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Portada arrow Blog arrow Después de todo arrow LAS GRANDES TRANSFORMACIONES CIENTÍFICO-TECNOLÓGICAS

LAS GRANDES TRANSFORMACIONES CIENTÍFICO-TECNOLÓGICAS PDF Imprimir Correo
Escrito por Altamirano/Dinamarca   
04-07-2010 a las 07:02:51

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LAS GRANDES TRANSFORMACIONES CIENTÍFICO-TECNOLÓGICAS

 

 

CARLOS ALTAMIRANO: -En la Época Moderna los avances cien­tíficos y tecnológicos transformaron radical e irreversiblemente la vida de las sociedades occidentales -vapor, electricidad, ferroca­rriles, cine, aviones, televisión, etcétera. Hoy estamos asistiendo a nuevas y aún más cruciales transformaciones: el "fin del trabajo" causado por la informática y la robotización; la biotecnología; la exploración del espacio; la energía nuclear; y la revolución en las telecomunicaciones.

HERNÁN DINAMARCA: -La técnica ha sido muy bellamente de­finida como la extensión de los sentidos del hombre y la mujer. Desde siempre la técnica maximiza la fuerza humana, extiende nuestra visión, nuestra memoria, nuestros sueños, nuestras manos...

Así entendido el proceso histórico de la ciencia-técnica, sin duda, que las nuevas tecnologías que usted ha destacado y la nueva cien­cia implican una ruptura con ese pasado humano, pues, por un lado, éstas ya no sólo extienden nuestros sentidos sino que ahora son ca­paces de crear nuevos sentidos y, por otro, ellas son sinónimo de un macro poder que nos interpela a una inédita responsabilidad como seres vivos que formamos parte de la red cósmica.

Por lo mismo, el devenir de la nueva sociedad y modo de vida posmoderno dependerá de la reflexividad y sabiduría que aplique­mos en todas nuestras necesarias innovaciones tecnológicas, o, di­cho en clave de interrogante, dependerá de la manera como nos relacionemos con la tecnología: ¿si la continuamos fetichizando a la manera moderna -nos fascinamos acríticamente- o bien la asumimos con serenidad y responsabilidad?

-Así es. La poderosa quilla del barco moderno está constituida por una acerada y compacta trilogía: ciencia, tecnología, industria. Europa y Estados Unidos inauguran el siglo XX siendo aún socieda­des semiagrarias -el 50 por ciento de la población trabajaba en la tierra- y concluyen el siglo convertidas en sociedades urbanas in­dustriales -con sólo el 3 o 4 por ciento de la población trabajando en labores más propiamente agroindustriales.

Hoy todos los presupuestos públicos de educación e investigación científica de los países modernos han venido creciendo en porcenta­jes exponenciales; sin considerar a las grandes transnacionales que tam­bién están haciendo enormes inversiones en ciencia y tecnología.

-Las empresas transnacionales saben de la importancia de la apropiación de la tecnología. Y más aún: al apropiarse de ella, abu­san de su poder; un poder que, sin embargo, ha sido un logro de toda la humanidad y en especial de la moderna. Usted ya lo dijo antes: fueron los Estados los que financiaron e incentivaron a cien­tíficos y técnicos para la creación y marcha de la carrera espacial, Internet, el Genoma Humano, etcétera. En fin, han sido los impulsores de esas innovaciones y, más tarde, esas empresas privati­zan esos saberes y tecnologías, se los apropian, los reutilizan y no pocas veces los reorientan.

-Sin duda, los más importantes descubrimientos científicos y tec­nológicos del siglo pasado se han hecho bajo patrocinio del Estado. A pesar de ello, hoy muchos hablan de su ineficacia, aunque en las horas de amenazas o peligros son los Estados, y no las empresas privadas, los que contribuyen a paliar los efectos de una hecatombe económica.

-Hablemos del "fin del trabajo" como corolario de la tecnolo­gía que sustituye la energía humana.

-Hace más de veinte años André Gorz escribió un libro profético, Adiós al Proletariado. En él preveía la gradual e inexorable reduc­ción del trabajo manual y una futura "sociedad del paro" -así la lla­mó-. El antiguo proletariado de la sociedad industrial no sólo se está reduciendo en términos relativos sino absolutos; según diversos pro­nósticos caerá a un porcentaje bastante inferior al 10 por ciento de la población activa antes de finalizar este siglo. Ante esta realidad, según Gorz, existían dos opciones básicas: o la sociedad del paro (que en parte ya existe en Europa) o la de tiempo libre, que también ha co­menzado a emerger. Esta última se basaría en el nuevo principio valórico: "trabajar menos para poder trabajar todos".

Hoy la tecnología está modificando decisivamente la maldición bíblica ("ganarás el pan con el sudor de tu frente"), pero, a su vez, se ha transformado en una maldición la falta de trabajo. Marx tampoco estuvo más acertado que la Biblia; para él, el motor de la historia era la lucha de clases -en lengua moderna, entre burgueses y proletarios-, pero resulta que el actual sistema de producción, informatizado y robotizado, ha ido eliminando al obrero y de paso también al viejo burgués; en los países de Europa ya hay 18 millones de desocupados. Algunos hoy están hablando de la "sociedad del ocio"; en Francia la semana laboral se ha reducido a 35 horas, y también se están institucionalizando una multiplicidad de otras formas de trabajo. La informatización y robotización no sólo ha devaluado el trabajo sino que incluso lo está eliminando. Marx, en sus visiones milenaristas, imaginaba una sociedad sin clases, sin Estado y sin dinero; pero nun­ca pensó en una sociedad sin trabajo.

-El tema de fondo es que hoy se requiere un cambio cultural para resolver la siguiente contradicción: las fuerzas productivas per­mitirían una sociedad en la cual los hombres podrían trabajar de una manera novedosa, creativa y libre; pero las relaciones de pro­ducción siguen exigiendo un embrutecimiento laboral productivista y orientado al sobreconsumo, así como aún existen lógicas que imponen que unos acceden al empleo y otros no. Por otra parte, la brutal desigualdad en la distribución del ingreso según los trabajos, en una sociedad que mide el "éxito" en función del ingreso de los sujetos, es causa en gran medida de que no se puedan realizar cam­bios orientados a una sociedad del tiempo libre.

-Sobre todo cuando la revolución informática en las comunica­ciones ha aumentado aún más las fuerzas productivas y, en conse­cuencia, permite producir un volumen notablemente superior de bie­nes y servicios empleando menos horas de trabajo. En Estados Unidos y Japón, a comienzos de este siglo, cada obrero trabajaba aproxima­damente 3.500 horas por año y ahora sólo lo hace 1.600 horas y pro­duce mucho más. En otras palabras, el trabajo está dejando de ser factor fundamental en la producción de bienes y servicios. La riqueza mundial se halla en notorio aumento; en cambio, el trabajo en franca disminución. Las nuevas tecnologías están devaluando por igual las materias primas y el trabajo. Cuando nos referimos al trabajo, esta­mos pensando en los miles de millones de seres humanos que viven del trabajo; en las organizaciones sindicales de los trabajadores; en los partidos políticos que aspiraban a representar el interés de la clase tra­bajadora, y también, en las identidades y culturas que se fueron conformando en torno a estas diversas formas de trabajo: campesina, obre­ra, minera, pesquera, empleados de cuello blanco, etc. En la misma medida en que se vaya transformando la naturaleza del trabajo, tam­bién deberán ir cambiando y adaptándose las organizaciones sindica­les, los partidos políticos y sus ideologías, las instituciones educacio­nales, en definitiva, la propia sociedad. Vivianne Forrester, en El Horror Económico, nos advierte, con razón, que el viejo concepto de trabajo se está vaciando de contenido, y originando así un tipo de sociedad donde sólo algunos pocos tendrán trabajo y altos ingresos mientras la enorme mayoría carecerá de él o lo tendrá muy "precarizado".

-¿Es sustentable una sociedad así? ¿Qué estructura social po­dría contener la furia de los millones y millones de pobres que sólo mirarían las vitrinas?

-Son preguntas inquietantes y casi sin respuestas si se conser­va el actual sistema productivo y su racionalidad. La Forrester nos entrega la siguiente información: "En 1958 había 25 mil desocupa­dos en Francia, mientras que en 1996 hay casi 3 millones y me­dio... además hay unos 120 millones de desocupados en el mundo, de los cuales 35 millones corresponden a los países industrializados y 18 millones a Europa".

-En nuestros países las cifras aún no son tan alarmantes, salvo que se considere el "empleo informal" y los altos índices de cesantía juvenil.

