, un desarrollo popular y de masas significativo. El PSP de Cuba no se suma a la revolución sino cuando ya ha sido derrotada la dictadura batistiana.

Desde el comienzo, a la revolución cubana se le hace difícil el entendimiento con los partidos comunistas. Sin embargo, ejerce un atractivo inédito en la izquierda y radicaliza amplios sectores "reformistas", ubicándolos a la izquierda de los PC.  La revolución traslada la experiencia de triunfo de la lucha armada campesina y la reforma agraria a millones de campesinos en el continente, que a partir de los años sesenta ampliarán y agudizarán sus luchas por la tierra. Una imagen del Che y su guerrilla supuestamente invencible generará más rebeldía por toda América Latina. Este impacto en la izquierda radicalizada es relevado sugerentemente por Ramón, un dirigente obrero socialista de Concepción cuyo testimonio recoge José del Pozo. Gracias a medidas como la reforma agraria, dice, el ejemplo cubano demostraba "que había pueblos que se estaban dando un régimen que favorecía a las grandes mayorías, sobre todo a los más necesitados".

La izquierda tradicional percibe que la revolución cubana desafía tres presupuestos de la estrategia que ha venido aplicando. El primero es el concepto leninista  de la revolución.  Para la nueva doctrina no es necesario esperar hasta que las condiciones sean favorables, el "foco guerrillero" puede crearlas. La segunda revisión es al postulado por el cual sólo hay revolución socialista si el proletariado urbano ejerce el rol dirigente. Dado el subdesarrollo de América Latina, dirá el Che, la lucha armada y la revolución pueden desarrollarse básicamente en el campo y por los campesinos. Por último, la estrategia de guerrillas niega la tesis de que es necesario un PC para conducir una lucha coherente por el socialismo y afirma la incapacidad histórica de este tipo de partidos para resolver el problema del poder. Planteará entonces recrear el partido revolucionario a partir de la organización del "foco guerrillero" y no a la inversa, como se entendería desde una óptica "clásica".

La lucha ideológica y política desencadenada por estas ideas cambia el paisaje intelectual de la izquierda. Para partidos comunistas o socialistas que se sienten en el vértice de la historia contemporánea cuyo eje es el "paso del capitalismo al socialismo", resulta inaceptable una negación tan enérgica  de principios que son su fundamento. A su vez para los cubanos será difícilmente tolerable que aquellos contradigan los nuevos postulados, respaldados por el triunfo de la revolución.

Chile no es una excepción a esta dificultad de las izquierdas para comprender cabalmente lo ocurrido en Cuba. Sólo un grupo de estudiantes cubanos exiliados en el país, que se declaran demócrata cristianos, desarrolla actividades de solidaridad con la guerrilla desde su inicio. En 1958, a pocos meses del triunfo, el PC de Chile asevera que "la lucha del pueblo cubano contra la sangrienta tiranía de Batista está adquiriendo gran amplitud y profundidad". Más tarde saluda en la revolución un triunfo sobre "el imperialismo". Pero cuando el PC cubano reclama el liderazgo del movimiento revolucionario, el PC chileno adopta una política que le llevará, en más de una oportunidad, desde acuerdos verbales a sonoras discrepancias públicas. Por una parte, no puede sino reconocer y valorar la popularidad del movimiento guerrillero en la izquierda y mostrar su solidaridad. Por otra, no puede aceptar el liderazgo cubano sin negar su estrategia pacífica de avance al socialismo. La relación con Cuba será entonces tormentosa y complicará en más de una ocasión la política con los socialistas.

