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Compañeros
DEL PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE
Nuestro partido se haya enfrentado a una crisis que, por su
naturaleza y gravedad extrema, exige una actitud de superior responsabilidad,
madurez y firmeza de parte de todos los socialistas chilenos En carta dirigida
a la dirección interior, en el mes de agesto de I978, hace ya 6 meses atrás,
advertí con claridad las funestas consecuencias a que la trasgresión reiterada
del espíritu de Argel habría de conducir. Mis críticas en torno a un proceso
que, como me esforcé en demostrarlo, vulneraba en su esencia el acuerdo unánime
logrado en el pleno de Argel, suscitaron un descarnado y áspero debate en el
seno del secretariado exterior a fines de septiembre pasado, el que fue grabado
íntegramente y debiera ser conocido por el conjunto de los militantes.
En dicha reunión, quienes suscribieron mi decisión de no
sancionar ni menos legitimar las trasgresiones aludidas y deslindar
responsabilidades en predicción de los efectos de las mismas, acordamos enviar
un segando documento a los miembros de la Dirección Interior.
Desgraciadamente, solo en el mes de diciembre de 1978,
concurrió un solo emisario del interior, quien vino en carácter estrictamente
informativo. De este modo se confiaba en poner término a una situación de tan
extrema gravedad a través de la información exclusiva -entregada por un solo
dirigente-a todas luces predispuesto en contra de las posiciones del secretario
general y demás miembros del secretariado exterior que comparten iguales
criterios.
Como advirtiera reiteradamente en mi comunicación al CC de
agosto de 1978 y como posteriormente se ratificara en el documento suscrito
conjuntamente con otros miembros titulares del CC en el exterior, esta
situación no podía pasar desapercibida a las bases, debiendo conducir, tarde o
temprano, a la pérdida progresiva de confianza en la capacidad y voluntad de la
dirección en el exterior para garantizar un funcionamiento eficaz y
democrático.
En mi opinión dos factores han concurrido a determinar esta
dilación aparentemente inexplicable : por una parte la intención manifiesta de
seguir difiriendo la solución de los problemas direccionales del exterior a
objeto de hacer recaer la responsabilidad de sus efectos paralizantes o
disgregadores, no sobre quienes los han provocado sino, en definitiva, sobre el
Secretario General. Por otra, a ocultar las serias dificultades surgidas en el
partido dentro de Chile, que por su magnitud e implicancias, tienden a asumir
el carácter de una virtual ruptura de este en el interior.
Para fundamentar nuestra aseveración baste decir que el día
26 de marzo me fue entregada una carta, dirigida en mi calidad de Secretario
General del Partido, suscrita por 36 antiguos, conocidos y destacados
dirigentes políticos, sindicales y profesionales, todos ellos actualmente en
Chile, al frente de la lucha contra la dictadura. En dicha carta se reconoce la
existencia de una seria crisis interna, repudio a los mecanismos de cooptación
como único medio de generar los autoridades del partido y se me solicita convoque
a un Congreso General Extraordinario a la brevedad posible, para asegurar la
unidad del partido y superar las divergencias producidas.
Estos deplorables hechos han venido a coronar un proceso
que, objetivamente, se orientaba a crear nuevas escisiones en el partido y a un
gravísimo debilitamiento de la lucha antifascista. Ello constituye el corolario
lamentable, pero previsible de la desatención sistemática al clamor de la
abrumadora mayoría del partido, que en Chile y fuera de Chile, exige unidad partidaria,
pero basada en un consenso político, establecido en torno a la vocación
autónoma, popular, latinoamericanista y revolucionaria del socialismo chileno;
a una línea política democráticamente aprobada; y a la eficacia y disciplina,
fundadas en la adhesión consiente y no simplemente coercitiva, a los principios
del centralismo democrático.
Llegadas las cosas a este peligroso extremo y no estando
dispuesto a compartir las irreparables y funestas consecuencias que de los hechos mencionados
pudieran derivarse, estimo es mi deber ineludible dirigirme a los militantes
del partido, en el exterior y en el interior de Chile, para, en primer término,
hacer algunas consideraciones de orden personal y luego, dar respuesta a la
grave crisis planteada.
Consideraciones de orden personal:
1,- En el trascurso de los últimos 8 años he luchado
incansablemente por preservar y fortalecer la unidad del partido. En aras de dicha
unidad, concebida siempre en términos de principios; de la preservación y
desarrollo del patrimonio ideológico, político y moral de los socialistas de
Chile; de la superación de viejos y arraigados vicios, sin incurrir en
concesiones a métodos que niegan su democracia interna y su irrestricta
autonomía conceptual y orgánica; no he escatimado esfuerzos ni sacrificios.
En función de esta indesmentible voluntad unitaria, jamás he
ventilado nuestras divergencias o problemas internos, guardando la más estricta
discreción respecto de los mismos y la observancia más rigurosa de nuestros
acuerdos orgánicos, tal cual ha sido convenido por mayoría de votos, pese a que
en múltiples ocasiones ello ha perjudicado notoriamente mis posiciones,
manteniendo, de paso, a los militantes en la más completa ignorancia acerca de
la gravedad de los hechos ocurridos y del real alcance de los problemas
debatidos. Consecuentemente con esta norma, jamás he cedido a la tentación de
las imputaciones o ataques personales, manteniéndome invariablemente en el
plano de la confrontación política. Hoy, una vez más, y a pesar de las acusaciones
de que se me ha hecho objeto, ajustaré mi respuesta a esto línea de conducta,
ética y política, omitiendo las descalificaciones o alusiones individuales.
He defendido y cautelado intransigentemente la unidad
partidaria, consciente de que, de este modo, no solo servía al partido
socialista, sino, además, los más altos
intereses de la clase obrera y del pueblo de Chile, y de que todo lo que atenta
contra dicha unidad sirve objetivamente los intereses de sus enemigos irreconciliables:
la dictadura fascista, la reacción Interna y el imperialismo.
2.- Durante mi permanencia a la cabeza de la dirección
partidaria y, en especial a partir de septiembre de 1973, he realizado un
esfuerzo sistemático, solo constreñido por las agobiadoras tareas dirigentes y
por mis propias limitaciones, para desarrollar el acervo ideológico- político
del partido, a fin de permitir una mejor comprensión de nuestra situación
histórica y un mejor desempeño de nuestro papel de vanguardia de la clase
obrera y del pueblo, contra la dictadura y por la democracia, la liberación
nacional y el socialismo. Con singular énfasis he intentado definir las grandes
líneas directrices de nuestra acción estratégica, tratando de precisar les
opciones presentes y futuras y, contribuir, así a perfilar lo que ha de ser
"La Propuesta Histórica de loa Socialistas Chilenos".
