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Portada arrow La División del PS arrow Compañeros DEL PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE(marzo 1979)

Compañeros DEL PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE(marzo 1979) PDF Imprimir Correo
Escrito por Carlos Altamirano Orrego   
11-07-2011 a las 08:51:18

Compañeros DEL PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE

Nuestro partido se haya enfrentado a una crisis que, por su naturaleza y gravedad extrema, exige una actitud de superior responsabilidad, madurez y firmeza de parte de todos los socialistas chilenos En carta dirigida a la dirección interior, en el mes de agesto de I978, hace ya 6 meses atrás, advertí con claridad las funestas consecuencias a que la trasgresión reiterada del espíritu de Argel habría de conducir. Mis críticas en torno a un proceso que, como me esforcé en demostrarlo, vulneraba en su esencia el acuerdo unánime logrado en el pleno de Argel, suscitaron un descarnado y áspero debate en el seno del secretariado exterior a fines de septiembre pasado, el que fue grabado íntegramente y debiera ser conocido por el conjunto de los militantes.

En dicha reunión, quienes suscribieron mi decisión de no sancionar ni menos legitimar las trasgresiones aludidas y deslindar responsabilidades en predicción de los efectos de las mismas, acordamos enviar un segando documento a los miembros de la Dirección Interior.

Desgraciadamente, solo en el mes de diciembre de 1978, concurrió un solo emisario del interior, quien vino en carácter estrictamente informativo. De este modo se confiaba en poner término a una situación de tan extrema gravedad a través de la información exclusiva -entregada por un solo dirigente-a todas luces predispuesto en contra de las posiciones del secretario general y demás miembros del secretariado exterior que comparten iguales criterios.

Como advirtiera reiteradamente en mi comunicación al CC de agosto de 1978 y como posteriormente se ratificara en el documento suscrito conjuntamente con otros miembros titulares del CC en el exterior, esta situación no podía pasar desapercibida a las bases, debiendo conducir, tarde o temprano, a la pérdida progresiva de confianza en la capacidad y voluntad de la dirección en el exterior para garantizar un funcionamiento eficaz y democrático.

En mi opinión dos factores han concurrido a determinar esta dilación aparentemente inexplicable : por una parte la intención manifiesta de seguir difiriendo la solución de los problemas direccionales del exterior a objeto de hacer recaer la responsabilidad de sus efectos paralizantes o disgregadores, no sobre quienes los han provocado sino, en definitiva, sobre el Secretario General. Por otra, a ocultar las serias dificultades surgidas en el partido dentro de Chile, que por su magnitud e implicancias, tienden a asumir el carácter de una virtual ruptura de este en el interior.

Para fundamentar nuestra aseveración baste decir que el día 26 de marzo me fue entregada una carta, dirigida en mi calidad de Secretario General del Partido, suscrita por 36 antiguos, conocidos y destacados dirigentes políticos, sindicales y profesionales, todos ellos actualmente en Chile, al frente de la lucha contra la dictadura. En dicha carta se reconoce la existencia de una seria crisis interna, repudio a los mecanismos de cooptación como único medio de generar los autoridades del partido y se me solicita convoque a un Congreso General Extraordinario a la brevedad posible, para asegurar la unidad del partido y superar las divergencias producidas.

Estos deplorables hechos han venido a coronar un proceso que, objetivamente, se orientaba a crear nuevas escisiones en el partido y a un gravísimo debilitamiento de la lucha antifascista. Ello constituye el corolario lamentable, pero previsible de la desatención sistemática al clamor de la abrumadora mayoría del partido, que en Chile y fuera de Chile, exige unidad partidaria, pero basada en un consenso político, establecido en torno a la vocación autónoma, popular, latinoamericanista y revolucionaria del socialismo chileno; a una línea política democráticamente aprobada; y a la eficacia y disciplina, fundadas en la adhesión consiente y no simplemente coercitiva, a los principios del centralismo democrático.

Llegadas las cosas a este peligroso extremo y no estando dispuesto a compartir las irreparables y funestas  consecuencias que de los hechos mencionados pudieran derivarse, estimo es mi deber ineludible dirigirme a los militantes del partido, en el exterior y en el interior de Chile, para, en primer término, hacer algunas consideraciones de orden personal y luego, dar respuesta a la grave crisis planteada.

Consideraciones de orden personal:

1,- En el trascurso de los últimos 8 años he luchado incansablemente por preservar y fortalecer  la unidad del partido. En aras de dicha unidad, concebida siempre en términos de principios; de la preservación y desarrollo del patrimonio ideológico, político y moral de los socialistas de Chile; de la superación de viejos y arraigados vicios, sin incurrir en concesiones a métodos que niegan su democracia interna y su irrestricta autonomía conceptual y orgánica; no he escatimado esfuerzos ni sacrificios.

En función de esta indesmentible voluntad unitaria, jamás he ventilado nuestras divergencias o problemas internos, guardando la más estricta discreción respecto de los mismos y la observancia más rigurosa de nuestros acuerdos orgánicos, tal cual ha sido convenido por mayoría de votos, pese a que en múltiples ocasiones ello ha perjudicado notoriamente mis posiciones, manteniendo, de paso, a los militantes en la más completa ignorancia acerca de la gravedad de los hechos ocurridos y del real alcance de los problemas debatidos. Consecuentemente con esta norma, jamás he cedido a la tentación de las imputaciones o ataques personales, manteniéndome invariablemente en el plano de la confrontación política. Hoy, una vez más, y a pesar de las acusaciones de que se me ha hecho objeto, ajustaré mi respuesta a esto línea de conducta, ética y política, omitiendo las descalificaciones o alusiones individuales.

He defendido y cautelado intransigentemente la unidad partidaria, consciente de que, de este modo, no solo servía al partido socialista, sino, además, los  más altos intereses de la clase obrera y del pueblo de Chile, y de que todo lo que atenta contra dicha unidad sirve objetivamente los intereses de sus enemigos irreconciliables: la dictadura fascista, la reacción Interna y el imperialismo.

2.- Durante mi permanencia a la cabeza de la dirección partidaria y, en especial a partir de septiembre de 1973, he realizado un esfuerzo sistemático, solo constreñido por las agobiadoras tareas dirigentes y por mis propias limitaciones, para desarrollar el acervo ideológico- político del partido, a fin de permitir una mejor comprensión de nuestra situación histórica y un mejor desempeño de nuestro papel de vanguardia de la clase obrera y del pueblo, contra la dictadura y por la democracia, la liberación nacional y el socialismo. Con singular énfasis he intentado definir las grandes líneas directrices de nuestra acción estratégica, tratando de precisar les opciones presentes y futuras y, contribuir, así a perfilar lo que ha de ser "La Propuesta Histórica de loa Socialistas Chilenos".