-La anterior información nos lleva a formularnos la siguiente pregunta: si recién ha comenzado el proceso de mundialización de las tecnologías que llevan a la reducción del trabajo, y ya existen 120 mi­llones de desocupados, ¿cuál será la suerte de éstos dentro de veinte o treinta años más? En vista de las cifras que antes daba sobre la explo­sión demográfica, ¿cuál será el porvenir de centenas de millones de jóvenes en el mundo? ¿Deberán caer aún más los ingresos de enormes masas de trabajadores -aún cuando nadie pueda afirmar con certeza que este mecanismo haga crecer el empleo- y también deberá au­mentar correlativamente la delincuencia en grados incontrolables? ¿Cómo resuelven los "profetas" del pensamiento único -del neoliberalismo transnacionalizado- este círculo vicioso? Su respuesta es muy sencilla: más competitividad y más productividad, pero al mismo tiempo -agrego yo-: más desempleo y menores salarios.

-En Estados Unidos y Europa, el Tercer Sector (ni estado ni gran empresa), asociativo e inspirado en una lógica sin fines de lu­cro, está plantando desde la sociedad civil los primeros gérmenes de una nueva manera de producir y relacionarse. Jeremy Rifkin afir­ma en su libro El Fin del Trabajo que "el tercer sector juega un papel social cada vez más importante en el mundo... ha crecido sen­siblemente en los últimos años... y es la única opción con futuro ante la actual crisis económica y laboral causada por la actual revolución tecnológica y las desigualdades sociales". Y entrega cifras para 1990: 350.000 organizaciones en Reino Unido con un 4 por ciento de par­ticipación en el PBI. El 39 por ciento de la población norteamerica­na participa en actividades del tercer sector. En Francia, en sólo un año -finales de los ochenta- se crearon 43.000 asociaciones en la sociedad civil y el empleo en el tercer sector ha crecido en forma irregular mientras disminuye en la economía formal. El tercer sec­tor en Alemania crece más rápido que el público y el privado. El 15,4 por ciento de la población adulta de Italia dona su tiempo libre a actividades de ese tipo. En Japón ha crecido de manera espectacu­lar: 23.000 organizaciones de caridad, 12.000 de bienestar social, 130.000 "rozin" para los adultos mayores, entre otras organizacio­nes "no profit". 70.000 ONG en la ex Unión Soviética y Europa central. En Asia existen 20.000 asociaciones de la sociedad civil. En África 4.000 y en América Latina, sólo en Brasil había, en 1990, 100.000 asociaciones comunitarias.

El Tercer Sector, según Rifkin, es la alternativa societal para en­frentar el fin del trabajo y redistribuirlo, es una nueva organiza­ción social, una coartada de la ciudadanía para ocupar el espacio redistributivo que abandonó el Estado y que la gran empresa nun­ca ha creado, es una nueva relación social inspirada en valores como la cooperación y la solidaridad. En Estados Unidos, por ejemplo, ya hay ciudades enteras donde circula un nuevo papel dinero que se usa como un "trueque" para intercambiar valores de trabajo socialmente necesario, dinero que incluso aceptan algunas entidades financieras. Yo agregaría que el Tercer Sector es uno de los más potentes indicadores de lo que deberá ser una Nueva Economía en un sentido integral (y no sólo como propagandísticamente se suele asociar el concepto de nueva economía de manera unilateral a las empresas tecnológicas y al comercio electrónico).

-Volviendo a los descubrimientos científico-técnicos del siglo XX, hablemos de uno de los más importantes, la energía nuclear. De haber­se realizado este magno descubrimiento con alguna anticipación, por Hitler o Stalin, el curso de la historia habría cambiado radicalmente. La Alemania nazi o el comunismo soviético serían hoy los dueños del mundo, y muy poco le faltó a Hitler para hacerse primero que los norteamericanos con el poder atómico. Felizmente, por el momento se ha reducido el terror de una conflagración nuclear inminente; pero la espada de Damocles encarnada en la energía nuclear continuará sus­pendida en el subconsciente colectivo de la humanidad. Los cinco paí­ses poseedores del secreto nuclear ya han aumentado a siete y, aún cuando el resto ha renunciado a fabricar bombas atómicas, no existe una real garantía de que ello ocurra así. E incluso, ¿por qué no prever la existencia de ciertos grupos terroristas en estado de fabricar algún tipo de arma nuclear?

-O bien alguna corporación transnacional, ahora con más po­der que muchos Estados, perfectamente podría construir la bomba.

-Sin duda, las grandes empresas transnacionales especializadas en la producción de equipos nucleares están en perfectas condiciones de fabricarlas. Por lo mismo, no es irracional pensar en grupos terro­ristas capaces de dotarse de estas armas. Los procesos de fabricación ya son suficientemente conocidos y el financiamiento está al alcance de más de alguna de esas organizaciones. Además, más allá de la no descartable amenaza de guerra entre países, se halla siempre latente un estallido accidental de alguna de las miles de ojivas conservadas en deplorable estado en Ucrania o en Rusia. Y también está la posibili­dad de nuevos accidentes en alguna de las múltiples plantas nucleares diseminadas por el mundo. Chernobyl, con sus 300.000 muertos, dio la primera y más dramática de las señales de alarma. Más de alguna de estas plantas, incluso en Estados Unidos y Japón, ha experimentado serios desperfectos. ¿Y dónde se están ocultando los desechos nuclea­res? La humanidad deberá acostumbrarse a convivir con esta podero­sa y mortal espada de Damocles.

El descubrimiento de la energía nuclear constituye sin duda un caso más de la paradigmática ambigüedad moderna; en ella se refleja fielmente la doble cara del progreso. Progreso, si se la usa para fines pacíficos, aún cuando su sola existencia entrañe grave peligro; o des­trucción y muerte si se la emplea con fines bélicos. Más de doscientos mil muertos y miles de heridos y condenados a muerte hubo en Nagasaki e Hiroshima, y sólo se trataba de bombas de escasa poten­cia. La era nuclear se ha iniciado. Es probable que en un tiempo más se descubra la energía por fusión del oxígeno y, cuando eso suceda, el hombre dispondrá de una capacidad destructiva aún muy superior a la actual, y casi sin costos.

- En rigor, el arma nuclear fue la primera espada de Damocles. Ahora tenemos armas químicas y biológicas. Confío, sin embargo, en la regulación ética del ser humano. Estos son poderes de tal magnitud que terminaremos por entender que no se los puede usar destructivamente. Son el signo cultural y ético persuasivo más po­deroso para terminar con las guerras globales. Clausewitz, teórico moderno, decía que "la guerra es la continuación de la política por otros medios". Esa frase valía para la Época Moderna, cuando las armas aún permitían el "juego de la guerra como paroxismo de la política"; pero, con los armas nucleares, biológicas y químicas de destrucción global, esa frase o no dice nada o en el mejor de los casos podría incentivar una conducta de mayor responsabilidad, al menos en el escenario mundial, ya que "si la guerra realmente con­tinuara la política por otros medios, hoy sería para instaurar el im­perio de la muerte global".

Hace sólo cuarenta años la frase de Clausewitz era un lugar co­mún en la política; ahora, nadie en su sano juicio la sustenta.

-Nos encontramos frente a una realidad inédita. Como ya lo he expresado, por primera vez en la historia habitamos en una época de dimensiones universales y también, por primera vez, algunos seres humanos disponen de la capacidad suficiente para destruir íntegra­mente el planeta. Estamos bajo la amenaza de un nuevo terrorismo posmoderno que, como tú recordabas, posee armas biológicas, quí­micas y nucleares. No es casual que el cine de ciencia ficción especule con la existencia de un mundo posdestrucción nuclear, de posterrorismo biológico o posdominio de las máquinas. Entramos al tercer milenio de la era cristiana y a la primera era de la civilización planetaria en una situación de extrema inestabilidad, inseguridad e incertidumbre, tanto por motivaciones sociales, como ecológicas, demográficas, económicas y nucleares, agravadas porque se trata de un período de transición civilizacional; y en toda transición se producen vacíos de poder, pérdida de sentidos de vida y corrupciones de todo orden. Para muchos, el descubrimiento de la energía nuclear ha im­portado los inicios de una nueva era, de un antes y de un después, pero sólo el tiempo nos dirá si existirá o no ese después.

LA MÁS TRASCENDENTE DE TODAS LAS REVOLUCIONES: LA BIOTECNOLOGÍA

-Varias veces en nuestra conversación ha relevado a la biotecnología como el gran hito de la actual transición epocal.