3.- Simultáneamente, he dedicado una buena parte de mis
energías a la consolidación de una importante estructura de relaciones
internacionales, de proyección mundial, que permitiera promover y canalizar la
gigantesca solidaridad con nuestra lucha. Para nadie resulta fácil negar que la
solidaridad internacional, movilizada y activado entre otros por nuestro
partido, por el quehacer constante y abnegado de la inmensa mayoría de los
militantes en el exilio y en ese contexto, por su Secretarlo General, han
constituido un factor determinante del combate antifascista.
En razón de ello el contenido de la carta de la dirección
interior a los militantes del exterior, de diciembre pasado, resulta simplemente
inaceptable, por cuanto comportan un injusto desconocimiento, cargado de
gratuita altanería, de la esforzada labor realizada por los socialistas en el
exilio.
4.- No vacilo en afirmar, sin que en ello haya una brizna de
soberbia que, no obstante múltiples incomprensiones, he contribuido
decisivamente a reunir los recursos indispensables para sostener la lucha del
partido en el interior de Chile. Este esfuerzo ha sido realizado a pesar de las
enormes dificultades inherentes a nuestra posición autónoma en el campo
internacional.
A lo largo de estos 5 años de exilio he trabajado
incansablemente para destacar los perfiles propios y originales del socialismo
chileno, por defender con intransigencia su autonomía conceptual y orgánica, por
reafirmar su vigencia histórica, y sobre la base de sus grandes tradiciones y
banderas de lucha, simbolizadas por la figura egregia de Salvador Allende, la
más alta entre ellas, por realzar y extender la audiencia y prestigio
internacional del socialismo chileno.
Por todo lo anterior, es con estupor, pesar e indignación
que he debido constatar, una y otra vez, como un sector de la dirección
interior, no sólo desconocía mi contribución a los logros mencionados, sino que
tendía una espesa cortina de silencio sobre todo lo relacionado con mi persona,
pretendiendo de este modo mantener a los militantes - en el interior de Chile -
ignorantes de los planteamientos ideológicos, políticos y orgánicos del
secretorio general. Si menciono esto no es por vanidad herida, sino porque
indudablemente tras este esfuerzo tenaz y planificado por aislar y reducir al
Secretarlo General, se oculta, en definitiva, un proyecto político diferente al
enunciado por él, proyecto que se prefiere no explicitar, sin duda por
consideraciones tácticas.
Compañeros del partido:
Mi investidura de
Secretario General y mi entrega absoluta al partido, me autorizan a formular a
los dirigentes del interior y ante todos los militantes, las siguientes interrogantes:
1.- ¿Por qué se ha ocultado sistemáticamente mi pensamiento
político, en circunstancias de que cualquiera sea el juicio que se tiene sobre
él, conforma un todo orgánico, coherente, apto para servir de punto de
referencia sobre el cual construir los grandes parámetros de un Proyecto Histórico
para el Socialismo Chileno? Dicho pensamiento, para información de los
militantes, se haya consignado en los siguientes escritos fundamentales:
(a) "Reflexiones críticas sobre el Proceso Revolucionario Chileno" Julio
de 1974.
(b) Libro titulado "Dialéctica de una Derrota
"-editorial Siglo XXI- entregado para su impresión en agosto de 1975
(c) "Informe al Pleno de La Habana"- abril de
1975.
(d) "Problemas Cardinales del Socialismo
Chileno"-septiembre de 1976
(e) "Mensaje a los Socialistas en el Interior de Chile
"- junio de 1977.
(f) "Informe al Pleno de Argel"-marzo de 1978.
(g) "Discurso para el acto de aniversario del partido
en México", mayo de 1978.
(h) "Nuevas reflexiones en torno a una Estrategia Socialista
para Chile"- artículo en prensa- enero de 1979.
2.- ¿Por qué se ha ocultado mi denodado esfuerzo unitario, en
torno a concepciones expresamente consignadas, y mi combate sin tregua en
contra de las desviaciones de cualquier signo, haciéndome, en cambio, aparecer
patrocinando espurias combinaciones - destituidas de ideas y principios - entre
jefes de grupos, tendencias o fracciones?
3t.- ¿Por qué se ha ocultado tan celosamente mi contribución
decisiva al establecimiento de una vasta red de relaciones internacionales, que
le ha permitido al partido tener una inconfundible presencia en América Latina,
en el Campo Socialista, en Europa occidental, en Vietnam, República Popular de
Corea y Japón e incluso en países de África?
4.- ¿Por qué se ha ocultado mi carta de agosto de 1978 y el
documento de septiembre del mismo año, suscrito por un sector del CC en el
exterior, en los que asumimos la iniciativa de denunciar prácticas y métodos
sectario-burocráticos en el seno de la Dirección Exterior?
5.- ¿Por qué frente a denuncias de tal gravedad solo se
respondió- en diciembre de 1978 - cuatro meses después - a través de un
emisario, desprovisto de facultad resolutiva y caracterizada por su evidente adscripción
a dichas posiciones sectarias?
6.- ¿Por qué -se ha ocultado permanentemente mi contribución
a la provisión de recursos para el interior?
7.- ¿Por qué se ha ocultado que ya en el pleno de La Habana,
esto es, abril de 1975, sostuve que el núcleo central de la dirección del
partido debería estar en el interior del país, y no en el exterior, como se me
atribuye, y que dicho núcleo central debía tener un poder de decisión
preponderante en la dirección única partidaria?
8.- ¿Por qué se ha ocultado, que ya en Argel, sostuve
reiteradamente que el cargo de Secretario General del partido debería ejercerlo
un compañero que estuviera en Chile, razón, entre otras, en la cual fundamenté
mi resistencia a aceptar la reelección como máximo dirigente partidario y se
desea, en cambio, hacerme aparecer como defendiendo mi supervivencia en el
cargo a cualquier precio y ... en el exterior?
¿Y que en esta misma idea volví a insistir en mi documento
de fines de agosto pasado?
9.- ¿Por qué se ha ocultado que constituyen iniciativas
exclusivas del Secretario general y del sector del CC del exterior no coludido
con estilos burocráticos, las siguientes proposiciones:
e) Reducción de la planta central de funcionarios en Berlín.
b) Descentralización geográfica de las funciones y
estructuras direccionales en el exterior.
c) Desarrollo de Escuelas de Cuadros con programas definidos
por instancias competentes y con inobjetable orientación socialista.
d) Creación de una importante subsede de coordinación y
dirección partidaria en América Latina,
e) Celebración de un "encuentro" de las más
importantes fuerzas revolucionarias, democráticas y antifascistas de América
Latina, con el fin de coordinar esfuerzos a nivel continental. Esta iniciativa
cuenta desde hace tiempo con sede y financiamiento para su realización.
f) Impulsar la necesaria e indispensable democratización de las
estructuras partidarias, comenzando por la generación desde la base de las
autoridades locales en el exterior.