3.- Simultáneamente, he dedicado una buena parte de mis energías a la consolidación de una importante estructura de relaciones internacionales, de proyección mundial, que permitiera promover y canalizar la gigantesca solidaridad con nuestra lucha. Para nadie resulta fácil negar que la solidaridad internacional, movilizada y activado entre otros por nuestro partido, por el quehacer constante y abnegado de la inmensa mayoría de los militantes en el exilio y en ese contexto, por su Secretarlo General, han constituido un factor determinante del combate antifascista.

En razón de ello el contenido de la carta de la dirección interior a los militantes del exterior, de diciembre pasado, resulta simplemente inaceptable, por cuanto comportan un injusto desconocimiento, cargado de gratuita altanería, de la esforzada labor realizada por los socialistas en el exilio.

4.- No vacilo en afirmar, sin que en ello haya una brizna de soberbia que, no obstante múltiples incomprensiones, he contribuido decisivamente a reunir los recursos indispensables para sostener la lucha del partido en el interior de Chile. Este esfuerzo ha sido realizado a pesar de las enormes dificultades inherentes a nuestra posición autónoma en el campo internacional.

A lo largo de estos 5 años de exilio he trabajado incansablemente para destacar los perfiles propios y originales del socialismo chileno, por defender con intransigencia su autonomía conceptual y orgánica, por reafirmar su vigencia histórica, y sobre la base de sus grandes tradiciones y banderas de lucha, simbolizadas por la figura egregia de Salvador Allende, la más alta entre ellas, por realzar y extender la audiencia y prestigio internacional del socialismo chileno.

Por todo lo anterior, es con estupor, pesar e indignación que he debido constatar, una y otra vez, como un sector de la dirección interior, no sólo desconocía mi contribución a los logros mencionados, sino que tendía una espesa cortina de silencio sobre todo lo relacionado con mi persona, pretendiendo de este modo mantener a los militantes - en el interior de Chile - ignorantes de los planteamientos ideológicos, políticos y orgánicos del secretorio general. Si menciono esto no es por vanidad herida, sino porque indudablemente tras este esfuerzo tenaz y planificado por aislar y reducir al Secretarlo General, se oculta, en definitiva, un proyecto político diferente al enunciado por él, proyecto que se prefiere no explicitar, sin duda por consideraciones tácticas.

Compañeros del partido:

 Mi investidura de Secretario General y mi entrega absoluta al partido, me autorizan a formular a los dirigentes del interior y ante todos los militantes, las siguientes interrogantes:

1.- ¿Por qué se ha ocultado sistemáticamente mi pensamiento político, en circunstancias de que cualquiera sea el juicio que se tiene sobre él, conforma un todo orgánico, coherente, apto para servir de punto de referencia sobre el cual construir los grandes parámetros de un Proyecto Histórico para el Socialismo Chileno? Dicho pensamiento, para información de los militantes, se haya consignado en los siguientes escritos fundamentales:

(a) "Reflexiones críticas  sobre el Proceso Revolucionario Chileno" Julio de 1974.

(b) Libro titulado "Dialéctica de una Derrota "-editorial Siglo XXI- entregado para su impresión en agosto de 1975

(c) "Informe al Pleno de La Habana"- abril de 1975.

(d) "Problemas Cardinales del Socialismo Chileno"-septiembre de 1976

(e) "Mensaje a los Socialistas en el Interior de Chile "- junio de 1977.

(f) "Informe al Pleno de Argel"-marzo de 1978.

(g) "Discurso para el acto de aniversario del partido en México", mayo de 1978.

(h) "Nuevas reflexiones en torno a una Estrategia Socialista para Chile"- artículo en prensa- enero de 1979.

2.- ¿Por qué se ha ocultado mi denodado esfuerzo unitario, en torno a concepciones expresamente consignadas, y mi combate sin tregua en contra de las desviaciones de cualquier signo, haciéndome, en cambio, aparecer patrocinando espurias combinaciones - destituidas de ideas y principios - entre jefes de grupos, tendencias o fracciones?

3t.- ¿Por qué se ha ocultado tan celosamente mi contribución decisiva al establecimiento de una vasta red de relaciones internacionales, que le ha permitido al partido tener una inconfundible presencia en América Latina, en el Campo Socialista, en Europa occidental, en Vietnam, República Popular de Corea y Japón e incluso en países de África?

4.- ¿Por qué se ha ocultado mi carta de agosto de 1978 y el documento de septiembre del mismo año, suscrito por un sector del CC en el exterior, en los que asumimos la iniciativa de denunciar prácticas y métodos sectario-burocráticos en el seno de la Dirección Exterior?

5.- ¿Por qué frente a denuncias de tal gravedad solo se respondió- en diciembre de 1978 - cuatro meses después - a través de un emisario, desprovisto de facultad resolutiva y caracterizada por su evidente adscripción a dichas posiciones sectarias?

6.- ¿Por qué -se ha ocultado permanentemente mi contribución a la provisión de recursos para el interior?

7.- ¿Por qué se ha ocultado que ya en el pleno de La Habana, esto es, abril de 1975, sostuve que el núcleo central de la dirección del partido debería estar en el interior del país, y no en el exterior, como se me atribuye, y que dicho núcleo central debía tener un poder de decisión preponderante en la dirección única partidaria?

8.- ¿Por qué se ha ocultado, que ya en Argel, sostuve reiteradamente que el cargo de Secretario General del partido debería ejercerlo un compañero que estuviera en Chile, razón, entre otras, en la cual fundamenté mi resistencia a aceptar la reelección como máximo dirigente partidario y se desea, en cambio, hacerme aparecer como defendiendo mi supervivencia en el cargo a cualquier precio y ... en el exterior?

¿Y que en esta misma idea volví a insistir en mi documento de fines de agosto pasado?

