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PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, COMPAÑERO SALVADOR ALLENDE
GOSSENS, EN LA INAUGURACION DEL TERCER CONGRESO AMERICANO DE MINISTROS DE
SALUD.
Santiago, 2 de Octubre 1972
Fuente: Fundación Salvador
Allende
Oficina de informaciones y radiodifusión de la
presidencia de la república
SEÑOR DIRECTOR DE LA ORGANIZACION
MUNDIAL DE LA SALUD DOCTOR MARCOLINO CANDEAU;
ESTIMADO COLEGA Y AMIGO, DOCTOR
ABRAHAM HORWTZ, DIRECTOR DE LA OFICINA SANITARIA PANAMERICANA;
GENERAL MARIO MACHADO, MINISTRO
DE SALUBRIDAD DEL BRASIL;
SEÑOR ENRIQUE URRUTIA MANZANO,
PRESIDENTE DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA;
ESTIMADO COMPAÑERO Y AMIGO,
CARLOS CONCHA, MINISTRO DE SALUD;
SEÑORES REPRESENTANTES DE LAS
AUTORIDADES CIVILES, MILITARES, DE CARABINEROS;
SEÑORES:
En primer lugar, pido excusas por
no haber escrito -como era mi obligación- un discurso o una intervención, para
este acto trascendente y significativo para las Américas y fundamentalmente,
para el Continente latinoamericano, ya que se trata de analizar la vida, la
existencia y la salud del hombre nuestro.
Chile y sus médicos, los
trabajadores de la salud de nuestra Patria, hace largos años comprendieron que
era justo aquel axioma que dice: "ha mayor pobreza, mayor enfermedad"; "ha
mayor enfermedad, mayor pobreza".
Es por ello, que nos empeñamos en
hacer posible dentro del régimen y del sistema capitalista que vivíamos, llevar
la atención médica mental y farmacéutica, a las más densas capas de nuestra
sociedad.
Y por eso, fueron los médicos
quienes impulsaron la unificación de servicios que atendían la salud, y que
también pusieron renovado empeño en modificar las leyes previsionales.
Concebimos la preocupación por el
hombre, desde el instante mismo que el futuro ser está en el vientre de su
madre, hasta la etapa que todos tenemos que recorrer en la vida.
Por ello es que nacieron, entre
otras -por ejemplo- la Ley de Asignación Familiar pre-natal, para entregarle a
la mujer de nuestro pueblo una ayuda económica en la etapa de la gestación, a
fin de poder, con ello, mejorar sus condiciones alimentarias, por lo tanto,
nutrir mejor al hijo que estaba esperando, para obligarla a un control médico,
a fin de recibir esta ayuda y prevenir, a través de esta pensión, la protección
de su salud y la de su futuro hijo.
Concebimos los médicos chilenos,
mirando más allá de las fronteras y aprovechando la experiencia internacional,
una medicina integral, refundiendo los conceptos de fomento, defensa y
recuperación de la salud y rehabilitación del enfermo.
Es por ello -repito- que
caminamos los médicos, dentistas y farmacéuticos, con un paso más presuroso que
otras actividades profesionales, para hacer posible un esfuerzo racional que
llevara nuestra preocupación al hombre nuestro enfermo. Al mismo tiempo,
conscientes de una realidad, dijimos que el equilibrio biológico, la defensa de
la salud y el fomento y el desarrollo de ella, estaban ligadas a las
condicionen ambientales. Y pusimos el acento en la vivienda, en el trabajo, en
la cultura, en las remuneraciones.
De allí, entonces, que yo quiera
señalar que en las palabras, tanto del Director de la Organización Mundial de
la Salud, como la del doctor Mario Machado, existe un pensamiento y un
contenido similares, en cuanto a relacionar la salud y el ambiente.
Quiero señalar que en las
palabras del colega, compatriota y amigo, doctor Abraham Horwitz, fluye una
concepción filosófica de la salud y la cultura, que tienen una gran proyección
humanística. Y en cuanto al reconocimiento de la acción que me ha correspondido
como médico; junto con agradecer el recuerdo que él ha hecho, quiero tan sólo
decir que esta lucha ha sido la lucha de los médicos chilenos, y entre éstos
estaba, precisamente, el doctor Horwitz, quien posteriormente, y por mandato de
distintos países, desempeña el alto cargo que, con aplauso de este Continente,
vemos por la realización eficaz, el tesón y el sentido superior que ha puesto,
para hacer posible elevar los niveles de vida y existencia, y defender la salud
del pueblo continente que es América Latina.