-Es que entre todos los avances, la biotecnología me parece el más espectacular, pero al mismo tiempo el más aterrante. Estas tecno­logías están violando fronteras morales, humanas y sociales hasta ahora prohibidas: manipulación genética, fecundación artificial de animales y seres humanos, congelamiento de embriones, bancos de semen, arriendo de vientres, clonaciones (por el momento de animales). La ingeniería genética está permitiendo que la humanidad cree nuevas especies animales y vegetales. Hasta hace poco este poder estaba ex­clusivamente reservado a Dios. De esta manera, el hombre asume el poder demiúrgico de engendrar nuevas especies vivientes en los rei­nos vegetales, animales y también humano. En un tiempo más será posible transformar y manipular el genoma humano, "fabricar" un ser humano con o sin ciertas predisposiciones físicas o mentales, in­cluso conforme a un modelo ideal. Los avances en materias médicas y biotecnológicas están planteando problemas morales de carácter in­édito; por lo mismo se han creado comisiones de bioética en casi to­dos los países del mundo.

-En los países europeos y Estados Unidos éste es un debate po­lítico de primer orden y, por lo mismo, están regulando la práctica biotecnológica a partir de discusiones bioéticas: uno de los límites hasta ahora acordados es la clonación humana y otro es la divulga­ción de antecedentes genéticos sin consulta a la persona. También están regulando el comercio de productos transgénicos e incluso en algunos casos prohibiendo su comercialización. En todo el mundo nacen asociaciones de consumidores que los están rechazando por su eventual impacto negativo sobre la biodiversidad y sus posibles consecuencias no deseadas.

Pongo énfasis en lo anterior, porque sin duda es fundamental y necesaria la exploración científica en la trama de la vida -la ex­presión es de Fritjof Capra- y también lo son sus aplicaciones en la biotecnología; pero asimismo es importante relevar que uno de los ámbitos humanos más necesitados de regulación, por sus eventua­les impactos no deseados, será la biotecnología. Afortunadamente los sectores responsables de la especie así lo exigen y cada vez lo tienen más claro: en 1999, por ejemplo, en la Conferencia Mundial de Cartagena, Colombia, se discutió políticamente acerca de la biotecnología y el comercio transgénico, y en enero del 2000 en Montreal, Canadá, en el Convenio sobre la Biodiversidad de las Naciones Unidas se firmó un "Protocolo de Bioseguridad" que re­gula el movimiento transfronterizo de los organismos genéticamente modificados (OGM).

-La batalla por el control biotecnológico y de la ingeniería genética recién está comenzando con las clonaciones y con la aparición de los nuevos alimentos transgénicos. Nos encontramos sólo en el preludio de la más trascendente y la más definitiva de las revoluciones que han venido cambiando la vida de los seres humanos. La revolución biotecnológica impacta directamente en la vida de cada individuo. Te refieres a diversos intentos de regulaciones en las investigaciones biotecnológicas y sobre todo en sus posteriores aplicaciones. ¿Pero hasta cuándo podrá prohibirse la clonación de seres humanos? ¿Has­ta cuándo se impedirá divulgar antecedentes genéticos de una perso­na sin su autorización? ¿Hasta cuándo se regulará el comercio de pro­ductos transgénicos?

-Dependerá de cómo se vaya resolviendo este nuevo desafío cultural. Otra dimensión que genera gran inquietud y debate político en Estados Unidos y Europa es la posibilidad que gigantes transnacionales de la biotecnología como Monsanto, Dupont, Novartis, privaticen (patenten) el patrimonio genético de la vida, humana y no humana. El último libro de Jeremy Rifkin, "El siglo Bioetic", ha mo­tivado intensas polémicas. Rifkin reconoce que el conocimiento de los genes es capital para la evolución humana; por lo mismo apela a la "urgente necesidad de un tratado internacional que declare que to­dos los genes son patrimonio de toda la humanidad", recogiendo como ejemplo la experiencia del tratado respecto a la Antártica. También en su obra Rifkin evalúa que hay dos maneras de desarrollar la biotecnología: una es la aplicación "hard", que él critica por ser reduccionista, cartesiana, no integrada, que busca transformar las semillas en armas y una comercialización indiscriminada de los OGM; y otra es la aplicación "soft", que él propone y defiende con el objeto de que la genética ayude a integrar mejor las culturas a sus ecosistemas. Según Rifkin, la tendencia "hard" es creerse un Dios ajeno a la naturaleza y la sensibilidad soft quiere convertir a la hu­manidad en un compañero integrado a la coevolución. Rifkin pro­nostica que ésta será una de las grandes contradicciones de la nueva época histórica y que por eso ya están apareciendo tantos movimientos ciudadanos pro derechos genéticos

-Participo plenamente de la necesidad de introducir estos con­troles, pero soy pesimista acerca de sus resultados. Por ejemplo, pese a las oposiciones, hace algunos meses el gobierno británico habría dicho que "daría luz verde a la clonación de embriones humanos con fines de investigación médica". Pienso que el hombre terminará ha­ciendo todo lo que esté en condiciones de hacer. El mundo moderno ha concluido comercializando o mercantilizando todo cuanto existe.

-Incluso en Chile hace un par de años se inició entre personas agobiadas por problemas económicos "la moda" de poner a la ven­ta riñones y córneas, en un dramático "ganarás el pan subastando los órganos de tu cuerpo".

-¿Acaso médicos y clínicas católicas no realizan fecundación asis­tida o in vitro, a pesar de que la Iglesia las ha prohibido? En general, la respuesta del mundo católico ha sido apelar al origen divino del ser humano; en consecuencia no se podría atentar en contra de su digni­dad ni someterlo a manipulaciones genéticas o permitir la venta co­mercial de sus órganos. Sin embargo hasta ahora estas prohibiciones sólo han tenido el carácter de meras recomendaciones.

Con la fertilización asistida han nacido nuevas categorías de ma­dres: la madre genética y la biológica; la segunda arrienda su vientre para permitir el desarrollo del embrión.

-Otro tema muy serio es el de la medicina genético predictiva, pues podría causar una irreversible forma de discriminación. Ésta, a diferencia del ayer, ya no será étnica ni económica ni sexual ni por lugar de nacimiento, sino que por disposición genética. Sería la pri­mera discriminación absoluta e irreversible en la historia humana: podría gestar ciudadanos de distintas categorías según su predispo­sición genética.

De ahí que en Europa y Estados Unidos se esté regulando en aras del derecho al secreto personal y se discuta prohibir la práctica de no pocas grandes empresas que para contratar a alguien exigen un examen genético que descarte la disposición a contraer determi­nadas enfermedades. Por ejemplo, científicos norteamericanos que trabajan en el "Consejo de una Genética Responsable" han docu­mentado miles de casos de personas sanas a quienes se ha negado seguro o empleo por "predicciones" genéticas. La Unión Estado­unidense por las Libertades Civiles ha promovido, estado por esta­do, leyes para la reducción o eliminación de la discriminación genética. Unos quince estados ya han aprobado algún tipo de regulación. Existe, además, la ley federal Kennedy-Kassebaum, que li­mita la discriminación genética en ciertos tipos de seguros médicos, aunque no se aplica a los seguros de vida ni al empleo. A su vez, el presidente Clinton anunció un proyecto federal que prohibiría a las compañías de seguros utilizar cualquier tipo de información genética.

Sin embargo, más allá de la amenaza de la discriminación abso­luta, esta fascinación acrítica (y además científicamente infundada) por el determinismo genético, tiene otras consecuencias sociales. Cito al profesor Philip Bereano, de la Universidad de Washington: "un énfasis excesivo sobre el papel de los genes en la salud humana des­cuida los factores ambientales y sociales. Por ejemplo, existen prue­bas que vinculan la contaminación ambiental (y el estrés vital) con el cáncer. No obstante, las investigaciones tienen como prioridad la identificación de predisposiciones genéticas al cáncer. Si esta enfer­medad se considera principalmente de origen genético, los legisla­dores podrían abandonar los esfuerzos por limpiar el ambiente de agentes cancerígenos en favor de una búsqueda de 'genes cancerí­genos'. En efecto, estimulamos la actitud de culpar a la víctima por sus genes defectuosos, mientras condiciones sociales como la pobre­za y la contaminación ambiental, que se relacionan directamente con enfermedades y altos índices de mortalidad, se vuelven menos importantes".

-Los problemas que se generarán por estas nuevas y revolucio­narias experiencias serán imponderables. Los mayores conglome­rados transnacionales del mundo se encuentran empeñados en una durísima competencia de compras y de fusiones por lograr controlar el mercado biogenético del futuro. La mayor de estas OPAS viene de realizarla Pfizer, al pretender la compra hostil de otra de las mayores empresas norteamericanas, en algo así como 80 mil millones de dóla­res. La carrera por adelantarse en el conocimiento y decodificación del genoma humano exige inversiones de millones de millones de dó­lares. Y ya muchos de los descubrimientos en esta materia han sido patentados; por el momento exhibe el mayor número de patentes el departamento de salud del gobierno norteamericano. Por esto veo muy difícil, viviendo en un capitalismo salvaje, que se limiten o prohíban descubrimientos que pueden generar miles de millones de dólares de utilidad.

