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DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS DEL PARTIDO SOCIALISTA INDEPENDIENTE PDF Imprimir Correo
Escrito por Devés-Díaz   
05-07-2010 a las 06:49:27

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS DEL PARTIDO SOCIALISTA INDEPENDIENTE

Santiago. Imp. N. Gorodischer, 1931, pág. 9 -19

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

El Partido Socialista Independiente declara:

Primero. Que es un partido de clase.

Aclaración. Según nuestro concepto la sociedad está dividida en tres grupos: capitalistas, altos burócratas y productores. Los dos primeros forman la clase de los EXPLOTADORES y el último la de los Explotados.

Los gobiernos llamados democráticos están generalmente constituidos por individuos de los dos primeros grupos, y la gran mayoría de los partidos políticos obedecen a las inspiraciones y conveniencias sociales de ambos grupos,

El primero, cuya existencia se justifica poique sustenta principios fundamentales basados en el régimen económico que le garantiza su preponderancia social, ha puesto al servicio de sus intereses materiales los descubrimientos de la ciencia, la influencia de las religiones en la conciencia de los individuos y de las sociedades; el poder armado de la fuerza que tiende a reprimir las nuevas formas de los regímenes sociales; y la fuerza-trabajo, producto natural del intelecto y del músculo, como mercancía que fluctúa en la balanza mercantil, subordinada a los errores del régimen.

El segundo grupo, o alta burocracia, que bien pudiera considerarse como simple ejecutor del capitalismo, ha llegado en algunos países a constituir una verdadera casta aunque carece de ideales superiores y de organización definida.

Está formado por los altos funcionarios de la Administración Pública, por los grandes administradores y gerentes de las empresas capitalistas y por los conspicuos directores de las instituciones privadas que actúan sobre la sociedad. Sirven el interés capitalista, o sea a la subsistencia del régimen económico imperante, a cambio de sueldos subidos, de falsos honores y prebendas; se oponen a toda tentativa societaria de los productores libres; proporcionan a los poderes públicos los estudios sobre proyectos de leyes, estadísticas y planes financieros y políticos.

Los individuos de este grupo se han introducido en la prensa, en el poder judicial, en el sacerdocio y en la milicia, y si no han llegado a dominar al capitalismo, es porque de él se sustentan y porque van hacia él.

Constituyen una fuerza política poderosa porque han invadido el Parlamento y las directivas de todos los partidos burgueses. En este grupo están los jefes visibles de los partidos cuyas luchas se singularizan por una constante rivalidad práctica cerca a los gobiernos y a las grandes empresas industriales.

Instrumentos del capitalismo, buscan la Satisfacción de sus ambiciones sociales en el arribismo, y la justificación de su fidelidad en la opresión de los empleados y de los obreros bajo sus órdenes.

Este tipo de ciudadano es individualista intransigente y reaccionario, agudo y perspicaz; ha sido el causante de todos los errores y abusos de los gobiernos de fuerza, de los cuales se ha valido con astucia y sagacidad. Es cruel con los caídos que antes fueron sus señores, adula al que gobierna y teme el avance de las ideas libertarias. El triunfo de los productores tiene para él los caracteres de una hecatombe.

El gran burócrata llega hasta el poder omnímodo y cae para convertirse en individuo de clase indefinida.

El tercer grupo: de los PRODUCTORES, lo forman los trabajadores del brazo y de la inteligencia empleados, obreros, artesanos, pequeños industriales y cultivadores agrarios, a los cuales se ligan los profesionales libres, artistas, literatos y filósofos.

Este grupo no necesita de los dos anteriores para constituir una sociedad basada en la satisfacción de todas las necesidades físicas y espirituales del hombre. En cambio, los dos primeros no podrían subsistir por sí solos, porque todo el fundamento económico del régimen, que constituye la estructura de la sociedad, lo encuentran en la clase productora. Retiremos ésta de la colectividad y el edificio social, perdidos sus fundamentos, se derrumbará.

El Partido Socialista Independiente nace en Chile para servir los intereses de los productores y por eso es un partido de clase.

Segundo. - Que su base fundamental es la concepción materialista de la historia.

Aclaración. La vida social encuentra las bases de sus organizaciones y la esencia de todas sus modalidades, en las relaciones económicas de los individuos y en el desarrollo material de los pueblos.

Sin ahondar demasiado en la investigación de los hechos históricos, porque ello no es necesario, tenemos que, acaso sea el régimen capitalista el que ha contribuido incesantemente a plantear con caracteres irrefutables nuestra afirmación científica fundamental.

