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Preguntas y respuestas de actualidad(1968) PDF Imprimir Correo
Escrito por Raúl Ampuero   
23-10-2010 a las 05:33:14

Preguntas y respuestas de actualidad

AMPUERO AHORA

Un político fiel a sus ideas a lo largo de su vida, y dueño de una extraordinaria vitalidad intelectual para enjuiciar los sucesos contemporáneos con lucidez y espíritu creador: así es Raúl Ampuero. De ello dan testimonio las entrevistas que, en síntesis, reproducimos en este folleto.

El lector encontrara que las preguntas y respuestas de Raúl Ampuero han sido reordenadas conforme a un cierto orden temático. Al final de cada pregunta con su respectiva respuesta encontrará entre paréntesis la fecha en que ella le fue formulada y contestada. Con ayuda de estas fechas el lector podrá descubrir dónde apareció la entrevista de la cual se ha sacado esa pregunta, conforme a la lista que ofrecemos a continuación:

Revista Plan, Octubre de 1966.

Revista Punto Final, Agosto de 1967.

Diario La Segunda, Noviembre de 1967.

Diario El Mercurio, Mayo de 1968.

Diario La Estrella (Valparaíso), Junio de 1968.

Diario El Siglo, Julio de 1968.

En forma directa, sin rodeos, Raúl Ampuero responde con vigor y sinceridad a preguntas de gran vigencia en nuestros días. Esta publicación constituye una expresión viva del pensamiento de Ampuero en los momentos en que opta a la representación senatorial por la Décima Agrupación (el Gran Sur), y ayuda a una mejor comprensión de las verdaderas dimensiones de la crisis del socialismo chileno y del movimiento popular de nuestro país.

LA IZQUIERDA: 1938 - 1964

P.-¿A qué atribuye el fracaso del Frente Popular? Actitud del P.S. en esos años. ¿Había una oportunidad revolucionaria más al alcance de su realización en un mundo en que el imperialismo estaba dividido y en  el área americana no existía la política antisubversiva que hoy maneja con entera lucidez el Pentágono?

R.- Cuando se analiza retrospectivamente una situación política resulta fácil señalar los errores o defectos de conducción. No querría, por eso, abusar del sentido crítico con respecto a acontecimientos pasados, salvo que de ellos se desprenda alguna lección para hoy o para mañana.

Debemos recordar que en la gestión misma del Frente Popular pre-dominaba una concepción defensiva: se trataba de detener el avance del fascismo, que constituía una trágica amenaza para todas las manifestaciones progresistas del mundo. Instalado el Frente Popular en el poder, en Chile era una tarea pesada y larga proyectar el Gobierno en una perspectiva revolucionaria. Al factor subjetivo recién mencionado se deben añadir las dificultades materiales para la vida colectiva y para las economías originadas en el conflicto bélico desatado en 1939 y el derrumbe de todo el sistema de intercambios comerciales, aprovisionamientos extranjeros, etc. que eran su consecuencia natural.

En el orden ideológico los comunistas, y, en menor medida, nosotros, los socialistas, concebíamos la misión del Gobierno frentista sólo como la culminación de la revolución democrático-burguesa, lo que constituía una limitación adicional, al negar al movimiento cualquier propósito de ir más allá de un programa reformista más o menos resuelto.

Sin establecer ninguna jerarquización de las causas del fracaso del Frente Popular, como coyuntura histórica, agréguese la infortunada circunstancia del fallecimiento del Presidente Aguirre Cerda que nos empujó, a poco andar, en las negociaciones, cabildeos y gestiones electorales destinadas a reemplazarlo, tan propicias para empantanar los más vehementes propósitos revolucionarios. Por todo eso, coincido en estimar un fracaso la experiencia del Frente Popular, sin dejar de reconocer que nada pasa en vano en la historia y que, por tanto, esa experiencia es un dato insoslayable en el desarrollo de los acontecimientos posteriores.

El Partido Socialista actuó con más bríos que el Partido Comunista en esa época y defendió con gran resolución una política vigorosa de Reforma Agraria, creó organizaciones paramilitares que constituyeron una sólida defensa adicional para el pueblo, como lo comprobó la frustración del conato de golpe del General Ariosto Herrera.

(Octubre 1966)

P.-El ascenso de la DC, ¿Puede estimarse como el resultado de una especie de desilusión o fatiga del pueblo por las proposiciones de la izquierda?

R.- No. No puede sostenerse que la DC haya arrebatado determinados sectores de las masas a la izquierda; más bien ha contenido su desplazamiento hacia el FRAP con la ilusión de darles lo mismo que ofrecen fomentar la ilusión socialistas y comunistas, pero sin riesgos de violencia. Hay que reconocer, sin embargo, que nosotros ayudamos a fomentar esta ilusión en la medida que hasta 1962 presentamos a la DC como un movimiento convergente con el nuestro, demostrando con ello una lamentable falta de perspicacia. Cuando la DC conquistó un lugar entre las "fuerzas populares" viró bruscamente, para ofrecerse a la derecha como una tabla de salvación. Lo que el FRAP ha pagado caro ha sido, pues, su inferioridad en la concepción estratégica, lo que en el fondo significa -debemos reconocerlo- una defectuosa conducción.   

(Octubre 1966)

CRISIS EN EL MOVIMIENTO POPULAR

P.- En su último discurso usted aludió a que "faltaría una línea política suficientemente lúcida y eficaz para conquistar el poder y ponerlo al servicio de la transformación socialista". ¿Significa eso que la actual línea política de la izquierda adolece de defectos? ¿Cuáles serían?

R.- Más que por una línea errónea, la izquierda merece críticas por la falta de una línea. No es mi papel enunciarla, puesto que soy un simple militante del movimiento popular, pero estimo conveniente señalar la incapacidad que hemos demostrado hasta ahora para elevar la conciencia política del pueblo partiendo de sus reivindicaciones elementales.

A menudo la falta de vinculación dialéctica entre el objetivo inmediato y la meta remota deforma la mentalidad de nuestros dirigentes, haciéndolos a unos practicistas miopes, y a otros soñadores o jefes revolucionarios de escritorio.

(Octubre 1966)

P.- Ud. ha mencionado que hay ciertas diferencias dentro del FRAP actualmente.

R.- Es difícil hablar de diferencias dentro del FRAP porque el FRAP no existe. Considero que en estos momentos el FRAP es simplemente una sigla, un recuerdo, una esperanza, pero no un estado mayor político. El FRAP está destruido, está aniquilado, porque la existencia física de una combinación electoral que agrupa cierto número de votos no puede sustituir a una política de izquierda. En otras palabras, yo diría que mientras no exista una política unitaria de izquierda, elaborada, convenida y suscrita por los partidos responsables de la clase obrera y del pueblo, no tiene ningún sentido constituir alianzas nominales. El FRAP logró durante algún tiempo vigorizarse, existió realmente como alternativa, tuvo una personalidad, perfiles propios y alcanzó a desarrollarse políticamente hasta el punto de cubrir un electorado de un millón de votos, lo que es un hecho sin precedentes en la historia latinoamericana.

Pero, desde entonces acá, vale decir, desde la elección presidencial, el deterioro del FRAP ha sido evidente y yo diría, sin exagerar, que en este momento no existe. Así es que las discrepancias, más que intestinas, son divergencias públicas que han impedido el reagrupamiento. Esto justifica plenamente nuestra actitud de buscar tal reagrupamiento de la izquierda a otro nivel, mediante métodos y mecanismos capaces de dirimir las diferencias y, por supuesto, dentro de un entendimiento leal y de respeto recíproco entre los partidos. 

(Noviembre 1967)

P.- Ni socialistas ni comunistas quieren reconocerlo, pero las discrepancias que si han admitido, han llevado al FRAP a un estado crítico ¿Cuáles son, a su juicio, las causas fundamentales de eso que podría llamarse la quiebra del FRAP?

R.- Sin pretender agotar el examen, diría que algunas de las causas son las siguientes:

a) Ausencia de un verdadero espíritu unitario. Los partidos pueden disentir, pero, si se consideran realmente hermanos en una lucha común, las discrepancias deben conducirse en un terreno amistoso y ser resueltas a través de mecanismos convencionales. Los partidos del FRAP han estado más interesados en explotar sus mutuas debilidades y errores, que en encontrar fórmulas de solución para sus contradicciones.

b) Un cierto "cosmopolitismo", que lleva a los partidos trapistas a vivir preponderantemente en función de los conflictos internacionales. Falta, en consecuencia, preocupación seria por conocer e interpretar los factores pro-piamente chilenos de nuestro desarrollo social.

c) Acentuación progresiva de las preocupaciones meramente electorales, en términos de hacer del FRAP una entidad destinada a vivir fugazmente, sólo en los meses previos a las elecciones generales.