Los médicos también dijimos, con
claridad meridiana, que existía una salud para una élite, y no existía una
salud para las grandes masas de nuestro pueblo. Hicimos presente,
reiteradamente, que la cifra de morbimortalidad de los grupos de altos ingresos
podía compararse con la cifra de morbimortalidad de los países del capitalismo
industrial. Mientras que la cifra de morbimortalidad de la inmensa mayoría de
nuestros compatriotas reflejaba el drama angustioso de los que se alimentan mal
de los que no han tenido acceso a la educación y a la cultura, de los que no
tienen trabajo asegurado, ni techo dónde vivir.
Han pasado veinte años desde que
Chile -en un loable esfuerzo- modificara -repito- la concepción de la atención
médica, unificando los servicios que existían -que eran cuatro: el del Seguro
Obrero, la Sanidad, la Protección de la Infancia y la Beneficencia para dar
paso al Servicio Nacional de Salud, destinado a atender a los trabajadores y a
sus familias.
Después de veinte años nuestra
apreciación de la interrelación que existe entre salud y medio ambiente es más
clara, entre salud y desarrollo económico, es más preciso.
Hoy, tenemos mayor conciencia y
pensamos que es el marco económico y social de Chile y los países en vías de
desarrollo, donde se inscriben las acciones de salud, a la cual concebimos como
un proceso dialéctico, biológico y social, producto de la interacción entre el
individuo y el medio ambiente, influido por las relaciones de producción que se
expresan en niveles de bienestar, de eficiencia física, mental y social.
Para nosotros, la salud es,
primero que nada, un problema de estructura económica y social, de niveles de
vida y de cultura.
Me parece casi innecesario
destacar la distancia sideral que existe, de las posibilidades de fomentar,
defender o recuperar la salud para el hombre que vive en los países en vías de
desarrollo, dependientes, de aquellos otros hombres que viven en los países del
capitalismo industrial, o en los países socialistas.
Sin embargo, pareciera que una
conciencia abre las expectativas, para darle al hombre el nivel humano y el
humanismo que él encierra, en la apreciación justa de estos valores y hacer
posible que la preocupación esencial de gobiernos y pueblos, sea precisamente
el hombre.
Nosotros, antes que otros pueblos
en América Latina, dictamos leyes de previsión social y estructuramos un
Servicio Nacional de S alud.
Y yo puedo porque estoy frente a
Ministros de Salud Pública, de países hermanos y países amigos hablar de la
crudeza dolorosa de nuestra realidad, a pesar de los esfuerzos que han
realizado todos los gobiernos que han antecedido al que presido.
No he negado, ni negaré jamás, lo
que otros gobernantes pusieron de empeño, precisamente para hacer posible una
mejor salud y más bienestar para nuestro pueblo.
Sin embargo, estas cifras son más
que cifras, y ellas golpean nuestra conciencia fuertemente, porque implica un
drama doloroso y profundo. Es la expresión de la patología social de nuestro
pueblo.
50% de los niños chilenos,
desnutridos; 40% de los niños, con disminución intelectual relativa; 25% de la
población adulta masculina es bebedora en exceso. Hay 300 mil alcohólicos
crónicos. Tres de cuatro viviendas, no disponen de alcantarillado en la
población urbana. Una de cada 17 viviendas campesinas tiene la letrina.
Y debo recordar, que la
concepción técnico-asistencial chilena, fue anterior al plan Baberich, que
Inglaterra, demostrando una gran conciencia sobre el valor del hombre,
presentara precisamente en los momentos más duros de una guerra que tanto la
golpeó.
Es por eso, que cada vez
nosotros, los médicos chilenos -y hablo como tal- creemos en la necesidad
imperiosa de hacer entender que los grandes déficit de la vivienda, de la
educación, del trabajo, la cultura y la salud, son las características de los
pueblos de los distintos continentes, y que tienen como el nuestro,
imposibilidades de alcanzar un desarrollo pleno, que permita satisfacer las
exigencias mínimas del hombre.
Es por ello también, que las
grandes masas populares nuestras ,comprendieron esta verdad; quisieron con su
sacrificado esfuerzo estar presentes en el proceso destinado a construir su
propia historia y dar perfiles, también propios, a un destino mejor, nacido del
esfuerzo común y de la responsabilidad solidaria de la mayoría de los chilenos.
Es por eso, que presido un
Gobierno que encarna un proceso revolucionario, pero dentro de las
características y tradiciones nuestras: en pluralismo, democracia y libertad.
Cuando el Pueblo llega al
Gobierno, cuando las grandes masas populares toman conciencia de sus derechos y
no olvidan sus deberes, tienen mayor fuerza para reclamarlos primero.
Por eso, nuestra experiencia en
la etapa que estamos viviendo, nos enseña cómo el Pueblo demanda bienes y
servicios, que nuestra propia realidad nos impide otorgar plenamente.
Hemos vivido especialmente y con
satisfacción, el proceso de reclamos de amplios sectores ciudadanos, que ponen
el acento en los servicios que son fundamentales: Educación y Salud. Por ello,
también es bueno señalar una vez más, lo que representa la acción conjunta del
binomio Medico-Maestro, en la defensa de lo que más vale, que es el capital
humano.