-Usted lo ha dicho, las cosas seguirán así si seguimos viviendo en el "capitalismo salvaje" propio de la modernidad tardía. Hay excesos tecnócratas muy singulares: Stephen Hawking, en una re­unión convocada por Clinton para proyectar el siglo XXI profetizó que el ser humano del futuro será mejor porque resultará de la in­geniería genética. Es curioso: la idea moral del "hombre nuevo" guevarista y de tantas utopías es recuperada en clave biotecnológica.

Hay que decir, sin embargo, que científicos más profundos, me­nos tecnócratas y autocomplacientes, ven en ese arrebato de mani­pulación determinista de los genes un riesgo inconmensurable, ya que se interviene, de modo irresponsable e ignorante, en una evo­lución biológica milenaria y complejísima. Quizá sea éste el debate más profundo de la bioética.

-En la década de los ochenta, el gobierno de Estados Unidos re­solvió encomendar al Instituto Nacional de Salud un proyecto de impredecibles consecuencias: definir el mapa y la secuencia del genoma humano. Cada célula contiene la historia y los secretos de la evolu­ción de la vida en la Tierra. Y sólo el día 26 de junio de 2000 ha salido una histórica declaración de numerosos científicos, del presidente de Estados Unidos y del Primer Ministro de Inglaterra anunciando ha­ber decodificado el 97 por ciento del mapa del genoma humano.

-Es, sin duda, un salto cuántico, cuyas consecuencias en una medicina gestionada con sabiduría y responsabilidad son un esce­nario abierto. Además, uno se pregunta de qué manera el develamiento del "libro de la vida" incidirá en la conciencia hu­mana. Por ejemplo, Jon Seger, biólogo evolutivo y genetista de la Universidad de Utah, Estados Unidos, ha escrito: "El genoma nos pone cara a cara con el resto de la naturaleza... (y) se ven los mismos genes en moscas, gusanos, monos, plantas, ratones y personas. Es la evolución desplegada para que todos puedan verla. No hay nada peculiar o distintivo en nosotros...". En fin, nos interpela a la frater­nidad de todo lo vivo. Y entre la especie humana la homogeneidad genética es impresionante: un 99.9 por ciento, pues sólo el 0.1 por ciento hace nuestras diferencias físicas como individuos singulares.

-En estos instantes decenas de científicos buscan en los lugares más apartados del planeta el ADN de los pueblos primitivos, para así lograr conocer más acerca de nuestros antecesores. En Inglaterra se está instalando un banco de datos genéticos, algo que hasta hace poco parecería un tema de ciencia ficción. A través del estudio de los genes de unos 500 mil británicos se pretende conocer la influencia tanto de los factores genéticos como la del medio ambiente en la conforma­ción de un ser humano. En Estonia, Suecia e Islandia ya se han reali­zado investigaciones de este tipo. La autoridad sanitaria del Reino Unido pretende mantener bajo estricto control público los datos acu­mulados en este banco y al mismo tiempo, las donaciones serán total­mente voluntarias. El objetivo es analizar la historia genética de los habitantes de Inglaterra, así como la correlación entre los factores hereditarios y los culturales en el desarrollo del pueblo inglés y, por último, analizar los tipos de enfermedades más corrientes, así como sus posibles tratamientos. Por cierto, la instalación de este banco ha motivado una enorme polémica. En todo caso, estas investigaciones están abriendo horizontes insospechados en el conocimiento de la evolución humana.

-La búsqueda del ADN entre los indígenas vivos a que usted hacía mención ha generado una controversia política y una reacción de los propios pueblos originarios. En 1997, por ejemplo, se reunie­ron las organizaciones de pueblos indígenas y emitieron la Declara­ción de Ukupseni, Kuna Yala, sobre el proyecto de Diversidad del Genoma Humano. Ahí decían: "teniendo evidencia que intensas investigaciones ya se han realizado y se continúan haciendo en nues­tras comunidades, exigimos la devolución completa de las coleccio­nes genéticas almacenadas [...] los pueblos indígenas no nos opone­mos al desarrollo y usos de nuevas tecnologías, siempre y cuando esto no atente contra las relaciones armónicas y los principios de so­lidaridad y derechos fundamentales universalmente reconocidos [...] nuestra existencia milenaria se ha basado en el principio de respeto, solidaridad y armonía con los elementos naturales. En este contexto nuestra declaración es un aporte a toda la humanidad".

-Este nuevo y asombroso conocimiento nos permitirá prevenir enfermedades hasta ahora incurables y manipular, por ejemplo, los genes de las vacas para que unas produzcan más leche y otras más carne según las necesidades del mercado. Al animal se lo transforma así en una verdadera "fábrica biológica". Iguales experimentos se es­tán realizando en muy diversas especies de animales, peces, pájaros y vegetales. Se están produciendo los llamados alimentos transgénicos, esto es, vegetales o frutas modificados genéticamente: tomates, trigo, maíz, aceite, algodón, y diversas clases de frutas alterados genéticamente.

Pero los problemas éticos, filosóficos, políticos, antropológicos y económicos derivados de la ingeniería genética tendrán consecuen­cias decisivas en la organización de la sociedad futura; desde luego, como ya advertimos, los sistemas de producción agrícola, ganadera, etc., experimentarán cambios radicales y se están presentando como una solución definitiva para evitar el hambre en el mundo. Lo más afectado por estos sorprendentes descubrimientos parece ser el mun­do católico; de aquí la decidida oposición de la Iglesia a este tipo de investigaciones. La adopción del pensamiento racional en los inicios de la moderna civilización europea condujo también a un conflicto entre las verdades divinas proclamadas por la Iglesia y las nuevas ver­dades enunciadas por la ciencia. Hace sólo un año que la Iglesia cató­lica ha reconocido el grave error cometido con la condenación de Galileo y también por el rechazo de la teoría de la evolución de Darwin. Los actuales argumentos de la Iglesia para oponerse a estas investigaciones no son muy distintos a los de ayer. La ingeniería genética en seres humanos sería inmoral porque estaría invadiendo dominios "re­servados a Dios"; además sería "antinatural" y atentaría contra "la dignidad humana". Como siempre, estos juicios tautológicos de la Iglesia se apoyan en afirmaciones rotundas y dogmáticas. ¿Cuáles son los dominios reservados a Dios y quién ha definido sus límites? ¿Cuál es el concepto de "lo natural", que permite establecer el carácter "an­tinatural" de estos experimentos? ¿En qué medida estas investigacio­nes atentarían contra la dignidad humana? También Leonardo Da Vinci, hace cinco siglos atrás, habría atentado contra el carácter "sa­grado del cuerpo humano" por haber realizado estudios anatómicos en cadáveres; más tarde se llevaría a la hoguera a Giordano Bruno por una situación semejante. Descartes también fue sometido a fuertes presiones por sus concepciones, consideradas contrarias a las impar­tidas por la Iglesia y, por años se postergó la publicación de la Enci­clopedia de Diderot y D'Alambert porque se la estimaba contraria a las verdades de la Iglesia.

Por cierto, mis dudas acerca de los posibles efectos de estas investigaciones biogenéticas no son las mismas que las de la Iglesia. Por ejemplo, no advierto razones para que alguien se oponga a recurrir a la ingeniería genética si su hijo por nacer tiene alta predisposición a contraer cualquiera de alguna de las enfermedades incurables; y por qué podría ser "más natural" tratar un cáncer después de ser diagnos­ticado y no mediante la manipulación genética antes de que aquél se desarrolle. Dados los avances prodigiosos de la ciencia médica, los trasplantes de órganos, los marcapasos, las operaciones a corazón abier­to, la inseminación artificial, los cambios de sexo, el arriendo de vien­tres, los bancos de óvulos y espermatozoides, ¿cuáles serían los lími­tes de lo natural?. En cambio, sí me parecería altamente dudoso aceptar la reproducción de seres humanos mediante el mecanismo de la clonación: personalmente no confío en nuestra sabiduría para decidir acerca de cuáles son los tipos ideales de personas que merecen repro­ducirse. Ya Hitler intentó hacerlo, y podemos fácilmente suponer cuál habría sido su modelo ideal o cuál habría sido el de Stalin.