10.- ¿Por qué contrariando lo acordado expresamente en Argel
la dirección interior no ha hecho llegar el texto refundido de las resoluciones
políticas de dicho evento, para, casi al cabo de un año, diciembre de
1978,enviar sólo un borrador inconcluso, que constituye una versión expurgada y
mal articulada del informe del Secretario general a dicho evento? ¿Y por qué -
repentinamente - la dirección del interior aparece desechando la idea ya
aprobada en Argel del texto refundido y en forma inconsulta decide - en el mes
de febrero - reemplazarlo por otro?
11.- ¿Por qué, pese a mi condición de único integrante del
exterior de la Comisión Política del interior, condición establecida a petición
expresa de los representantes del interior al pleno de Argel, jamás he sido
consultado en tal carácter, ni siquiera a titulo formal?
12.- ¿.Por qué, pese a haberse convenido expresamente en
Argel, reuniones periódicas, cuando más cada cuatro meses, entre las instancias
externas e internas de la dirección única, dichas reuniones no se han realizado
jamás, y en cambio, se nos ha enviado un solo dirigente, en exclusiva misión
informativa y otro en carácter de correo.
13.- ¿Cómo se explica y qué fundamento tiene, que ni el
secretario general ni los miembros del CC en el exterior - y no lo sé si los
del interior - no conozcan las identidad de los miembros del CC en el interior
y la de los miembros de su Comisión Política; que ignoren la trayectoria y
antigüedad partidaria, garantía última de su honestidad y compromiso
revolucionario?
Todos estos hechos, hasta ahora sin explicación, y que
importan claras irregularidades, abuso de poder, incumplimiento de lo pactado
en Argel y violación de la fraternidad socialista, los he tolerado en nombre de
la Superior Unidad del Partido y de la seguridad de sus dirigentes y militantes
en el interior.
Aun más, he extremado mi discreción, mi ponderación y
lealtad, al punto de arriesgar que mis actitudes fuesen confundidas - como de
hecho lo han sido - con ingenuidad, debilidad o afán subalterno de conservar a
cualquier precio el cargo de Secretario general.
Respuesta a la crisis del partido:
Pero aún hay más compañeros militantes del partido:
A través del correo mencionado, la dirección interior, o
mejor dicho los dirigentes que han asumido la responsabilidad de los hechos
anteriormente expuestos, han enviado para conocimiento del secretariado
exterior, un documento inaceptable, tanto por vulnerar los acuerdos unánimes de
Argel y principios elementales de la legalidad partidaria como por su contenido
político y moral, que no trepido en calificar de doloso.
Compañeros: en esta hora tan dramática para los destinos de
nuestro partido no vacilo en dirigirme a vosotros, militantes del partido
socialista de Chile - dondequiera que estén - plenamente convencido que sabrán
con madurez y energía, acudir en defensa de la unidad del partido y de su
patrimonio histórico, conquista fundamental de la clase obrera de nuestro país
y requisito insoslayable para la materialización de un gran Proyecto Socialista
para Chile.
Dos razones me impulsan a prescindir de toda intermediación
y a apelar directamente a vuestra conciencia militante y revolucionarla; en
primer lugar, la seguridad y tranquilidad de haber agotado todas las vías orgánicas
para sensibilizar a los dirigentes que tienen el control de la dirección en el
interior, acerca de Isa gravísimas implicancias que tendría la trasgresión flagrante
del espíritu consensual de Argel y tratar de obtener, por parte de ellas las
necesarias rectificaciones , sin haber logrado, durante más de medio año, otra
cosa que dilaciones y respuestas evasivas y altisonantes, con grave deterioro
de la situación partidaria, dentro y fuera del país. En segundo lugar, el convencimiento,
de que un sector de la dirección interior ha tomado la iniciativa de intentar
un paso decisivo hacia la solución de la aguda crisis direccional, con absoluta
prescindencia de toda ponderación, ecuanimidad y espíritu unitario, marginando,
de paso del partido, antiguos militantes, y proponiendo la realización de un
pleno en el cual deberá pronunciarse sobre el reemplazo del Secretario General,
sobre la línea política del partido y sobre una nueva estructura orgánica.
Dicha solución comporta, en los hechos, la realización de un
Congreso convocado, por decir lo menos, en forma irregular y que por su estilo
y carácter constituye una nueva violación del acuerdo unánime de Argel.
Por otra parte a través del documento entregado por el
emisario del interior - a fines de febrero - he podido compenetrarme cómo a
partir de premisa falsas, dicho sector de la dirección interior reduce
artificialmente la crisis antedicha un simple problema de "pugna por el
poder entre la dirección de Chile y el Secretario General".
Para demostrar la falsedad de esta afirmación solo bastaría
recordar que a los menos 36 dirigentes, en Chile, han corrido el riesgo de suscribir
con sus nombres propios, la carta aludida, y que cinco miembros del Comité
Central en el exterior, más las principales figuras del exilio socialista, comparten
mis puntos de vista.
Pero el problema es otro. Recurriendo a este burdo
expediente se intenta desnaturalizar un conflicto de fundamentales opciones
políticas, ideológicas, orgánicas, y, menester es decirlo, morales, limitándolo
a un clásico y bastardo problema de poder, entre una Dirección Interior,
pretendidamente homogénea y un Secretario General, al que se desea presentar
aislado y al que, entre otros cargos, se le quiere sindicar como coludido en
actividades fracciónales.
El enfoque simplificatorio y mistificador de los problemas
existentes, como simple resultado de "una pugna de poder" y el afán
manifiesto de destruir el ascendiente del Secretario General, sin parar mientes
en procedimientos incalificables, hablan a las claras de un espíritu
totalitario y mendaz, extraño por completo a las honrosas tradiciones del
partido e incompatible con su misión histórica de vanguardizar la lucha de la
clase obrera y del pueblo de Chile por dar cima a un gran proyecto de
transformación social y moral de la Nación Chilena.
En definitiva, las acciones del sector aludido, comportan la
decisión de arriesgarlo todo, incluyendo la Unidad del partido, en aras del
"Poder Total"; poder no derivado, por cierto, de la adhesión consiente
y voluntaria de los militantes, sino de la compulsión, pobre sustituto de toda
fuerza real y duradera y de todos verdadera autoridad.