Como se supone que la sigla tiene cierto atractivo sicológico, por lo que significó en el pasado, pretenden transformarla ahora en una suerte de marca comercial, de cuyo uso estarían privados los demás partidos.

(Junio 1968)

P.- Si se corrigieran los defectos y se enmendara rumbos en esa coalición, la Unión Socialista Popular ¿estaría dispuesta a ingresar al FRAP?

R.- No creo que tuviéramos dificultades para ingresar a un FRAP reformado. No es la materialidad del nombre lo que impugnamos, sino la tergiversación de su espíritu.        

(Junio 1968)

GESTACION DE LA U. S. P.

P.- Senador, usted es el jefe de un nuevo movimiento: el Partido Socialista Popular, ¿podría decirnos qué causas motivaron esta separación del Partido Socialista?

R.- Debo comenzar haciendo una rectificación. La verdad es que no soy el jefe del Partido Socialista Popular. He tenido una participación - que reconozco importante- en su génesis política y en la elaboración de su posición ideológica, pero el Secretario General del Partido Socialista Popular es el camarada Oscar Núñez, elegido por aclamación en la Primera Asamblea Constituyente, que acabamos de realizar.

Ahora, respecto de cómo se generó, hay causas remotas y causas recientes. Podría decirle que en el Partido se planteó hace tiempo -unos dos años y medio atrás, más o menos-, una pugna entre quienes habíamos dirigido el Partido durante los últimos años, hasta 1965, y las dos alas extremas del Partido: el ala de extrema izquierda, sector al cual podríamos llamar "víctimas del infantilismo" de que habla Lenin, de pronunciada afinidad ideológica con el "pekinismo", y el ala de extrema derecha, sector reformista y moderado, que tiene su representante más típico en Salvador Allende.

Estos dos extremos se juntaron para producir la derrota de quienes habíamos dirigido el Partido, con un amplio respaldo mayoritario, hasta junio de 1965. Por supuesto, dos tendencias tan dispares sólo podían unirse por razones y objetivos de orden personal y eso significó que desde el primer día comenzaron a realizar una labor de hostilidad, de cerco contra nosotros.

El incidente que produjo el cisma, ocurrió en junio de este año, en el Pleno, cuando el Comité Central, convencido de que estaba en peligro su dominio del Partido, procuró alterar las normas que generan el Congreso General en una forma arbitraria. Así, comenzaron a agregarse factores de carácter orgánico, de orden interno. Había un fenómeno básico muy serio: el Partido había perdido virtualmente el 80 por ciento de sus efectivos, desde que esa alianza híbrida se encaramó en el Comité Central. Cada dos años hay que renovar la documentación del Partido y sólo lo habían hecho 2 de cada 10 militantes. Entre los años 65 y 67 sólo había renovado su documentación el 20 por ciento de los afiliados. Este hecho ha sido ratificado, por lo demás, en su conferencia de prensa, por la doctora María Elena Carrera, al decir que de 40 y tantos mil militantes, quedaban solamente 10 mil. Esto nos parece una especie de suicidio, un proceso de jibarización deliberado, que se inspira en la Secretaría Nacional de Organización, a cargo de Adonis Sepúlveda, y cuyo objeto era reducir la base del partido para hacer más fácil el control del Congreso futuro.

En seguida, se establecieron ciertas normas de vigilancia y supervisión del proceso que significaban dejar cada vez más en las manos del Secretario de Organización el resultado político del Congreso. Frente a esto, reaccionamos dentro del Pleno, y eso fue suficiente para que se nos aplicaran las medidas disciplinarias más severas, en cumplimiento de un antiguo deseo del Comité Central. Hasta ahora, nunca se ha dado una sola razón política para nuestra expulsión, y Ud. comprenderá que un partido no puede darse el lujo de expulsar a militantes de más de 30 años simplemente por lo que podría llamarse un acto de "irreverencia administrativa" interna. Sin embargo, el señor Rodríguez lo ha hecho. Esto fue, en resumen, el itinerario de la escisión.

Como se sabe, el señor Rodríguez Arenas es jefe de OLAS, es Presidente del FRAP y Secretario General del Partido Socialista: nunca un político de izquierda ha tenido un poder mayor. Sin embargo, OLAS está Virtualmente muerta: no funciona, no se ha sabido de ninguna acción de esta Organización de Solidaridad Latinoamericana, ni siquiera en los momentos en que los guerrilleros bolivianos sufrían el asedio de las tropas del Gobierno Militar. El FRAP está dividido: ni siquiera puede ponerse de acuerdo en asuntos electorales de mínima cuantía, como las elecciones complementarias por la Octava Agrupación; y el Partido Socialista está también dividido. Es decir, si se mide la eficacia de una dirección política por sus resultados, el balance de la directiva que presentará el señor Rodríguez en el próximo Congreso es deplorable.

(Noviembre, 1967)

P.- ¿Podría precisar los aspectos políticos de sus discrepancias con el Comité Central del Partido Socialista?

R.- Es difícil determinar los puntos específicos de estas divergencias, porque el Comité Central constituye una curiosa alianza entre un grupo infantilista de izquierda, que desearía hacer la revolución pero que carece de capacidad organizativa y de ascendiente político para hacerla, y otro grupo con alguna influencia sobre sectores de la opinión pública, pero que jamás intentará realizarla. En suma, una coalición híbrida y oportunista entre los que quieren y no pueden, y los que pueden y no' quieren.

Como se trata, entonces, de una dirección política escindida, de dos cabezas, nuestras discrepancias se refieren preferentemente a su comporta-miento contradictorio, a una persistente inconsecuencia entre las palabras y El Comité Central los hechos, a cierto estilo tartarinesco, que paulatinamente contribuye a (1os cabezas crear la imagen de que el Partido Socialista es un "tigre de papel". No obstante, los acontecimientos políticos han ido comprometiendo a las dos alas del Comité Central en una serie de renuncios comunes que tienden a fundar el éxito de la política socialista en los triunfos meramente electorales y, en lo sustantivo, a consumar una alianza política con el Partido Radical, restableciendo, con 30 años de retraso, la estrategia que dio vida al Frente Popular.

Por mucho que se afirme que el apoyo radical sería gratuito, los hechos demuestran lo contrario. Desde que el Partido Radical, "espontáneamente y sin condiciones", ofreciera su apoyo a la doctora Carrera, nunca más se habló de los convenios del cobre en el curso de esa campaña. Hallándose presente en las tribunas altos personeros radicales, habría sido, por supuesto, como mantener la soga en casa del ahorcado.

En el orden internacional nuestras críticas se dirigen a señalar la falta de una política verdadera. Es cierto que los emisarios del Comité Central cruzan con frecuencia los continentes y los océanos para materializar nuestra solidaridad con los pueblos que construyen el socialismo o que luchan por su liberación; pero, desgraciadamente, no llevan ninguna línea, ninguna concepción, ningún aporte ideológico que señale nuestra presencia en el mundo de la revolución.

Pocos partidos marxistas han hecho un esfuerzo más serio que el nuestro por librarse de la tentación de buscar modelos en las experiencias extranjeras para adoptarlos mecánicamente. La victoria de cada revolución produce un impacto tan hondo en la sensibilidad de los pueblos oprimidos que, inevitablemente, surge el propósito político de imitarla con la mayor fidelidad. Se olvida, como alguna vez lo subrayó el Che Guevara, que toda revolución es una obra de creación política, intransferible a cualquier otro terreno social o a cualquiera otra época o momento histórico. Esto parece haberlo olvidado nuestro Comité Central.

Ante la dramática fragmentación del movimiento revolucionario y antiimperialista mundial, fruto y herencia del monolitismo anterior, propiciamos desde hace años una "integración democrática" de las tendencias y partidos que lo constituyen, siempre que dispongan de un alto grado de representatividad. Nos hemos pronunciado contra el "cosmopolitismo", esto es, contra el remplazo de una política que debe ser el resultado del análisis y la prospección marxista sobre la realidad concreta de cada país, por una importación servil de estrategias y métodos que obedecen a realidades distintas.