9.- ¿Por qué se ha ocultado que constituyen iniciativas exclusivas del Secretario general y del sector del CC del exterior no coludido con estilos burocráticos, las siguientes proposiciones:

e) Reducción de la planta central de funcionarios en Berlín.

b) Descentralización geográfica de las funciones y estructuras direccionales en el exterior.

c) Desarrollo de Escuelas de Cuadros con programas definidos por instancias competentes y con inobjetable orientación socialista.

d) Creación de una importante subsede de coordinación y dirección partidaria en América Latina,

e) Celebración de un "encuentro" de las más importantes fuerzas revolucionarias, democráticas y antifascistas de América Latina, con el fin de coordinar esfuerzos a nivel continental. Esta iniciativa cuenta desde hace tiempo con sede y financiamiento para su realización.

f) Impulsar la necesaria e indispensable democratización de las estructuras partidarias, comenzando por la generación desde la base de las autoridades locales en el exterior.

10.- ¿Por qué contrariando lo acordado expresamente en Argel la dirección interior no ha hecho llegar el texto refundido de las resoluciones políticas de dicho evento, para, casi al cabo de un año, diciembre de 1978,enviar sólo un borrador inconcluso, que constituye una versión expurgada y mal articulada del informe del Secretario general a dicho evento? ¿Y por qué - repentinamente - la dirección del interior aparece desechando la idea ya aprobada en Argel del texto refundido y en forma inconsulta decide - en el mes de febrero - reemplazarlo por otro?

11.- ¿Por qué, pese a mi condición de único integrante del exterior de la Comisión Política del interior, condición establecida a petición expresa de los representantes del interior al pleno de Argel, jamás he sido consultado en tal carácter, ni siquiera a titulo formal?

12.- ¿.Por qué, pese a haberse convenido expresamente en Argel, reuniones periódicas, cuando más cada cuatro meses, entre las instancias externas e internas de la dirección única, dichas reuniones no se han realizado jamás, y en cambio, se nos ha enviado un solo dirigente, en exclusiva misión informativa y otro en carácter de correo.

13.- ¿Cómo se explica y qué fundamento tiene, que ni el secretario general ni los miembros del CC en el exterior - y no lo sé si los del interior - no conozcan las identidad de los miembros del CC en el interior y la de los miembros de su Comisión Política; que ignoren la trayectoria y antigüedad partidaria, garantía última de su honestidad y compromiso revolucionario?

Todos estos hechos, hasta ahora sin explicación, y que importan claras irregularidades, abuso de poder, incumplimiento de lo pactado en Argel y violación de la fraternidad socialista, los he tolerado en nombre de la Superior Unidad del Partido y de la seguridad de sus dirigentes y militantes en el interior.

Aun más, he extremado mi discreción, mi ponderación y lealtad, al punto de arriesgar que mis actitudes fuesen confundidas - como de hecho lo han sido - con ingenuidad, debilidad o afán subalterno de conservar a cualquier precio el cargo de Secretario general.

Respuesta a la crisis del partido:

Pero aún hay más compañeros militantes del partido:

A través del correo mencionado, la dirección interior, o mejor dicho los dirigentes que han asumido la responsabilidad de los hechos anteriormente expuestos, han enviado para conocimiento del secretariado exterior, un documento inaceptable, tanto por vulnerar los acuerdos unánimes de Argel y principios elementales de la legalidad partidaria como por su contenido político y moral, que no trepido en calificar de doloso.

Compañeros: en esta hora tan dramática para los destinos de nuestro partido no vacilo en dirigirme a vosotros, militantes del partido socialista de Chile - dondequiera que estén - plenamente convencido que sabrán con madurez y energía, acudir en defensa de la unidad del partido y de su patrimonio histórico, conquista fundamental de la clase obrera de nuestro país y requisito insoslayable para la materialización de un gran Proyecto Socialista para Chile.

Dos razones me impulsan a prescindir de toda intermediación y a apelar directamente a vuestra conciencia militante y revolucionarla; en primer lugar, la seguridad y tranquilidad de haber agotado todas las vías orgánicas para sensibilizar a los dirigentes que tienen el control de la dirección en el interior, acerca de Isa gravísimas implicancias que tendría la trasgresión flagrante del espíritu consensual de Argel y tratar de obtener, por parte de ellas las necesarias rectificaciones , sin haber logrado, durante más de medio año, otra cosa que dilaciones y respuestas evasivas y altisonantes, con grave deterioro de la situación partidaria, dentro y fuera del país. En segundo lugar, el convencimiento, de que un sector de la dirección interior ha tomado la iniciativa de intentar un paso decisivo hacia la solución de la aguda crisis direccional, con absoluta prescindencia de toda ponderación, ecuanimidad y espíritu unitario, marginando, de paso del partido, antiguos militantes, y proponiendo la realización de un pleno en el cual deberá pronunciarse sobre el reemplazo del Secretario General, sobre la línea política del partido y sobre una nueva estructura orgánica.

Dicha solución comporta, en los hechos, la realización de un Congreso convocado, por decir lo menos, en forma irregular y que por su estilo y carácter constituye una nueva violación del acuerdo unánime de Argel.

Por otra parte a través del documento entregado por el emisario del interior - a fines de febrero - he podido compenetrarme cómo a partir de premisa falsas, dicho sector de la dirección interior reduce artificialmente la crisis antedicha un simple problema de "pugna por el poder entre la dirección de Chile y el Secretario General".

Para demostrar la falsedad de esta afirmación solo bastaría recordar que a los menos 36 dirigentes, en Chile, han corrido el riesgo de suscribir con sus nombres propios, la carta aludida, y que cinco miembros del Comité Central en el exterior, más las principales figuras del exilio socialista, comparten mis puntos de vista.

Pero el problema es otro. Recurriendo a este burdo expediente se intenta desnaturalizar un conflicto de fundamentales opciones políticas, ideológicas, orgánicas, y, menester es decirlo, morales, limitándolo a un clásico y bastardo problema de poder, entre una Dirección Interior, pretendidamente homogénea y un Secretario General, al que se desea presentar aislado y al que, entre otros cargos, se le quiere sindicar como coludido en actividades fracciónales.

El enfoque simplificatorio y mistificador de los problemas existentes, como simple resultado de "una pugna de poder" y el afán manifiesto de destruir el ascendiente del Secretario General, sin parar mientes en procedimientos incalificables, hablan a las claras de un espíritu totalitario y mendaz, extraño por completo a las honrosas tradiciones del partido e incompatible con su misión histórica de vanguardizar la lucha de la clase obrera y del pueblo de Chile por dar cima a un gran proyecto de transformación social y moral de la Nación Chilena.

En definitiva, las acciones del sector aludido, comportan la decisión de arriesgarlo todo, incluyendo la Unidad del partido, en aras del "Poder Total"; poder no derivado, por cierto, de la adhesión consiente y voluntaria de los militantes, sino de la compulsión, pobre sustituto de toda fuerza real y duradera y de todos verdadera autoridad.