Por todo lo anterior y asumiendo en plenitud la
responsabilidad de mis palabras y de mis actos no vacilo en denunciar la
iniciativa mencionada, como un intento violatorio de la legalidad partidaria y
de la convivencia socialista.
Los compañeros militantes pueden estar absolutamente seguros
de que estas duras a expresiones no me son dictadas por el resentimiento mucho
menos, por ambiciones de poder personal de grupo o secta y al mismo tiempo
pueden tener la convicción de que ellas no me deparan satisfacción alguna. Muy
por el contrario, es con un sentimiento de profunda amargura, el que sin
embargo, no obsta a mi decisión de enfrentar esta situación, convencido de que
guardar silencio o pretender ignorar sus proyecciones, equivaldría a asumir una
pesada responsabilidad ante las bases del partido y ante el futuro del
socialismo chileno.
Consiente como estoy de mi función dirigente, no incurriré
en el error de desviar la atención de los militantes hacia el cúmulo de
detalles que condicionan el desarrollo de esta crisis. Tampoco intentaré
responder aquí pormenorizadamente a todas y cada una de las falsificaciones,
omisiones e imputaciones contenidas en el documento del interior. Ello sería, por
lo demás, hacer el juego a sus autores quienes cuentan con obligarme a entrar
en el entredicho subalterno, para así desorientar a las bases, dentro y fuera
de Chile, y seguir ocultándoles las implicancias de fondo de la gravísima
crisis que enfrentamos.
Para mayor claridad concentraré mi enfoque de la crisis y de
sus implicancias en los siguientes aspectos: a) Origen y desarrollo de la
crisis.
Los orígenes de la crisis se remontan al período
inmediatamente posterior a la derrota en 1973, en el contexto de la
desorientación y desaliento producido por la persecución implacable de la dictadura.
En dicho contexto surgieron voces que, en virtud de un errado concepto
autocrítico, producto a su vez de una evaluación esquemática y falsa del
proceso revolucionario, levantaron en los hechos "El Acta de Defunción y
de Inviabilidad Histórica del Partido Socialista de Chile.
Este punto de vista que no vacilo en calificar de
disolvente, alcanzó su expresión formal en el llamado "Documento de Marzo de
1974", el cual sindicaba a nuestro partido como el único responsable de la
derrota revolucionaria. La militancia conoce mi reacción frente a tal expresión
- que en los hechos implicaba el desconocimiento de la vigencia histórica del
partido- expresada en "Reflexiones Críticas sobre el Proceso
Revolucionario Chileno", de agosto del mismo año. En este artículo asumí
la tarea de realizar una descarnada autocrítica de la conducción revolucionaria - incluyendo la mía
- sin complacencias, pero sin complejos vergonzantes y menos con intenciones
ocultas.
Si traigo a colación estos hechos no es ciertamente por pasión
de cronista, sino para identificar el hilo conductor de una desviación de carácter
sectario burocrático de muy serias y graves proyecciones en el partido.
A continuación haré una breve reseña acerca del itinerario
de esta crisis. En tal sentido, es necesario identificar dos fases; la primera,
se extiende desde el pleno de Argel - mayo de 1978 - hasta agosto del mismo
año, en la que enviara una carta dirigida a los miembros del CC del partido, la
cual - como he expresado - contenía una severa advertencia sobre las peligrosas
consecuencias derivadas de la desnaturalización del espíritu de Argel. Durante
todo este período se perfiló un claro abandono de la actitud unitaria y
fraternal acordada en dicho evento, la que va acompañada por la
reinterpretación arbitrario de los resultados de él, en términos de
"vencedores y vencidos". Los
primeros, según esta interpretación serían los herederos del "legado de
marzo de 1974", pese a la repulsa generalizada que sus concepciones despertaron
en la base del partido, los vencidos, a su vez, serian todos quienes se
hubieran opuesto a la reestructuración del partido sobre la base de tales
concepciones, contrarias, por cierto, a las tradiciones y esencia misma del
partido.
Loa resultados concretos del abandono del espíritu de Argel
no se dejan esperar: ellos se manifiestan en la realización de una verdadera
"razzia" en el aparato partidario del exterior y en su sustitución
por elementos adictos que permitieran el control indisputado de la estructura
orgánica.
Esto es lo que explica el deterioro extremo del clima humano
en el seno del secretariado exterior y la interrupción de todo diálogo o debate
político trascendente.
La segunda fase comienza con la reunión de septiembre del
Secretariado Exterior y culmina con la reciente aparición del documento del
interior, febrero del presente año.
Denunciada en agosto la trasgresión del espíritu de Argel, la
crisis tiende a precipitarse. No tardan en manifestarse los síntomas inequívocos
de un malestar creciente en las bases del exterior y, a su vez, también
comienzan a aparecer indicios claros de intranquilidad y resistencia, tanto en
las bases como en sectores dirigentes del interior, frente a prácticas sectarias y anti democráticas. La reacción de
un sector de la Dirección Interior no se hace esperar, asumiendo un marcado
carácter represivo. Por el documento del interior nos hemos enterado que se
busca descalificar en bloque la protesta de la militancia y de los dirigentes en
Chile y, simultáneamente, inventar connivencias y concertaciones entre dicha
protesta y las iniciativas rectificadoras del Secretario General y demás miembros
del CC que la suscriben.
Esta es la síntesis, muy apretada por cierto, del desarrollo
de la crisis partidaria. De ella surgen las siguientes conclusiones:
a) La crisis no es producto de "actitudes
personalistas" del Secretarlo General, sino de la vulneración del espíritu
de Argel y de la implantación, en la práctica, de un proyecto político
diferente del que se dice suscribir por los dirigentes que conforman el núcleo
de poder, por lo menos en el exterior.
b) La reacción del Secretario General y demás miembros del
CC que suscriben esta posición, no se inscribe en los estrechos y mezquinos
marcos de una pugna, por el poder, como se afirma, sino en los horizontes,
mucho más auspiciosos y trascendentes, de un combate por salvaguardar el
patrimonio político, ideológico y moral del Partido Socialista, sometido a
cuestionamiento extremo por estos excesos.
c) La crisis no se deriva ni se manifiesta como un conflicto
entre una dirección, con amplio respaldo en los militantes y un Secretario
Genera aislado y divorciado de las bases del partido. Ella se inscribe en un
proceso de resistencia creciente y espontanea de las bases y dirigentes, del
interior y del exterior, sin connivencias de ningún orden, frente a la empresa
planificada de "copamiento" partidario emprendido por algunos de los
dirigentes de la Dirección Única.
d) La crisis es hoy una crisis generalizada. Ella afecta al
partido en su conjunto, tanto en el interior como en el exterior del país, pese
a los esfuerzos de los dirigentes aludidos por tratar de reducir su ámbito a la
"fronda direccional" del Secretariado Exterior.