-Usted ha mencionado las objeciones de la Iglesia y cuan difí­cil es compartirlas, por sus incoherencias y porque prolongan una actitud que históricamente se ha mostrado equivocada. Sin embar­go hay otras objeciones éticas más profundas que son coherentes con una nueva concepción de mundo posmoderna; éstas no niegan ni entorpecen la aventura de la ciencia, sino que la asumen desde otra mirada. Al respecto mencionaré sólo dos aspectos cualitativos relevantes.

Primero, hay un debate muy intenso entre los biólogos acerca de lo insuficiente que es la creencia en una absoluta y lineal determi­nación genética en los organismos vivos. Hay importantes biólogos -diría que los más prestigiosos, los que están en la frontera de la biología de sistemas- que relativizan la supuesta linealidad causal de los genes. Reconocen en los genes y en sus interacciones a modeladores de potencialidades de los organismos vivos; pero no aceptan -avalados por sus experimentos- la supuesta e inexisten­te linealidad determinista: para cada gen específico un rasgo com­plejo. Estos biólogos privilegian la plasticidad del organismo, por­que cada vida es un sistema autopoiético -una organización que se regula y recrea en un todo que articula sus elementos constitutivos- y que mantiene interacciones sistémicas con el entorno natural y so­cial. Por eso muchos se oponen a la enorme cantidad de recursos que se entrega al proyecto del Genoma Humano y cuestionan las ex­pectativas que se han puesto en su develamiento; ellos, sin negar la investigación y la importancia de conocer el genoma, ponen una señal de alarma sobre los riesgos de una intervención irresponsable en esos sistemas complejos, se oponen a la ideologización de sus supues­tos beneficios y en especial a los intereses comerciales del proyecto.

En segundo lugar, también muchos científicos y pensadores creen que hoy podríamos asistir a una nueva amenaza, desconocida e in­controlable, debido a lo inmanejable que puede resultar una mani­pulación genética que se efectúa en una evolución natural milenaria, de asombrosa belleza y complejidad, en que la naturaleza tardó mucho en generar la diversidad de especies y sus complejas formas de organización de la vida; mientras que ahora nosotros, en un acto emulador de lo que antes habíamos llamado "divino", pese a des­conocer todas las variables de nuestra intervención, creemos tener el conocimiento para poder cambiar la vida.

En este contexto, es necesario reflexionar serenamente respecto a que una instrumental intervención biotecnológica podría escapar de nuestras manos, en tanto desconocemos todas las variables im­plicadas en organismos complejos y frutos de una larga evolución. Con esto, insisto, no quiero negar la belleza y potencialidad de nues­tro conocimiento acerca de la vida y la biotecnología.

-A no dudarlo, los colosales avances biotecnológicos se encuen­tran plagados de amenazas, peligros, miedos y dudas, pero también de esperanzas para millones y millones de seres humanos.

 

LA REVOLUCIÓN EN LAS TELECOMUNICACIONES

-La revolución ocurrida en el campo de las comunicaciones viene desarrollándose desde comienzos del siglo XX con el teléfono, la ra­dio, el cine, y más tarde la televisión, hasta llegar a Internet. En cada una de estas áreas, a su vez, se han realizado avances prodigiosos: de la telefonía fija a la telefonía móvil, y de ésta a los celulares con pantallas de televisión y acceso a Internet; de la televisión en blanco y negro a la televisión en colores, de la televisión abierta a la satelital, y de la televi­sión analógica a digital y de alta definición; desde el fax a los correos electrónicos. Lógicamente, estas tecnologías están influyendo en las ediciones de libros y en la prensa escrita. Dos compañías norteameri­canas han editado los primeros "libros electrónicos": Rocket Book, con capacidad para contener 55 mil páginas de textos y gráficos en un aparato de pocos centímetros y de sólo 600 gramos de peso; y Soft Book Reader, el cual podrá tener hasta 85 mil páginas conectadas di­rectamente a la web, sin necesidad de mediar un computador; digamos, una biblioteca de mediana dimensión guardada en un solo "libro". ¿En qué medida el libro electrónico sustituirá al antiguo libro impreso clásico? No lo sabemos, pero en mi caso encontraría una desgracia la des­aparición de las bellas bibliotecas que han existido hasta ahora.

-Para su tranquilidad, en general las innovaciones tecnológi­cas en comunicaciones suelen a la larga complementarse. Es cierto que hoy se da una suerte de fascinación acrítica por las nuevas tec­nologías, pero confío en que, al menos en lo que a libro electrónico y libro impreso se refiere, vendrá la calma.

-La novedad de estas tecnologías es que están confluyendo en un mismo momento, interconectándose y potenciándose unas con otras. Ésta es una verdadera revolución en el ámbito comunicacional con incidencias fundamentales en la vida cotidiana de la gente, en el fenó­meno de la globalización de la economía y en las grandes transforma­ciones que están ocurriendo al interior de la empresa capitalista.

Difícilmente el fenómeno de la globalización habría alcanzado tal potencia si no fuera por las nuevas tecnologías que permiten comuni­carse al instante de un extremo al otro del mundo. Pero, a su vez, el proceso de globalización ha ido difundiendo por todos los países de la Tierra estas nuevas tecnologías. Las nuevas técnicas de la telecomu­nicación están incidiendo en los modos de producir y distribuir los bienes y servicios a través del mundo.

Quiero hacer sólo una breve reseña de los cambios generados por esta revolución telecomunicacional.

Está contribuyendo al nacimiento de un nuevo mundo de dimen­siones planetarias.

Está emergiendo una "nueva economía", fundada en un nuevo tipo de empresas llamadas tecnológicas, valorizadas en cifras inconmen­surables, funcionando a través de mercados electrónicos y emplean­do correos electrónicos.

Nacerán nuevas formas de democracia, democracias electrónicas, plebiscitarias, directas y participativas.

Nacerán nuevos Estados dotados de soberanía muy limitada, más pequeños pero más eficaces y menos burocratizados, provistos de nuevos marcos regulatorios de acuerdo a las nuevas realidades econó­micas, sociales y ecológicas emergentes.

Nacerán nuevas formas de "educación computarizada" y "a dis­tancia", el conocimiento se masificará mediante toda la parafernalia de artefactos comunicacionales: videos educativos, software didácti­co, conferencias y foros televisivos, correos y libros electrónicos y, sobre todo, aprovechando las enormes potencialidades que ofrece la reciente tecnología de Internet.

Irá naciendo una nueva cultura de carácter universal, más plural y cosmopolita y, en consecuencia, menos tradicional y provinciana. Las culturas conservadoras serán sometidas a un intenso asedio. Inevita­blemente visiones políticas y éticas más amplias y tolerantes irán im­poniéndose en los distintos países de la Tierra.

Nacerán nuevas formas de convivencia. En un comienzo, éstas podrán provocar serios traumas en las vidas individuales.

Nacerán nuevas formas de hacer política, utilizando la panoplia que ofrecen los medios de comunicación, especialmente Internet. Un movimiento político como el de Chiapas ha logrado resonancia mun­dial debido, precisamente, a las dotes comunicacionales de su Co­mandante Marcos.

-Internet y su incidencia en la vida cotidiana es la manera más visible de recordarnos que hoy somos un poder tecnológico enredado planetariamente, lo cual por sí solo es ya un cambio cualitativo y epocal. Es un gran poder que nos interpela a una nueva responsabilidad.

Usted destaca los múltiples ecos en el modo de vida generados por la revolución telecomunicacional. Agregaría a su lista un inédi­to riesgo: entramos a una nueva época de posibles accidentes tecnológi­cos generales. El pensador francés Paul Virilio lo explica diciendo que el accidente tecnológico que en la Modernidad fue el hundimiento del Titanic, por ejemplo, afectó a un contingente puntual en un espacio local; en cambio, lo inédito de la Posmodernidad es que un acciden­te tecnológico en Internet ahora podría desencadenar impactos globales (cuando hoy circulan virus por la red tal vez estamos recién palpando sus aún inmedibles y catastróficos resultados).

El mismo Virilio dice que asistimos a una virtualización de lo real: el tradicional agora y la plaza pública como reales espacios comunicación cara a cara se transforman en la plaza virtual que es la TV y la red. A veces conocemos más al personaje virtual de una teleserie que a nuestro cercano y real vecino. El próximo, el próji­mo, se transforma en la espectralidad de lo lejano.

-Internet no es ajeno a todo esto. Cuando se creó la red en 1969 comunicaba a los científicos y técnicos del Pentágono. No han trans­currido aún veinte años desde que esta invención se expandiera al res­to de los países, y ya una población cercana a los 400 millones de cibernavegantes está conectada a esta invisible red mundial. Los "cibernautas" pasan largas horas en la red, sin cuidarse de respetar fronteras nacionales, a pesar de haber ido a buscar datos en bibliote­cas lejanas, a leer diarios de otros países o asistir a un concierto en Tokyo o Nueva York.