Algunos socialistas se han identificado verbalmente con la guerrilla fidelista cuando aún está en Sierra Maestra. Pero ellos también participan de una estrategia electoral para acceder al poder del Estado. No obstante las distancias entre las ideas cubanas y las propias, Allende va a La Habana inmediatamente después del triunfo de la revolución, se entrevista con el Che y regresa al país como partidario definido del apoyo y la solidaridad con ella. A partir de su visita se construye una amistad personal sin fisuras entre el líder socialista chileno y los dirigentes cubanos. Osvaldo Puccio recuerda, sin embargo, que el Che recibe a Allende con una velada crítica:

"Es una gran satisfacción, agrado y honor conocerlo, porque yo siempre lo he mirado a Ud. como uno de los líderes más importantes de Latinoamérica. Con esa impresión, cuando pasé por Chile, traté de hablar con Ud.. A pesar de que estuve muchas horas esperándolo, no tuve la oportunidad y el honor de conocerlo personalmente"

Allende percibe que el golpe al "imperialismo" que significa la revolución cubana cierra las puertas en Chile a cualquier intento insurreccional e implica redoblar el esfuerzo de la izquierda por la vía electoral. El PS se tomará todavía un tiempo para definir su posición, atravesado siempre por la contradicción entre la vía pacífica y análisis teóricos que apuntan en una dirección distinta. Sin embargo, el proceso revolucionario cubano es quizás el acontecimiento externo de mayor impacto en la existencia del socialismo chileno. Su naturaleza de lucha social original, tanto en su gestación como en su estrategia, su empuje revolucionario y su espíritu latinoamericanista le dan un singular grado de influencia en la vida partidaria y conmueven a toda una generación de militantes, más allá de diferencias internas. La experiencia cubana alentará nuevos derroteros en la discusión de las formas de lucha, que se agudiza en el partido en los años sesenta. Más tarde, cuando el PS se aproxima a la ortodoxia marxista leninista, lo hará influido por los revolucionarios cubanos. En virtud de esta relación especial los socialistas, y la izquierda chilena en general, elaboran con mucha dificultad una posición crítica frente a las violaciones de derechos humanos y ausencia de libertades democráticas en Cuba. Sólo veinte o treinta años después tal crítica adquirirá forma, en el marco de una posición solidaria y de condena al bloqueo norteamericano.

La revolución cubana parece abrir una etapa radicalmente distinta de la historia del continente. Por algún tiempo no parece descabellado pensar en la derrota de un ejército regular a manos de grupos insurgentes y cobra fuerza la esperanza de que los males del capitalismo terminen por efecto del asalto a sus estructuras de poder. Desde la perspectiva de los EEUU, el ascenso de la revolución reclamará el remozamiento de sus políticas, so pena de un revés mayúsculo en tiempos de guerra fría.

Pocos meses después de la revolución cubana, el PS celebra en Valparaíso, en octubre de 1959, su XVIII Congreso General Ordinario. El evento confirma la línea de Frente de Trabajadores y la participación en el FRAP, y rechaza las alianzas con partidos ajenos a éste. Reelige secretario general al senador Salomón Corbalán y mantiene prácticamente inalterada la dirección partidaria. Por esos mismos días, sale a luz pública la revista Arauco, órgano oficial del partido, con el objetivo declarado de dar espacio a dirigentes e intelectuales del ámbito PS para tratar los problemas de Chile y del mundo desde una óptica crítica, revolucionaria y democrática. Hay un déficit en la formación de una moderna "conciencia socialista"  que "Arauco" intenta llenar, como viene intentándolo desde antes "Principios",  en la órbita del PC.

Contemporáneamente al congreso del PS, una experiencia de actividades conjuntas de militantes socialistas y comunistas lleva algunos de ellos a plantearse la "militancia FRAP" y la transformación de éste en partido. La iniciativa provoca el rechazo de Salomón Corbalán, desconfiado del probable control comunista. Allende, quién evalúa favorablemente este resurgimiento de la tesis de unificación socialista-comunista en un solo partido, critica el defensismo y la autolimitación sectaria que parece evidenciar el jefe del PS:

"Si el Secretario General del Partido Socialista piensa que la militancia FRAP, a la postre, favorece a los comunistas por su mejor organización, entonces lo que tiene que hacer él es renunciar a su cargo directivo en el Partido Socialista. Un hombre que reconoce que su propio partido está mal organizado tiene que tener los cojones suficientes como para darse cuenta de que no sirve para el cargo. Y no es el caso de Salomón, Salomón es uno de los mejores que hay dentro del partido. Todo esto es más bien una demostración de los complejos que tienen los socialistas frente al Partido Comunista

El PC envía al XVIII Congreso del PS una carta  con la propuesta de fusionar las dos organizaciones dando lugar al partido único de izquierda. El PS la rechaza con el argumento de que hay discrepancias ideológicas y de alineamiento internacional que impiden la fusión. De allí en adelante la unidad socialista comunista superará por décadas las más variadas crisis.