Saben perfectamente bien, los
trabajadores chilenos, que hay fallas de la infraestructura e ineficiencia de
personal; que nuestra realidad económica no nos permite, por desgracia, ir con
la premura que fuera menester, para entregar la posibilidad siquiera de
contribuir en mejor forma a la defensa del hombre.
La vieja medicina individual, aun
la medicina de equipos en los hospitales, la medicina en los consultorios,
anexos en los hospitales, tienen que dar paso a una medicina que llegue donde
vive la familia, donde trabaja la mujer o el hombre.
Vivimos una etapa en que ha sido
imposible negar las necesidades esenciales del perfeccionamiento técnico
científico. Creemos que nuestra realidad es tan brutal, que si es justo que
tengamos en el hospital especializado, el instrumento que permite operar el
corazón o adentrarse en el cerebro, es indispensable tener conciencia, que necesitamos
más que nada, que el médico llegue a los sectores rurales, a las poblaciones
marginales. Y hay que sembrar en nuestros pueblos los consultorios externos con
una concepción integrada de su acción.
Por ello, es que también quiero
señalar, como una experiencia que vivimos nosotros y que en América Latina en
mayor proporción debe vivir Cuba, el significado importante de la participación
de la comunidad en los problemas de salud.
Cuando en las poblaciones
marginales sin agua ni alcantarillado, la gente reclama el consultorio, uno
sabe que encontrará en él analfabetos, compañeros; el germen de un hombre o de
una mujer que quiere ser ayudante de salud y multiplicar la acción de la
enfermera profesional o del médico.
Cuando nosotros hemos hablado de
las deficiencias de la higiene industrial, de la falta de previsión de los
accidentes en el proceso productivo, hemos tenido como respuesta -y con
satisfacción lo decimos- que la CUT se apresta para preparar -en cursos dados
en las industrias- a 3 mil ayudantes de salud, por así decirlo -como se hizo el
año pasado- fundamentalmente en esta disciplina de prevenir los accidentes. Y
este año queremos alcanzar la cuota de 15 mil.
Y cuando en una sociedad como la
nuestra, en países como el nuestro, hay ciudadanos postergados, como son los
aborígenes; como son, en este caso, los indios araucanos, es grato señalar que
gentes que aún viven en rucas, entienden que pueden contribuir -y lo hacen- a
defender la salud de aquellos que nunca supieron que existía la posibilidad de hacerlo.
Por eso también quiero señalar,
que cuando concebimos nosotros la defensa del hombre, desde la etapa inicial de
su existencia; cuando -como hace un instante dijera- nos preocupamos ya hace
largos años, de las asignaciones familiares y fundamentalmente la Pre-Natal
cuando a través de un esfuerzo común hemos logrado que se dicten las leyes que
establecen obligatoriamente las salas-cunas y las guarderías infantiles; cuando
pensamos y sabemos que es cierto lo que alguien dijo y con razón -que el niño es
el padre del hombre- cuando miramos las cifras obligatorias; cuando nos
preocupamos por la infancia chilena; cuando sabemos que hay 1 millón doscientos
mil niños para ser atendidos en guarderías y jardines infantiles; cuando
sabemos que debe haber una ayudante -por lo menos- por cada diez de aquellos
que deben recibir esta atención, nos encontramos que tendríamos que tener 120
mil funcionarios de un servicio para este objeto tan sólo, y además uno o dos
-profesionales por cada cincuenta de estos ayudantes. Y la realidad de nuestros
ingresos y las disponibilidades fiscales, impedirían crear un servicio,
hipertrofiado hasta ese extremo, desde el punto de vista burocrático.
Entonces, se plantea la presencia
de la comunidad; entonces, lo que el Dr. Horwitz señalaba, se encuentra la
respuesta generosa de la gente, precisamente para atender la salud, y hemos
planteado nosotros la necesidad de un servicio obligatorio de la muchacha y la
mujer, para que, tres meses en su vida, la hija de los hogares burgueses pueda
ir a las salas cunas y a los jardines infantiles de las poblaciones marginales;
y para la muchacha de la población marginal, lo haga también, en sus propios
jardines infantiles y salas cunas o en las de otros sectores, para hacer
posible la vinculación entre la muchacha que hace de madre y la realidad de
esos niños que reclaman una eficiente atención.
Por ello, es que también
nosotros, con un esfuerzo, que queremos destacar, hemos ido a las modificaciones
de las leyes previsionales y hemos incorporado al derecho a la previsión a 750
mil chilenos que no lo tenían, desde sacerdotes y Ministros de todos los
cultos, hasta los pescadores. Y en este mismo recinto, en horas posteriores, en
48 quizás, firmaremos un decreto o promulgaremos mejor, una ley, iniciativa
nuestra, que incorpora a dos millones trecientos cincuenta mil estudiantes a la
Ley de Accidentes del Trabajo y enfermedades profesionales.