Por todo lo anterior y asumiendo en plenitud la responsabilidad de mis palabras y de mis actos no vacilo en denunciar la iniciativa mencionada, como un intento violatorio de la legalidad partidaria y de la convivencia socialista.

Los compañeros militantes pueden estar absolutamente seguros de que estas duras a expresiones no me son dictadas por el resentimiento mucho menos, por ambiciones de poder personal de grupo o secta y al mismo tiempo pueden tener la convicción de que ellas no me deparan satisfacción alguna. Muy por el contrario, es con un sentimiento de profunda amargura, el que sin embargo, no obsta a mi decisión de enfrentar esta situación, convencido de que guardar silencio o pretender ignorar sus proyecciones, equivaldría a asumir una pesada responsabilidad ante las bases del partido y ante el futuro del socialismo chileno.

Consiente como estoy de mi función dirigente, no incurriré en el error de desviar la atención de los militantes hacia el cúmulo de detalles que condicionan el desarrollo de esta crisis. Tampoco intentaré responder aquí pormenorizadamente a todas y cada una de las falsificaciones, omisiones e imputaciones contenidas en el documento del interior. Ello sería, por lo demás, hacer el juego a sus autores quienes cuentan con obligarme a entrar en el entredicho subalterno, para así desorientar a las bases, dentro y fuera de Chile, y seguir ocultándoles las implicancias de fondo de la gravísima crisis que enfrentamos.

Para mayor claridad concentraré mi enfoque de la crisis y de sus implicancias en los siguientes aspectos: a) Origen y desarrollo de la crisis.

Los orígenes de la crisis se remontan al período inmediatamente posterior a la derrota en 1973, en el contexto de la desorientación y desaliento producido por la persecución implacable de la dictadura. En dicho contexto surgieron voces que, en virtud de un errado concepto autocrítico, producto a su vez de una evaluación esquemática y falsa del proceso revolucionario, levantaron en los hechos "El Acta de Defunción y de Inviabilidad Histórica del Partido Socialista de Chile.

Este punto de vista que no vacilo en calificar de disolvente, alcanzó su expresión formal en el llamado "Documento de Marzo de 1974", el cual sindicaba a nuestro partido como el único responsable de la derrota revolucionaria. La militancia conoce mi reacción frente a tal expresión - que en los hechos implicaba el desconocimiento de la vigencia histórica del partido- expresada en "Reflexiones Críticas sobre el Proceso Revolucionario Chileno", de agosto del mismo año. En este artículo asumí la tarea de realizar una descarnada autocrítica de la  conducción revolucionaria - incluyendo la mía - sin complacencias, pero sin complejos vergonzantes y menos con intenciones ocultas.

Si traigo a colación estos hechos no es ciertamente por pasión de cronista, sino para identificar el hilo conductor de una desviación de carácter sectario burocrático de muy serias y graves proyecciones en el partido.

A continuación haré una breve reseña acerca del itinerario de esta crisis. En tal sentido, es necesario identificar dos fases; la primera, se extiende desde el pleno de Argel - mayo de 1978 - hasta agosto del mismo año, en la que enviara una carta dirigida a los miembros del CC del partido, la cual - como he expresado - contenía una severa advertencia sobre las peligrosas consecuencias derivadas de la desnaturalización del espíritu de Argel. Durante todo este período se perfiló un claro abandono de la actitud unitaria y fraternal acordada en dicho evento, la que va acompañada por la reinterpretación arbitrario de los resultados de él, en términos de "vencedores y vencidos".  Los primeros, según esta interpretación serían los herederos del "legado de marzo de 1974", pese a la repulsa generalizada que sus concepciones despertaron en la base del partido, los vencidos, a su vez, serian todos quienes se hubieran opuesto a la reestructuración del partido sobre la base de tales concepciones, contrarias, por cierto, a las tradiciones y esencia misma del partido.

Loa resultados concretos del abandono del espíritu de Argel no se dejan esperar: ellos se manifiestan en la realización de una verdadera "razzia" en el aparato partidario del exterior y en su sustitución por elementos adictos que permitieran el control indisputado de la estructura orgánica.

Esto es lo que explica el deterioro extremo del clima humano en el seno del secretariado exterior y la interrupción de todo diálogo o debate político trascendente.

La segunda fase comienza con la reunión de septiembre del Secretariado Exterior y culmina con la reciente aparición del documento del interior, febrero del presente año.

Denunciada en agosto la trasgresión del espíritu de Argel, la crisis tiende a precipitarse. No tardan en manifestarse los síntomas inequívocos de un malestar creciente en las bases del exterior y, a su vez, también comienzan a aparecer indicios claros de intranquilidad y resistencia, tanto en las bases como en sectores dirigentes del interior, frente a prácticas  sectarias y anti democráticas. La reacción de un sector de la Dirección Interior no se hace esperar, asumiendo un marcado carácter represivo. Por el documento del interior nos hemos enterado que se busca descalificar en bloque la protesta de la militancia y de los dirigentes en Chile y, simultáneamente, inventar connivencias y concertaciones entre dicha protesta y las iniciativas rectificadoras del Secretario General y demás miembros del CC que la suscriben.

Esta es la síntesis, muy apretada por cierto, del desarrollo de la crisis partidaria. De ella surgen las siguientes conclusiones:

a) La crisis no es producto de "actitudes personalistas" del Secretarlo General, sino de la vulneración del espíritu de Argel y de la implantación, en la práctica, de un proyecto político diferente del que se dice suscribir por los dirigentes que conforman el núcleo de poder, por lo menos en el exterior.

b) La reacción del Secretario General y demás miembros del CC que suscriben esta posición, no se inscribe en los estrechos y mezquinos marcos de una pugna, por el poder, como se afirma, sino en los horizontes, mucho más auspiciosos y trascendentes, de un combate por salvaguardar el patrimonio político, ideológico y moral del Partido Socialista, sometido a cuestionamiento extremo por estos excesos.

c) La crisis no se deriva ni se manifiesta como un conflicto entre una dirección, con amplio respaldo en los militantes y un Secretario Genera aislado y divorciado de las bases del partido. Ella se inscribe en un proceso de resistencia creciente y espontanea de las bases y dirigentes, del interior y del exterior, sin connivencias de ningún orden, frente a la empresa planificada de "copamiento" partidario emprendido por algunos de los dirigentes de la Dirección Única.