En diciembre de 1959 tiene lugar el Segundo Congreso de la CUT, al que asisten 1440 delegados en representación de 518 organizaciones sindicales y gremios. La convocatoria llama a reforzar la unidad de los trabajadores y la solidaridad con las luchas populares a la vez que describe al gobierno de Alessandri como una oligarquía:

"Una oligarquía económica de latifundistas, banqueros y grandes empresarios, dueña actualmente del poder político del país, se esfuerza por aplastar el movimiento sindical y gremial que, unitariamente, dentro de la CUT se enfrenta con todos su cuadros a esta realidad nacional"

El congreso aprueba un documento programático que denomina "los trabajadores y los problemas nacionales", que fija criterios sobre régimen de sueldos y salarios, seguridad social, vivienda, educación, legislación laboral, reforma agraria, defensa de las riquezas nacionales y desarrollo económico del país. Como táctica sindical propone la presentación de pliegos únicos por rama de actividad. Se aprueba un voto de apoyo incondicional a la revolución cubana. El congreso ratifica la línea "clasista" de la CUT, reelige por unanimidad presidente a Clotario Blest, designa secretario general al joven dirigente comunista Luis Figueroa y una dirección compuesta por 12 comunistas, 8 socialistas y 1 independiente. Demócratas cristianos y radicales se abstienen de participar en la elección del consejo directivo alegando falta de democracia en las discusiones del congreso. Aparecen los síntomas de un conflicto mayor entre la mayoría de los dirigentes y Blest que, a los ojos de ellos es excesivamente "personalista" y poco "orgánico", y que impone en la central una línea limitada a lo "agitativo". Sin embargo, destaca Hernán Del Canto, el estilo combativo y de clase que imprime a la CUT le acerca más a los socialistas que a los comunistas. La crisis de dirección está planteada explícitamente y no tomará más de un año en estallar.

1959 es el año del pleno despliegue del gobierno de Alessandri. Con apoyos liberales, conservadores y radicales, la "revolución de los gerentes" impone una economía antiestatista y pro empresa privada, cuya condición es un Estado que se limite al rol de crear la infraestructura necesaria para el desarrollo del sector privado. Lleva a cabo así un plan de estabilización y control de la inflación y el salario combinado con una fuerte inversión en obras públicas que, sobre todo en vivienda con el llamado Plan Habitacional (DFL 2), favorece una recuperación económica que durará hasta fines de 1960.

A comienzos de 1960, la estabilidad es sacudida por una gran huelga del carbón en Lota, que dura 96 días tras exigencias salariales y de mejora de las condiciones de trabajo. La demanda hace hincapié, particularmente, en la extensión -no computada- de la jornada de trabajo que es producto de la distancia entre la boca de la mina y el lugar de la labor. El gobierno y la patronal apuestan al agotamiento del conflicto, posible, piensan, porque la existencia de stocks permite la actividad de la empresa sin trabajo por varios meses. El FRAP lleva a cabo una amplia solidaridad política y organizativa, acompaña y sostiene las acciones, particularmente una marcha masiva hacia la ciudad de Concepción. Una iniciativa de solidaridad causará impacto: el traslado -por los tres meses del paro- de unos 2000 hijos de mineros a las ciudades de Santiago, Concepción, Temuco y Osorno, donde son recibidos y mantenidos por militantes del FRAP en sus casas.

La izquierda marxista evidencia una vez más los vínculos que unen su desarrollo a la suerte de las luchas sociales. Aparte la del carbón, hay huelgas importantes de los metalúrgicos y el magisterio. La huelga del carbón termina con un relativo éxito: un arreglo salarial, bonificaciones por trabajo insalubre y beneficios menores. Cuando está por finalizar, un terremoto estremece el sur de Chile desde Concepción a Valdivia. Se produce una gran conmoción social, en medio de la cual Allende y parlamentarios de izquierda  impulsan una ley de ayuda a los damnificados y a las empresas de la zona.