Para algunos apologistas de Internet esta nueva invención es sólo comparable a los tres momentos estelares de las comunicaciones hu­manas: la aparición del lenguaje, el descubrimiento de la escritura y la invención de la imprenta. Internet es, a no dudarlo, la máxima crea­ción en la seguidilla de invenciones comunicacionales.

- El biólogo evolutivo británico John Maynard Smith afirma que el devenir de lo vivo es la historia de la transmisión de in­formación, y en esta historia reconoce seis momentos claves: 1) la aparición de las moléculas replicadoras de información (el ADN y el ARN); 2) el intercambio de información genética en­tre bacterias que se acercan físicamente en una especie de "sexo no reproductivo"; 3) la aparición de organismos multicelulares que transmiten información intergeneraciones a través del sexo reproductivo, y también esa información transmitida es capaz de diferenciar células que funcionarán cooperativamente en un organismo más complejo; 4) (y aquí entramos ya en el devenir vital de lo humano), la aparición del lenguaje, que transmite más experiencia (información) entre generaciones y coordina conductas culturales; 5) el surgimiento de la escritura, que po­tencia el lenguaje oral al fijar esa información; y 6)Internet, por­que al digitalizar la información la convierte en "tiempo instan­táneo" que nos interconecta en el espacio.

-Hace un tiempo, en un foro, Felipe González preguntó a Fer­nando Flores qué opinaba sobre Internet, la respuesta de éste fue la­cónica: "Internet no es una tecnología, Internet es una Era."

Para la mayoría de los expertos, la empresa transnacional que no esté conectada a Internet simplemente desaparecerá. Por eso las ma­yores multinacionales del mundo -entre ellas General Motors, las petroleras y las distribuidoras de autos- están creando empresas pro­pias para utilizar sus servicios tanto para sus adquisiciones como para las ventas al público. Internet, a semejanza de Dios, está en todas par­tes. No es propiedad de nadie. Para Marx habría constituido un gran dilema el análisis de esta gigante telaraña: pero que no tiene propieta­rio y no podría ser expropiada.

-Lo último que usted dice lo relaciono con el primer rasgo revolu­cionario que podría traer Internet en la producción de sentidos. Si Internet continúa operando como una red abierta (de libre acceso) de computadores, podría dejar de tener vigencia la propiedad tradicional de los medios tecnológicos de comunicación (no obstante podrían sur­gir otras formas de propiedad, de portales y de nodos, por ejemplo); pero la propiedad tradicional de los medios productores de significados sería subvertida (o diversificada) en tanto cualquier "alfabetizado informáticamente "podría generar sentidos desde su computador a tra­vés del diseño de su propia web (portal). En fin, podría ser una inimaginada democratización de las comunicaciones, en tanto se cautele una democratización en el acceso "alfabetizado" a la red.

-Internet es un espacio público y también privado, de estudio y de información, lúdico y de trabajo; es el mayor mercado de compra y venta de todos los bienes y servicios imaginables, es escuela y univer­sidad, puede servir para consultar a un médico fuera del país, es taller de arquitectura y también estudio de abogado; es sala de cine y biblio­teca simultáneamente; lugar de lectura de diarios, revistas, artículos, documentos y libros de la más diversa naturaleza y procedencia; en su pantalla pueden leerse las proclamas políticas de los guerrilleros de Chiapas y también los manifiestos de ecologistas, feministas y pacifis­tas; es exposición de pinturas y sala de conciertos; y es un lugar de información sobre toda clase de productos y servicios: espectáculos, asuntos bancarios, restaurantes, vestimentas, seguros, viajes turísticos, pasajes de avión, etc. Resulta difícil imaginar cómo, a través, de una pequeñísima pantalla se puede tener acceso a tantos mundos diversos.

-Todo lo que usted enumera me remite a un segundo rasgo revolucionario de Internet. La red es la memoria total de la huma­nidad en el tiempo y en el espacio. Es la palabra, en cualquiera de sus formas, puesta ahí, con su grandeza y miseria humanas. La red nos trae a la mano la memoria de la humanidad y nos interconecta a la vez con los saberes del presente; es curioso, actúa casi como un intercambio de información parecido al modo como las bacterias intercambian entre sí su información genética.

Para decirlo en clave bella y poética, y parafraseando a Maquiavelo cuando se refería a su amor por los libros, cada uno hoy podría afirmar que "en la noche (al ingresar a la red) me pongo las mejores ropas para entrar en un coloquio con los grandes espíri­tus que han existido". Que han existido y que existen, agregamos ahora, además de que ese coloquio puede ser con miserias antes im­pensadas. En fin, como todo lo humano es tan ambigua y tan in­cierta esta nueva Era de Internet.

-En Chile, una empresa este año ha hecho un experimento con un joven estudiante que, encerrado en una casa absolutamente vacía, sólo con Internet, deberá comprar los muebles y todos los artículos necesarios para alimentarse y vestirse, además de informarse de lo que está ocurriendo en el exterior; la experiencia duró varios meses, pe­ríodo durante el cual el joven no pudo salir de la casa, incluso debió buscar a su "polola" a través de Internet.

-Sí, pero hay que decir que el caso de ese joven es sólo un pro­vinciano show a la manera chilena, donde nos caracterizamos por la acriticidad para tratar con la tecnología. Acá se abusa de ese ges­to como si fuera una novedad, se lo trata como una noticia que está muy bien, casi como un ¡qué modernos somos!; mientras que en Europa y Estados Unidos, por ejemplo, hay debate público porque ya son miles y miles los que viven encerrados en una pieza, sin muebles y sin cocina, sólo con la red, casi autocondenados a ser amebas en una celda, sin cercanía física con el otro, dejando de lado la muy humana proximidad.

Por último, quiero agregar un tercer rasgo revolucionario de Internet que suelen destacar algunos comunicólogos: la red posibi­lita una nueva manera de pensar no lineal, a través del hipertexto y de sus hipervínculos, superando así el pensamiento lineal asociado a la escritura y a la imprenta. Es como un regreso a la cultura oral, que también era una manera de pensar no lineal.

-Por otra parte, en lo estrictamente económico, las cifras de nego­cios ligadas a las industrias de Internet alcanzarían a 507 mil millones de dólares, en tanto que las del sector aeroespacial sólo llegarían a los 350 mil millones. Ésta sería "la nueva economía" que está surgiendo ante nuestra vista. Constituye una revolución sin precedentes en la historia económica universal. Ni la energía eléctrica ni el ferrocarril provocaron transformaciones y cambios tan definitivos en sectores tan dispares. Así como la humanidad moderna abandonó la antigua economía basada en la explotación de la agricultura, hoy está abando­nando a la vieja sociedad industrial, fabricante de productos textiles, de acero y cemento y provista de enormes fábricas donde se empleaba a miles de obreros y, por lo general, de propiedad de un empresario individual. El núcleo de la nueva economía posmoderna está confor­mándose en torno a las multinacionales de tecnología avanzada o de punta y entre ellas ocupan un lugar preferente las comunicacionales.

Estas empresas están desempeñando un papel semejante a las fábri­cas de textiles de fines del siglo XVIII y a las productoras de autos de comienzos del siglo XX; Bill Gates sería el equivalente al Ford del año 1900, con la diferencia que su empresa Microsoft exhibe un valor de bolsa muy superior al de la Ford. Sus fábricas carecen de chimeneas, no producen bienes de mayor valor material y no emplean obreros; su producción consiste en la fabricación de programas computacionales. Según los valores de bolsa, estas empresas se avalúan en cifras estratosféricas: entre 300 y 500 mil millones de dólares. Un simple ejemplo: entre las industrias comunicacionales, en Estados Unidos la cinematográfica ocupa el segundo lugar en valores de exportación, tras el sector aeroespacial. Yahoo, Microsoft, Cisco, IBM, Amazon, etc., son las nuevas estrellas de esta nueva construcción económica.

-Hoy por hoy sólo son un nuevo sector que levanta la cabeza en la vieja economía. Con todo, sin duda que sus potenciales son muchos como actores de una radical nueva economía digital (no analógica, en el sentido de no industrial-material) si se complemen­tan con la sustentabilidad ambiental, la reciclabilidad radical hasta desmaterializar los flujos económicos que en la vieja economía eran industriales y extractivos y, especialmente, si asumen una lógica de colaboración social por sobre la simple especulación en aras de la ganancia y el lucro.

-Dos procesos están convergiendo en el mundo de las comunica­ciones: el que lleva a integrar las tecnologías de los teléfonos con la televisión y de éstas con Internet, y el proceso de fusiones y compras de las empresas especializadas en estas tecnologías.