e) Esta crisis generalizada excede con mucho la sola dimensión
de lo propiamente orgánico, aspecto de por sí muy importante. Ella se proyecta
al plano ideológico-político y al plano de las valoraciones y opciones éticas, esto
es, al corazón mismo de la convivencia socialista. Indudablemente, tras aspectos
formales y de "personalidad" del Secretario General se esconde una
cuestión de fondo, cual es la existencia de dos opciones política porque detrás
de las diferentes maneras de enfrentar los problemas planteados por una
necesaria superación orgánica - por nosotros entendida -como un proceso
dialéctico, contradictorio, de construcción de un consenso, en torno a una línea
política coherente, elaborada y aplicada colectivamente; y por otros, como un
proceso de adaptación de la vida del partido a un esquema o patrón incorporado
desde el exterior y, como tal, no decantado por la propia experiencia; se
esconden dos concepciones diferentes de la vida y del quehacer partidario. Porque
detrae de las distintas interpretaciones y prácticas del centralismo
democrático, esto es de la valoración de la democracia interna, como base esencial
de convivencia, como condición y resultado de la superación orgánica e
ideológica y como correlato dialéctico de la centralización del mando, se
oculta una visión diversa del factor democrático como elemento central del
desarrollo de la actividad partidaria. Porque detrás de la diferente manera de
enfocar la elaboración teórica del partido, para nosotros entendida como
proceso de creación original y autónomo y de confrontación crítica de
formulaciones conceptuales diversas, y para otros, en cambio, como un proceso
de asimilación y defensa de la presunta ortodoxia oficial, sería ingenuo no
apreciar diferencias aún más profundas vinculadas a la existencia de dos
proyectos políticos diversos.
Por todo lo anterior y, más allá de coincidencias
ocasionales en el discurso político teórico, sostenemos que es en la práctica
orgánica concreta, donde pueden apreciarse mejor las profundas diferencias que
median entre una mentalidad socialista orgánica y una mentalidad socialista con
deformaciones sectarias y burocráticas.
Dichas diferencias, además de las ya mencionadas, dicen
relación con:
1.- El papel y rol del Partido Socialista, como fuerza
central y decisiva en el espectro de fuerzas democráticas, populares y
revolucionarias de Chile.
2.- Con la relevancia y vigencia de ciertas características
que otorgan a nuestro partido un sello singular y único entre los partidos
socialistas, tales como sus tradiciones revolucionaria o, su definición
marxista-leninista, ser una organización nacional y popular, autónoma, unitaria
y firmemente inserta en la lucha continental, por le democracia, la liberación
nacional y el socialismo.
3.- Con la valoración del momento democrático en su
dialéctica orgánica necesaria interacción con la imagen pública del partido y con
su capacidad de convocación y movilización.
4.- Con la política de alianzas que inspirada en la
concepción socialista de "Frente de Trabajadores", salvaguarde la
independencia de clase del partido, asegure el rol hegemónico a la clase obrera
y construye un amplio bloque, de fuerzas populares donde los aliados no sientan
"instrumentalizado", sino partícipes comunes e iguales en la generación e
implementación de una correcta
estrategia de reconstrucción democrática y de avance al socialismo.
5.- Con el carácter estratégico socialista de la revolución chilena
y la problemática de las vías para la conquista del poder, para unos sometidas
al imperativo ineludible de la creación revolucionaria,
para otros, a la exigencia de la "adaptación exitosa" de esquemas ya probados.
Nuestra revolución y nuestro socialismo deben, por fuerza, constituir
soluciones originales a situaciones originales, que no corresponden ni a las
prevalecientes en países coloniales y semi-coloniales de Asia o de África, ni a
la de los países de Europa Oriental, ni tampoco a la de los países capitalistas
avanzados de Europa Occidental.
6.- Con las formas de interpretar las enseñanzas de Marx,
Engels y Lenin y de aplicarlas, para la transformación de la sociedad chilena,
sin dogmatismos ni reduccionismos de ningún orden.
7.- Con nuestra posición internacional, esto es, con el
contenido y práctica de nuestra autonomía, concebida como una "autonomía comprometida",
vale decir, solidaria y critica a la vez
frente a las grandes fuerzas determinantes del devenir histórico.
8.- Con los métodos y el estilo de trabajo, los que deben
guardar una estricta relación orgánica y funcional con nuestros enunciados
doctrinarios y con el papel de vanguardia obrera, popular y nacional a que
aspiramos.
En síntesis, detrás de la aplicación concreta de cada uno de
estas opciones teóricas fundamentales, es donde mejor ha podido, en el exterior
percibirse la existencia de una visión diversa de cual a de ser el quehacer del
partido para ofrecer una alternativa política realmente nueva, trascendente y
generosa a Chile.
Compañeros Socialistas:
Para nosotros, no admite duda que el partido por su origen,
por su trayectoria, por sus tradiciones, por su difícil, pero constante
desarrollo ideológico y político, por su sólida imagen nacional e internacional,
es la fuerza político central en torno a la cual debe continuar cimentándose la
más amplia unidad de las fuerzas populares, y mañana, la "unidad de todo
el pueblo". Para ello, como hemos afirmado repetidamente, el partido debe
realizar un serio y sistemático esfuerzo de superación orgánico, ideológico y
político. Dicho esfuerzo es el requisito ineludible para que el P.S. pueda cumplir su misión
prioritaria en la presente fase histórica, de dinamizar, en estrecha unidad con
las demás fuerzas de la Unidad Popular, y especialmente con el P.C de Chile, la
convergencia de las grandes vertientes del pensamiento humanista: esto es, la
cristiana, la racionalista y la marxista, para abatir el fascismo y avanzar en
la dirección estratégica del socialismo.
Postular estos objetivos supone, fundamentalmente, tener
confianza en la capacidad del partido, para superase y renovarse, en su
potencialidad para constituirse en fuerza dirigente de la Izquierda y del
pueblo de Chile, lo que en absoluto implica idealizar su situación actual. Pero
quienes jamás han creído en la vitalidad del partido, quienes han vivido
afirmando la existencia de vicios congénitos insuperables, quienes a partir de
un análisis esquemático y simplificatorio de la derrota de 1973 y de la
trayectoria partidaria, llegan a concluir la inviabilidad histórica del
partido; es claro que no comparten esa confianza en nuestro partido y en la
posibilidad de lograr sus objetivos.