En mayo de 1960, por considerar que la revolución cubana es objeto de una fuerte agresión externa, la CUT lanza un paro nacional de solidaridad que no tiene trascendencia. La falta de preparación y la lejanía entre la vida cotidiana de los trabajadores y la revolución cubana en ese momento, conspiran contra la adhesión de los sindicatos de base de la CUT y el paro es un fracaso.

No ocurre lo mismo con otro paro nacional de la CUT convocado ese mismo año. Con anterioridad, la central ha elaborado un programa reivindicativo, con eje en el reajuste de salarios conforme al alza del costo de la vida, que será lanzado en una manifestación pública. El acto es reprimido por carabineros y culmina con la muerte de dos militantes sindicales. En respuesta, la CUT convoca a un paro que tiene alto nivel de seguimiento. El apoyo de los grandes sindicatos y gremios del transporte, estatales e industriales, paraliza en gran parte la actividad productiva y de servicios. La CUT emerge robustecida, el gobierno de Alessandri reconoce la derrota y la llama a negociar sobre la base de un memorándum que aquella le ha entregado. Se busca el acuerdo sobre diversos temas, salario, incluido el "mínimo" campesino, solución de los conflictos pendientes con el magisterio, transportes, empleados semifiscales y municipales. La CUT reclama además una indemnización para los deudos de las víctimas del 3 de noviembre y el retiro de las querellas judiciales contra los huelguistas. Alessandri envía una extensa nota de respuesta, en la que rechaza las demandas salariales con el reiterado argumento de su impacto inflacionario y reivindica una política de tolerancia sindical:

"Llevo dos años de gobierno. Nadie podría decir que durante ellos haya atentado contra las actividades sindicales, realizado persecuciones en contra de sus dirigentes o procurado introducir cuñas y provocar dificultades dentro de ellas, como tampoco acudir, ni entonces ni antes, al socorrido argumento de atacar doctrinas determinadas"   

La legitimidad conquistada por la CUT y los sindicatos hacia fines de 1960 no puede ya ser ignorada ni siquiera por un gobierno tan alejado de sus demandas como el de Alessandri. En mayo de 1961, la CUT convoca a un Congreso Nacional Campesino, en el que toman parte centenares de delegados directos de organizaciones de base. El congreso extiende la crítica de los partidos de izquierda a la concentración de la propiedad de la tierra y el atraso que significa su organización en latifundios. Lanza entonces la propuesta de una reforma agraria que junto con enfrentar ambos problemas descanse en un amplio movimiento de masas, que asegura la continuidad del proceso. En el marco del congreso se funda la Federación Campesina e Indígena Ranquil, bajo la inspiración de socialistas y comunistas. Es la primera organización campesina de alcance nacional que dirigen los partidos de izquierda y se transforma, con los años, en la más grande de las varias que agruparán a los campesinos. La importancia creciente de las luchas de los trabajadores rurales llevará al PS a destinar a su secretario general, Salomón Corbalán, al trabajo partidario en el sector, desarrollando sobre todo lazos que, en los años siguientes,  le darán fuerte presencia en las organizaciones campesinas de la zona central.

Las elecciones parlamentarias de marzo de 1961 registran un aumento importante de la representación del FRAP, cuyos dos partidos principales crecen, y de la democracia cristiana. Allende y Tomic son elegidos senadores por Valparaíso y Aconcagua. El PC elige senador por la misma circunscripción al médico Jaime Barros, quien algunos años más tarde asumirá las posiciones del llamado "maoísmo" y deberá abandonar el PC.

Durante estos meses del año 61 hay una intensa movilización sindical y huelgas en varios sectores (cobre, ferroviarios, salud, CAP, magisterio, panificadores, carbón, salitre) tras la exigencia de aumentos salariales que compensen el incremento de la inflación. En ese clima agitado, la CUT elabora un "pliego único" que unifica las diversas demandas y constituye un Comando de Defensa de los Reajustes, al que invita a participar a la CEPCH, la ASICH, la Federación de Empleados Bancarios y a los partidos políticos que concuerden con el pliego. Lanza entonces la convocatoria a un paro nacional para fines de agosto.