(Agosto 1967)

P.- ¿Qué caracteriza al socialismo popular con relación a otras colectividades?

R.- Más que enumerar diferencias específicas, conceptuales y tácticas, quisiera mencionar los móviles del movimiento que encabezamos, primero en el interior del Partido y, luego, como colectividad independiente.

La causa inmediata del cisma fue la pretensión del Comité Central de implantar una regimentación burocrática sobre los Congresos del Partido anulándolos como expresión de la democracia interna. Nuestra corriente resistió esta tentativa.

Quisimos retornar, enseguida, al principio de evaluar los méritos de nuestros cuadros por su capacidad para comprender y conducir el proceso político chileno, entendiendo que el primer deber del revolucionario es abrir camino a la revolución en su propio país. Esto pareció una herejía a los trotamundos de la revolución, a los coleccionistas de condecoraciones guerrilleras que no ganaron en ningún combate, a los importadores de recetas estratégicas, en fin, a todos los que han reducido al marxismo a una suerte de letanía inconexa de aforismos elementales.

Como no será posible derribar al capitalismo con el viento de las palabras, comprendemos la necesidad primordial de fortalecer la base social de una política popular: sindicatos urbanos y rurales, conexión del movimiento estudiantil con la clase obrera, vertebración de los pobladores, etc. Más que una expresión retórica las masas deben constituir una realidad física y una voluntad colectiva. De esta concepción al "tremendismo" oratorio, hay - como se ve- una enorme distancia.

Pensamos, por último, que también hay una moral socialista. El socialismo es algo más que un esquema intelectual; es una forma de comporta-miento. Resultaría farisaico adoptar una ideología proletaria y gozar, simultáneamente, de toda clase de licencias para aprovechar de los negocios, los placeres, los privilegios y hasta los vicios de la burguesía.

(Mayo 1968)

P.- ¿Por qué no es Ud. el dirigente máximo de la USP? ¿Cuál es en este momento su papel en ella?

R.- Un partido joven necesitaba de dirigentes más jóvenes que los de mi generación.          

En su seno soy un dirigente nacional, que tuvo una responsabilidad particular en su gestación y que desea, fervientemente, seguir siendo útil al socialismo.

(Mayo 1968)

UN MARXISMO SIN VATICANOS

P.- En ocasiones se ha referido Ud. a los "vaticanos ideológicos", ¿le lleva eso a rechazar por igual la orientación que fluye de todas las experiencias revolucionarias triunfantes?

R.- Al revés. Al rechazar los "vaticanos ideológicos", lo que estoy promoviendo es una utilización racional, amplia, marxista, de todas las enseñanzas que pueden derivarse de las experiencias de otros pueblos, reelaboradas al calor de nuestras propias luchas y de nuestra propia historia.

La revolución no es una mera "técnica" militar, independiente del espacio y el tiempo, sino un proceso social. La tarea de los marxistas es conducirlo, ayudados por una concepción científica del desarrollo de cada país.

(Agosto 1967)

P.- Senador Ampuero, usted se ha definido a lo largo de toda su vida política como marxista. Sin embargo, actualmente, hay varios matices de marxismo: el moscovita, el pekinés y la versión sudamericana del castrismo, además de lo que el senador Luis Corvalán ha llamado "grupúsculos". ¿Cuál de estas líneas siguen usted y su partido?

R.- Nosotros somos marxistas independientes y rehusamos someternos o adscribirnos a cualquiera entidad internacional que pretenda señalar la política que debemos seguir en Chile. Esto es, por supuesto, compatible con nuestra adhesión incondicional al principio del internacionalismo revolucionario: prestamos nuestra solidaridad a todos los movimientos revolucionarios y socialistas, aun teniendo divergencias teóricas con ellos, porque creemos un deber principal de los trabajadores de todo el mundo apoyarse recíprocamente en sus combates.

Pero, si se trata de establecer una dirección política que nos imponga una estrategia o una táctica determinadas, rehusamos hasta ahora -y hoy como Partido Socialista Popular lo reiteramos- toda disciplina que no sea la que determinen nuestros propios militantes.

Si antes rechazamos pertenecer a la Tercera Internacional cuando Moscú era una especie de Vaticano Rojo, ahora rehusamos con mayor razón adscribirnos a cualquiera de los muchos Vaticanos que algunos elementos de izquierda pretenden erigir.           

(Noviembre 1967)

P.- No hablemos entonces de recibir directivas de estos Vaticanos socialistas, como usted los llama, sino de ver con cuál de estos centros de poder marxistas se sienten usted y su Partido más identificados.

R.- Yo diría que con ninguno más que con otro. En algunos aspectos, por ejemplo, sostenemos que la revolución china derivó hacia cierta anarquía, cuando el papel del partido de vanguardia fue usurpado por grupos relativamente irresponsables. En cuanto a los soviéticos, pensamos que hay cierta dosis de conservantismo en su política internacional, explicable desde el punto de vista sociológico, pero que no nos agrada. En cuanto a la posición cubana es aún muy temprano para definir claramente sus perfiles. Cuba ha actuado con gran generosidad al correr riesgos inmensos para impulsar todo el proceso social en América latina. Sin embargo, la gestación de la revolución cubana parece ser un modelo poco aplicable en Chile. Allá, por ejemplo, el partido de vanguardia se formó cuando la revolución había triunfado. Antes la inspiraron grupos políticamente independientes, ni siquiera marxistas en sus definiciones. El desenvolvimiento del proceso revolucionario fue también muy original: se inició por un grupo de intelectuales, sus tropas de choque fueron los campesinos y sólo al final logró incorporar a la clase obrera a la transformación socialista, lo que discrepa bastante del esquema concebido por Lenin y que en cierto modo se siguió en la Unión Soviética.

Todas estas experiencias nos interesan, pero no buscamos una proximidad particular con ninguna. Creemos que cada revolución es una obra de creación, que cada revolución es distinta a la anterior.

(Noviembre 1967)

REAGRUPAMIENTO POPULAR REVOLUCIONARIO

P.- ¿Cree usted que puede apreciarse como una fuerza positiva la llamada ala izquierda de la DC? Si este grupo se impusiera en el Partido, ¿es posible pensar en una acción común con la izquierda?

R.- Creo que, en conjunto, la DC juega un papel reaccionario y posiblemente sus propios "guatemaltecos" no irán más lejos que los casi olvidados "guatemaltecos" del Partido Radical. Todo esto, sin perjuicio de reconocer que algunas individualidades vigorosas actúan con sinceridad, aun-que con temor de plantearse siquiera como hipótesis el fracaso de sus esperanzas en el Partido.

No obstante, la DC empujó, a pesar suyo, hacia el movimiento popular, a contingentes muy vastos de la población y de la juventud, para quienes por primera vez resultan compatibles sus convicciones religiosas con la lucha abierta en favor del cambio social. En el futuro no se podrá ignorar la presencia de este sector en la formulación de una política de izquierda, independientemente del juicio que nos merezca la DC como partido de gobierno.

(Octubre 1966)

P.- ¿Cree usted que el FRAP debería rechazar el apoyo del Partido Radical en la próxima elección presidencial? ¿Por qué?

R.- La pregunta me parece mal formulada. Tal vez debería plantearse así: ¿Apoyará el Partido Radical al FRAP en la próxima elección presidencial?

Le contestaría: si el FRAP se mantiene fiel a su programa antiimperialista, a su concepción de clase y a su inspiración revolucionaria, el Partido Radical no apoyará al FRAP. Solamente podría hacerlo en la medida que el FRAP abandone este terreno para adoptar las banderas de un reformismo enfermizo e impotente, segura antesala de nuestra incorporación al mundo gorila que se extiende a lo largo y lo ancho de América.

(Agosto 1967)

P.- ¿Considera posible la aglutinación de todas las fuerzas de izquierda, además del Partido Radical, en un nuevo Frente Popular, con miras a las elecciones presidenciales de 1970?

R.- Yo creo que sería lo peor que podría ocurrir. Se me ocurre que en la izquierda, y especialmente entre la gente más madura, no hay ningún interés en repetir la experiencia de 1946, con la elección de Gabriel González Videla. Los amigos comunistas parecen entender que fue personalmente González Videla quien interrumpió el proceso de avance da Chile desde el poder y el causante exclusivo de una traición al Partido Comunista que sufrió, como todos sabemos, una persecución inclemente. Creo que en eso se equivocan, que es un análisis superficial. Pudo ser cualquier otro radical el Presidente y, con toda seguridad, el curso de los acontecimientos no habría variado. Hay factores sociológicos y políticos que llevan a los partidos centristas a buscar fatalmente la coyuntura para desprenderse de sus aliados revolucionarios cuando los partidos obreros exigen una acción consecuente con lo prometido durante la campaña electoral.