De allí entonces, que el Gobierno
que presido, sobre la experiencia de estos años duros, se han fijado metas ambiciosas,
pero que son en esencia, la convicción profunda que emana de la experiencia
vivida. Queremos, a corto plazo, intensificar los programas de atención
infantil, fundamentalmente el programa de otorgar leche. El Programa Materno
Infantil, desarrollado en amplitud nacional.
Son básicamente dos puntos
esenciales, junto con las campañas ya realizadas y que intensificaremos sobre
todo en lo que se refiere a prevención y más que nada en la defensa de doce mil
vidas, muchas y muchas veces de las cuales podrían salvarse y que hoy se apagan
con las diarreas estivales.
Por ello, junto con nuestra lucha
ambiental, hemos puesto el acento en erradicar los basurales, que marcan el
retraso de nuestra capital.
Como meta del futuro, queremos un
Servicio Nacional Único de Salud; una seguridad social única para todos los
chilenos, un fondo único de pensiones y un fondo único de asignaciones
familiares.
Tenemos dificultades y hemos
puesto el acento también, en ampliar la matrícula en las carreras paramédicas,
y en la propia carrera de medicina. Hemos aumentado la matricula en las
universidades, con una comprensión extraordinaria de los señores Rectores, que
a través de sus consejos en las universidades, que son autónomas, han puesto su
buena voluntad para hacer posible el incremento de las profesiones médicas y
para-médicas.
Sin embargo, frente a la demanda
del crecimiento vegetativo de nuestra población, el déficit proyectado nos
señala, entre otras cosas, que en 1976, Chile no contará con 4 mil 300 médicos
que son necesarios para los programas de salud, de continuar el ritmo actual de
matrículas y egresos.
Tendremos un déficit superior a
2.300 odontólogos; un déficit superior a 9.000 enfermeras, de 4 mil matronas y
de 15 mil auxiliares de enfermería. Si estas deficiencias, este déficit proyectado,
esta falta de recursos humanos, lo revisáramos con inquietud, también tenemos
que racionar nuestro desarrollo económico con las expectativas obligatorias que
tenemos frente al hombre sano y al hombre enfermo.
Y aquí nacen también -y es justo;
aquí hay tan íntima relación reiteradamente expresada en el lenguaje de
técnicos de solvencia mundial, que yo pueda, sin incursiones indebidas por el
nivel de esta reunión, señalarles la experiencia dolorosa y el cerco que se
levanta frente a países y pueblos que quieren alcanzar su independencia
económica.
Chile vive un minuto duro de
combate; la etapa de transición entre un régimen que queremos -dentro de los
marcos constitucionales y legales- sustituir por una sociedad distinta, teniendo
todas las dificultades provenientes de la contradicción del sistema capitalista
y una de las ventajas que afianza el Socialismo estructurado, en la amplitud de
su contenido humano y social.
Chile es un país igual que
muchos, que esencialmente depende de un producto básico que es el cobre; el 75%
de los ingresos de divisas de nuestro país, depende de la exportación de cobre,
el 26% del ingreso fiscal también depende del cobre. Quiero decir entonces,
cuál es la angustia de un país, por ejemplo, que ha visto en el mercado
internacional como descienden y descienden los precios de este metal, sin poder
intervenir en la defensa de él.
Quiero señalar, que en 1970 el
precio promedio del cobre alcanzó un nivel de 59 centavos la libra; entre el
año 1971 no alcanzó a 49 centavos, eso representó un menor ingreso en divisas
para Chile de 195 millones de dólares. Sin embargo, produjimos más cobre en el
año 1972; vamos a producir más cobre que el año 1971 y por cierto más que el
año 1970, y vamos a tener menos ingreso que el año 1971, porque el precio del
cobre no alcanzará este año ni siquiera a los 49 centavos promedio del año
1971.
Chile al igual que todos los
países en vías de desarrollo, tienen ocupados gran parte de sus ingresos, para
cancelar los compromisos derivados de deudas externas. Y es característico y no
hay que olvidarlo, que las cifras dadas por CEPAL, señalan que el 35% de los
ingresos en moneda dura, lo gastan la mayoría de nuestros pueblos en pagar los
intereses y en amortizar las deudas externas.
Chile sabe y ha sufrido lo que es
la lucha enconada de las grandes empresas transnacionales, que en defensa de
sus intereses olvidan lo que son los intereses superiores de los pueblos que no
trepidan, inclusive, en buscar los caminos del enfrentamiento en nuestros
países, con la expectativa aún siniestra de un drama civil para defender las granjerías
que durante tantos y tantos años han alcanzado. Y si hay limitantes directos,
que obstaculizan la marcha de los pueblos que quieren su independencia
económica básica y esencial, para alcanzar el desarrollo económico, y por lo
tanto dar salud, hay también limitantes indirectos, que colocan a los países en
vías de desarrollo en dramáticas situaciones.