La nueva convocatoria a paro hace resurgir las discrepancias que vienen manifestándose desde hace dos años entre Clotario Blest y los dirigentes socialistas y comunistas de la central. Pocas horas antes de hacerlo efectivo, estos cuestionan su viabilidad y el Plenario de Federaciones (máxima autoridad entre congresos) decide levantarlo, a propuesta de los comunistas. El argumento es que no están las condiciones orgánicas para una iniciativa de tal envergadura. Blest renuncia a su cargo alegando que se han impuesto los intereses partidistas sobre los gremiales y que la decisión implica deslealtad hacia los trabajadores en huelga. Es, dice, "la culminación de graves divergencias con algunos compañeros del Consejo Directivo Nacional", que están en contra de que la central aplique una línea de acción "revolucionaria" y le imprimen una dirección legalista y "economicista" que dilatará "indefinidamente esta larga agonía de la clase trabajadora chilena":

"es necesaria una acción directa masiva, determinada a provocar un cambio sustancial en profundidad y en extensión de la estructura social, económica y política del país"

Fuertemente influenciado por la revolución cubana, el presidente de la CUT se había declarado un tiempo antes a favor de "la lucha armada": "en este país, Santiago será nuestra Sierra Maestra, que aplastará las fuerzas reaccionarias". La respuesta del PC adelanta la decisión de removerlo de la presidencia de la central:

"Todos los trabajadores con alguna experiencia y cualquiera con algún conocimiento de los principios básicos del marxismo leninismo debe sacar la conclusión de que esta gente no es seria en absoluto"

La renuncia de Clotario Blest a la presidencia de la central sindical pone fin a una experiencia, hasta entonces particularmente fructífera. Cierra además, por un tiempo, el capítulo de las arduas polémicas sobre la autonomía sindical y los partidos. El tema, sin embargo, resurgirá, como lo demuestra una reflexión de Luis Figueroa, actor principal del período, formulada cuando en Chile ya hay dictadura:

"En la historia de nuestro país se han cometido muchos errores. El error de incorporar a la CTCH al Frente Popular y haber liquidado a la CTCH cuando se liquidó el Frente Popular y se rompió por falta de unidad política. Cometimos otro error durante el gobierno de la Unidad Popular llevando a la CUT al gobierno y amarrándola, por así decirlo, a toda la alternativa del gobierno de la Unidad Popular y enfrentándonos al peligro de la división de la clase [...] Estos errores históricos se pagan muy caro [...] ¿No tenemos nosotros, dirigentes del movimiento obrero chileno, la responsabilidad de los sucesos? Claro, no podemos eludirla. ¡No supimos mantener nuestra independencia!! Una cosa es la lealtad política al partido en el cual uno milita, la lealtad de ideología, y otra cosa es un instrumento de unidad de clase a nivel sindical"

A fines de julio de 1961, una toma de terrenos en la chacra santa Adriana de la zona sur de Santiago conmociona el ambiente político, obligando a los partidos a tomar posición frente al agudo problema habitacional que sufre el país. El gobierno solicita el desafuero de los parlamentarios comunistas que han participado, sitia a los pobladores y denuncia que se ha producido "una ocupación ilegal de terrenos fiscales". Mario Garcés sostiene que esa toma tiene trascendencia por varias razones: una conciencia del déficit de viviendas populares que aqueja a la población, la implicación del PC en la organización de los sin casa, que politiza el debate, y el hecho de que los sitios ya está asignados, impidiendo que los participantes en la toma puedan permanecer allí. El PS, a través del diputado Clodomiro Almeyda que ha intervenido en el conflicto, sacará lecciones políticas y teóricas de magnitud. Las mil familias y cerca de diez mil personas que estaban en la toma, dice Almeyda, ponen de manifiesto "la miseria, el hambre y la falta de los más elementales medios compatibles con la dignidad humana" en que se encuentra la mayoría de los chilenos. El pueblo, agrega, le "está perdiendo el respeto a la legalidad oficialista", descubre "que esta sociedad no es la suya":