Nosotros, en cierto modo, sufrimos una experiencia parecida, aunque menos dramática, cuando apoyamos al General Ibáñez. Luego de un año en el poder logramos empujar un poco las conquistas sociales, pero luego el Gobierno tomó una actitud progresivamente reaccionaria, actitud que se corrigió muy someramente al final, con ciertas medidas favorables a la democratización del país, como la derogación de la Ley de Defensa de la Democracia y el saneamiento del sistema electoral.

(Noviembre 1967)

P.- ¿Cuál sería el núcleo de un nuevo aglutinamiento?

R.- Desde luego, en este reagrupamiento deberían participar nuestro partido, el Socialista Popular, que ha hecho el llamamiento, el PC y también los socialistas de Chile. Nosotros hemos roto con ellos en el sentido de negarnos a actuar bajo una misma disciplina partidista, pero no los excluimos de un entendimiento ulterior, entre entidades independientes, autónomas.

(Noviembre 1967)

P.- ¿En ningún caso habría cabida para el Partido Radical?

R.- No, en ningún caso. Nosotros creemos que el Partido Radical está simulando una política de izquierda que no corresponde ni a su composición social ni al verdadero pensamiento de sus dirigentes.

(Noviembre 1967)

P.- ¿Ni tampoco para la DC con una directiva pro-izquierdista?

R.- Creo que la "izquierda" DC es más espontánea en sus planteamientos y más resuelta que la llamada "izquierda" radical. La izquierda radical hace 20 años que está en la oposición dentro de su partido; nunca lo rompió -salvo algunas individualidades muy respetables- y sólo ha logrado un cambio aparente en los últimos tiempos. En la DC, por el contrario, creo que hay sectores jóvenes, obreros y campesinos, sinceramente convencidos de que su partido era, fue, o puede ser todavía un instrumento para romper el marco de las relaciones de clases y abrir perspectivas revolucionarias.

Sin embargo, la directiva actual, con sus vacilaciones, que no sé hasta dónde llegarán, parece estar defraudando también el pensamiento de esa gente. Es muy difícil, dentro de los partidos predominantemente burgueses, que pueda imponerse una izquierda que va más allá del capitalismo.

(Noviembre 1967)

P.- ¿Cuál es la posición de su partido frente a la declaración de unidad de radicales y comunistas? ¿Qué papel juegan ustedes en esa unión?

R.- Por supuesto, en esa unión morganática no jugamos ningún papel.

Veinte años de historia nos separan de un Partido Radical que ha metido las manos en todos los gobiernos reaccionarios y pretende, no obstante, mantener inmaculada su alma izquierdista. Si los comunistas atribuyen las "maldades" del PR a personas determinadas-ayer a González Videla, hoy a Julio Durán-, lo lamentamos por ellos. Nosotros preferimos atenernos a un análisis marxista de los hechos, a las ligazones económico-sociales de sus dirigentes, al conservadurismo burocrático de sus principales contingentes electorales.

La unión radical-comunista para crear la alternativa de un "gobierno popular pluripartidista" es la última paletada de tierra sobre la sepultura del FRAP.     

(Mayo 1968)

P.- Ustedes propician la unidad de la izquierda por encima de odios. ¿Eso excluye el diálogo con el partido de gobierno en el caso que se les incluyera en el diálogo que esa colectividad intenta realizar?

R.- En su conjunto, el PDC es un partido centrista, donde el ala derecha viene escalando progresivamente más y más posiciones de poder. En estas condiciones, mal podríamos incluirlo en un reagrupamiento de la izquierda revolucionaria. Debemos reconocer, sin embargo, que en su seno se mueven sectores y corrientes inspirados sinceramente en una vehemente voluntad de cambio: una vez que quemen allí dentro sus últimas ilusiones, esos elementos serían valiosísimos en las luchas populares.

(Mayo 1968)

P.- ¿Qué opinión le merecen los reiterados llamados que han hecho comunistas y democratacristianos para lograr lo que ellos llaman "el reagrupamiento de las fuerzas populares"? ¿Concurriría su Partido, si las condiciones fueran favorables, a ese reagrupamiento?

R.- Después que la Unión Socialista Popular emitiera su "llamado a la Asamblea Nacional Constituyente" del Partido, en septiembre del año pasado (1967), se vienen multiplicando, efectivamente, las opiniones favorables a un reagrupamiento de la izquierda o a un reagrupamiento de las fuerzas populares. El severo diagnóstico que hicimos de la falencia en que habían caído el FRAP y la generalidad de los partidos de avanzada, tuvo un efecto indiscutible: creó la conciencia necesaria para una profunda rectificación de rumbos. Sin embargo, ni comunistas ni democratacristianos plantean el problema en los términos en que lo ha hecho la USP.

Para nosotros, el reagrupamiento debe operarse alrededor de un eje programático que asegure la cohesión del bloque que se pretende restablecer, con el propósito de erigirlo en una alternativa de poder, vale decir, concebido como una fuerza capaz de gestar, primero, y sostener, después, un gobierno de nuevo tipo. La táctica comunista de agrupar fuerzas, pacientemente, en cada batalla, poniendo énfasis en la reivindicación inmediata más que en la perspectiva, conduce al desgaste y a la dispersión. Así, por ejemplo, siguiendo esa línea de trabajo se coaligaron con los radicales en la lucha contra los reajustes y luego con los DC en las acciones reformistas de la Universidad. Estoy seguro de que ni los asalariados ganaron nada con esta táctica ambigua, ni los universitarios están realmente conformes con los resultados de la rebelión estudiantil. Las acciones dispersas que no logran orientarse hacia objetivos más altos, de índole política, en lugar de fortalecer el movimiento popular, lo desmoralizan, aun cuando se hayan logrado éxitos parciales. Nuestro Partido concurrirá al reagrupamiento siempre que ofrezca un nuevo camino a las masas populares.

(Junio 1968)

P.- Los comunistas han planteado que no bastan las juergas del FRAP para generar un gobierno popular, y la necesidad de que comunistas y socialistas lleguen, en un momento determinado, a un acuerdo con otras fuerzas que estén por los cambios, para un programa de acción común. ¿Cree usted que es necesario este reagrupamiento? A su juicio, ¿qué papel debe jugar en tal caso la clase obrera?

R.- Hay varios puntos que esclarecer en la pregunta. El primero, si sólo se trataría de concentrar las fuerzas electorales necesarias para obtener una mayoría absoluta de votos. Con tal criterio, puramente matemático, sería preciso juntar a los partidos obreros con todos los radicales y... con alguien más, porque en conjunto quedaríamos todavía por debajo del 50%. Negarse a colaborar con la "derecha" radical -siempre dentro de este criterio estadístico- sería un insensato contrasentido.

Nos resistimos a creer que los comunistas piensen así. Ellos, como nosotros, tienen un sentido dinámico de la política: vale decir, suponen que una corriente hoy minoritaria puede ser mayoritaria mañana, si acierta a enunciar una línea que atraiga y galvanice al pueblo, que es la enorme mayoría del país. Pero dentro de este concepto la alianza de los partidos populares con el Partido Radical constituiría una aberración, porque se trata de fuerzas divergentes, capaces de ponerse de acuerdo en pequeñas reformas inmediatas, pero absolutamente imposibilitadas de acometer en conjunto las reformas de estructura indispensables. Sólo la suma de fuerzas afines incrementa el poderío político; la agregación de fuerzas heterogéneas a menudo debilita a todos los elementos que participan en una coalición híbrida.

Por otra parte, hasta hace muy poco se nos llamaba a unirnos todos (incluidos los democristianos) ¡contra los radicales!... en una línea estratégica que el Partido Comunista sintetizó en una consigna: "¡TODO CHILE CONTRA DURAN!". Así, a fines de 1963, a menos de un año de la contienda presidencial, el propio señor Allende -en un Pleno del PS que se recordó en el Congreso de Linares- nos instaba a buscar una fórmula de unidad del FRAP con el señor Frei, forjando un solo bloque de "fuerzas avanzadas"...