d) La crisis es hoy una crisis generalizada. Ella afecta al partido en su conjunto, tanto en el interior como en el exterior del país, pese a los esfuerzos de los dirigentes aludidos por tratar de reducir su ámbito a la "fronda direccional" del Secretariado Exterior.

e) Esta crisis generalizada excede con mucho la sola dimensión de lo propiamente orgánico, aspecto de por sí muy importante. Ella se proyecta al plano ideológico-político y al plano de las valoraciones y opciones éticas, esto es, al corazón mismo de la convivencia socialista. Indudablemente, tras aspectos formales y de "personalidad" del Secretario General se esconde una cuestión de fondo, cual es la existencia de dos opciones política porque detrás de las diferentes maneras de enfrentar los problemas planteados por una necesaria superación orgánica - por nosotros entendida -como un proceso dialéctico, contradictorio, de construcción de un consenso, en torno a una línea política coherente, elaborada y aplicada colectivamente; y por otros, como un proceso de adaptación de la vida del partido a un esquema o patrón incorporado desde el exterior y, como tal, no decantado por la propia experiencia; se esconden dos concepciones diferentes de la vida y del quehacer partidario. Porque detrae de las distintas interpretaciones y prácticas del centralismo democrático, esto es de la valoración de la democracia interna, como base esencial de convivencia, como condición y resultado de la superación orgánica e ideológica y como correlato dialéctico de la centralización del mando, se oculta una visión diversa del factor democrático como elemento central del desarrollo de la actividad partidaria. Porque detrás de la diferente manera de enfocar la elaboración teórica del partido, para nosotros entendida como proceso de creación original y autónomo y de confrontación crítica de formulaciones conceptuales diversas, y para otros, en cambio, como un proceso de asimilación y defensa de la presunta ortodoxia oficial, sería ingenuo no apreciar diferencias aún más profundas vinculadas a la existencia de dos proyectos políticos diversos.

Por todo lo anterior y, más allá de coincidencias ocasionales en el discurso político teórico, sostenemos que es en la práctica orgánica concreta, donde pueden apreciarse mejor las profundas diferencias que median entre una mentalidad socialista orgánica y una mentalidad socialista con deformaciones sectarias y burocráticas.

Dichas diferencias, además de las ya mencionadas, dicen relación con:

1.- El papel y rol del Partido Socialista, como fuerza central y decisiva en el espectro de fuerzas democráticas, populares y revolucionarias de Chile.

2.- Con la relevancia y vigencia de ciertas características que otorgan a nuestro partido un sello singular y único entre los partidos socialistas, tales como sus tradiciones revolucionaria o, su definición marxista-leninista, ser una organización nacional y popular, autónoma, unitaria y firmemente inserta en la lucha continental, por le democracia, la liberación nacional y el socialismo.

3.- Con la valoración del momento democrático en su dialéctica orgánica necesaria interacción con la imagen pública del partido y con su capacidad de convocación y movilización.

4.- Con la política de alianzas que inspirada en la concepción socialista de "Frente de Trabajadores", salvaguarde la independencia de clase del partido, asegure el rol hegemónico a la clase obrera y construye un amplio bloque, de fuerzas populares donde los aliados no sientan "instrumentalizado", sino partícipes comunes e iguales en la generación e implementación  de una correcta estrategia de reconstrucción democrática y de  avance al socialismo.

5.- Con el carácter estratégico socialista de la revolución chilena y la problemática de las vías para la conquista del poder, para unos sometidas al  imperativo ineludible de la creación revolucionaria, para otros, a la exigencia de la "adaptación exitosa" de esquemas ya probados. Nuestra revolución y nuestro socialismo deben, por fuerza, constituir soluciones originales a situaciones originales, que no corresponden ni a las prevalecientes en países coloniales y semi-coloniales de Asia o de África, ni a la de los países de Europa Oriental, ni tampoco a la de los países capitalistas avanzados de Europa Occidental.

6.- Con las formas de interpretar las enseñanzas de Marx, Engels y Lenin y de aplicarlas, para la transformación de la sociedad chilena, sin dogmatismos ni reduccionismos de ningún orden.

7.- Con nuestra posición internacional, esto es, con el contenido y práctica de nuestra autonomía, concebida como una "autonomía comprometida", vale decir, solidaria y critica a la vez  frente a las grandes fuerzas determinantes del devenir histórico.

8.- Con los métodos y el estilo de trabajo, los que deben guardar una estricta relación orgánica y funcional con nuestros enunciados doctrinarios y con el papel de vanguardia obrera, popular y nacional a que aspiramos.

En síntesis, detrás de la aplicación concreta de cada uno de estas opciones teóricas fundamentales, es donde mejor ha podido, en el exterior percibirse la existencia de una visión diversa de cual a de ser el quehacer del partido para ofrecer una alternativa política realmente nueva, trascendente y generosa a Chile.

Compañeros Socialistas:

Para nosotros, no admite duda que el partido por su origen, por su trayectoria, por sus tradiciones, por su difícil, pero constante desarrollo ideológico y político, por su sólida imagen nacional e internacional, es la fuerza político central en torno a la cual debe continuar cimentándose la más amplia unidad de las fuerzas populares, y mañana, la "unidad de todo el pueblo". Para ello, como hemos afirmado repetidamente, el partido debe realizar un serio y sistemático esfuerzo de superación orgánico, ideológico y político. Dicho esfuerzo es el requisito ineludible para  que el P.S. pueda cumplir su misión prioritaria en la presente fase histórica, de dinamizar, en estrecha unidad con las demás fuerzas de la Unidad Popular, y especialmente con el P.C de Chile, la convergencia de las grandes vertientes del pensamiento humanista: esto es, la cristiana, la racionalista y la marxista, para abatir el fascismo y avanzar en la dirección estratégica del socialismo.

Postular estos objetivos supone, fundamentalmente, tener confianza en la capacidad del partido, para superase y renovarse, en su potencialidad para constituirse en fuerza dirigente de la Izquierda y del pueblo de Chile, lo que en absoluto implica idealizar su situación actual. Pero quienes jamás han creído en la vitalidad del partido, quienes han vivido afirmando la existencia de vicios congénitos insuperables, quienes a partir de un análisis esquemático y simplificatorio de la derrota de 1973 y de la trayectoria partidaria, llegan a concluir la inviabilidad histórica del partido; es claro que no comparten esa confianza en nuestro partido y en la posibilidad de lograr sus objetivos.