"sólo desde el punto de vista de los intereses de los usufructuarios del orden dominante , podría estimarse repudiable esa ruptura del orden legal, acerca del cual tanto abundamiento hacen los círculos gubernativos y la prensa de derecha. Porque en realidad, si pensamos nosotros en lo que la legalidad y el orden son para los pobladores de "Santa Adriana", veremos que a ellos no les ha servido ni siquiera para contar con techo y trabajo, esto es, con los más elementales medios de subsistencia"

En agosto de 1961, en una publicitada reunión de ministros de Relaciones Exteriores americanos, realizada en Punta del Este, Uruguay, la administración Kennedy lanza la "Alianza para el Progreso", con el fin de implementar una serie de reformas en los países latinoamericanos, que cierren el camino al auge de la revolución cubana. La Alianza contempla la asignación de cuantiosos fondos con el compromiso de utilizarlos en la realización de reformas estructurales, por ejemplo, la reforma agraria y una tributaria que permita una distribución equitativa del ingreso. La Alianza en general no tendrá el impacto esperado: los sectores dominantes en los respectivos países no mostrarán mayor interés en ella y los EEUU no destinarán los fondos en la cantidad proclamada al comienzo.

En Chile, y dado que la derecha ha quedado sin mayoría propia en el parlamento luego de las elecciones de marzo, los radicales ingresan en agosto de 1961 al gobierno de Alessandri y exigen una serie de reformas, en la línea de la Alianza para el Progreso, particularmente la reforma agraria. Conocida por la izquierda como "reforma de macetero", se asignarán tierras inexplotadas en grandes latifundios sólo a una ínfima minoría de campesinos. El hecho, sin embargo, contribuirá a difundir la idea de la reforma por todo el campo chileno.

En los días en que transcurren estos cambios políticos y sociales se formaliza e instala un nuevo liderazgo en la Iglesia Católica. El cardenal Raúl Silva Henríquez, que reemplaza a Mons. Caro como jefe espiritual de la Iglesia en junio de 1961,  y Mons. Larraín en Talca, abogan decididamente por la reformas estructurales, reforzando el polo reformista católico que sostendrá el vigoroso crecimiento posterior de la DC. Recuerda el cardenal Silva Henríquez la adhesión de sectores católicos al progresismo moderado que así surge:

"la Alianza para el Progreso proponía un camino que encontraba sus bases en el diálogo, la búsqueda de la moderación política, el impulso de las clases medias: en una palabra el "centrismo". La huella de este entusiasmo, en Chile, quedó claramente estampada en los trabajos de la sociología católica y en DESAL, un organismo en cuyo seno trabajaba el sacerdote jesuita Roger Veckemans, tal vez el religioso que más y mejor contribuyó a desarrollar el pensamiento de la Iglesia chilena en torno al desarrollo. La posterior decepción generada por la Alianza para el Progreso no debe oscurecer el hecho de que para aquellos días fue una iniciativa luminosa, cargada de esperanzas"     

En 1962 Monseñor Larraín procederá a disponer que varios fundos de propiedad del obispado de Talca se entreguen en propiedad a sus inquilinos. Frente al ocultamiento de la importante noticia por los medios de comunicación Arturo Olavarría relata su reacción:

"Tuve, entonces, necesariamente que pensar: ¿qué grandes intereses habrá lesionado el señor Obispo de Talca con su laudable iniciativa, cuando la prensa seria ---muy seria cuando se trata de defender inconfesables intereses--- parece ignorar lo que ha ocurrido?"