Cuando se devalúa el dólar en
escala internacional, crujen los mercados, y sienten el sacudón con más fuerza
los países en vías de desarrollo.
Cuando todos tenemos que recurrir
a las importaciones por la situación deficitaria por ejemplo, en el campo
alimenticio, nos encontramos que nuestros productos esenciales, materias primas,
en el campo internacional bajan y suben los productos manufacturados, pero
suben también los alimentos.
Hechos al canto, como podríamos
decir. La tonelada de leche en polvo ha subido de 500 dólares a 911 dólares.
Limitaciones extraordinarias para el programa de leche, por ejemplo, de Chile
que no tiene suficiente producción interna como la mayoría de otros países.
Somos también, por el déficit de producción agraria, importadores de trigo; y
la tonelada de trigo subió de agosto a septiembre de este año, en 22 dólares. ¿Cuál
es nuestra experiencia dolorosa? Que este año Chile tendrá que gastar 110
millones de dólares más, para traer lo mismo que traía el año pasado en
alimentos y en repuestos.
He querido hablar como chileno
frente a hermanos de América Latina; he querido exponer nuestra experiencia,
para que se sume a la de Uds. y podarnos
mirar en común, las metas y las luchas que debemos dar como pueblo continente.
Y por eso, que si miro con
inquietud la realidad de mi Patria, no dejo de mirar con profunda y honda
inquietud más allá de sus fronteras, porque siendo esencialmente chileno, me
siento y con razón, ciudadano de América Latina, ya que nuestros pueblos
emergen en una común historia y fueron hombres de nuestros pueblos, los que
levantaron la común bandera de nuestra independencia política; y soldados
nacidos en distintas tierras tuvieron la concepción patriótica de luchar por la
patria grande: la liberación de América Latina.
Es por eso, que quiero decir que
los problemas nuestros son también los problemas de la mayoría de nuestros
países. ¿Quién no ignora que 140 millones de latinoamericanos son semi-analfabetos
o analfabetos absolutos? ¿Quién no sabe que tenemos un déficit que aumenta
anualmente de 19 millones de viviendas? ¿Quién desconoce que el 53% de los
latinoamericanos se alimentan por debajo de lo normal? Y que la expresión de la
incultura marca que 20 o más millones de hombres en nuestro Continente, formado
por blancos, indios, negros y mestizos -más de 20 millones- ignoran lo qué es
la moneda como relación y vínculo del intercambio.
Y este Continente estalla
demográficamente. Defiende su alta mortalidad infantil con una alta natalidad.
Ya lo dijo el Ministro de Salud
del Brasil, que hay 88% natalidad. De mantener este ritmo, el año 1980 seremos
379 millones de Latinoamericanos; aumentará la población en 55 millones. Si hoy
tenemos un déficit de 19 millones de viviendas, y ningún país de América
Latina, sea cualesquiera el Gobierno que tenga, ha sido capaz de construir para
el aumento vegetativo de la población.
¿Qué irá a ocurrir cuando seamos
379 millones de latinoamericanos? Si miles y miles de niños están marginados de
la escuela primaria y cientos de muchachos de la secundaria; si miles y miles
están marginados de la universidad; si acaso la cesantía, enfermedad endémica,
que marca el drama de la gente sin trabajo, hoy alcanza un 10% y las
proyecciones señalan que llegará para fines de esta década a un 16% de la
población activa y que aumentará extraordinariamente con los que tiene trabajos
disimulados o sub trabajos, ¿qué va a ocurrir? ¿Qué va a suceder? ¿Qué va a
acontecer? ¿Cómo serán las presiones y las violencias que van a desatarse, lo
que no quisiéramos que ocurriera?
Frente a hechos que tenemos que
mirar con inquietud, pero que van a llegar y por eso debemos prepararnos, para
que cuando lleguen, por lo menos hayamos tomado las medidas que mitiguen en
parte, el reclamo justo de aquellos que piden pan, trabajo y cultura.
Baste señalar que el 40% de la
población, vive en los sectores rurales y dos tercios de esta población tiene
ingresos inferiores, a 225 dólares anuales.
Y si miramos el atraso
tecnológico y económico, en relación con la productividad, podemos destacar que
esto representa un cuarto y un sexto de lo que se registra en los países
industriales.