Para nosotros, socialistas de Chile, el partido debe darse una firme y sólida organización, pero en estricta funcionalidad con el rol histórico que le asignamos. Ello supone favorecer una Concepción de  Partido que ponga el acento, no en la exclusiva formación de una elite da cuadros revolucionarios, depositarios de una verdad revelada, con fuertes acentos dogmáticos y apologéticos, a lo mejor, con alguna capacidad conspirativa y eficacia organizativa, pero sin ningún poder de irradiación y de convocatoria; sino en la construcción de un poderoso partido revolucionario de masas, nacional, democrático, popular y sólidamente fundamentado en las grandes ideas revolucionarias de Marx, Engels y Lenin. Es este partido el que, en virtud de la coherencia entre su dialéctica interna, su línea política y su proyecto de cambio social, puede convertirse en un acerado destacamento de clase y en una gran fuerza intelectual y moral de la nación Chilena.

Por otra parte, este partido, destinado a conquistar la hegemonía de la clase obrera en el seno de la sociedad y echar las bases de un nuevo y amplio bloque socio-político, por la democracia y el socialismo, no puede ni debe renegar de su historia. Debe si, asumirla críticamente para poder trascenderla, ampliando de esta forma su capacidad de interpelación popular y democratica y de movilización revolucionaria.

b) Carácter e implicancias de la crisis

La línea central y más recurrente de la ofensiva burocrática -repetimos, por lo menos en el exterior- se expresa en sus reiterados esfuerzos por camuflar las diferencias de fondo que le separan  del resto del partido, diferencias que como lo hemos expresado reiteradamente, no se deciden a explicitar hasta no lograr su objetivo de consumar el "copamiento" de le dirección partidaria. Es con tales fines diversionistas que insisten en enfatizar "el alto grado de coincidencia política-ideológica" existente entre los miembros del secretariado exterior y entre estos y la dirección del interior en bloque. A partir de allí, pretenden conferir verisimilitud a su versión de una crisis, en gran medida, artificial, estrictamente circunscrita al exterior del país y localizada en último término en el secretariado exterior.

Ha llegado el momento de desenmascarar esta superchería central, a fin de que la militancia pueda percibir las dimensiones e implicancias de la crisis provocada por este desviación cuyos orígenes se remontan al Documento de Marzo de 1974.

Ello no resultará tarea fácil, pues, la desviación sectaria, repetimos, cuando menos en el exterior se ha caracterizado por una manifiesta duplicidad en el pleno orgánico-político. ¿En que ha consistido esta duplicidad? Simplemente, en la coexistencia de un discurso ideológico, pluralista, abierto y flexible, con una práctica orgánico-política excluyente, cerrada y dogmática.

Por lo demás, el documento del interior también constituye un caso demostrativo da esta dualidad. En el coexisten un discurso político, con el cual, en gran parte coincidimos, con un proyecto orgánico de corte verticalista y antidemocrático, basado en el exclusivo mecanismo de la cooptación, aplicado a todas sus instancias: seccionales, regionales, zonales y del propio comité central.

Le mencionada dualidad, no obstante constituir una característica principal de esta relativamente nueva deformación partidaria, está lejos de agotar su contenido excluyente. A ella pueden agregarse otros rasgos no menos perniciosos. A saber:

a) La conducta orgánica y política de dicha desviación se rige por la lógica de la extensión y fortalecimiento del Aparato. En las actuales condiciones de lucha clandestina, las  exigencias de compartimentación ofrecen grandes posibilidades para sustituir - incluso inconscientemente el interés partidario general por el interés del Aparato.

b) La conducta orgánica de esta desviación tiene obvios elementos de paternalismo y está impregnada de desconfianza innata por todos los que no participan de ella. Lo anterior impide cumplir con uno de los requisitos esenciales del "centralismo democrático" cuál es la dirección colectiva, elegida democráticamente y basada en la confianza mutua. De este modo, el Aparato, bajo el pretexto de ser el órgano operativo y ejecutor del partido, en los hechos concretos lo suplanta, reemplazando la voluntad democrática y consciente de los militantes por su manipulación e instrumentalización.

c) El Aparato se transforma así, básicamente, en una estructura de control y de coerción. Por lo mismo, sus preferencias en materia de estilo direccional no se orientan hacia la búsqueda democrática del consenso, hacia la resolución política de las contradicciones partidarias, hacia la consolidación de una hegemonía ideológica y moral, como base de ascendiente y autoridad, sino hacia le admonición, la presión y la sanción. El Aparato no admite discrepancia ni mucho menos crítica. Exige acatamiento e incondicionalidad. Quienes manifiestan dudas hacia sus métodos y concepciones arriesgan ser clasificados de indisciplinados, fraccionalista, delatores o traidores.

d) Asimismo es característico de esta conducta restrictiva el auto-proclamarse como los únicos legítimos y celosos "custodios de los intereses del partido y de la clase". Este vicio normalmente trasciende al plano más general del quehacer político nacional, lo cual, como es previsible, reduce considerablemente el ámbito de convocación y audiencia del partido.

e) La amplitud del discurso político es porfiadamente contradicha por las prácticas con que se tiende a implementar dicho discurso. Todo lo que este puede tener de racional, atractivo y sugerente, es neutralizado por la actividad concreta de los integrantes del "Aparato" quienes no poseen ni aptitud ni voluntad de crear conciencia y hegemonía, sino, más bien de establecer afinidades y jerarquías de grupo o fracción y exigir devociones.

f) Es característica del estilo de conducción de la práctica sectaria, el uso y abuso de símbolos de clara impronta tecnocrática, como son: eficiencia, programación, evaluación, etc..., que sustraídos del contexto de su necesaria e indispensable utilización, pasen a cumplir funciones más propias de una empresa comercial, que de una vanguardia política destinado a liderizar un gran proceso social y humano, de cambio y transformaciones. El complemento necesario de esta deformación lo constituye el énfasis en el activismo permanente, en el pragmatismo político y el reduccionismo ideológico, con evidente perjuicio de su sentido creador, humanista y dialéctico del discurso, todo ello en beneficio del dogmatismo y el consignismo.

g) No menos importante que las anteriores deformaciones del comportamiento sectario es su adscripción a lo que podríamos denominar "relativismo moral". En función de los "superiores intereses del Aparato", todos los medios pasan a ser legítimos, aún los más repudiables, como ser la calumnia, la difamación y la excomunión.

h) Por último cabe consignar como rasgo sobresaliente y odioso del sectarismo, la utilización instrumental que él hace de les personas. Dicha utilización contempla el otorgamiento de dignidades, honores y roles destacados a militantes no identificados con sus concepciones siempre y cuando ellos no pongan en tela de juicio el núcleo central de poder.