Para nosotros, socialistas de Chile, el partido debe darse
una firme y sólida organización, pero en estricta funcionalidad con el rol
histórico que le asignamos. Ello supone favorecer una Concepción de Partido que ponga el acento, no en la
exclusiva formación de una elite da cuadros revolucionarios, depositarios de
una verdad revelada, con fuertes acentos dogmáticos y apologéticos, a lo mejor,
con alguna capacidad conspirativa y eficacia organizativa, pero sin ningún
poder de irradiación y de convocatoria; sino en la construcción de un poderoso partido
revolucionario de masas, nacional, democrático, popular y sólidamente
fundamentado en las grandes ideas revolucionarias de Marx, Engels y Lenin. Es
este partido el que, en virtud de la coherencia entre su dialéctica interna, su
línea política y su proyecto de cambio social, puede convertirse en un acerado
destacamento de clase y en una gran fuerza intelectual y moral de la nación
Chilena.
Por otra parte, este partido, destinado a conquistar la
hegemonía de la clase obrera en el seno de la sociedad y echar las bases de un
nuevo y amplio bloque socio-político, por la democracia y el socialismo, no
puede ni debe renegar de su historia. Debe si, asumirla críticamente para poder
trascenderla, ampliando de esta forma su capacidad de interpelación popular y
democratica y de movilización revolucionaria.
b) Carácter e implicancias de la crisis
La línea central y más recurrente de la ofensiva burocrática
-repetimos, por lo menos en el exterior- se expresa en sus reiterados esfuerzos
por camuflar las diferencias de fondo que le separan del resto del partido, diferencias que como
lo hemos expresado reiteradamente, no se deciden a explicitar hasta no lograr su
objetivo de consumar el "copamiento" de le dirección partidaria. Es
con tales fines diversionistas que insisten en enfatizar "el alto grado de
coincidencia política-ideológica" existente entre los miembros del
secretariado exterior y entre estos y la dirección del interior en bloque. A
partir de allí, pretenden conferir verisimilitud a su versión de una crisis, en
gran medida, artificial, estrictamente circunscrita al exterior del país y
localizada en último término en el secretariado exterior.
Ha llegado el momento de desenmascarar esta superchería
central, a fin de que la militancia pueda percibir las dimensiones e
implicancias de la crisis provocada por este desviación cuyos orígenes se
remontan al Documento de Marzo de 1974.
Ello no resultará tarea fácil, pues, la desviación sectaria,
repetimos, cuando menos en el exterior se ha caracterizado por una manifiesta
duplicidad en el pleno orgánico-político. ¿En que ha consistido esta
duplicidad? Simplemente, en la coexistencia de un discurso ideológico, pluralista,
abierto y flexible, con una práctica orgánico-política excluyente, cerrada y
dogmática.
Por lo demás, el documento del interior también constituye
un caso demostrativo da esta dualidad. En el coexisten un discurso político,
con el cual, en gran parte coincidimos, con un proyecto orgánico de corte
verticalista y antidemocrático, basado en el exclusivo mecanismo de la
cooptación, aplicado a todas sus instancias: seccionales, regionales, zonales y
del propio comité central.
Le mencionada dualidad, no obstante constituir una
característica principal de esta relativamente nueva deformación partidaria,
está lejos de agotar su contenido excluyente. A ella pueden agregarse otros rasgos
no menos perniciosos. A saber:
a) La conducta orgánica y política de dicha desviación se
rige por la lógica de la extensión y fortalecimiento del Aparato. En las
actuales condiciones de lucha clandestina, las
exigencias de compartimentación ofrecen grandes posibilidades para
sustituir - incluso inconscientemente el interés partidario general por el
interés del Aparato.
b) La conducta orgánica de esta desviación tiene obvios
elementos de paternalismo y está impregnada de desconfianza innata por todos los
que no participan de ella. Lo anterior impide cumplir con uno de los requisitos
esenciales del "centralismo democrático" cuál es la dirección
colectiva, elegida democráticamente y basada en la confianza mutua. De este
modo, el Aparato, bajo el pretexto de ser el órgano operativo y ejecutor del
partido, en los hechos concretos lo suplanta, reemplazando la voluntad
democrática y consciente de los militantes por su manipulación e instrumentalización.
c) El Aparato se transforma así, básicamente, en una
estructura de control y de coerción. Por lo mismo, sus preferencias en materia
de estilo direccional no se orientan hacia la búsqueda democrática del
consenso, hacia la resolución política de las contradicciones partidarias, hacia
la consolidación de una hegemonía ideológica y moral, como base de ascendiente
y autoridad, sino hacia le admonición, la presión y la sanción. El Aparato no
admite discrepancia ni mucho menos crítica. Exige acatamiento e
incondicionalidad. Quienes manifiestan dudas hacia sus métodos y concepciones
arriesgan ser clasificados de indisciplinados, fraccionalista, delatores o
traidores.
d) Asimismo es característico de esta conducta restrictiva
el auto-proclamarse como los únicos legítimos y celosos "custodios de los
intereses del partido y de la clase". Este vicio normalmente trasciende al
plano más general del quehacer político nacional, lo cual, como es previsible, reduce
considerablemente el ámbito de convocación y audiencia del partido.
e) La amplitud del discurso político es porfiadamente
contradicha por las prácticas con que se tiende a implementar dicho discurso. Todo
lo que este puede tener de racional, atractivo y sugerente, es neutralizado por
la actividad concreta de los integrantes del "Aparato" quienes no poseen ni
aptitud ni voluntad de crear conciencia y hegemonía, sino, más bien de
establecer afinidades y jerarquías de grupo o fracción y exigir devociones.
f) Es característica del estilo de conducción de la práctica
sectaria, el uso y abuso de símbolos de clara impronta tecnocrática, como son:
eficiencia, programación, evaluación, etc..., que sustraídos del contexto de su
necesaria e indispensable utilización, pasen a cumplir funciones más propias de
una empresa comercial, que de una vanguardia política destinado a liderizar un
gran proceso social y humano, de cambio y transformaciones. El complemento
necesario de esta deformación lo constituye el énfasis en el activismo
permanente, en el pragmatismo político y el reduccionismo ideológico, con
evidente perjuicio de su sentido creador, humanista y dialéctico del discurso,
todo ello en beneficio del dogmatismo y el consignismo.
g) No menos importante que las anteriores deformaciones del
comportamiento sectario es su adscripción a lo que podríamos denominar
"relativismo moral". En función de los "superiores intereses del Aparato",
todos los medios pasan a ser legítimos, aún los más repudiables, como ser la
calumnia, la difamación y la excomunión.
h) Por último cabe consignar como rasgo sobresaliente y
odioso del sectarismo, la utilización instrumental que él hace de les personas.
Dicha utilización contempla el otorgamiento de dignidades, honores y roles
destacados a militantes no identificados con sus concepciones siempre y cuando
ellos no pongan en tela de juicio el núcleo central de poder.