A mi modo de ver, una izquierda maniobrera, que nunca acierta a definir cuáles son sus adversarios principales, que hoy pide la unión de los "cristianos" para aniquilar a los "moros" y mañana la unión de los "moros" para echar a los "cristianos", está muy lejos de ser efectivamente una vanguardia inspiradora y lúcida.

Otro elemento ambiguo de la pregunta es el concepto de los cambios. ¿Se quiere simplemente aumentar la tributación de la gran minería del cobre o se quiere nacionalizar las minas? ¿Se trata de planificar la economía para servir a la comunidad o solamente de encargar a los carabineros la vigilancia de los precios oficiales? ¿Se desea dar un barniz de cierta dignidad a nuestra diplomacia o de romper con la Organización de Estados Americanos, de negarse a participar en el criminal bloqueo de Cuba y de desahuciar los pactos militares? ¿Se busca la justicia social a través de reajustes equitativos o se trata de incorporar a los trabajadores al poder político y a la gestión de las empresas públicas? Podríamos hacer decenas de preguntas semejantes. Lo que queremos significar es que hay "cambios" que son meros parches del sistema económico-social y "cambios" que significan un vuelco sustancial de la historia.

Resumiendo, el agrupamiento que los comunistas proponen es el mismo que generó en 1946 la presidencia de Gabriel González Videla. Lo consideramos nocivo. En ese reagrupamiento la clase obrera no tendría otro papel que el de masa de maniobra electoral, primero, y el de víctima, después.

(Julio 1968)

P.- ¿Cuáles son las bases sobre las cuales Ud. estima posible este reagrupamiento de fuerzas? ¿Qué definiciones políticas y de principios sustentaría este reagrupamiento?

R.-Los socialistas populares hablamos de un "reagrupamiento de fuerzas populares revolucionarias", vale decir, de corrientes de opinión realmente independientes de los intereses que dominan la economía chilena y paralizan su desarrollo, en especial, independientes de las grandes inversiones extranjeras, del monopolio y del latifundio. No podemos aceptar que los mismos líderes que nos encadenaron a los convenios del cobre por 20 años pretendan erigirse en caudillos de las masas antiimperialistas. Los partidos políticos deben ser definidos por sus hechos, y quienes quieran creer que el Partido Radical de Pisagua, de la administración Alessandri, de los convenios del cobre, ha desaparecido del mapa político por adoptar 3 ó 4 resoluciones demagógicas, se están engañando a sí mismos o se creen demasiado "diablos".

Nuestra tarea no se limita a constituir un gobierno de orientación diferente del actual: se trata de sustituir el estado liberal por un Estado Popular Revolucionario. En este Estado la función de los partidos que lo sostengan -pocos o muchos, la cuestión del pluripartidismo es secundaria- debe variar sustancialmente, para constituirse en la vanguardia ideológica del pueblo, en lugar de ser, como lo han sido siempre, meros usufructuarios de las prebendas que distribuye el poder público.

Me temo que si la nueva izquierda es incapaz de proponerse cambios auténticamente revolucionarios, sustituyéndolos por "cambios" inofensivos y "aguaditos", los acontecimientos -como ocurrió en Francia- la sorprenderán impotente y desnuda.

(Julio 1968)

P.- Los comunistas han planteado en su reciente Pleno, tareas concretas de acción común en lo político, lo sindical, el plano universitario, etc., para crear y consolidar las bases de este reagrupamiento, y han puesto el acento en que estas acciones comunes son incluso más importantes que la designación de nombres de posibles candidatos presidenciales. ¿Cuál es su opinión sobre esto?

R.- Estamos de acuerdo en que el nombre de los posibles candidatos presidenciales es secundario, y estimamos que siempre es posible desplegar acciones comunes con otras fuerzas ante problemas concretos. Estimamos, sin embargo, que fabricar una alternativa política de izquierda, zurciendo grupos, partidos y tendencias en "tareitas" cuotidianas, no es el mejor camino. El pueblo necesita una línea general, una síntesis política, un programa coherente, algo, en fin, que le dé sentido a las múltiples y elementales reivindicaciones inmediatas. En el fondo, la desmoralización de los trabajadores proviene más bien de la falta de perspectivas de su diario batallar contra el hambre, la enfermedad, la ignorancia, el abuso. Instintivamente han comprendido que sus conquistas se hacen "sal y agua" mientras sus enemigos de clase controlan el poder político. Los trabajadores están dispuestos a luchar duro y a arriesgar mucho, pero por una meta que valga la pena.

(Julio 1968)

GUERRILLAS Y ELECCIONES

P.- ¿Cuál es su pensamiento respecto a la revolución cubana? ¿Considera erróneo o justo el planteamiento de que sólo la lucha armada, guerrillera básicamente, conquistará el poder para el pueblo?

R.- La revolución cubana, para mí, es el acontecimiento político de mayor trascendencia ocurrido en América latina en el presente siglo. Creo, asimismo, que el tránsito del capitalismo al socialismo tendrá que adquirir, en una u otra fase de la lucha, un carácter violento. Por eso Marx hablaba de la violencia como "partera" de la historia.

Lo que no comparto es la idea de que la guerrilla sea la forma, el método, la técnica o la estrategia insustituible para operar el cambio revolucionario. Hablo, especialmente, del caso chileno. Podría dar muchas razones militares y sociológicas para fundamentar mi opinión, pero no creo que pueda hacerlo en los reducidos términos de esta entrevista. Aquí, a mi modo de ver, no habrá revolución sin la presencia activa de las masas.

Tampoco comparto la idealización de la violencia -a la manera de Sorel o de Fanón- cuando algunos pretenden elevarla a la condición de fin en sí, rechazando su calidad de mero instrumento de la historia. Pienso que, por ese camino, el profundo carácter humanista del socialismo corre el riesgo de perecer.

 (Agosto 1967)

P.- ¿Qué papel atribuye usted, a OLAS en Chile?

R.- Todavía ignoro el papel de OLAS en Chile. En el hecho, parece ser una COMISION DE SOLIDARIDAD INTERNACIONAL DEL FRAP. En la medida que apoye los movimientos de liberación del extranjero, cumplirá una función útil y contribuirá a forjar la conciencia internacionalista en el pueblo chileno; pero, esa tarea no necesitaba de un órgano especial nominalmente independiente del FRAP.

Es obvio que carece de toda autoridad propia en la orientación del movimiento popular nacional, de modo que el escándalo producido por la derecha en torno a OLAS, sólo obedece a propósitos de agitación reaccionaria contra la izquierda y contra la revolución cubana.

(Agosto 1967)

P.- ¿Cuál es la posición de su Partido frente a la guerra de guerrillas y a la vía electoral?

R.- Nosotros creemos que para un partido revolucionario no puede haber una elección esquemática entre ambos sistemas y decir "vamos a llegar al poder por la vía electoral" o "vamos a llegar por la vía de la guerrilla". Primero, porque estamos convencidos de que, aun ganando una elección, las clases adversarias, los intereses que dominan el Estado, conspirarán y actuarán para resistir por la violencia la victoria electoral del pueblo. En esto no nos hacemos ninguna clase de ilusiones. Es decir, la victoria en una contienda presidencial para nosotros sólo significaría un título legítimo, jurídico, para defendernos con todos los recursos que estén en nuestras manos e impedir que se frustre esa victoria, por lo que sabemos será una reacción de fuerza de las clases dominantes. De manera que la elección misma, en abstracto, no juega ningún papel decisivo. Habría que analizarla dentro del contexto total.

Ha habido elecciones, como por ejemplo la elección municipal que derrocó al Rey en España: fue una elección, pero que tuvo consecuencias extra-electorales.

En Bolivia el año 1951 ganó la elección Paz Estenssoro y se dio un golpe para impedir que asumiera el mando: fue ese hecho el que desencadenó la revolución del 52. Es decir, nos parece simplista creer que la vida o la historia de un pueblo tienen como hitos exclusivos las elecciones o que todas las elecciones tienen el mismo valor político. Depende de cuál sea la situación que se viva.

Nosotros no hablamos de utilizar la "vía electoral" para llegar al poder, sino de participar en las elecciones como una de muchas formas de lucha: otras serán las huelgas, los movimientos populares de opinión, las acciones sindicales, la organización de los campesinos, y en cierto momento puede ser incluso la acción armada. Nadie puede pronosticar cuáles van a ser los caminos que seguirán los pueblos en su marcha hacia un destino colectivo más justo.