Estoy perfectamente consciente de que mi denuncia al comportamiento sectario y burocrático de esta dirección por lo menos en el exterior ganaría enormemente en fuerza y poder de convicción si estuviera apoyada por evidencias concretas. No es la falta de tales pruebas concretas lo que me impide entregarlas, sino un superior sentido de mi responsabilidad dirigente. No deseo ofrecer armas adicionales a nuestros enemigos, como ya ha ocurrido, lamentablemente en el interior, con las informaciones de la prensa reaccionaria. Por lo demás, como lo hemos expresado reiteradamente, no se trata de disputas de orden personal sino de divergencias políticas. Por dura que sea la lucha ideológica, jamás olvidaré que nuestro enemigo es la dictadura fascista y no lo es ningún compañero socialista, por diversas que sean nuestras posiciones.

Compañeros:

No cabe la menor duda de que una común experiencia histórica, reforzada por la derrota y el combate antifascista, dentro y fuera de Chile, ha conducido e conformar lo que podríamos denominar "un substratum ideológico-político", compartido en sus contornos generales, por la gran mayoría de los socialista chilenos y que debido a esta grave crisis corre inminente peligro de desvirtuarse. La intensa lucha ideológica llevada a cabo entre 1973 y el presente, en contra de diversas tendencias desviacionistas  y centrifugadoras, así como los avances realizados por desarrollar la línea política y el acervo teórico del partido, han hecho, sin duda, una contribución importantísima a la configuración de un núcleo central de concepciones ideológicas que tiende a otorgar - no sin dificultades - un mayor rigor científico a este denominado "substratum ideológico-político" y un sello notoriamente distintivo a nuestro discurso partidario. Este conjunto de ideas matrices ha llegado a obtener un considerable predominio en la reflexión partidaria, pese a su carácter preliminar y de "agenda" para una necesaria discusión orgánica, llegando incluso a concitar el interés de aliados y adversarios.

Indudablemente este proceso de avance, no se ha desarrollado sin contradicciones ni deficiencias. El difundido interés por estos grandes lineamientos ideológicos no ha implicado necesariamente su asunción plena ni menos uniforme por el conjunto de los militantes. La razón es a lo menos doble: por una parte, la inexistencia de un serio proceso orgánico de discusión y elaboración políticos, con participación activa de la militancia de base, donde se pueda producir la necesaria confrontación crítica de posiciones y la búsqueda colectiva, democrática, y fraterna de la síntesis creedora Por otra, la actitud elusiva, de quienes no queriendo concurrir a la confrontación ideológica, han preferido rehuirla, privilegiando las tareas orientadas al control del aparato partidario.

En esta opción preferencial, por el control de las estructuras direccionales y la consciente elusión de la confrontación ideológica que - como he expresado - ha permitido crear una enorme confusión en el partido y mantener a un sector muy importante de los militantes en la más completa ignorancia de los reales objetivos políticos y de las posiciones ideológicas de quienes así actúan, así corno de la razón última de nuestras discrepancias. .

Este es el punto esencial que, informa las profundas divergencias que mantenemos en el seno del Secretariado Exterior y, al parecer, con algunos dirigentes del interior.

Es cierto que unos y otros proclamamos la necesidad de extirpar el caudillismo, la indisciplina, el fraccionalismo. Pero diferimos en la apreciación de la forma e implicancias de dichos vicios, así como de los métodos o vías para su superación.

No es posible, por ejemplo, substituir el caudillismo por la voluntad omnímoda de un Aparato. Por lo demás, la experiencia histórica demuestra hasta la saciedad que esta voluntad omnímoda tiene un alto grado de  complementariedad con el sectarismo y el dogmatismo.

No es posible querer extirpar la indisciplina y el fraccionalismo, recurriendo para ello a expedientes fundamentalmente coercitivos, sin privilegiar el esfuerzo sistemático y paciente de la superación orgánica y elevación de la conciencia política, que poco en común tiene con el ejercicio abusivo de medidas represivas. El abuso de los métodos disciplinarios, sobre todo en ausencia de un real ascendiente político y moral, y de una generación democrática de las autoridades, conduce a resultados por lo menos tan nefastos como aquellos que se deseen combatir.

Ahora bien, compañeros del partido, cuando planteamos la preservación de aquellas características  que conforman la identidad histórica del partido, su sello peculiar, nos estamos refiriendo obviamente a sus rasgos positivos. No quiere esto decir, en absoluto, que nos pronunciemos por la preservación de viejos vicios partidarios, como la indisciplina, el fraccionalismo y las prácticas de asamblea, postulados como expresión superior de la democracia interna. Queremos  un partido depurado de sus vicios, y potenciado en sus virtudes. Por esto, rechazamos categóricamente la opción maniqueísta de quienes nos ofrecen escoger, entre un partido disciplinado por la coerción y el temor y un partido en que la democracia sirva da pretexto y marco para el fraccionalismo disolvente, la dispersión ideológica y el oportunismo.

Postulamos la existencia de una tercera opción - cualitativamente diversa - una- opción socialista, congruente con nuestras necesidades concretas, con nuestra historia y con nuestros ideales.

Compañeros militantes:

Pero no se trata solamente de criticar la transgresión de sanas normas de convivencia revolucionaria, cosa, por cierto, nada despreciable. Se trata, además, y en forma muy especial, del sentido que otorgamos a dichas normas en el contexto socio-político concreto del Chile de hoy agobiado por la dominación fascista - y de la proyección histórica que asignamos a estas normas en el trasfondo de la vasta empresa de emancipación social y humana que el partido aspira a liderizar.

Mucho podría decirse a este respecto. Nos concentraremos en unas pocas pero fundamentales facetas de este proceso.

Partimos del supuesto que en razón de la odiosa dominación totalitario-fascista y, que por qué no decirlo, en razón de las enseñanzas extraídas del fracaso revolucionario, el ansia de libertad y democracia deberá coexistir en dialéctico contrapunto con la necesidad del orden y la justicia social en todo proyecto de transformación social y renovación moral que desee concitar la adhesión del pueblo de Chile.