Estoy perfectamente consciente de que mi denuncia al
comportamiento sectario y burocrático de esta dirección por lo menos en el
exterior ganaría enormemente en fuerza y poder de convicción si estuviera apoyada
por evidencias concretas. No es la falta de tales pruebas concretas lo que me
impide entregarlas, sino un superior sentido de mi responsabilidad dirigente.
No deseo ofrecer armas adicionales a nuestros enemigos, como ya ha ocurrido,
lamentablemente en el interior, con las informaciones de la prensa
reaccionaria. Por lo demás, como lo hemos expresado reiteradamente, no se trata
de disputas de orden personal sino de divergencias políticas. Por dura que sea
la lucha ideológica, jamás olvidaré que nuestro enemigo es la dictadura
fascista y no lo es ningún compañero socialista, por diversas que sean nuestras
posiciones.
Compañeros:
No cabe la menor duda de que una común experiencia
histórica, reforzada por la derrota y el combate antifascista, dentro y fuera
de Chile, ha conducido e conformar lo que podríamos denominar "un substratum
ideológico-político", compartido en sus contornos generales, por la gran
mayoría de los socialista chilenos y que debido a esta grave crisis corre inminente
peligro de desvirtuarse. La intensa lucha ideológica llevada a cabo entre 1973
y el presente, en contra de diversas tendencias desviacionistas y centrifugadoras, así como los avances realizados
por desarrollar la línea política y el acervo teórico del partido, han hecho, sin
duda, una contribución importantísima a la configuración de un núcleo central
de concepciones ideológicas que tiende a otorgar - no sin dificultades - un
mayor rigor científico a este denominado "substratum ideológico-político"
y un sello notoriamente distintivo a nuestro discurso partidario. Este conjunto
de ideas matrices ha llegado a obtener un considerable predominio en la
reflexión partidaria, pese a su carácter preliminar y de "agenda"
para una necesaria discusión orgánica, llegando incluso a concitar el interés
de aliados y adversarios.
Indudablemente este proceso de avance, no se ha desarrollado
sin contradicciones ni deficiencias. El difundido interés por estos grandes
lineamientos ideológicos no ha implicado necesariamente su asunción plena ni
menos uniforme por el conjunto de los militantes. La razón es a lo menos doble:
por una parte, la inexistencia de un serio proceso orgánico de discusión y
elaboración políticos, con participación activa de la militancia de base, donde
se pueda producir la necesaria confrontación crítica de posiciones y la
búsqueda colectiva, democrática, y fraterna de la síntesis creedora Por otra, la
actitud elusiva, de quienes no queriendo concurrir a la confrontación
ideológica, han preferido rehuirla, privilegiando las tareas orientadas al control
del aparato partidario.
En esta opción preferencial, por el control de las
estructuras direccionales y la consciente elusión de la confrontación ideológica
que - como he expresado - ha permitido crear una enorme confusión en el partido
y mantener a un sector muy importante de los militantes en la más completa
ignorancia de los reales objetivos políticos y de las posiciones ideológicas de
quienes así actúan, así corno de la razón última de nuestras discrepancias. .
Este es el punto esencial que, informa las profundas divergencias
que mantenemos en el seno del Secretariado Exterior y, al parecer, con algunos
dirigentes del interior.
Es cierto que unos y otros proclamamos la necesidad de
extirpar el caudillismo, la indisciplina, el fraccionalismo. Pero diferimos en
la apreciación de la forma e implicancias de dichos vicios, así como de los
métodos o vías para su superación.
No es posible, por ejemplo, substituir el caudillismo por la
voluntad omnímoda de un Aparato. Por lo demás, la experiencia histórica
demuestra hasta la saciedad que esta voluntad omnímoda tiene un alto grado
de complementariedad con el sectarismo y
el dogmatismo.
No es posible querer extirpar la indisciplina y el
fraccionalismo, recurriendo para ello a expedientes fundamentalmente
coercitivos, sin privilegiar el esfuerzo sistemático y paciente de la superación
orgánica y elevación de la conciencia política, que poco en común tiene con el
ejercicio abusivo de medidas represivas. El abuso de los métodos
disciplinarios, sobre todo en ausencia de un real ascendiente político y moral,
y de una generación democrática de las autoridades, conduce a resultados por lo
menos tan nefastos como aquellos que se deseen combatir.
Ahora bien, compañeros del partido, cuando planteamos la
preservación de aquellas características que conforman la identidad histórica del
partido, su sello peculiar, nos estamos refiriendo obviamente a sus rasgos
positivos. No quiere esto decir, en absoluto, que nos pronunciemos por la
preservación de viejos vicios partidarios, como la indisciplina, el fraccionalismo
y las prácticas de asamblea, postulados como expresión superior de la
democracia interna. Queremos un partido
depurado de sus vicios, y potenciado en sus virtudes. Por esto, rechazamos
categóricamente la opción maniqueísta de quienes nos ofrecen escoger, entre un
partido disciplinado por la coerción y el temor y un partido en que la
democracia sirva da pretexto y marco para el fraccionalismo disolvente, la
dispersión ideológica y el oportunismo.
Postulamos la existencia de una tercera opción - cualitativamente
diversa - una- opción socialista, congruente con nuestras necesidades
concretas, con nuestra historia y con nuestros ideales.
Compañeros militantes:
Pero no se trata solamente de criticar la transgresión de sanas
normas de convivencia revolucionaria, cosa, por cierto, nada despreciable. Se
trata, además, y en forma muy especial, del sentido que otorgamos a dichas normas
en el contexto socio-político concreto del Chile de hoy agobiado por la
dominación fascista - y de la proyección histórica que asignamos a estas normas
en el trasfondo de la vasta empresa de emancipación social y humana que el
partido aspira a liderizar.
Mucho podría decirse a este respecto. Nos concentraremos en
unas pocas pero fundamentales facetas de este proceso.
Partimos del supuesto que en razón de la odiosa dominación
totalitario-fascista y, que por qué no decirlo, en razón de las enseñanzas
extraídas del fracaso revolucionario, el ansia de libertad y democracia deberá
coexistir en dialéctico contrapunto con la necesidad del orden y la justicia
social en todo proyecto de transformación social y renovación moral que desee
concitar la adhesión del pueblo de Chile.