Ahora, en cuanto a las guerrillas, lo que hemos criticado es la tendencia a suponer que es la única forma de lucha armada, en circunstancias que ella constituye una técnica militar, una táctica militar que no excluye otras formas de lucha. La revolución soviética, que acaba de celebrar su medio siglo fue una insurgencia masiva, una insurrección popular. En otras partes, como Argelia, por ejemplo, la lucha por el socialismo tuvo la forma de una guerra de liberación contra los franceses, una guerra anticolonialista. De manera que la guerrilla, en la forma esquemática en que algunos apologistas de ella la plantean en Chile, nos parece una simplificación en el orden militar, como la vía electoral es también una simplificación en el orden político.

En resumen, nosotros no buscamos una posición ecléctica; creemos que un partido revolucionario tiene la obligación de utilizar todos los medios adecuados para vencer a los adversarios de clase y que esos medios son más bien elegidos o aconsejados por la historia y por el momento mismo.

(Noviembre 1967)

P.- La directiva de su partido ha dado órdenes de votar en blanco en las próximas elecciones complementarias de Bío-Bío, Malleco y Cautín. ¿A qué se debe esta actitud?

R.- Nosotros pensamos que la izquierda, entendiendo por izquierda a los partidos populares con perspectivas revolucionarias, al aliarse con los sectores de la burguesía, como el Partido Radical, retroceden 20 años en el enunciado de su política. El electorado radical en estas provincias es -y todo el mundo lo sabe- esencialmente moderado, yo diría conservador, opuesto incluso a la débil reforma agraria propuesta por la DC.

En estas condiciones, se le ofrece al electorado de la zona una alternativa que no es tal, ya que no hay ninguna polarización clara de objetivos. El señor Lavanderos, por su parte, es un representante típico de la derecha democratacristiana y él también puso objeciones a la reforma agraria. Creemos que el pueblo está ya suficientemente maduro para no verse en la obligación de tener que elegir el menor de dos males, especialmente en estos casos, cuando ni se sabe cuál es el menor.

Si se recurre a alianzas antinaturales, ilógicas, las elecciones se convierten en una especie de feria o entretenimiento pasajero, que distrae la atención política del pueblo y lo desorienta.

Esto es lo que en nuestra opinión sucederá en esta zona. Ni siquiera la elección de María Elena Carrera, resultado de una alianza de facto entre el Partido Radical y el FRAP, resolvió nada. No creo que haya un solo chileno que pueda demostrar una consecuencia directa, positiva, importante, de esa elección en O'Higgins y Colchagua. La de ahora, en la Agrupación, es aún menos significativa.

(Noviembre 1967)

AMPUERO - ALLENDE EN LA 10 AGRUPACION

P.- ¿A qué se debe que usted no contestara la carta del senador Allende, en que lo invitó a que ambos renunciaran a toda postulación presidencial?

R.- Es cuestión de proporciones y de estilo. De proporciones, porque estoy muy lejos de suponer que el cisma que amenaza al socialismo se deba fundamentalmente a animosidades personales, aunque, por supuesto, como protagonistas de los hechos políticos, no se pueda prescindir de los individuos. De estilo, porque me parece reñido con el respeto más elemental hacia el Partido y los trabajadores, que cualquiera de nosotros se sienta "ungido" candidato a la Presidencia por una decisión personal y subjetiva. Sólo quien se siente dueño de un derecho divino a la Presidencia de la República puede formular proposiciones de ese tipo.

(Agosto 1967)

P.- Quisiera referirme, senador, a un rumor que hubo en esa época acerca de ambiciones presidenciales suyas o del doctor Allende, o de ambos, como causa de la ruptura socialista.

R.- Yo creo que es importante discriminar un poco. El doctor Allende ha sido tres veces candidato a la Presidencia de la República y por lo menos en ninguna de las dos últimas oportunidades tuvo en mí ningún obstáculo. Descarto la primera candidatura, porque en esa oportunidad él se fue del Partido Socialista Popular y nosotros apoyamos al General Ibáñez.

Pero en el Partido no ha habido ninguna dificultad para que durante 15 años el doctor Allende haya sido permanentemente candidato a la Presidencia de la República. Yo, por el contrario, nunca he sido candidato, ni siquiera precandidato, y si hubiese sido esa la causa principal de la explosión que escindió al PS, no habría buscado yo el camino de enfrentarme a una directiva en las condiciones en que lo hice, porque, por supuesto, era mucho más difícil lograr una nominación de este tipo con un Partido Socialista dividido, que estando dentro del Partido y usufructuando del cansancio que había en las bases por la postulación casi secular del senador Allende. Así, pues, en lo que se refiere a mi actitud, esta rivalidad con el senador Allende, que se ha expresado más que nada en el plano ideológico, no tuvo ningún papel importante en mis decisiones ni en la ruptura.

(Noviembre 1967)

P.- ¿Por qué postulará usted por la Décima Agrupación senatorial? ¿Qué fuerzas piensa oponer al socialismo de Chile?

R.- Para abrir paso al nuevo partido, para sustituir en esa región la política de pseudo-izquierda de los viejos parlamentarios por una orientación popular auténtica, que reivindique a una población pauperizada, cuyas privaciones se agravan bajo las inclemencias de un clima duro y de una naturaleza hostil. El ingreso medio de los habitantes de Chiloé no alcanza a la cuarta parte del promedio general de los chilenos. Es lo mismo que decir que el Gran Sur es una zona pobre entre las pobres. Como natural de la región quiero poner mi experiencia legislativa, mis conocimientos profesionales, mi voluntad política al servicio de mi tierra, después de luchar por muy largos años en el norte del país.

Mi campaña tiende a aglutinar a los elementos de trabajo, a las bases socialistas, contra los intereses monopólicos locales y contra el electoralismo infecundo de los viejos partidos.

(Mayo 1968)

P.- Al parecer las diferencias entre su partido y el de Salvador Allende son insalvables, pero, en todo caso, ambos son netamente populares. El hecho de que usted vaya como candidato por la Décima Agrupación y también lo haga el senador Allende, ¿no resta fuerzas a los movimientos populares?

R.- No lo creo. Más bien la presencia de una fuerza socialista nueva deberá restablecer la confianza de los sectores explotados en las ideas y el programa del socialismo. Por desgracia, hasta los senadores llamados de izquierda han creído que la única política avanzada para la zona consiste en fabricar capitalistas mediante el loteo de las tierras fiscales, en enriquecer a los importadores, en asegurar mano de obra barata a los empresarios sureños. Por eso la ganadería está estancada, los salarios se envilecen, la gente emigra hacia la Argentina, mientras un puñado de nuevos ricos usufructúa de una política sin imaginación pero muy lucrativa para los poderosos y para quienes tienen santos en la corte.

Los candidatos socialistas populares estamos seguros de que incorporaremos a poderosos sectores obreros y campesinos, hasta hoy marginados de la lucha política y, sobre todo, a la juventud que conoce nuestra limpieza.

(Junio 1968)

P.-Usted representa actualmente en el Senado a las provincias de Tarapacá y Antofagasta. ¿A qué se debe que para su reelección postule precisamente por el extremo opuesto, geográficamente, a su actual representación?

R.- Antes del cisma sufrido por el socialismo, estaba resuelto a no ser candidato por ninguna parte. Hay que facilitar la promoción de gente joven. No obstante, la crisis del socialismo y la instauración de la USP nos obliga a abrir el camino al partido en todo el territorio, con decisión y desprendimiento.

Mi vida política se ha desarrollado particularmente en el Norte, junto a los sindicatos del cobre y el salitre, en Arica, en Iquique, Antofagasta, siempre estrechamente asociado a la acción del camarada Ramón Silva Ulloa, uno de los mejores diputados de la Cámara y, con toda seguridad, el mejor de los socialistas. Al partido y a mí nos pareció preferible que él encabezara la lista del partido en esa zona y yo librara la contienda en el sur, de donde soy oriundo y que conozco tanto o mejor que el norte.

Además, en los dos extremos de Chile, en el Norte Grande y en el Gran Sur, hay ciertos factores humanos y ambientales que me atraen: una población habituada a desafiar la geografía y una misma incomprensión para su tarea en los plácidos escritorios santiaguinos.

(Junio 1968)

LA CAMPAÑA DE 1969

P.- ¿Cómo enfrentará su partido las elecciones parlamentarias del 69?