Las adquisiciones y fusiones de las empresas telecomunicacionales han alcanzado cifras simplemente estratosféricas. Hace ya algún tiem­po, General Electric, una de las mayores multinacionales del mundo, compró la cadena nacional de televisión NBC, una de las tres grandes de Estados Unidos; y la Sony, japonesa, adquirió uno de los estudios de cine más emblemáticos de Estados Unidos, Columbia Pictures, lo cual fue considerado casi un atentado al orgullo y dignidad de Norteamérica. On Line compró a Warner Time en 130 mil millones de dólares y Vodafone a Mannesmann en 180 mil millones, con lo cual pasó a ser el mayor imperio telefónico de Europa. Todas estas cifras duplican el Producto Nacional Bruto de un país como Chile.

En este comienzo de siglo todo lo que toca el amplísimo espectro de las telecomunicaciones se convierte en oro. Tres grandes creadores de cine, de música y de dibujos animados -Spielberg, Geffen y Katzenberg- se han unido para convenir una alianza con Bill Gates destinada a producir una nueva generación de juegos interactivos, con cifras de negocio muy superiores a las de cualquier gran industria tradicional. Un personaje emblemático del mundo de las comunicaciones es Rupert Murdoch, australiano nacionalizado nor­teamericano, dueño de un imperio que se extiende a través de una multiplicidad de países y controla más de cien diarios y revistas de enorme circulación en Australia, Inglaterra y Estados Unidos; po­see importantes editoriales y estaciones de televisión en Europa y en diferentes países de Asia y América Latina; es dueño además de varios satélites. En India ha tenido serias dificultades con el go­bierno, debido al exagerado poder alcanzado por sus medios de comunicación. De Murdoch podría decirse lo mismo que de Car­los V: en su imperio no se pone el Sol. También Murdoch ha incursionado en la producción de cine y es propietario de la 20th Century Fox; una de sus últimas películas ha sido Titanic. Pero aún no satisfecho con todo este colosal imperio, compró el equipo de béisbol Los Angeles Dodgers en algo más de 300 millones de dólares y el equipo inglés de fútbol Manchester United. De paso es uno de los mayores productores de videos musicales. Algunos de sus diarios y revistas tienen gran prestigio, pero otros se dedican a explotar el es­cándalo y la pornografía. Como podrá apreciarse, en un solo hombre radica el poder de conformar la mente de millones de millones de seres humanos a través del cine, la prensa escrita, canales de televi­sión, satélites y equipos deportivos.

En suma, el poder de crear, reproducir y difundir imágenes por el mundo se halla casi enteramente concentrado en algunas de las gran­des multinacionales occidentales de las comunicaciones, aún cuando resten algunos pequeños nichos regionales o locales para transmitir programas nacionales de televisión.

En el poder de las comunicaciones reside en la actualidad el mayor poder universal. Esta colosal telaraña se ha convertido en el sistema neuronal del mundo y sus propietarios determinan buena parte de las ideas, creencias, sentimientos y esperanzas de los habitantes del pla­neta. En unos veinte años más no serán más de quince Murdoch quie­nes gobiernen el pensamiento y las emociones de los seis mil millones de habitantes de la Tierra.

-Es una integración de empresas tecnológicas con el objeto de vehiculizar el hecho comunicativo a través de distintos medios y soportes. Se trata de una integración vertical ya que se decide hacer una película, por ejemplo, y se filma en un estudio X, se distribuye en cines de la misma empresa X, se da por video también de X, la música del film se hace y se distribuye en estudios e industrias mu­sicales de X, y así suma y sigue.

Ahora, para no ser tan pesimista, hay que decir que junto a esta concentración e integración, también las nuevas tecnologías han po­sibilitado, al menos en los países más democráticos, por ejemplo, un auge de emisoras locales y regionales; la masificación de nuevos crea­dores en Internet en tanto red que facilita la democracia comunicacional, etcétera. Quiero decir, al hacer este matiz, que en esto, como en todo, el futuro dependerá del modo de vida que a la larga logre la sustentabilidad humana; y pienso que esa concentra­ción tan orwelliana no será capaz de lograrlo.

TECNOLOGÍA ESPACIAL

-La tecnología espacial, por el momento, carece de un efecto notorio y visible en las prácticas humanas; sin embargo, ha impor­tado un paso gigantesco en el conocimiento de la realidad de nues­tro propio planeta y en la comprensión de los grandes misterios cósmicos. Hoy todo nos parece muy natural: alunizar en la Luna, sueño inimaginable para los habitantes de todos los siglos; viajes por los espacios cósmicos y a miles de kilómetros de distancia de la tierra; enviar sondas a las galaxias más distantes y robots a los plane­tas más cercanos. Las investigaciones y descubrimientos espaciales son también acontecimientos de la mayor trascendencia, con ellos se está iniciando la nueva "época espacial".

-Sin duda, se inicia una aventura fascinante para la especie. Arthur C. Clarke (autor de 2.001, Odisea en el Espacio) en el libro Predicciones (con pronósticos de diversos intelectuales para el siglo XXI) sugiere un escenario en que nuevos sistemas de propulsión "per­mitirán que las velocidades se acerquen a la luz. Los primeros ex­ploradores se marcharán a los sistemas solares (extragalácticos)... y entonces la historia empezará de verdad".

-Por lo mismo cuando el hombre alcanzó la Luna en 1969 debió comenzar a regir un nuevo calendario histórico, el de la era posmoderna. Si para nosotros constituyeron hechos históricos de enorme relevancia los viajes y descubrimientos de Cristóbal Colón, y motivaron el nacimiento de la Época Moderna, ¿cuánto más trascen­dente no ha de ser la aventura del hombre por los espacios cósmicos? Aunque, por el momento, no conozcamos las consecuencias prácti­cas de estas maravillosas experiencias espaciales.

-Creo que simbólicamente el conocimiento del cosmos ya tiene efectos en la vida cotidiana. Hay una anécdota que a mí me evoca muchas cosas. Uno de los astronautas que llegó a la luna decía que en realidad el mayor descubrimiento no fue la luna propiamente tal, sino que, al llegar allá y voltear su cabeza, la verdadera revelación, mágica y misteriosa, fue la imagen en el horizonte de una esfera azul, suspendida en la negrura del cosmos, que estaba viva y con vida. Esa esfera era la Tierra, nuestra única casa. Siempre me he preguntado lo sincrónico que resulta ese hecho y esa imagen con la emergencia de la nueva conciencia ecológica de pertenencia planetaria.

-Son múltiples y esenciales las interrogantes que los científicos podrán descifrar a través de las experiencias espaciales. En primer lu­gar, saber a ciencia cierta si existe o no vida en otros planetas, y de haberla, si esa vida es consciente. No será un desafío menor para la humanidad tener la certeza que existen otros seres vivos en algún lu­gar del universo o, por el contrario, que somos la única especie inteli­gente poblando la infinitud del cosmos.

-Esta dimensión de la aventura en el cosmos es apasionante y sin duda ensanchará nuestra conciencia. Usted se pregunta qué ocurrirá al conocer otros modos y formas de vida, si es que los hay. ¿Y por qué no habría de haberlos?, me pregunto yo, cuando sólo en los últimos años las nuevas tecnologías para escudriñar el cosmos han logrado por primera vez en la historia humana revelar cin­cuenta planetas -y día a día se conocen muchos más- que perma­necían ocultos en su oscuridad. Es hoy cuando los "vemos" girando alrededor de sus propias estrellas, en una danza tan cerca y "apa­sionada" como la de la Tierra con el sol para engendrar nuestra vida. Ya antes lo dije, hoy sabemos que las estrellas iguales a nues­tro sol son las más comunes en todo el universo y la vida está fundamentalmente formada por el carbono que es también uno de sus elementos más comunes.

-Los potentes observatorios astronómicos y los gigantescos tele­scopios en órbita nos permitirán ver y saber mucho más sobre las maravillas del universo. Y también aumentará el conocimiento acerca de nuestra propia realidad terrestre; además, por los satélites espías, accederemos a las causas que determinan los cambios climáticos, las mareas, el estado de la biosfera; cada centímetro de la Tierra será foto­grafiado con una sorprendente precisión; se conocerán con certeza absoluta la extensión de los bosques y selvas, la calidad de las tierras y las riquezas del subsuelo.