América Latina, tiene factores
estructurales, que la han llevado a que permanentemente den un déficit crónico
en la balanza de pagos, a un endeudamiento externo que pesa brutalmente sobre
nuestro Continente; la inflación es una enfermedad que padecemos desde que
vinimos a la vida. Somos países exportadores de capitales y vivimos empeñados,
lamentablemente, en conseguir créditos. Vendemos barato y compramos caro. La
tecnología la pagamos también elevadamente y a veces inadecuada para nuestra
realidad; 600 millones de dólares al año gasta América Latina en tecnología,
que a veces no podemos emplear porque nuestra realidad es muy distinta; que
golpea la sociedad de consumo en Pueblos que tienen una existencia tan
primitiva como la nuestra; ya no es una ironía, sino es una tragedia, porque
además de desfigurar el sentido de la propia vida, hay grupos escasísimos, hay
una elite minoritaria que vive al margen de la realidad de nuestras grandes
masas populares.
Esto es lo que va a ocurrir cuando
América Latina tenga 379 millones de habitantes a fines de esta década; década
que ha sido señalada para este Continente como la década del hambre, por un
Ministro de Agricultura de los propios Estados Unidos; década del hambre, en países
que han vivido con hambre.
Con razón, en la segunda
declaración de La Habana, el Comandante Fidel Castro decía: "en nuestro
continente, mueren de hambre, enfermedades y vejez, enfermedades evitables y vejez
prematura, cuatro personas por minuto, 5.500 por día, dos millones al año, 10
millones cada 5 años". Y para reflejar la realidad de que somos países
exportadores de capitales, agregaba "tal es nuestro continentes 4 mil dólares
por minuto, 5 millones de dólares por día, 2 mil millones de dólares por año,
10 mil millones de dólares cada cinco años". Compramos caro, vendemos barato.
Es por ello, que respetuoso como
tengo la obligación de serlo, y señalando que nosotros los chilenos y los
gobernantes de este país no exportamos UP, somos partidarios irrestrictos de la
no intervención; que respetamos la autodeterminación pero que es conveniente no
olvidar en un trabajo de la CEPAL, que entrega precisamente para este evento
tan importante, se dice: "si no se introducen los cambios estructurales
que requieren la mayor movilización de recursos invertibles, no se podrá
acelerar el ritmo de crecimiento actual, acrecentar la ocupación productiva y
mejorar la distribución del ingreso y esto significa menos salud. Una meta
técnicamente factible, tendría que aumentar a 7% el producto interno para la
región en su conjunto en el próximo decenio; exigirá modificar sustancialmente
la política económica y la estructura productiva. Si no se hace eso significará
menos salud".
Las limitaciones al consumo
necesarias para aumentar las inversiones productivas, sólo podrían lograrse
restringiendo el consumo de los grupos de altos ingresos y si eso no se hace,
significará menos salud para las grandes masas.
Las posibilidades de alcanzar
este mayor dinamismo, dependen, en gran medida, del rápido crecimiento de los
ingresos de exportación; ya hemos hablado de las dificultades que Chile ha
vivido y que ha vivido Cuba; que han vivido países que luchan por su
independencia económica y lo que representan las empresas transnacionales.
La expansión del comercio
regional, mediante los procesos de integración que están en marcha y otros
acuerdos que puedan concretarse, ofrecen posibilidades inmediatas para
facilitar el logro de los objetivos de crecimiento. Paso largo se ha dado en el
Pacto Andino y más corto en la ALALC; es necesaria la exportación de recursos
externos, sobre todo para resolver el problema del déficit potencial exterior.
No podemos seguir endeudándonos,
no podemos aceptar que se mantengan los mismos patrones de otorgamiento de
créditos, no podemos seguir indiferentes a las relaciones comerciales, no podernos
seguir aceptando que se nos impongan los precios de los fletes. En resumen,
América Latina ha hecho bien, en vincular más y más a los países no
comprometidos, y aquí, en este mismo recinto, hace algunos meses, la voz de
nuestros pueblos resonó unísona, para reclamar tratos distintos en el aspecto
comercial, en el desarrollo, en la ayuda técnica y científica, en la limitación
de los armamentos y en la disminución, del precio brutal para las economías,
que conllevan las deudas obligatoriamente contraídas.
Ya he hablado de Chile y me he
proyectado hacia América Latina; he señalado la importancia que tiene el que se
haya mirado con realismo, en el campo económico, la posibilidad de mejorar nuestros
vínculos. Para eso nació la ALALC, y para eso, sobre todo, los países como
Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Chile, hemos firmado los compromisos de
Cartagena. Y el Pacto Andino, tiene la demostración de una visión del futuro,
al intensificar nuestro intercambio comercial y al fijar los sectores
productivos nacionales con el marco de un mercado de estos países signatarios.