R.- Hemos hecho frecuentes llamados a la unidad de los partidos populares (socialdemócratas, comunistas, socialistas tradicionales, socialistas populares) para enfrentar las elecciones parlamentarias, como primer paso para restablecer una alianza vigorosa. Ese es nuestro ideal y es nuestra consigna, pero si no se nos escucha, daremos la pelea solos en todas las agrupaciones del país.

Creo que los comunistas piensan en términos semejantes, salvo en cuanto parecen estar dispuestos, en última instancia, a suscribir pactos bilaterales con el socialismo oficialista. Esta última salida sería abiertamente inamistosa y antiunitaria, en la medida que los pactos PC-PSCH perjudiquen las posibilidades de nuestros propios candidatos. Lamentaríamos mucho que bajo pretextos unitarios se busque bloquear nuestras posibilidades de desarrollo; en tal caso nos veríamos obligados a tomar las medidas adecuadas de defensa.

(Junio 1968)

P.- ¿Hay conversaciones entre su partido y algún otro en orden a enfrentar los comicios presidenciales del 70 mediante una alianza circunstancial, o tal vez la Unión lo hará sola?

R.- No. No hay conversaciones sobre la materia.

(Junio 1968)

EL HOMBRE SOCIALISTA: NUESTRO CAPITAL"

P.- Sus detractores opinan que la USP está financiando su nueva vida política con dineros difíciles de justificar. ¿De dónde sale el dinero, preguntan ellos y le pregunto yo?

R.- Cuando hay predisposición al sacrificio, cuando hay fe en una ruta política, los recursos indispensables se obtienen aun de los militantes más pobres. Eso hemos hecho nosotros. Los oxidados partidos históricos, habituados a obtener tributos de empresas, comerciantes y contratistas que los erogan como primas de seguro, no pueden entender este fenómeno porque hace mucho tiempo que el interés ha suplantado en sus filas al idealismo.

(Mayo 1968)

P.- ¿Con qué medios enfrentarán esta campaña electoral que se avecina para renovar la Cámara y parcialmente el Senado?

R.- Nuestro principal recurso es el "hombre socialista". Si nuestros militantes combaten con devoción, encenderemos el entusiasmo y lograremos el apoyo de miles y miles de chilenos que nunca han sido protagonistas de la lucha política sino meras unidades de las estadísticas electorales. Así como hemos levantado locales y comenzamos a editar documentos y folletos, acumularemos los medios que permitan multiplicar nuestra acción.

(Mayo 1968)

NO HAY REVOLUCION SIN SOCIALISMO

P.- ¿Usted cree que se ha producido un movimiento revolucionario en Chile durante los últimos tres años?

R.- Yo creo que no. La verdad es que se ha utilizado un lenguaje revolucionario para encubrir una última tentativa de salvar al capitalismo.

No ha habido ninguna alteración fundamental de la relación de las fuerzas sociales, no se ha roto ninguna estructura básica de la economía chilena.

(Noviembre 1967)

P.- Ud. habla de que ésta es una última tentativa para salvar al capitalismo. ¿Quiere decir que en 1970 no saldrá triunfante el capitalismo?

R.- Bueno, el capitalismo, políticamente, puede mantenerse más allá de esta experiencia, pero las esperanzas que han puesto en él sus principales teóricos y partidarios, creo que se están agotando. El capitalismo no ha podido impulsar el desarrollo chileno. Ni el liberalismo de Jorge Alessandri, ni este comunitarismo de Frei, que implicaba cierta intervención estatal, ni el mesianismo de Ibáñez, han sido solución. El país, hace unos doce o quince años está buscando maneras de conservar el orden tradicional, evitando una ruptura política violenta y procurando inyectar un nuevo vigor al sistema. Y el capitalismo, a pesar de todas esas tentativas, sigue cada vez más débil, cada día más incapaz.

(Noviembre 1967)

CRISIS DEL ESTADO LIBERAL

P.- Sus trece años de actuación en la Comisión de Defensa Nacional en el Senado le han facilitado el conocimiento de las características más señaladas de nuestras Fuerzas Armadas. Usted cree, 1) ¿Que la tradición democrática de nuestras Fuerzas Armadas las diferencia de las del resto del Continente?; 2) ¿Cómo es recibida por nuestro elemento militar la nueva teoría del Pentágono de "fronteras ideológicas"?

R.- No me cabe duda de que nuestras Fuerzas Armadas pueden exhibir una tradición que las prestigia mucho, pero creo que el problema que el país y las Fuerzas Armadas enfrentan en relación con la Defensa Nacional, es otro. Ha hecho crisis la vieja concepción civilista y liberal, que segregaba las Fuerzas Armadas de la realidad y los problemas del conjunto de la sociedad. Hoy día, cualquier político y cualquier oficial sabe que esta disociación es imposible; de una u otra manera, la política militar se inserta en el cuadro de la política interior y exterior del Estado.

Hasta ahora -y a contar de 1950-, paulatinamente, todos los últimos gobiernos han insistido más en la función de nuestras Fuerzas Armadas en orden a materializar la "solidaridad hemisférica" que en fortalecer su rol de custodios del territorio y la soberanía de Chile. La solidaridad hemisférica, por su parte, de doctrina basada en la simple vecindad territorial y en cierta unidad de destino determinado por la convivencia geográfica, ha pasado a transformarse en la doctrina de las "fronteras ideológicas", de claro sentido proimperialista y antipopular.

El antagonismo, pues, entre la función natural de nuestras Fuerzas Armadas y su integración creciente en el dispositivo militar norteamericano nos aboca a un dilema que tarde o temprano tendremos que resolver.

(Octubre 1966)

P.- La crisis financiera que amenaza al país, ¿es esperada por los grupos golpistas como el medio más eficaz para una acción alevosa?

R.- A esta altura de los tiempos no creo que los "golpes" se generen desde adentro; casi siempre ellos responden a inspiraciones yanquis, como se ha probado hasta la saciedad en Brasil, Argentina, Ecuador, etc. Mientras el señor Frei no se aparte de la línea general del Departamento de Estado, o no haya una amenaza evidente de que el movimiento popular pueda conquistar el Gobierno,' no creo que los norteamericanos acudan a este expediente,

(Octubre 1966)

P.- Ud. sostuvo en el Senado que Chile necesita acomodar sus instituciones, que no se puede seguir en el juego de que los tres poderes se neutralicen entre sí. ¿Qué propone Ud.?

R.- Nosotros proponemos la Creación de un Estado Popular Revolucionario.

El camino para empezar a construirlo sería la convocatoria, a corto plazo, de una Asamblea Nacional Constituyente para remozar las instituciones políticas y adecuarlas a las exigencias contemporáneas. En lugar de instituciones contrapuestas, que recíprocamente se neutralizan, se trataría de sincronizarlas para que una misma voluntad política las inspire a todas; en lugar de una política que vive de las palabras, una acción pública que se evalúe por sus hechos; en lugar de una casta de políticos profesionales encargada de gobernar a la multitud, un pueblo organizado, participando en todos los escalones de la vida nacional; en lugar de una economía anárquica, de todos contra todos, una economía planificada en función de los intereses colectivos. En suma, una nación equipada para vencer al destino y no para sufrirlo.

(Mayo 1968)

MISION Y METAS DEL SOCIALISMO POPULAR

P.- ¿Cuál sería la solución Socialista Popular para mejorar efectivamente el nivel socio-económico de Chile?

R.- Nosotros estamos convencidos de que mientras un país esté exportando riquezas, por tener en su interior ciertos enclaves del capital extranjero, no puede acumular lo necesario para crecer con rapidez.

Se lo planteo con un ejemplo. No es lo mismo tener un préstamo extranjero que se paga en 10, 15 ó 20 años y que nos deja una usina trabajando, cuya producción y excedentes quedan también en el país, que tener un mineral como Chuquicamata que año a año despacha a EE. UU centenares de millones de dólares por utilidades de los inversionistas, por agotamiento de minas, adquisiciones innecesarias en el extranjero, etc.

Es decir, somos un país pobre que remite a los países ricos gran parte de lo que produce nuestra actividad económica. Esta es una de las razones por las cuales nosotros desconfiamos del capitalismo -y especialmente;- del capitalismo extranjero- como soporte de nuestro desarrollo económico. Si EE. UU hubiera tenido que enviar a Inglaterra, en la época de su crecimiento, proporciones semejantes de riqueza producida en su interior, no sería lo que es hoy. Este círculo hay que romperlo, y existe una sola manera posible: nacionalizando.