El debate intelectual de la época sobre el desarrollo tiene una vertiente izquierdista de importancia académica y técnica por ese tiempo ya considerable. En ella destacan economistas asociados a la CEPAL que prestan apoyo técnico a Salvador Allende. Por otra parte, el año 1961 Ricardo Lagos Escobar, abogado y economista formado por el profesor de economía y dirigente radical Alberto Baltra, publica su tesis sobre "La concentración del poder económico". Es la primera aparición pública significativa de quién, en ese entonces militante radical que ingresará posteriormente al PS y será fundador del Partido Por la Democracia en la década de los noventa, ocupará cuatro décadas más tarde el cargo de Presidente de la República. La investigación de Lagos, de amplia difusión, demuestra el alto grado de monopolización de la industria y la economía chilena: sólo el 4.2% de las sociedades anónimas controla el 59.2% del capital . También exhibe el control del capital financiero. Ese control monopólico, sostiene, se traduce en la imposición de altos precios y en su aumento constante, en una profunda desigualdad en la distribución de la renta, en el control de los medios de comunicación y en una influencia determinante sobre el sistema político. Gran número de parlamentarios, ministros y jefes de servicios,  son miembros de directorios de sociedades anónimas y algunas directivas de partidos se confunden con las de grandes empresas. Por mucho tiempo, las tesis de Lagos marcarán la definición que los partidos de izquierda formulan de  la estructura económica del país.

En septiembre de ese año, el gobierno de Alessandri intenta paliar el descontento social con la proposición de un aumento de salarios de 16.6%. Sin embargo, el acuerdo entre la DC, la izquierda y parte del PR logra elevar ese porcentaje a un 23.5% y lo hace retroactivo al 1 de enero.

En medio de una nueva ola de agitación social, cuyo punto máximo es una huelga del magisterio que  dura 55 días, se agudizan las discrepancias de una parte del PR con el gobierno alessandrista. La tensión culmina con la renuncia a la militancia radical de un  grupo de dirigentes juveniles que habían participado en los acontecimientos del 2 de abril de 1957, encabezados por Julio Stuardo y Raúl Iriarte, apoyados por los principales dirigentes del Grupo Universitario Radical de las Universidades de Chile y Concepción, entre ellos Jorge Arrate, Juan Facuse, Jorge Guralnik, Benny Pollack, Eduardo Contreras Mella y Edmundo Villarroel. Los renunciados constituyen  el Movimiento Social Progresista que ingresa al FRAP universitario y, un año más tarde, muchos de ellos se integran mayoritariamente al PS, en forma individual. Otros lo harán al Partido Comunista o a los grupos de izquierda que preceden al MIR. En una carta dirigida al presidente del PR Raúl Rettig le manifiestan con marcado tono ético su condena al abandono de los "principios" del partido:

"No señor presidente. Si algunos han vendido el partido, nosotros no tenemos en venta nuestros ideales, ni nuestra dignidad de hombres. Si algunos están en el gobierno por sensibilidad de sus bolsillos, nosotros nos vamos por sensibilidad moral"  

El mismo mes, Carlos Altamirano, entonces diputado del PS, provoca un revuelo público de proporciones al formular una enérgica condena a "la inmoralidad" de quienes integran instituciones fundamentales del Estado como la Corte Suprema o el propio poder ejecutivo. El cáustico discurso de Altamirano denota la beligerancia de la izquierda al promediar el gobierno de Alessandri y, a la vez, la vinculación que existe para ella entre la denuncia de la doble moral de los grupos dominantes y la necesidad de cambios profundos:

"Que los personeros más altamente colocados del mundo social, político y económico de Chile sean directores de una organización bancaria que se vio comprometida, hace muy pocos días, en hechos altamente incorrectos y posiblemente delictuosos, no significa nada más que un pequeño error, y que nosotros los denunciemos demuestra "nuestra" inmoralidad y no la inmoralidad de ellos [...] ¿irá la Superintendencia de Bancos a calificar de responsables a dos senadores de la República, a un hermano del Presidente de la República [...] que son directores del Banco de Crédito e Inversiones, el cual ha estado cometiendo toda clase de incorrecciones administrativas para aumentar sus inmensas utilidades? [...] He denunciado el hecho de que a la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones de Valdivia se le rebajaron los fletes en el ferrocarril del Estado para el transporte de papel [...] Pues bien a esta empresa que está absolutamente desfinanciada, le toca la casualidad extraña y milagrosa que tenga que rebajar precisamente el flete al transporte del papel, industria a la cual, indudablemente, en una mayor o menor proporción, que desconozco y no me importa, están ligados personeros vinculados a este gobierno y el mismo Presidente de la República"   

 

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