A partir de aquí postularnos que sólo un Partido despojado
de esquemas ideológicos reduccionistas y dogmáticos, teñidos de determinismo y voluntarismo y, por tanto, profundamente
reñido con la herencia y tradiciones del socialismo chileno; sólo un partido
vitalmente ligado a las masas, abierto y no sectario, capaz de aceptar y
comprender esa compleja dialéctica que existe entre libertad y necesidad, entre
democracia y socialismo, entre centralismo y participación, entre ser social y
ser individual, entre el momento de lo internacional y de lo nacional ; sólo un
partido que por sus concepciones políticas y por sus métodos morales evidencia
vivir y sintetizar adecuadamente esta repetida dualidad de lo humano y de lo
social; sólo ese partido podrá aspirar a ejercer un alto magisterio político,
intelectual y ético y de constituirse en el agente organizador de un vasto y
decisivo impulso colectivo hacia la democracia, la liberación nacional y el
socialismo.
De aquí deriva nuestra insistencia acerca de la importancia
de una praxis teórica autónoma y rigurosa, despojada de todo consignismo, con
más imaginación creadora que simple erudición repetitiva y del valor, no
simplemente formal, del desarrollo y enriquecimiento de la democracia interna, en
decisiva interacción con la indispensable homogenización ideológica basada en
una sólida formación política, en una alta conciencia revolucionaria y el
consenso de los militantes.
Compañeros del Partido Socialista de Chile:
La crisis partidaria, expresada en el deterioro evidente de
la unidad interna y en el enrarecimiento de la convivencia socialista como
resultado de los métodos y la práctica de algunos dirigentes, ha llegado a un
punto extremo.
Estos dirigentes, exasperados por mi intransigente defensa
de la identidad histórica del P.S. y de su patrimonio ideológico y moral, han
abandonado toda ponderación, haciéndome objeto de ataques falsos e innobles,
recogidos y profusamente-como era de esperar- por la prensa reaccionaria, con
el evidente propósito de destruir mi ascendiente partidario y con ello superar
lo que imaginen ser el último escollo a la implantación de su poder. Por cierto
no resultará difícil difamarme con el apoyo entusiasta del Mercurio, de la
reacción chilena y de Pinochet.
Como Secretario General tengo la superior obligación de velar
por la Unidad del Partido. La convicción de que me asisten la razón y la
legitimidad; la evidencia repetida de que el partido se enfrenta a un serio
desafío que amenaza su identidad histórica; de que nos hallamos ante un caso de
evidente de comportamiento fraccional de tipo sectario-burocrático, la
constatación de que se han implementado métodos y estilos inconciliables con
nuestra herencia y vocación; el hecho de haber sido objeto, y no por vez
primera, de ataques injustos, todo ello bastaría para justificar medidas
proporcionales a la magnitud de las transgresiones y desviaciones que hemos
denunciado.
Pero:
Cuando se ha sido Secretario General del Partido Socialista
de Chile durante más de ocho años, los más difíciles, pero, también los más
ricos de nuestra historia partidaria, cuando se comparte con miles y miles de
esforzados militantes y millones de compatriotas - hombres y mujeres - de todas
les latitudes, un compromiso inclaudicable y vital con el porvenir de Chile y
da su pueblo; cuando se tiene la conciencia del tesoro incalculable que la
unidad representa y de las heridas y laceraciones, casi irreparables, que la ruptura
de esta unidad conlleva, cuando se valora tan en alto el esfuerzo y la lealtad
de la abrumadora mayoría de nuestros militantes del interior y del exilio, cuando,
sobre todo, pesa el mandato de nuestros muertos, desaparecidos, torturados, humillados
y ofendidos, entonces, no se puede competir en la mezquindad, y la pequeñez.
Estoy seguro de que la
legitimidad y legalidad en los procedimientos está de mi
parte y de los dirigentes y militantes que participan de mis preocupaciones y
denuncias. Pero, a su vez, me doy cuenta de que no estamos ante una situación
fácil de dirimir por la razón y el dialogo.
Por todo ello no vacilo en apelar al veredicto de los
militantes, seguro da que sabrán, con serenidad y madurez, restablecer los
procedimientos justos y la fraternidad socialista en nuestras filas.
Nada habría más insensato que ofrecer a la dictadura y al
imperialismo el regalo inapreciable de un Partido Socialista resquebrajado o
dividido, tal vez por largos años, sumergido en acusaciones estériles, y
anulado como fuerza política protagónica.
Dicho veredicto debe ser expresado a través de una instancia
que no ofrezca duda alguna acerca de su ecuanimidad y representatividad.
Ello supone la celebración de un Congreso General Extraordinario,
a realizarse en el interior y en el exterior del país, en que la militancia, de
acuerdo a procedimientos claros y aceptados previamente por todos, asuma su
derecho y su deber de generar una dirección que goce de amplio respaldo en las
bases de aprobar un programa del partido y de reclamar y cautelar el legítimo
uso de la honrosa denominación de "Partido Socialista de Chile".
Simultáneamente será necesario constituir una Comisión
Organizadora que dé garantías de eficacia y ecuanimidad al conjunto del
partido. Dicha comisión deberá promulgar una convocatoria y cautelar la
aplicación de las normas estatutarias aún vigentes, relativas a la celebración
de congresos, introduciendo, por cierto, las modificaciones a que haya lugar en
atención a las particulares características y circunstancias del evento
propuesto.
Abrigo la convicción íntima de que al asumir la defensa de
estas concepciones, estoy asumiendo la defensa de la continuidad del legado histórico
del pensamiento socialista chileno y que ellos reflejan a cabalidad el espíritu
y las ideas de las figuras más relevantes del Partido, de Eugenio Matte, de
Oscar Schnake, de Eugenio González, de Raúl Ampuero y sobre todo las de
Salvador Allende, quienes de manera tan decisiva contribuyeron a dar cuerpo,
vida y sangre a una concepción ideológica auténticamente socialista,
revolucionaria y profundamente chilena.
En esta hora, plena de desafío y preñada de posibilidades,
llamo a los socialistas de Chile, a los viejos militantes que formaron el
Partido y a los jóvenes que reciben su legado y han iniciado el camino de
lucha, a librar una irrenunciable batalla en aras de la Unidad del Partido, en
pro de la continuación de su desarrollo histórico sin mezquindades ni
vacilaciones.
Llamo a todos los socialistas, a los que más allá da las
vicisitudes de la contingencia política, que muchas veces nos separaron pusieron su voluntad y su corazón al servicio
de la causa del socialismo chileno.
Somos dignos depositarios del legado revolucionario y humanista
de nuestros fundadores y
mártires, el principal Salvador Allende, gloriosa síntesis de todos ellos.
Luchando en defensa del patrimonio socialista y de su
unidad, luchamos en favor de la resistencia antifascista, por la democracia y
el socialismo.
MARZO DE 1979.
Carlos Altamirano Orrego
Secretario General del
Partido Socialista de Chile
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