Por vía de ejemplo diremos: que ni la Revolución Francesa fue un acontecimiento netamente social, ni la liberación de las colonias españolas, o pueblos sudamericanos, un hecho histórico puramente político. Estos accidente en la vida de los pueblos, obedecieron a causas profundas que ofrecen abundante prueba de diferencias económicas.

Las revoluciones que han alterado un orden político o social determinado en cualquier época y parte del mundo, han sido la expresión práctica de un efecto cuyas fuerzas determinantes estaban en la existencia de una lucha por la forma de vida de los pueblos y en las relaciones materiales entre explotadores y explotados. Las crisis de las revoluciones, como sus fases más activas, han estado siempre sometidas ya a la abundancia de medios materiales, ya al agotamiento de éstos.

El ideal religioso que inflamaba a los conquistadores en épocas remotas; el amor bélico a la patria que encendía el fuego de las guerras entre naciones, fueron quimeras que exaltaron, en verdad, el espíritu de los pueblos. No obstante, declinaron ante la transformación que se operaba hacia la materialidad visible y absorbente de nuestra época; y en el fondo de aquel misticismo y de aquella heroicidad palpitaba la materia sojuzgada por las necesidades naturales y sometidas a la ambición de la riqueza o el poder.

Las cuestiones de orden político, religioso, jurídico, como las expresiones de justicia, libertad, moral, forman la superestructura del edificio social, en tanto que las relaciones económicas de los hombres y la vida material de los pueblos son su fundamento y su infraestructura.

En el orden de las relaciones entre productores y detentadores del valor del trabajo, esta concepción se manifiesta en la concentración de los medios de producción y, por consecuencia, en el dominio de una minoría capitalista sobre la inmensa mayoría formada por los trabajadores.

No es ésta una simple afirmación ideológica del Partido Socialista Independiente, sino el eje de su acción doctrinaria, y en esta virtud, "su afirmación fundamental".

Tercero. - Que se apoya en la teoría del valor.

Aclaración. La única fuerza que produce valor es el trabajo, ya de la inteligencia, ya del músculo, o ambas unidas en un fin productor.

La fuerza-trabajo es el nervio que mueve todo el organismo social, y como nos encontramos frente a un régimen económico en el cual el factor capital asume la función del nervio vital que es el trabajo, y éste permanece supeditado y sin medios para asumir íntegramente su función, fuerza es apoyar toda la ideología de nuestro partido en esta teoría fundamental.

El origen del valor de todas las cosas de que el hombre se sirve está en la necesidad de transformar los elementos de la naturaleza, y entonces, es el trabajo, ya de la mente, ya del músculo, la fuerza que verifica la transformación y crea el valor individual de las cosas.

El hombre lleva en sí mismo una porción de fuerza-trabajo que pone en actividad frente a las cosas para satisfacer sus necesidades. Sí esta fuerza queda sometida al interés mercantil se transforma en mercancía, y el trabajo convertido así en objeto de una importancia relativa, queda sometido a las fluctuaciones de la oferta y la demanda. Resulta de esto que las necesidades que han determinado la acción del trabajo pueden ser o no satisfechas, según sea el interés del capitalista, pues que no han sido las necesidades mismas las reguladoras de la intensidad o extensión del trabajo.

Cuando el proceso de la concentración de los medios de producción, que es una característica del régimen capitalista, produce la crisis de la industria y del comercio en una nación o en varias naciones, la fuerza trabajo no tiene demanda, y, entonces, el productor se ve en la obligación de ofrecer sus energías físicas o sus reservas intelectuales a vil precio para no morir de miseria.

Disminuye, por consecuencia, la demanda de toda clase de productos y mercancías, aumenta el número y categoría de las cosas accesorias y caen en desuso innumerables objetos de comercio; entonces se dice que hay exceso de producción, y mientras los productores se debaten aterrados por el pauperismo, las mercancías y productos se destruyen.

El trabajo, como única fuerza que crea valor, no tiene injerencia en la distribución de los productos y mercancías que ha creado y que no salen al consumo en épocas de crisis. Si saliesen al mercado consumidor, el precio de ellos descendería a un nivel más bajo que la parte de valor-trabajo pagada a los productores, y el capitalismo sufriría un quebranto peligroso, acaso no mortal. El quebranto y la muerte se cierne, en cambio, sobre los productores, los que para evitar el pauperismo recomienzan el fatal cumplimiento de la ley del bronce, sacrificando un enorme p o re en taje de su fuerza-trabajo en aras de la reconstrucción capitalista.

El origen del valor está en la fuerza trabajo, y un partido de clase productora tiene que apoyar necesariamente su doctrina en esta teoría inamovible.

Cuarto. Que se orienta hacia la socialización de codos los medios de producción.