 

MARTÍN HEIDEGGER Y EL DESASIMIENTO ANTE LA TÉCNICA

-Al reflexionar sobre este espectacular mundo tecnológico y sus potencialidades, no puedo sino recordar algunas de las reflexiones de Martín Heidegger, el notable y controvertido filósofo alemán. Heidegger, en una conferencia dictada en 1953, refiriéndose a la téc­nica en la era atómica, hizo un distingo básico entre dos tipos funda­mentales de pensamiento: el calculador y el reflexivo. El pensamiento calculador no se detiene a reflexionar, no es un pensamiento que me­dite sobre el sentido que impera en todo cuanto existe. En cambio, el pensamiento reflexivo reclama un mayor esfuerzo y exige un adiestramiento más profundo. El filósofo nos recuerda que "a la época que ahora comienza se le ha llamado era atómica... [pues] en el negocio atómico se mira la nueva felicidad... y la ciencia proclama esta di­cha públicamente...". Pero luego se pregunta: "¿Se está reflexionando cuando se hacen estas afirmaciones? ¿Ha meditado alguien acerca del sentido de la era atómica?". Esta fue el resultado de un proceso inicia­do "hace algunos siglos y que ha subvertido todas las principales ideas precedentes... en virtud de ello el hombre ha sido transportado a una realidad diferente... a la concepción de mundo de la Edad Moderna... desde ahí el mundo se nos aparece como un objeto sobre el cual el pensamiento calculador inicia sus ataques... La naturaleza se convier­te en una única y gigantesca 'estación de servicios', en fuente de ener­gía para la técnica y la industria modernas. Esta relación fundamen­talmente técnica del hombre con el universo surgió primero en el siglo XVII, sólo en Europa, y permaneció oculta por mucho tiempo en las otras latitudes del globo... El poder que se esconde en la técnica mo­derna determina la relación del hombre con lo que existe y ese poder domina la Tierra toda...". Después afirma que estos colosales avances tecnológicos sólo se hallan en un "tosco estado inicial... nadie puede saber por el momento qué destino nos depararán... En todas las esferas de la existencia el hombre va siendo cercado, cada vez más estrechamente, por la fuerza de los aparatos técnicos y los automatismos... éstos lo atan, lo arrojan y desplazan... Hemos per­dido totalmente el control de estas técnicas". Me he detenido en esta reflexión de Heidegger, porque albergo la misma inquietud: el hombre creador de la técnica moderna ha terminado siendo un sir­viente de ella y, en gran medida, ha perdido la capacidad de control sobre estos portentosos avances tecnológicos. Y cuando Heidegger, en 1955, manifiesta su preocupación y angustia por estos avances tecnológicos, recién se estaba tomando conciencia de la veloz degra­dación de los equilibrios ecológicos, y aún muy poco se sabía de las futuras revolución informática, telecomunicacional, espacial, biotecnológica, ni tampoco había ocurrido la explosión de Chernobyl. En los cuarenta y cinco años que han transcurrido desde esta memo­rable conferencia de Heidegger, se han venido amontonando fenóme­nos mil veces más inquietantes y peligrosos que los conocidos por él. Y su pesimismo se expresa palmariamente cuando se pregunta: "nin­gún individuo, ningún grupo humano, ninguna comisión de impor­tantes estadistas, investigadores y técnicos, ninguna conferencia de personalidades directivas de la economía y de la industria es capaz de frenar o de orientar el curso de la historia de la era atómi­ca; ninguna organización exclusivamente humana está en situación de apoderarse del mando de esta nueva época histórica... el hom­bre de esta era quedará entregado inerme y sin amparo a la irresis­tible preponderancia de la técnica, si renuncia a poner en juego en la partida decisiva al pensamiento reflexivo frente al pensamiento meramente calculador". Hablando de la necesaria meditación y reflexión en los asuntos humanos, nos convoca a no permanecer aferrados a una sola idea, a no continuar "corriendo por un solo carril y en una sola dirección". Lamentablemente, no ha sido escu­chado. Cuando se refería tan críticamente al pensamiento calcula­dor tal vez no sospechaba que éste se haría carne en el "pensa­miento único neoliberal", interesado exclusivamente en el crecimiento económico y en el desarrollo del productivismo y del consumismo.

¿Está perdiéndose la vieja autoctonía, el arraigo, la pertenencia? ¿No podría ser ofrecido al hombre y su obra un nuevo suelo propio? Estas son las angustiantes preguntas formuladas por Heidegger.

- La pregunta de fondo es si es posible reencantar o re-signifi­car la vida. La misma pregunta que, treinta años más tarde, se hizo Morris Berman en el Reencantamiento del Mundo.

-Por otra parte, Heidegger se niega a "a condenar ciegamente el mundo técnico". Según él, debemos aceptarlo, "servirnos de él, pero manteniéndonos tan libres de él que permanezca siempre en nosotros el desasimiento". Y cree que esta aceptación y simultá­neo desasimiento del mundo técnico se puede lograr manteniendo "la serenidad ante las cosas". Pero la serenidad ante las cosas no ha sido la principal característica de la civilización occidental moder­na. Hemos visto al pueblo teóricamente más culto de Europa, el que ha producido los más grandes filósofos, científicos y compo­sitores, entregarse a una terrible carnicería y cometer el mayor ge­nocidio de la Historia; hemos visto al gobierno de los Estados Unidos lanzar la bomba atómica y asesinar en sólo algunos minu­tos a miles de miles de seres humanos y a continuación librar una guerra implacable, devastadora y cruel contra el pueblo vietnami­ta, para, al cabo de algunos años, terminar reconociendo, en la voz de su ex ministro de defensa, MacNamara, que había sido una gue­rra inútil e injusta. El hombre moderno ha carecido sin duda de una visión serena y reflexiva ante las cosas.

Heidegger llega incluso a plantearse la posibilidad del total ani­quilamiento de la humanidad; aunque él no lo ve como resultado de una explosión nuclear, sino de lo que llama el pensamiento cal­culador, hoy transformado en el pensamiento único, pero esta vez armado de nuevas y más potentes tecnologías y parapetado tras un capitalismo aún más expansivo y vital. Al aceptar la soberanía ab­soluta del pensamiento calculador, "el hombre estaría negándose y arrojando lo más propio de sí mismo, su naturaleza de meditador".

-Respecto a este tema, es interesante reproducir una opinión del prestigioso neurobiólogo chileno Francisco Varela, coautor, jun­to a Humberto Maturana, de la revolucionaria teoría científica de la "autopoiesis". Varela, en Francia, trabaja en las más avanzadas experiencias que estudian el cerebro humano y la conciencia, y ha llegado a una conclusión asombrosa acerca del pensamiento meditativo.

Es asombrosa, porque destaca la belleza y potencia biofísica del acto meditativo en el ser humano y así coincide con aquella intui­ción de Heidegger. Mediante estudios de "imagen cerebral" (reso­nancia magnética y otras), Varela escudriña el funcionamiento del cerebro de las personas cuando están viviendo una experien­cia ordinaria cualquiera, desde decir hola, asustarse, leer. "Lo que hemos observado -dice Varela- es algo muy lindo: que to­dos estos pedazos, que en un momento determinado tú tienes en el cerebro (uno que responde a la visión, otro que tiene que ver con la memoria, en fin), entran en consonancia para constituir lo que tú eres aquí y ahora, como una entidad única, a través de un proceso que es una verdadera armonía musical. Literalmente, lo que se observa en el cerebro son resonancias de frecuencias oscilan­tes. Esos grupos neuronales o pedazos de cerebro se ponen de acuer­do, como músicos en una orquesta, y por un momento tocan juntos para luego disolverse."

Pero más asombroso aún, agrega Varela, es que cuando se obser­va a una persona en ese singular y extraordinario momento en que vive un acto de meditación y tiene conciencia de sí misma (pues ordinariamente uno hace las cosas, podríamos decir sin conciencia), "lo que hemos visto es que esta capacidad de los grupos neuronales para entrar en armonía simplemente se torna más eficaz y rápida. Es decir, en vez de la melodía flotante y vaga de la experiencia cotidiana, el acto de meditación, introspección y reflexión, produce una música muy potente. Por tanto, la capacidad que tiene el hom­bre de mirarse a sí mismo no es un desdoblamiento, sino una mane­ra de hacer de un proceso común y corriente algo más fuerte y cohe­rente, profundizar en algo que ya tenía. Bueno, estudiar y ver eso ha sido una tremenda sorpresa".

-Por mi parte, si me he detenido a recordar las profundas re­flexiones de Heidegger, es porque ellas expresan mis propias dudas y angustias ante el fascinante y terrible tema de las nuevas megatecnologías: nucleares, biogenéticas, espaciales, comunicacionales, robóticas. También me pregunto si ellas aportarán mayor felicidad al mundo o por el contrario nos arrastrarán a un catastrófico apocalipsis.

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