Ahora, desde el punto de vista del desarrollo de ciertas industrias, es evidente que el Estado tiene que tener una participación decisiva en la creación de nuevas actividades económicas. Se habla mucho de que el Estado es mal administrador, que derrocha y que quiebra en cada negocio en que se mete. Es falso. Por ejemplo, toda la industria pesquera de Iquique se hizo sobre la base de estimular al productor privado aportando el Estado ventajas tributarias, aduaneras y créditos en cantidades fabulosas. Esta instalación industrial ha fracasado, entre otras cosas, porque fue demasiado grande. De las veintitantas plantas que se instalaron, en la actualidad no trabajan sino 6 u 8. Si esto lo hubiera hecho el Estado como negocio propio, se hubiera puesto el grito en el cielo y se habría dicho que era una demostración cabal de que el Estado es demente y derrochador, y que nunca el Estado será un instrumento de desarrollo para los países pequeños.

Sin embargo, como el derroche, la imprevisión y la falta de plan fueron característicos de la iniciativa por su aspecto liberal, nadie habla de esto sino como un negocio relativamente malo. Nadie busca sanciones para nadie. En cierto modo, este mal negocio se pretende seguir fomentando con nuevos sacrificios de la nación en favor de los inversionistas particulares. Esta es la segunda conclusión nuestra: el Estado tiene que ser el promotor de toda la actividad industrial fundamental del país. Y tiene que hacerlo con miras al beneficio colectivo y no confiar en empresarios que no tenemos y en un capitalismo que no es capaz de competir.

Ahora, en otros aspectos, creemos que en el orden político, el socialismo significa siempre una especie de sacudón sicológico para el pueblo, es un desafío que remueve hasta las últimas fibras de la voluntad colectiva, que predispone al hombre de esa nación a hacer sacrificios, a disciplinarse, a contribuir a una transformación que él verá sólo en parte, pero que dejará como herencia a sus hijos. Este factor sicológico y político nos parece fundamental cuando se da el salto hacia el socialismo. 

Yo diría, por ejemplo, que muchos de los asentamientos actuales, técnicamente bien concebidos, no rinden todo lo que deben porque falta esa voluntad política. El campesino está colocado allí tras un señuelo muy utilitario, muy material: se le ofrece, simplemente, mejorar su condición, sus ingresos. Creo que, a más de eso, hay que ofrecerle a la gente una perspectiva alentadora, que se sienta participando en una gran aventura política; en una empresa política.

Alrededor de estas ideas, por supuesto, extraordinariamente esquemáticas, nos parece que se puede construir una política económica nacionalista, audaz, inspirada en criterios colectivos, que le daría al país un ritmo de desarrollo muy superior al que se ha logrado hasta ahora.

(Noviembre 1967)

P.- ¿Cuáles son, a su juicio, las condiciones que debe cumplir un partido para tener eco en la ciudadanía?

R.- Ser fiel a los intereses de las clases que se propone representar; hacer honor a sus palabras realizándolas escrupulosamente en sus hechos; preocuparse por la creación de un clima interno fraternal y democrático, paralelamente a un claro sistema de jerarquías y responsabilidades.

(Mayo 1968)

SOBRE LA JUVENTUD Y LA UNIVERSIDAD

P.- Ud. fue un destacado dirigente de la juventud de su partido y aunque las situaciones han cambiado, ¿qué opinión le .merecen los movimientos estudiantiles por reformar a las universidades?

R.- Los problemas y las preocupaciones de mi generación, cuando era joven, eran harto diferentes a los de hoy, pero los entusiasmos y las rebeldías afloraban con perfiles parecidos.

Carezco de conocimientos suficientes para hacer un diagnóstico de la crisis universitaria, pero como espectador, como padre, como político, pienso que el impulso reformista no ha dado todavía con la médula de la insatisfacción dominante entre los alumnos, los profesores, las autoridades educacionales y el propio pueblo que sostiene sobre sus hombros la Universidad. El perfeccionamiento de la estructura universitaria, tanto administrativa como docente, y la participación estudiantil en los órganos de gobierno, en mayor o menor proporción, dejan sin tocar un aspecto que parece emerger en distintos países, como un factor común: la necesidad de una vinculación más orgánica de la Universidad con el mundo de la producción y del trabajo. Por el camino que vamos, se acentúa la separación entre el trabajo manual y el trabajo intelectual, y podría llegar el día en que una versión moderna de la democracia griega, -con hombres libres y hombres esclavos- aísle a la multitud de la verdadera cultura, mientras al otro extremo entroniza la hermética casta de los que piensan.

La fortuna familiar, por una parte, y  el sistema de becas, por otra, segregan al estudiante, o a muchos de ellos, del contacto vivo con el trabajo físico, y van creando, gradualmente, en los obreros, un distanciamiento nocivo pero explicable con respecto a las rebeldías juveniles.

La democratización interna de la Universidad es mucho menos importante que la democratización externa de la misma.-Los estudiantes, por sí solos, porque no constituyen una clase social, condenan su rebeldía a la infecundidad si no son incapaces de conectarla estrecha y limpiamente con los factores de subversión encaminados a transformar los cimientos de la sociedad actual.

(Junio 1968)

P.- ¿Es valedera la división política que actualmente sufre el estudiantado, o debiera prescindirse totalmente de las ideologías partidistas en las Reformas educacionales que buscan los jóvenes?

R.- Me temo que la rivalidad política en el seno de la Universidad repita mecánicamente los esquemas de afuera, a veces en un clima de maniobras poco apto para el surgimiento de ideas verdaderamente revolucionarias. En otras palabras, no es la presencia de diversas ideologías lo negativo, sino la circunstancia de que esas ideologías no han hecho ningún esfuerzo serio para interpretar audaz e imaginativamente la crisis universitaria: más que por conceptos diferentes se pelea por el color de las camisetas. No es la política la mala, sino el partidismo desprovisto de ideas.

(Junio 1968)

P.- ¿Qué opina de la juventud actual? ¿Está de acuerdo con ella cuando dice que en Chile hay politiquería y no política de alto nivel?

R.- Naturalmente, admiro el espíritu rebelde de toda generación nueva. No obstante, la juventud actual da la impresión de dirigir su insurgencia más contra la exterioridad de una sociedad en decadencia que contra los factores de fondo que determinan esa crisis. En esto tiene mucho que ver la influencia de los círculos sociales dirigentes, que, particularmente a través de sus medios publicitarios, trabajan en favor de la conservación del actual orden de cosas.

Tienen razón los jóvenes en su estimación de la política chilena. Carece de altura, de desinterés y de virilidad. La anécdota mezquina o personal tiene más importancia que los principios.

COMO SE DEFINE A SI MISMO

P.- Sus enemigos lo acusan de ser terriblemente frío para actuar en política y al mismo tiempo de alimentarse de odios que se convierten en una razón de ser políticamente. ¿Quién es realmente Ud. señor Ampuero? ¿Cómo responde a esos ataques? ¿Cómo se define a sí mismo políticamente?

R.- No es el mejor procedimiento para caracterizar a una persona el atenerse a las opiniones de sus enemigos. Menos en política. La propia pregunta revela una clara contradicción; si alguien es frío, vale decir, reflexivo, cerebral, para actuar en la vida pública, no puede conducirse en razón del odio, ni de ninguna otra pasión.

Generalmente no contesto esos ataques: sé de muchos que se hacen bajo tarifado y por encargo. Soy hombre de muy vastos 'contactos con la gente y creo que no le faltarían testimonios más imparciales que, si Ud. los requiriera, podrían darle una imagen bastante diferente de mí.

No resulta fácil definirse. Conocerse a sí mismo es una tarea que puede consumir toda la vida, como ya lo advirtió Sócrates. Le contaré, en cambio, a Ud. lo que quiero ser: un luchador social, un socialista convencido, un revolucionario practicante, un hombre entregado en cuerpo y alma a cumplir su misión en la tarea de transformar de arriba abajo la sociedad chilena.

(Mayo 1968)

Este folleto se terminó de imprimir en vísperas de librarse una batalla decisiva en la vida del socialismo chileno, el 16 de diciembre de 1968, en los talleres de Prensa Latinoamericana S. A., ubicada en calle Root N° 537, en Santiago de Chile.

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