Aclaración. - La concentración de los medios de producción (tierras, edificios, maquinarias, herramientas, etc.) es inherente al régimen capitalista.

La inalterable marcha de los factores que constituyen la acumulación de riqueza, la absorción creciente y fatal entre los poseyentes, esa fuerza instintiva, a veces inconsciente, que guía al régimen capitalista hacia la concentración de los medios de producción, va provocando un aumento del número de productores, y los no poseyentes reciben en sus filas uno tras otro a los expropiado* de la industria, de la agricultura y del comercio.

La industria individual privada cae vencida por la gran industria; la pequeña granja cede a la gran hacienda; el pequeño comercio cierra sus puertas ante la competencia de la distribución directa hecha por el mayorista; la propiedad individual del pequeño poseedor toma el carácter de mercancía, fluctúa en el comercio de propiedades y se inscribe en el registro de hipotecas hasta que es absorbida por el capitalista.

El régimen capitalista va de este modo en camino de ser estrangulado por su propio mecanismo, según se advierte en el curso normal de su existencia y, con absoluta claridad, en los períodos críticos.

Dentro de este régimen anti-social y anti -humano, los productos no responden al cumplimiento preciso de las necesidades humanas, ni en calidad, ni en cantidad, ni en distribución; sino que pasan a ser objetos de un comercio sin control y de un mercantilismo ciego e infecundo que marcha instintivamente al caos y a la anarquía.

El gran fabricante no piensa en lo que la humanidad necesita para su desenvolvimiento y su progreso hacia nuevas formas que le acerquen más y más a una vida mejor, sino en extender su clientela al máximo posible con el máximum de provecho para él.

La concentración de los medios de producción es la tendencia natural del régimen y de cada uno de sus individuos, los cuales aspiran a ser los árbitros de la producción mundial para, una vez llegados a esta cúspide inmoral del capitalismo, explotar a la humanidad entera proveyéndola de objetos, instrumentos o mercancías, de aplicación o uso periódico que multiplican la reditación de los capitales, a tal punto que la fuerza-trabajo no alcanza a cubrirla y sobrevienen las grandes crisis y, por consecuencia, la pauperización de las masas.

A evitar esta concentración capitalista y este sistema artificial basado en el mercantilismo, tiende la socialización de todos los medios de producción.

La primera fuente de la vida activa es la tierra; la sociedad toda vive de ella y para ella; los frutos de la tierra son de todos porque toda la humanidad los requiere para satisfacer sus necesidades.

Si la propiedad individual hubiese sido antes, fuese actualmente o pudiese ser en el futuro un hecho general posible, nada habría que hacer en este sentido, y el principio de propiedad privada sería el más respetable de todos.

Nuestro partido sustenta el derecho de propiedad como el más respetable y sagrado cuando emana de un principio ineluctable, como la fuerza trabajo, por ejemplo. Y aun este derecho está regido por la obligación de emplear esa fuerza creadora en la satisfacción coordinada de todas las necesidades físicas y espirituales de la sociedad.

La socialización de todos los medios de producción es, en consecuencia, uno de los más claros fundamentos de la doctrina socialista.

Quinto. - Que su acción será en principio revolucionaria.

Aclaración- No sé trata en esta declaración de una acción confiada preferentemente a la fuerza, porque la acepción que le da carácter se basa en la capacidad de la inteligencia, en la sabiduría y en el conocimiento de las circunstancias en que se actúa.

Nuestra expresión "revolucionaria" corresponde al concepto de "transformación", para demostrar con ello que no admite reformas ni paliativas destinadas a prolongar el estado de anarquía en que vive la sociedad.

La "revolución" en el sentido de asonada, motín, acción violenta, está en pugna con las ideas de capacidad intelectual, habilidad, astucia, y en general, con todas esas grandes condiciones de la mente que dan confianza y seguridad a los hombres para imponer sus doctrinas y practicarlas,

Los medios violentos son generalmente estériles, muchas veces contraproducentes, y siempre obedecen a cierta incapacidad para llegar a las soluciones que se buscan, sea que se adopten por los de arriba hacia los de abajo o por éstos contra los otros,

Hay ocasiones, sin embargo, en que las leyes escritas y las leyes naturales justifican la acción violenta de los individuos o de las colectividades: el abuso de la fuerza, la usurpación, el atropello a lo que el hombre reputa su dignidad o su derecho, justifican la violencia y, en este orden de cosas, nuestro partido no puede excluirse de la regla.

Armando Corvalán Quezada, Jorge A. Medina. Huberto Salgado, Albino Pezoa, Santiago Nilson Barrientos, Joaquín Real Jelves, Juan Ant. Carvajal. Por el Consejo Ejecutivo Central.

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