Hemos mirado el futuro y
levantado la concepción de empresas bilaterales o multilaterales, y por eso ha
nacido la Corporación de Fomento. Se han dado las normas limitativas de las
utilidades, sobre todo para los capitales foráneos invertidos en nuestros
países; y se ha mirado la posibilidad de recuperar para nosotros,
nacionalizando a plazos determinados las riquezas que están en manos del
capital extranjero. Si eso ha ocurrido en el campo de las relaciones económicas
y financieras internacionales, si vemos que hay un mundo en diálogo diferente,
y lo estamos mirando, si acaso nosotros sabemos que esta es una necesidad para
poder afianzar nuestro futuro, cómo no pensar que es posible y necesario que en
el campo del hombre y la salud, los latinoamericanos podamos tener un lenguaje
común.
Como hombre y como médico, me
golpean lacerantemente las realidades que sufre América Latina en su juventud,
como trasunto de un proceso que parece quebrar la moral en lo que más vale, que
es el futuro y está en su juventud.
Como no pesar, aquí en la reunión
de Ministres de Salud de las Américas, lo que representan las toxicomanías, las
desviaciones juveniles y el escapismo que entraña el recurrir a las drogas,
para escapar a una sociedad o a un mundo, que no le da a la juventud la
preocupación de un destino distinto y el valor de su propia estimación.
Cómo no mirar el drama que
conlleva el saber, que vastos y amplios sectores de hombres de nuestro
continente, tienen como enfermedad social el alcoholismo, que es la expresión
denigrante de una sociedad que no le da a este hombre su expectativa para
arrancarse de la obscuridad gris de su diaria y cotidiana existencia.
Cómo no medir las proyecciones
que ello trae en la intimidad de la vida, de la familia y del hogar, que tienen
más valor que el déficit que implica en la disminución de horas de trabajo, en
la falta de producción, o de productividad adecuada. Porque entonces nosotros,
que hemos logrado entendernos, por lo menos en la etapa inicial de una
integración, no podemos levantar hoy día, en que las barreras ideológicas, que
ponen cortapisas para la acción común de los Gobiernos, un lenguaje en el campo
de salud, consagrando los derechos del hombre americano, o latinoamericano,
especialmente. Por qué no hacer real y positivo el derecho a defender la salud
de cualquier latinoamericano, en cualquier país que transitoriamente se
encuentre. Por qué no hacer posible una previsión social latinoamericana, para
otorgarle al hombre de nuestros pueblos que pasa por el de cualquiera de Uds., si
tiene un accidente, la recuperación económica mientras esté enfermo y la
atención médica. Ejemplo importante y paso señero hemos dado con la República
Argentina y con el diálogo que sostuviéramos en Antofagasta con el General Lanusse.
Se puso término a 18 años de discusiones estériles y hoy día en Argentina los
chilenos que trabajan y los argentinos que trabajan en Chile tienen derecho a
atención médica y atención previsional. (APLAUSOS)
Cómo es posible que seamos
remisos todavía al aprovechamiento de la experiencia técnica, de métodos y
procedimientos en salud, vivienda y alimentación. Somos países con déficit
alimenticios; somos países que estamos limitados y hay gente que no entiende y
que protesta, por ejemplo, como en el caso de Chile, cuando se limita a la
posibilidad de consumir carne de vacuno, ignorando que países productores de
carne tienen que hacer lo mismo y que en Europa es indiscutiblemente un hecho;
no se caracteriza la posibilidad de consumo de carne de vacuno para todos los
europeos, ni siquiera una vez a la semana. Cómo no aprovechar la experiencia
que viene inclusive, de los albores, y más allá de los albores de nuestra vida
en el caso, por ejemplo, de la semilla de quínoa o del lupino que tiene rica
calidad proteica. Cómo no aprovechar la experiencia de otros pueblos, con el
poroto de soya, que puede entregarnos para nuestros niños leche que no somos
capaces de darles como producción del ganado; todos estos problemas nos
llevarían a mirar la necesidad de una información, de un cotejo, de un
intercambio, en estos aspectos, que son fundamentales en la defensa y el
cuidado de la salud. Cómo no mirar el aprovechamiento racional latinoamericano,
de que somos pueblos que con características similares, en los recursos
humanos, en el conocimiento especializado, en el avance alcanzado por hombres o
colectividades en cada uno de nuestros pueblos. Como quedarnos silenciosos y callados,
cuando hasta ayer hemos sufrido el hecho, o mejor dicho hemos sufrido la
penetración foránea que ha implicado la salida de caudales poderosísimos y de
riquezas que necesitábamos tanto; si desde el punto de vista material hemos
sufrido esas consecuencias. Cómo callarnos ahora, cuando el éxodo profesional,
el aprovechamiento de la inteligencia nuestra, hace que muchos profesionales
que necesitamos para nuestros pueblos, busquen en la posibilidad de un
mejoramiento material ubicarse en otros pueblos, ignorando el esfuerzo que
hemos hecho para que entreguen a sus patrias la necesidad y la capacidad técnica
que el pueblo con su esfuerzo, y en conjunto, hizo posible.