A partir de aquí postularnos que sólo un Partido despojado de esquemas ideológicos reduccionistas y dogmáticos, teñidos de determinismo y  voluntarismo y, por tanto, profundamente reñido con la herencia y tradiciones del socialismo chileno; sólo un partido vitalmente ligado a las masas, abierto y no sectario, capaz de aceptar y comprender esa compleja dialéctica que existe entre libertad y necesidad, entre democracia y socialismo, entre centralismo y participación, entre ser social y ser individual, entre el momento de lo internacional y de lo nacional ; sólo un partido que por sus concepciones políticas y por sus métodos morales evidencia vivir y sintetizar adecuadamente esta repetida dualidad de lo humano y de lo social; sólo ese partido podrá aspirar a ejercer un alto magisterio político, intelectual y ético y de constituirse en el agente organizador de un vasto y decisivo impulso colectivo hacia la democracia, la liberación nacional y el socialismo.

De aquí deriva nuestra insistencia acerca de la importancia de una praxis teórica autónoma y rigurosa, despojada de todo consignismo, con más imaginación creadora que simple erudición repetitiva y del valor, no simplemente formal, del desarrollo y enriquecimiento de la democracia interna, en decisiva interacción con la indispensable homogenización ideológica basada en una sólida formación política, en una alta conciencia revolucionaria y el consenso de los militantes.

Compañeros del Partido Socialista de Chile:

La crisis partidaria, expresada en el deterioro evidente de la unidad interna y en el enrarecimiento de la convivencia socialista como resultado de los métodos y la práctica de algunos dirigentes, ha llegado a un punto extremo.

Estos dirigentes, exasperados por mi intransigente defensa de la identidad histórica del P.S. y de su patrimonio ideológico y moral, han abandonado toda ponderación, haciéndome objeto de ataques falsos e innobles, recogidos y profusamente-como era de esperar- por la prensa reaccionaria, con el evidente propósito de destruir mi ascendiente partidario y con ello superar lo que imaginen ser el último escollo a la implantación de su poder. Por cierto no resultará difícil difamarme con el apoyo entusiasta del Mercurio, de la reacción chilena y de Pinochet.

Como Secretario General tengo la superior obligación de velar por la Unidad del Partido. La convicción de que me asisten la razón y la legitimidad; la evidencia repetida de que el partido se enfrenta a un serio desafío que amenaza su identidad histórica; de que nos hallamos ante un caso de evidente de comportamiento fraccional de tipo sectario-burocrático, la constatación de que se han implementado métodos y estilos inconciliables con nuestra herencia y vocación; el hecho de haber sido objeto, y no por vez primera, de ataques injustos, todo ello bastaría para justificar medidas proporcionales a la magnitud de las transgresiones y desviaciones que hemos denunciado.

Pero:

Cuando se ha sido Secretario General del Partido Socialista de Chile durante más de ocho años, los más difíciles, pero, también los más ricos de nuestra historia partidaria, cuando se comparte con miles y miles de esforzados militantes y millones de compatriotas - hombres y mujeres - de todas les latitudes, un compromiso inclaudicable y vital con el porvenir de Chile y da su pueblo; cuando se tiene la conciencia del tesoro incalculable que la unidad representa y de las heridas y laceraciones, casi irreparables, que la ruptura de esta unidad conlleva, cuando se valora tan en alto el esfuerzo y la lealtad de la abrumadora mayoría de nuestros militantes del interior y del exilio, cuando, sobre todo, pesa el mandato de nuestros muertos, desaparecidos, torturados, humillados y ofendidos, entonces, no se puede competir en la mezquindad, y la pequeñez.

Estoy seguro de que la    legitimidad  y   legalidad en los procedimientos está de mi parte y de los dirigentes y militantes que participan de mis preocupaciones y denuncias. Pero, a su vez, me doy cuenta de que no estamos ante una situación fácil de dirimir por la razón y el dialogo.

Por todo ello no vacilo en apelar al veredicto de los militantes, seguro da que sabrán, con serenidad y madurez, restablecer los procedimientos justos y la fraternidad socialista en nuestras filas.

Nada habría más insensato que ofrecer a la dictadura y al imperialismo el regalo inapreciable de un Partido Socialista resquebrajado o dividido, tal vez por largos años, sumergido en acusaciones estériles, y anulado como fuerza política protagónica.

Dicho veredicto debe ser expresado a través de una instancia que no ofrezca duda alguna acerca de su ecuanimidad y representatividad.

Ello supone la celebración de un Congreso General Extraordinario, a realizarse en el interior y en el exterior del país, en que la militancia, de acuerdo a procedimientos claros y aceptados previamente por todos, asuma su derecho y su deber de generar una dirección que goce de amplio respaldo en las bases de aprobar un programa del partido y de reclamar y cautelar el legítimo uso de la honrosa denominación de "Partido Socialista de Chile".

Simultáneamente será necesario constituir una Comisión Organizadora que dé garantías de eficacia y ecuanimidad al conjunto del partido. Dicha comisión deberá promulgar una convocatoria y cautelar la aplicación de las normas estatutarias aún vigentes, relativas a la celebración de congresos, introduciendo, por cierto, las modificaciones a que haya lugar en atención a las particulares características y circunstancias del evento propuesto.

Abrigo la convicción íntima de que al asumir la defensa de estas concepciones, estoy asumiendo la defensa de la continuidad del legado histórico del pensamiento socialista chileno y que ellos reflejan a cabalidad el espíritu y las ideas de las figuras más relevantes del Partido, de Eugenio Matte, de Oscar Schnake, de Eugenio González, de Raúl Ampuero y sobre todo las de Salvador Allende, quienes de manera tan decisiva contribuyeron a dar cuerpo, vida y sangre a una concepción ideológica auténticamente socialista, revolucionaria y profundamente chilena.

En esta hora, plena de desafío y preñada de posibilidades, llamo a los socialistas de Chile, a los viejos militantes que formaron el Partido y a los jóvenes que reciben su legado y han iniciado el camino de lucha, a librar una irrenunciable batalla en aras de la Unidad del Partido, en pro de la continuación de su desarrollo histórico sin mezquindades ni vacilaciones.

Llamo a todos los socialistas, a los que más allá da las vicisitudes de la contingencia política, que muchas veces nos separaron  pusieron su voluntad y su corazón al servicio de la causa del socialismo chileno.

Somos dignos depositarios del legado revolucionario y humanista de nuestros fundadores y mártires, el principal Salvador Allende, gloriosa síntesis de todos ellos.

Luchando en defensa del patrimonio socialista y de su unidad, luchamos en favor de la resistencia antifascista, por la democracia y el socialismo.

MARZO DE 1979.

Carlos Altamirano Orrego

Secretario General del

Partido Socialista de Chile

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