Cómo ser indiferentes al hecho
que ha marcado y socialmente establecido, que cientos y miles de profesionales
salen de los países latinoamericanos, para ir a desempeñar funciones
indispensables en otros países, en otras partes, con el sacrificio de
capacidades técnicas, por una parte y por otra con la inversión frustrada de
millones y millones, que significa preparar a esos profesionales, enfermeras,
matronas, médicos, médicos tratantes, y por cierto no me refiero a aquellos que
por su capacidad o especialización en el campo internacional tienen una
responsabilidad que es beneficiosa para todos los países.
Por ello, también me preocupa y
creo que es posible entender que América Latina puede dialogar sobre problemas
que antes nunca quisieron nombrar y que aquí, siquiera someramente, destacamos:
aborto, palabra tabú durante años y años en la moral de pueblos enfermos de
inmoralidad, pero que representa en el drama de nuestras mujeres, en muchos
países, la segunda causa de mortalidad general. Cómo no hablar de la
planificación de la familia respetando el derecho de la pareja, pero al mismo
tiempo enseñando esa posibilidad de hacerlo de acuerdo con su propia condición;
planificación de la salud que es distinta al control, por cierto, familiar.
Cómo no pensar con criterio y conciencia de latinoamericanos, que este
Continente es movido y sacudido por vendavales, por sismos, por terremotos, por
inundaciones y que presurosamente, y con espíritu generoso pero improvisado,
tenemos que correr a tender la mano fraterna porque también fraterna la hemos
recibido en las horas duras cuando la naturaleza se nos estremece a nosotros.
Cuánto ha significado el último
terremoto en el Perú y cuánto lo fue en Chile. Sólo puedo señalar que en tres
provincias nuestras fueron destruidos parcialmente, o totalmente, más de 120
establecimientos destinados a protección de la salud, entre consultorios y
hospitales.
Cómo no pensar, que es posible
entonces, que los gobiernos destinen un porcentaje de su presupuesto para crear
un fondo común que permita esta ayuda que es tan indispensable y necesaria, y
que no puede ser el motivo de una generosidad que siempre se ha expresado pero
que conlleva el sentido de la generosidad, cuando debe ser el sentido de la
obligación fraterna de todos nuestros pueblos y nuestros gobiernos.
Como no pensar que la
investigación científica debe ser indiscutiblemente orientada, para que esté de
acuerdo con nuestras realidades, destinada a mirar los procesos de los
servicios y la propia producción, Cómo
no poder encontrar la forma de entregar oportunamente la información técnica
que hable de los avances alcanzados en este y otros continentes.
Cómo no poder mirar en conjunto,
el hecho de que somos en nuestra industria químico-farmacéutico sólo, países de
transformación de esta industria intermediaria y no crear la posibilidad de una
producción de síntesis o básica con un criterio de pueblo continente. Cómo no
mirar la necesidad de abaratar para nuestros estudiantes, sobre todo en el ramo
de la medicina y carreras similares, la impresión de textos que tengan como
base, la posibilidad de un mercado que puede alcanzar a millones y millones de
seres humanos, que somos los latinoamericanos.
Por eso, es que pienso que esta
reunión que es la tercera, que ha avanzado bastante, que ha hecho diagnósticos
precisos -tengo aquí un folleto de la Oficina Sanitaria Panamericana - en el
que cada gráfico que ahí está es una lección que no se puede olvidar- pienso
-repito- que esta reunión tiene más obligación que otras, para marcar con
precisión metas factibles de alcanzar, pero cuya premura no puede postergarse.
Cuando pensamos los chilenos en
el niño, recordamos a una mujer que no fue madre, pero que fue madre de muchos
niños, a quienes les escribió con "sus piececitos azulosos de frío".
A una maestra primaria, nacida en un lugar pequeño de nuestra tierra, que alcanzó
el Premio Nobel de Poesía y que dijo con angustia de mujer que sin ser madre,
era madre de tantos niños: "el niño es hoy no mañana".
Quiero agradecer la presencia de
Uds. señores Ministros de Salud Pública de los países de América. Quiero
reconocer y agradecer también el esfuerzo, la capacidad desplegada por la
Oficina Sanitaria Panamericana y el que hayamos oído la palabra del Director de
la Organización Mundial de la Salud. Quiero, finalmente, también decir que
somos un Pueblo y un Gobierno agradecido y que no ignoramos el aporte que hemos
recibido de la Organización Mundial de Salud de la UNICEF, de la FAO y
especialmente de la Oficina Sanitaria Panamericana.
Le ruego me excusen si he hablado
más largo que lo necesario, no he hecho incursiones de un alcance político de
acuerdo a mis convicciones; he querido decir lo que siento como médico que no
ignora el juramento hipocrático y quizás como médico que sabe que es
Presidente, porque antes que nada, es y seguirá siendo médico.
Muchas gracias.
TRANSCRIPCIONES
OIR/lvr.taf.mtz.sgm. |